Sentimientos

5000 Words
Dormí mucho mejor de lo que había descansado en meses. No sé si era la enorme cantidad de pastillas de dolor que ingerí o el hecho de que estaba en los brazos del mismísimo Adam Harris. Me sentía tranquila, aprisionada por sus brazos. Por primera vez en mi vida era una joven normal, durmiendo junto al chico que quería; no escapando después del sexo o ignorándolos a todos para ensayar en el teatro. Quería quedarme allí por siempre, pero mi vejiga parecía no estar de acuerdo con eso.  —Cariño…—susurré intentando mover los brazos de Adam, pero él se negaba a soltarme—Tengo que ir al baño.  —mmmmmh…no—murmuró.  —Pues, no es que yo quiera levantarme.  —Otro ratito.  —Me haré pis.  Eso fue suficiente para que me soltará, aunque se quedó en la cama quejándose. Aproveché mi entrada al baño para lavarme la cara, viendo mis enormes ojeras en el espejo.  —Ay, Celeste…—me dije a mi misma—En verdad necesitas un descanso.  —¿Alguien dijo descanso?  Adam había entrado al baño, frotándose los ojos con una mano. Me morí de ternura, pues se veía mucho más chico de lo que en verdad era. Me atrajo a sus brazos, cerrándolos en torno a mi abdomen y depositando un beso en mi hombro. Suspiré, sintiéndome más feliz que en mucho tiempo.  —Tenemos que hablar—murmuré a regañadientes.  —¿No quieres cenar primero?  —Entonces comeremos para evitar la confrontación.  Simplemente asintió con la cabeza, volviendo a besarme. Lo que quería era girarme y conducirlo a la cama pero alguien tenía que ser el maduro en esa relación, si es que se podía llamar así.  —Vamos, pues… Me tomó de la mano y caminamos hacia la sala de estar. A ambos nos gustaba compartir esos silencios que no necesitábamos rellenar con charlas inútiles. Podíamos estar sumidos en nuestros pensamientos, estando juntos aunque pareciera que estábamos solos.  —¿Tienes algo de comer aquí?  Negó con la cabeza. —He estado comiendo en casa de las Jones estos últimos meses.  Sentí una punzada de celos, al tiempo que el ácido del estómago me subía a la garganta.  —Margot puede decirte, ella ha estado con nosotros todo el tiempo. Su madre me encargó que no muriera de hambre.  Tragué grueso, pero decidí que quería que empezáramos por otro tema.  —Anne me dijo que fuiste tú el que me encontró en la escalera, ¿es cierto?  Asintió con la cabeza, antes de pasarme su teléfono móvil.  —¿Quieres pedir algo de comer?  —No me cambies el tema, Harris.  —Te he dicho que comeríamos primero, ¿no?  Sonreí de lado, pensando que tenía razón. Quizá era el momento en que bailara al ritmo de una melodía que no fuera la mía. Mis ojos se iluminaron cuando encontré un restaurante de comida rusa.  —¿Interesado en probar la comida de mi país?  —¡Por supuesto, nena!  Dios, si me seguía diciendo “nena” probablemente le perdonaría hasta el día de su nacimiento. Es que yo no podía con ese hombre. Definitivamente iba a ser mi perdición.  —¿Escoges tú o escojo yo? —Lo dejo a su criterio, señorita Santillán. Por cierto, ¿Te he dicho que me encanta cuando hablas en tu idioma?  Me ruboricé sin poder evitarlo, al recordar todas las veces que había gritado en ruso al momento que teníamos sexo. En esos momentos me era imposible desconectar la mente y traducir todo lo que estaba sintiendo, me era más simple dejarme llevar.  —Creo…creo que lo has mencionado.  —Espero que lo hagas más seguido.  —No lo dudes.  Escogí la comida y la pedí, mientras Adam se dedicaba a organizar su apartamento. Pude fijarme que era un desastre, simplemente estaba llegando a dormir a aquel lugar. ¿Qué carajo pasaba que no quería contarme? Bajé la mirada, luchando para que las lágrimas y la tristeza no me invadieran. Después de que terminó de ordenar, me tomó en brazos, antes de que pudiera protestar, y me sentó en la barra de la cocina.  —Adam… —Nena, yo…—tomó aire, pasando sus manos por mis muslos, podía notar que estaba algo nervioso—Yo te encontré en las escaleras. No me contestabas, pensé que te había pasado algo y fui a casa de Anne. Toqué el timbre varias veces, pero no había nadie. Estaba por irme cuando alcancé a distinguir tu cabello en las escaleras. ¿Qué estabas pensando?  —Fue un accidente—murmuré avergonzada ante su tono de angustia—estaba lavando la ropa y no sé usar bien todas las máquinas que tienen ustedes los americanos.  Adam me limpió las lágrimas con los pulgares, cuando alcancé a ver sus ojos estaban llenos de lágrimas como los míos.  —No pensé que podría sentir algo tan horrible como cuando me dijeron que mi madre tenia cáncer, o cuando nos informaron que Wick estaba perdido en la guerra, hasta que te vi allí tirada…era volver a repetir todos esos sentimientos de nuevo. Me importas como no tienes una idea, Lele… En todos el tiempo que había pasado desde el accidente no pensé en lo que debió haber visto cuando me encontró. Tenía puntos en la cabeza cuando desperté, producto de una herida en la ceja que no era importante, pero seguramente dio una impresión horrible.  —Lo siento, corazón.  —No es tu culpa nena.  Sin decir nada más, me abrazo. Nos quedamos en los brazos del otro hasta que llegó la comida. Pusimos la mesa, y consumimos los alimentos en silencio, cada uno pensando en lo que ese accidente había provocado para el otro. No hablamos hasta terminar de comer.  —¿Qué opina de la comida, señor Harris? —Es deliciosa…—sonrió—pero hay otras cosas rusas que prefiero comer.  Sonreí de lado y me besó de lleno en los labios. Iba a empezar a quitarme la ropa, pero gemí de dolor pues había tocado un punto sensible de mi rodilla.  —Creo que mejor descansamos ahora. Ya tendremos tiempo. Hice un puchero, pero él me besó y me hizo sentarme en sus piernas en el sillón. Tomó el control remoto de la televisión para hacer zapping en los canales, hasta que ambos volvimos a quedarnos dormidos. Cuando desperté, ya había anochecido. Maldije para mi misma, pensando que tendría que irme a casa porque allí estaban todas mis cosas para la presentación del día siguiente. Me separé de los brazos de Adam, yendo a su habitación por mi bolso y una frazada. Comprobé, con satisfacción, que seguía durmiendo así que lo cubrí con la frazada y deposité un beso en su mejilla. No quería despertarlo, así que le escribí una nota.  “Adam, tengo que irme. Mañana va a ser la presentación, después de eso te prometo que hablaremos de todo lo que tenemos pendiente. Por favor, no te enojes, no estoy escapando, pero si me quedo aquí no descansaré nada y mañana tengo que estar al 100%. Te quiero, cariño. L.”  Haciendo una cursílada, tomé el lápiz labial y, después de ponérmelo rápidamente, deposité un beso en la carta. Sabía que así no podría enojarse tanto. Salí de la casa sin hacer ruido y pedí un taxi para irme a mi ático a dormir. Dormí como nunca, soñando con un mundo en el que Adam Harris y yo no éramos tan complicados y podíamos formar una vida juntos. Cuando desperté, no sentía ningún dolor y estaba lista para la presentación de mi vida. Revisé mi teléfono móvil y, para mi decepción, solo tenía un mensaje de mi padre. Lo abrí, y me cambió el rostro, haciéndome sonreír como nunca.  —“Siempre serás mi orgullo. Impresiona a todos como solo tu sabes hacerlo. Te ama, papá”. —¿No piensas desayunar? Anne y su padre me esperaban en el comedor.  —Si lo hago, creo que vomitaré.  —Aunque sea un jugo. Recuerda que si te desmayas puedes volverte a joder esa pierna.  A regañadientes, les hice caso. Tomé un poco de jugo y un pan tostado que había en la mesa. Me despedí de ellos prometiéndoles contarles todos los pormenores después de la presentación, pues era a puerta cerrada. —Felicidades, señorita Santillán. He terminado el semestre superando todas las expectativas.  —Yo…gracias.  —Puede irse, sus calificaciones estarán en la plataforma el lunes.  Sonreí de lado y me despedí. Sabía que no podía hablar con mi profesora, pues había más estudiantes esperando para dar sus presentaciones. Quería gritar de emoción, pero primero debía salir del edificio. Había logrado no avergonzarme a mi misma en la presentación, no lo haría después de ella. Nina no había salido, así que me senté a esperarla. Pensé en mandarle un mensaje a Adam pero este momento era solo mío, merecía disfrutarlo como tal.  —¡Lo hice!  Nina salió del otro edificio, prácticamente bailando. —¡Yo también!  —¡Terminamos el primer semestre de la maestría!  Nos abrazamos, dando saltitos como niñas pequeñas. Sentía una débil punzada en la columna, pero no me importaba. En ese momento solo quería disfrutar. Después de calmarnos, Nina y yo salimos del brazo para irnos a su apartamento, donde nos arreglaríamos para la fiesta de clausura que la escuela preparaba. Alex cantaba a todo pulmón en la cocina. Estaba aburrido de esperarnos, pero su hermana y yo le habíamos hecho señas obscenas para que nos dejara arreglarnos en paz. Nina iba con un vestido rosa que estaba lleno de brillos, mientras yo portaba un sencillo vestido rojo oscuro. Alcé una ceja al ver como el vestido de mi amiga tenía un escote muy pronunciado.  —Nina, ¿qué ha pasado con William?  —He decidido dejar ese tema por la paz.  —¿Qué?  Me senté en la cama, sorprendida, pues esperaba cualquier respuesta menos aquella.  —Hablamos, me pidió una disculpa por actuar de esa manera.  —¿Y luego? —Me di cuenta que voy a seguir topándome con pared. Lo mejor es entender que él no me va a querer como quiero que me quiera, y por ello voy a buscar a alguien más.  Sonaba más resignada que convencida.  —Cómo tu digas, Nina. —Descuida, que William y yo seremos tan amigos como siempre.  Me encogí de hombros, pues lo que me  importaba era la estabilidad emocional de mi amiga. Nos pusimos a hablar de otras cosas, mientras dábamos los últimos retoques a nuestro maquillaje.  —¡FINALMENTE!  Alex ya estaba prácticamente en el piso de abajo cuando salimos de la habitación. Michael y Anne se habían ofrecido a pasar por nosotros, porque Nina insistió en que no llevaría la destartalada camioneta de Alex a la fiesta. Cuando vimos el automóvil, sonreí ampliamente cuando me encontré con Adam Harris al volante.  —Los demás nos alcanzarán allá.  —Por supuesto—dijo Alex, abriendo para mí la puerta del copiloto—¡No podemos ir como lata de pescados cuando traen ropa más elegante!  Los gemelos se sentaron atrás, acomodándose junto a Anne y Michael.  —¿Cómo te fue?  —¡Increíble!  —Me alegro—murmuró tocando levemente mi mano.  Adam condujo hasta que llegamos a un salón de fiestas en el corazón de Manhattan. Entregó nuestras invitaciones y, después de estacionarse, salió de un salto para abrirme la puerta y tomarme de la mano.  —¡Vaya fiesta!  Estaba impresionada por la belleza del arreglo del salón. Entramos los seis y se apresuraron a servirnos una copa de champaña a cada uno.  —Lo mejor para los mejores.  Sabía que a Adam le faltaba aún la presentación de su proyecto, pero tenía mucho tiempo que no hablábamos de eso. Nos señalaron nuestra mesa, por lo nos apresuramos a sentarnos. Conté los lugares y, con una rabia infantil, me di cuenta que Nina había invitado a Dalilah Jones. Margot venía con William y con su hermana, que me hizo un gesto de molestia con la mirada. Para todos ya era obvio que no nos tolerábamos en lo más mínimo. Iba a sentarse junto a Adam, pero Margot se apresuró a tomar ese lugar.  —¡Lele!—me estiró la mano por encima de Adam para tomar la mía, yo sonreí emocionada—¿Cómo te fue?  Desde que salimos por el café, la relación entre Margot y yo había crecido bastante. La consideraba una de las mejores amigas que había hecho en este lugar y realmente sabía bastantes cosas de mi. Estuvimos charlando un rato en la mesa, mientras nuestros demás amigos se encontraban cada uno en su conversación. Noté que Michael se esforzaba por incluir a Dalilah en su charla con Anne y William, pero la morena no dejaba de verme a mí.  Alex y Nina se encontraban en su propio mundo de gemelos, el único que se mantenía en silencio era mi rubio favorito. Adam me veía de manera extraña y yo lo sabía, podía sentir su mirada en mi cuello. Conté mentalmente los segundos y no tardé más de 30 segundos en sentir su mano sobre mi muñeca después de que yo le había devuelto la mirada. Pensé que el que provocaba aquel efecto era el vestido de Nina, no el mío. —Nena…—la voz de Adam sonó ronca y baja en mi oído—¿Vamos a otro lado?  —Adam… —Creo que tienes más cosas que hablar con él que conmigo—dijo Margot sonriendo de lado.  Solo pude asentir con la cabeza, mientras Adam me daba la mano para levantarme de la mesa. Nuestros amigos no se percataron de aquello, perdidos en sus respectivas conversaciones, pues Margot se había apresurado a meterse en la conversación de los gemelos. Mi rubio no dijo nada hasta que entramos a un sanitario que estaba vacío. La fiesta apenas empezaba, pero la música y el alcohol ya volaban por todos lados. Sus manos trataban de deshacerse de mi vestido mientras cerraba la puerta con cerrojo.  —Cariño—sonreí de lado—¿qué pasa?  —No puedo con como te miran los demás.  —¿Ah no?  —No.  Iba a rebatirlo pero me silenció con un beso que creció en pocos segundos. Su lengua acarició cada uno de mis labios, para después aprisionar el inferior entre sus dientes, haciéndome gemir. No necesitábamos hablar de todo, simplemente queríamos follar. Bufó cuando no pudo deshacerse de mi vestido, así que se limitó a levantar la falda, que agradecí que fuera amplia en ese momento. Iba a arrodillarme para quitarle el pantalón, pero me hizo pegarme a la pared, girándome.  —No quiero que te lastimes—susurró.  Aún en los momentos de mayor lujuría, seguía preocupándose por mí. Sus manos no tardaron en colarse en mi vestido, toqueteándome los senos con algo de fuerza. Gemí cuando sentí como tiraba de mis pezones al tiempo que me mordía el cuello.  —Te mato si dejas una marca fuera del vestido.  —Si me matas nadie te va a hacer sentir esto… Gruñó lo último mientras colaba dos dedos de golpe en mi intimidad. Ni siquiera yo esperaba estar tan húmeda, pero es que solo su voz me provocaba. Movía sus dedos a un ritmo delicioso mientras yo trataba de quitarle el pantalón con una mano.  —Apurada, ¿no? —Alguien puede entrar—dije entre gemidos—y te necesito…—apreté las piernas en torno a sus dedos—mucho.  Me soltó un momento los senos para desabrocharse el pantalón, mientras que su mano en mi intimidad jugueteaba con mi c******s.  —Como tengo ganas de comerte…es una lástima que no hay tiempo.  —Podemos repetir más tarde.  No dijo nada, pero su mano fue remplazada por su m*****o en unos pocos segundos. Me tomó desprevenida que entrara con esa fuerza, ni siquiera supe en que momento había enrollado mi vestido, solo había movido mis bragas a un lado.  —Eres tan estrecha… Prácticamente ronroneaba mientras se movía frenéticamente. Parecía que no había tenido sexo desde hacia mucho tiempo y me llene de lujuría cuando pensé que solo había estado follando conmigo. Fue una ronda de sexo rápida, furiosa y desenfrenada, sus manos subieron a mi cuello y a mi boca, acariciándome mientras se encargaba de que yo no hiciera ningún ruido. Adam se había puesto un condón, así que ambos nos corrimos sin ningún miedo. Me giré para besarlo, ruborizándome cuando en vez de ponerme bien las bragas, me las quitaba. —Estas son mías—murmuró en mis labios antes de salir.  Se quedó afuera del baño mientras yo hacia lo mejor que podía por recomponerme, retocándome el maquillaje. Me di cuenta que, gracias a él, le estaba tomando gusto a esto de follar en lugares públicos. Salí del baño sonriendo como nunca y Adam me sonrió, tomándome de la mano para volver a la mesa.  Antes de que llegáramos a la mesa, Adam me aprisionó contra él. —Quiero que me escuches bien, Celeste Santillán. Lo que ha pasado con Dalilah Jones en estas semanas es una deuda. No quiero que dudes que lo que siento por ti es más serio de lo que crees y que lamento no haber acudido a nuestra cita.  No sabía que decir, ni siquiera sabía que conocía mi nombre real, el ruso, el que no le había dado a ninguno de mis amigos.  —Sé mucho más de ti que lo que piensas, nena. Me he dado a la tarea de conocerte.  Sonreí con timidez.  —¿Dónde viste mi nombre? —No eres tan difícil de buscar en el internet.  Eso nunca se me hubiera ocurrido. Me soltó un poco, pero yo me negué a dejar ir su mano. Me había conmovido más de lo que esperaba. A lo lejos vimos que ninguno de nuestros amigos estaba en la mesa, todos se encontraban bailando. —Podemos estar solos un rato más—me dijo sonriendo.  Asentí con la cabeza, mientras caminábamos a los amplios jardines del salón de fiestas. Había una banca, donde nos sentamos frente a frente. Teníamos tanto que decirnos, pero ninguno de los dos se atrevía a hablar, mis dedos jugueteaban con los de Adam, entreteniéndome en mirar hacia las enredaderas que adornaban el muro.  —Nena, mírame. Sus manos me acariciaron el mentón, haciéndome girar. Me encontré con sus preciosos ojos azules y mi sonrisa volvió a iluminarse.  —¿En qué piensas, Lele?  —En nada, corazón.  —Sé sincera.  Me mordí el labio, yo le había dicho que no nos conocíamos pero sabía que eso era gran parte mi responsabilidad.  —Pienso en a dónde va esto.  —Lele…—su pulgar acarició mis labios con delicadeza—Estoy cansado de vivir así, de no tener a alguien a mi lado.  Quise rebatible con un comentario mordaz, diciéndole que tenía a Dalilah, pero no me atreví así que dejé que siguiera hablando.  —Después de que te caíste comprendí que necesito estar contigo todo el tiempo, no puedo vivir solo follándote. Necesito protegerte también.  —¿De ser una persona torpe? —De eso y…de todo el dolor que cargas en la mirada.  —Adam… —Quiero algo formal, algo que dure contigo. Si me aceptas quiero miles de citas contigo, quiero que seas mi novia.  Novia, que poquito me parecía ese termino para definir todo lo que estaba sintiendo por ese hombre. Sin embargo, algo me detenía, y eso era mi propio terror a salir lastimada.  —Yo tengo que pensarlo.  Su rostro parecía decepcionado, soltándome la cara. En ese instante extrañé su tacto.  —Corazón…—susurré acercándome a sus labios—no quiero que creas cosas que no son. ¿De acuerdo? En verdad quiero estar contigo, pero necesito arreglar cosas conmigo misma.  —¿Cómo lo de Dalilah? —Eso también—reconocí—Pero primero lo que siento respecto a mi hermana y a mi madre. Hay muchas razones detrás de mi salida de Moscú.  Simplemente asintió con la cabeza. Me armé de valor y tomé su rostro con mis manos, acariciando su barba. No quería perderlo, mucho menos por mis propias inseguridades.  —Eso no quiere decir que no acepte tu propuesta, solo…no estoy preparada para que todo el mundo lo sepa.  Besé suavemente sus labios. Él se quedó quieto, y temí que no me correspondiera, pero sus manos se aproximaron a mis caderas, atrayéndome a él.  —Si por mi fuera no te soltaba nunca, mi bonita. —No me sueltes. No quiero que lo hagas. Como si no hubiéramos tenido suficiente con la escenita que montamos en el baño, ahora sus manos volvían a entrar en mi vestido.  —Adam…—amonesté, preocupada porque alguien nos viera.  —Nunca tendré suficiente de ti.  Me dejé llevar por los sentimientos, gimiendo en su boca cuando acaricie su m*****o. Adam era más grande que cualquier otro, haciéndome excitar con solo tocarlo. Sentí como me acercaba más a él, subiéndome a su regazo, pero en esa posición no podía subirme el vestido.  —¿Y si nos vamos a casa?—murmuró.  —Nos van a buscar… —Cariño, nadie se va a preocupar si nos vamos juntos.  Estaba tentándome y yo estaba encantada de jugar con fuego. Vestí un traje precioso y sería una lastima que lo arruináramos. Honestamente, lo prefería desnudo en ese momento, con sus pectorales al aire y su sonrisa ladeada. Iba a decirle que si cuando escuchamos unas risitas atrás de nosotros.  —Creo que los encontramos, Nina.  Wick y Nina iban hacia nosotros con enormes sonrisas en la cara. Avergonzada, escondí la cara en el cuello de Adam que solo atinó a reírse.  —Dejémoslos en paz, William.  —Pero—el moreno hizo un mohín—¡Vinimos por ellos!  Mi amiga lo miró molesta, con las manos en las caderas.  —¿Entonces no viniste por mi?  William se quedó sin habla.  —Te jodieron, compañero.  —Tú eres el que quiere joder, pero no se te hará. Ya van a servir la cena, así que apúrense.  —Usted me debe una respuesta, Wick Robinson—interrumpió Nina.  —Solo me dices Wick cuando estás enojada, enana.  Nina se giró para entrar al salón, con un confundido William siguiéndola.  —¿Listo para entrar?—murmuré en sus labios.  —No te muevas…—me suplicó, avergonzado.  Nos quedamos en silencio hasta que su erección disminuyo. Yo reía a carcajadas porque él estaba haciéndome cosquillas. Vistos desde lejos parecíamos una pareja de enamorados, perdidos en su propio mundo. Fue en ese momento en el que empecé a aceptar que, en efecto, lo estábamos. Quizá era mi tiempo de tener la valentía suficiente para vivir el amor de manera correcta por primera vez en mi vida.  —¿Vamos a comer?  —Muero de hambre—sonreí.  Llegamos a la mesa donde nuestros amigos comenzaron a hacer comentarios de doble sentido dirigidos a nosotros. Tuve que hacer uso de todas las técnicas teatrales que había aprendido para no ruborizarme. La comida hizo que cambiaran de tema de conversación, para mi paz mental. —¿Y ahora, Lele? ¿Qué harás con tus vacaciones? —Aún no lo sé.  Yo estaba bastante contenta con todo aquello, pero me sentía nerviosa pues la mirada de Dalilah Jones se mantenía encima de mi todo el tiempo. Casi esperaba que hiciera combustión como una de esas máquinas en las que trabajaba mi padre, que se rompían cuando aplicabas demasiada presión en ella.  —¡Vamos a bailar!—exclamó Alex, que estaba bastante aburrido en la mesa. No habían pasado ni cinco minutos desde que el espectáculo había terminado.  —¡De acuerdo!  Me levanté, tirando de Adam para que me siguiera. Era joven y quería divertirme. Por más enamorada que estuviera, no iba a perder la oportunidad de disfrutar todo lo que yo misma me había negado en la universidad. Mi rubio favorito caminó a mi lado. Pensaba que íbamos a bailar pegados, solamente los dos, pero la música estaba en un ritmo electrónico que invitaba a bailar con todo el grupo.  —¡VENGAN!  Alex había hecho una especie de altavoz con las manos, haciendo que los demás se levantaran y caminaran hacia nosotros.  —¡Esto es genial! —Debemos salir más seguido.  —Definitivamente.  Seguíamos bailando, pero mientras nos movíamos al ritmo de la música, Dalilah logró empujarme hacia Alex quedando pegada a Adam. Se estaba restregando contra él como una gata en celo.  —Dalilah…—dijo Adam —¡Vamos Addie!—ronroneó—Siempre te ha gustado… —Ya no más—dijo con firmeza—Además, yo respeto a mi novia y tu deberías respetar a tu novio de la misma manera.  —¿NOVIA?  —¡Qué buen chiste!—Dalilah puso las manos en los pectorales de Adam, se notaba que estaba bastante borracha—¡Si no puedes olvidarte de mi!  Como respuesta, Adam se separó de ella y me tomó en sus brazos, besándome la frente.  —Chicos, les presento a mi novia.  Nadie dijo una palabra, ni siquiera yo. Ahora si me había ruborizado, pues me sentía vulnerable. Suficiente para ocultar que lo estábamos intentando. Dalilah dio una patada al suelo y se salió del lugar, sin ni siquiera tomar su bolso. Pensé que Adam la seguiría, pero no lo hizo, solo me apretó más contra él.  —¿SON NOVIOS?  La mirada de Nina y Anne me dijo que en cuanto pudieran me acosarían a preguntas.. Adam no me quitaba las manos de encima. En cuanto pude, me paré en las puntas de los pies y le hablé a Adam al oido.  —Te pedí esperar…¿o me equivoco? Adam rió, rascándose la cabeza- —Te lo recompensaré con creces.  Mientras hablaba, acariciaba mi trasero, recordándome que mis bragas estaba en el bolsillo de su saco.  —Michael no ha llegado a dormir en las últimas dos semanas.  Abrí mucho la boca, pensando en como molestaría a Anne toda la siguiente semana.  —No puedo creer que soy la única sin pareja—se quejó Margot.  —No lo eres—rebatió Nina.  Ambas se vieron y después vieron a William, que bebió discretamente de su cerveza. A él no podían gustarle las dos, ¿o sí? Por la mirada de Adam vi que pensaba exactamente lo mismo que yo.  —Ahora…—casperreó William—¿Cuándo iniciaron su relación? —¿Formalmente?—pregunte.  —En general…no soy tonto y sé que ustedes no se hablaban hasta ayer.  —¿Cómo sabes eso?  —Adam lleva cuatro meses parecieron un cachorro apaleado y abandonado, prácticamente gemía de tristeza sin ti.  El rubio se ruborizó, pero yo no pude evitar acariciarle la mejilla. Mi pobrecito, pero se merecía sufrir hasta que me dijera que era lo que se traía con Dalilah Jones.  —Anoche fue a buscarme a la escuela y hablamos.  —¿Así como así?—preguntó Nina.  —¿Quieres algo, princesa? De acuerdo, si Adam seguía con los apodos cariñosos en público iba a follarlo allí mismo. Esa era una de mis mayores debilidades, pero casi nadie lograba darle en el clavo. —¿Puedes preguntar si hay tequila, cariño?—pregunté haciéndole un gesto coqueto con los ojos.  Adam asintió y se levantó, seguido por sus dos fieles amigos. Los tres iban riendo hacia el bar, probablemente haciéndose burla.  —¡Ahora si!—Nina me apuntó con el dedo—La verdad, camarada.  —¿La verdad de qué?  —No puedes hacerte la tonta.  —¿Yo no hablo inglés?  —No me jodas, Santillán—dijo Anne.  —A ti solo te jode Michael—rebatí y mi amiga se ruborizó.  —Y a ti te jode Adam—se burló Margot—Y justo eso nos tienes que contar.  —Si, amiguita—la voz de Alex, chillona, me saltó al oído, se había sentado en el lugar de Adam—¡Habla!  —Lo que dije es cierto—suspiré—ayer fue por mi  y hablamos.  —Todos vimos tu cara de sorpresa cuando dijo la palabra con “n”. —¿Cuántos años tenemos, Alex? ¿Once? —Mentalmente a veces tengo cinco, depende del momento.  —¡No le des largas, Santillán!  —Está bien—suspiré derrotada—No hemos hablado de todo.  —Pero lo harán—aplaudió Nina.  —Eso creo.  Sabía que iban a preguntarme más, pero en eso una mano me tocó el hombro. Sonreí brillantemente cuando ví a Dylan Vanderbilt. Estaba solo, enfundando en un traje color azul, destacando como siempre.  —¡Me dijo mi madre que fuiste el éxito más grande!  —¿En serio? Chicos, él es Dylan. El hijo de mi profesora y un muy querido amigo.  —Dylan, ellos son mis amigos.  —Mi madre quiere que te haga unas fotografías. —¿Desde cuando eres fotógrafo?—dije comenzando a molestarlo. —Solo cuando mi amada madre me lo pide.  Sonreí de lado, pues adoraba la relación que tenían esos dos.  —¡Cuándo quieras yo encantada de posar para ti!  —¿Puede ser ahora? Ya estás arreglada y traes una sonrisa que hace que te veas más preciosa que de costumbre.  Asentí emocionada.  —¿Pueden decirle a Adam que ahora vuelvo?  Mis amigos asintieron, por lo que Dylan yo salimos de la sala hasta el jardín, sin dejar de abrazarnos, riendo a carcajadas. Me senté en la misma banca donde había estado con Adam y comencé a hacerle platica a Dylan mientras sacaba su cámara fotográfica. Seguía disfrutando la sesión improvisada cuando escuché ruidos detrás. Giré para ver como Adam nos veía, desde la puerta del salón, apretando los puños.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD