«¡No soy Mejor que nadie; Pero nadie es mejor que yo!»
Era una mañana como las que frecuentemente tenían las familias más prestigiosas de aquel penhause, en piso 2350 se encontraba el padre de la familia atendiendo llamadas y organizando una reunión para el director de la empresa tecnológica, por otra parte, en el comedor se encontraba la señora de aquel piso, la esposa de Mark Scamander, quien estaba deleitando su paladar por un poco de frutas picadas y frescas.
En cambio, el CEO de la familia aún estaba descansado en su habitación, tratando de seguir con el sueño que tenía, pero el despertador que poseía a su costado de la cabeza haría que recodarle que ya no era tiempo para estar acostado.
Decide levantarse de la cama para adentrarse en el baño para tomar una ducha. Minutos después ya estaba vestido como todo un ejecutivo, listo para estar al frente de la empresa y hacer lo que mejor hace Negociaciones con las demás clientes.
Y aunque tuviera una edad donde comúnmente los jóvenes estarían desperdiciando su tiempo en cosas que no le harían bien, él está al frente de una prestigiada empresa, sin dejar de mencionar que luego tendría que asistir a su último año de licenciatura de marketing.
Era una responsabilidad enorme que tenía a tan temprana edad, por su parte sus hermanos eran los típicos jóvenes que asistían en la universidad, ellos, en cambio, tenían todo el tiempo para planear pasar con sus amigos que Vivían en el mismo penhause.
— ¡Buen día, madre!... ¡Qué hambre!— Expresaba Amílcar mientras toma con el tenedor una rebanada de durazno que tenía en frente.
— Buen día, hijo — Respondía a su hijo de manera sonriente Adelaida.
— ¿Vienes a comer hoy? O ¿te veré a la noche para la cena?— Indaga ella, para ver que su hijo hacía señal que no vendría para el almuerzo.
— Muy rico pero... Debo irme o llego tarde — Indicaba Amílcar para despedir a su madre y salir del apartamento, mientras caminaba por el pasillo decide tomar las escaleras en lugar del ascensor, mientras bajaba revisaba los bolsillos del su pantalón si traía consigo su móvil, para fortuna de él lo traía.
Al llegar al estacionamiento sube a su auto un Audi de color azul, la enciende para dirigirse a la empresa aunque sabía que llegaría tarde eso no le preocupaba siempre y cuando no tuviera una junta importante.
Al llegar en frente de la empresa baja de su auto para ser recibido por la persona que comúnmente toma las llaves de su auto y llevarlo al estacionamiento de la empresa.
Amílcar de manera segura va entrando en la empresa para que su asistente Valeri Maya lo esperase con su horario y su agenda apretada que tendrá el día de hoy
— ¡Buen día, Señor! — Valeri saluda a su jefe quien estaba serio como todos los días.
— Buen día Valeri... Dime ¿Has traído mi café? — Valeri sabía que de algo se había olvidado, sin remediarlo solo maldice en su interior.
— Disculpe señor… En realidad se me ha olvidado. Por cierto señor aquí tiene su agenda dentro de una hora tiene una reunión con el director de planificación de diseño. Luego tiene una junta con los desarrolladores — Decía Valeri mientras que trataba de seguir los pasos del jefe, quien camina apresurado a su oficina.
— Bien, bien... Valeri por favor tráeme mi café como siempre te la pido, y llama a Anthony que lo quiero ver en mi oficina con los últimos informes de las ventas de tres meses anteriores — Ordena Amílcar, mientras que Valeri solamente asienta para dejar a su jefe en su privacidad.
Entre reuniones, y planificando de los próximos lanzamientos de las nuevas tecnologías para el mercado. Para Valeri era un día muy movido, el cual no dejaba de sonar los teléfonos requiriendo un día para ser atendido por el director tecnológico.
En tanto que el CEO tecnológico este ante una agenda sumamente apretados, su madre estaba de compras en una de las locales donde solo las personas más prestigiadas asisten.
Los hermanos de Amílcar estaban reunidos en el salón de arte y música de una prestigiada institución de Nueva York, allí únicamente asisten hijos de prestigiosos empresarios, ministros, o los mismos hijos de artistas muy reconocidos.
Solo en ocasiones de excepcionales asisten jóvenes que logren obtener becas, para estudiar en aquella universidad 《Select Renovation》
Este año aquella universidad había aceptado a tres alumnos que habían ganado aquellas becas. Para aquellos jóvenes era una oportunidad para ingresar en aquel círculo, donde el prestigio, y el dinero lo era todo.
Para los hijos de aquellas personas poderosas era imperdonable que personas que no sean de su misma clase social estuvieran asistiendo en una de las más prestigiosas universidades el cual abrieran sus puertas a gentes de muy bajo recurso.
Eran las ocho de la mañana y los nuevos alumnos estaban en medio de aquellas filas, donde otros alumnos los desnudaban con las miradas, de la ciudad de Boston asiste Eva Shirley, quien con mucho esfuerzo y dedicación había conseguido ser aceptada en el instituto más prestigioso.
Por otra parte, de la ciudad de filadelfia estaba presente Bastian Askin, quien de igual modo que Eva había pasado por muchas penurias para lograr ser admitido en el instituto de Arte más prestigioso. Bastian quien vestía de manera peculiar ya estaba al tanto de algunas risas y comentarios poco amables hacia él. Pero para el joven eso no lo molestaba, para él esto sería un reto, uno en donde no dejaría doblegarse ante los caprichos de algunos jóvenes ostentosos.
De la ciudad de Nueva York estaba Stiven Blanco, un chico de estatura promedio bien parecido, aunque no tuviera los recursos suficientes es un chico vivaz, capaz de superar cualquier obstáculo. Las presentaciones y la bienvenida de parte del rector de aquella institución había terminado, ahora todos estaban en clase, haciendo lo que deben prepararse para el futuro de sus vidas.
— ¡Vaya, vaya! Tenemos una nueva adquisición... Eres bella con un cuerpo que darían envidia a cualquiera aquí presente— Damián tomaba con sus dedos los cabellos de Eva, quien trataba de alejarse de nuevo compañero que le ha tocado.
— ¡Por favor! ¿Qué dices Damián, porque estaríamos envidiándola? Míranos y mírala a ella, obviamente hay una diferencia bastante estrecha — Vocifera Elsa Scamander quien estaba un poco dolida al comentario de su hermano. En cambio, para Damián esto apenas se ponía divertido. Lo cierto es que ya tenía para su nuevo juguete, una en el cual esté acostumbrado a exhibirla como de costumbre.
— ¡Aleja tus manos de mí!... ¡No me toques! — Eva quien ya se ponía bastante nerviosa ante las insinuaciones de su nuevo compañero, trata de levantarse para alejarse de allí, pero las acciones de ella eran en vanos.
— ¿A dónde vas? No te he dado permiso para que te levantes y te fueras ¡Siéntate! — Damián toma el hombro de Eva para hacerla sentar de manera brusca, ante la fuerza del joven Eva no sabía cómo actuar, solo observa impaciente en el umbral de puerta de las clases para verificar si el docente a cargo no asistiría.
Para la joven era necesario salir de allí, lo más pronto posible, una vez más ella trata de dar un paso, sin embargo, esta vez el joven intenta tomarla de la muñeca. No obstante lo que todos dejan asombrado fue la actitud de Stiven, quien estaba deteniendo la mano de Damián, todo con la intensión de que la dejasen en paz.
— ¡Déjala! La chica te ha dicho que no la toques... ¿Acaso en tu familia están acostumbrados a tomar a la fuerza a una mujer? — Era claro que esas palabras caerían como un balde de agua fría a más a de una persona que estaban presente.
— ¿Quién te dio el derecho que intervinieras? Y a ti ¿No te han enseñado a no a inmiscuirte en cosas ajenas? — Damián no dejaría que un chico que no sea de su status social lo descalificara.
— En mi familia me han enseñado que a una chica nunca se le falta el respeto... Obviamente, a ti no te enseñaron esa Lección— El ambiente se iba poniendo cada vez más eufórico, Eva quien estaba detrás del joven que la ha defendido, veía que los demás chicos vendrían encima de él. De poco van formando un círculo para encerrarlos en ella a ambos jóvenes.
— ¿Qué es ella para ti? Acaso los dos tortolos han asistido en la misma institución... — Stiven sabía que algo debía hacer para que el chico problema deje en paz a la joven.
— ¡Si, así es! Como vez ambos nos amamos, a sique aléjate de ella — Stiven toma la mano de Eva quien estaba totalmente en shock por las palabras de chico guapo que tenía en frente. Pero al observar que Damián no se creía del todo esa historia, Stiven toma la decisión de hacer algo más drástico, toma el rostro de Eva entre sus manos para estampar sus labios de ella con la de él. Parta los demás contemplar aquella acción era una verdadera demostración de que si efectivamente eran novios, para Stiven besar aquellos labios era como un sueño, los suaves labios carnosos de Eva era una exquisitez, que lo llevaba a viajar en los más oscuros deseos que él nunca pensó estar. Su corazón latía intensamente, sus sentidos estaban descontrolados. Por dentro era una verdadera locura lo que estaba haciendo, por otra parte, estaba consiente que era por la seguridad de su nueva compañera.
En cambio, para Eva las acciones del joven compañero la tomó por sorpresa, al sentir los labios de Stiven ella queda totalmente paralizada, con las manos toma su prenda para apretarla lo más que puede, abre sus ojos marrones producto del asombro observando al aire. Nunca supuso que su primer beso sería así, siempre creyó que su primer beso seria en una cita romántica, donde la persona que amara la declare su amor y la besara de forma pasional.
En el interior de Eva había una mezcla de emociones, sentía ira, asombro, incertidumbre, y una emoción que no lograba de percibir que es exactamente. Cuando todo término, ella sin decir nada sale prácticamente huyendo de la sala, donde el cual las chicas que los observaba quedaban con la boca abierta al ver que el chico de barrio besaba con tanta pasión.
Después de aquella escena un tanto fuera de lo habitual, las clases transcurrían de manera normal, la hora del almuerzo se aproxima, pero para fortuna de los nuevos alumnos esto ya estaba terminando. Al salir de la universidad cada uno de ellos volverían a sus vidas normales.
Para Eva era imprescindible encontrar al responsable de la distribución de sustancias el cual hacían la vida de muchas personas miserables. Mientras caminaba metidas en sus propios pensamientos, Stiven se le acerca para notar él que ella está sumergida en sus pensamientos totalmente distraídos sin advertir por donde caminaba.
— ¡Oye, cuidado! ¿Qué pasa? Estás muy distraída— Comenta Stiven al mismo tiempo que detiene el caminar de Eva, quien estaba por cruzar la calle con mucho tránsito.
— ¡Oh cielo, lo siento! Gracias por avisarme de la locura que estaba por cometer— Ambos jóvenes intercambiaban palabras como si nada hubiera sucedido horas atrás.
— ¡Oye! Quería disculparme por haber actuado de manera imprudente. Pero no se me ocurrió otra forma para evitar que te dejaran en paz aquellos chicos... En verdad lo siento— Las palabras del joven Stiven eran de las más sinceras, ya que no deseaba que hubiera malos entendidos entre ella y él. Para Eva sonaban como si en verdad el chico estaba totalmente apenado, no obstante sabía lo que decía eran solo verdades.
— Claro no te preocupes... Tengo claro que lo que expresas es cierto, sin embargo, la que debe disculparse soy yo por haberte arrastrado en mis problemas. — Eva mientras hablaba no podía dejar de observar al joven que tenía a su costado, lo cierto es que estaba apenada, aquella vergüenza le venían como lluvias al recordar aquel beso que él le había dado.
Era claro que en ese momento entre ambos jóvenes empezaba a crecer una amistad, y aunque no se conocieran muy bien, para ella era un buen chico con un buen corazón. Ambos se separan en aquella avenida donde indicaba que debían de seguir por sus caminos. Ella volvería a su humilde departamento, una en donde apenas había lo básico, sin lujos, y tratando de salir adelante ella hacia lo que estaba a su alcance para salir adelante en la nueva ciudad donde de día era como toda ciudad, con habitantes trabajando duro para sostener sus precarias vidas, en cambio, cuando cae la noche la ciudad prácticamente deja relucir su verdadero rostro. Uno en donde las personas se adentraban en una faceta oscura donde podrían conseguir lo que deseaban por medios de vidas un tanto vergonzosos. Desde de su ventana veía la verdadera faceta de la ciudad, algunas mujeres dejando su dignidad en las calles más oscuras de aquel barrio, otro grupo donde estaban reunidos para ofrecer drogas a aquellos que sentían que sus vidas dependían de aquella sustancias que lo llevaban a la ruina.
Por las noches eran una verdadera tortura, las pesadillas volvían a tormenta la paz de Eva, recuerdos de una fatídica y dramático suceso, una en donde ella advierte cuando una mujer es asesinada en sus sueños, una y otra vez. Pero lo que no podía observar es el rostro de aquella mujer, eran tan reales aquellas imágenes, que no puede evitar retorcerse en la cama para tomar con fuerza las sabanas y arrugarlas. Empapada en su sudor se despierta de manera brusca tomando con su mano sus mejillas, para bajar por su garganta donde estaba totalmente empapada de sudor con la respiración agitada. En medio de la madrugada toma la decisión de sentarse en la ventana de su apartamento, para que aquel aire frío chocara por su bello rostro. Para que se normalizara su respiración, pero sin dejar de pensar por cuanto tiempo aquella pesadilla la atormentaría.