~Damien~
Sentía una necesidad enorme de sacarme lo que tenía adentro, podía decirse que era ira, ansiedad, ganas de hacer cosas que todavía no debo. Así que me fui al gimnasio de la ciudad en la cual se encontraba mi saco de boxeo.
Solamente faltan 52 horas para verla y 23 días para reclamarla... Eso me repetía mentalmente con cada golpe que descargo en el saco.
―Dios, que lento pasa el tiempo― dije al levantar la vista al reloj y ver que solo habían pasado veinte minutos desde que empecé.
―Te comprendo.
Me di vuelta y me encontré con mi modelo a seguir, mi padre Jack, parado como podía con su bastón y una sonrisa de felicidad en mi cara.
―Hola, papá.
―Hola, hijo― empezó a caminar con dificultad sobre su bastón hasta finalmente acercarse. Su voz era rasposa, perfecta para su cuerpo tan arrugado―. Veo que ya empezaste con a ejercitación para tener cada vez un cuerpo mejor y en 23 días pasarla bien.
Ahí quedó su vejez…
¡Dios mi padre no puede dejar de pensar en ello! Es por eso que tengo 15 hermanos, veintiocho sobrinos y 15.
― ¡Papá, Dios! ¿Podes dejar de pensar en ello? Es repugnante saber que ya voy a tener otra vez hermanos trillizos. Tienes 1023 años debes dejar de pensar en ello. Ya estas viejo.
―Hijo― se me acerco y puso una mano en mi hombro―. Por algo existe el viagra.
No quiero ni imaginar. Debe ser regular cliente de la farmacia.
Y con ese vergonzoso encuentro entre el antiguo alpha y el actual alpha, algunas feas memorias en mi mente; fuimos a pasear mientras me habla sin que pueda pararlo de cómo fue cuando mi mamá estaba en heat y como exactamente nueve meses después, nací yo.
Puede que no sea sano de mente, pero cuando tu padre te está hablando de cómo te han concebido, te trauma.
―Cállate, por favor ―digo ya por decimotercera vez. Obviamente sin resultado.
―No sabes cómo se movía, en ese tiempo yo era más ágil y las horas pasaban más rápido. Pero sí que eran bien usadas esas horas…―y sigue hablando.
―No lo quiero saber. Es mi madre. Cállate ―repito nuevamente.
―Te estoy dando consejos. Lo vas a necesitar, créeme.
Ya no quiero escuchar más. Me largo antes de escuchar otra cosa.
―Nos vemos, tengo que ir con Joe ―digo y escapo.
―Que maleducado eres con tu padre, fui tu alpha por más de setenta años. ¡Ten algo de respeto! ―papá Jack grita levantando su bastón. Ya no parece tan viejo, pero estoy acostumbrado.
En realidad no tenía que ir a ver a nadie, pero era mejor ir a la habitación de Joe y Clara de la casa principal.
Pero hoy es un día de mala suerte, entre sin tocar. Lo primero que veo es a Clara, con una panza de 7 meses contra la cama; a quien buscaba, Joe, estaba arriba de ella; ninguno usaba ropa.
― ¡Qué tienen todos hoy que hablan de hacer y hacen cachorros!―Tape mis ojos y di la vuelta mientras que Joe reía estruendosamente y Clara le pedía que se callara a susurros gritados.
―Los espero en 20 minutos en mi oficina―grite a los futuros padres luego de cerrar la puerta de la habitación.
20 minutos después, estábamos en mi cuarto. Ellos en sus pijamas y la cara roja; yo sentado tratando de hacer que desaparezca de mi mente esa imagen horrible.
―Espero tengan todo preparado. No quiero que llegue el día y sus bolsos no estén listos. ―digo unos minutos después―. Clara, espero que tengas preparado un bolso para el niño, si se nos quiere adelantar, quiero que por lo menos tenga ropa. No voy a detener mis planes.
―Sí, mi alpha ―Clara asiente y Joe coloca la mano sobre su hombro.
― ¿Cómo estás? ―pregunta Joe y suspiro.
―Nervioso. Espero los chicos no nos defrauden.
―El destino de la manada está en que ganen el partido. Si no ganan, la patada en el culo que van a recibir va a ser legendaria ―Joe ríe, la barba roja se mueve con su risa y me desconcentra.
― ¿Cómo está tu lobo? ―pregunta Clara, una mano en su panza mientras se aleja de su mate y se acerca a mí.
Cierro los ojos, más para demostrar que busco, no lo necesito. Pero veo lo que veo hace más de diecisiete años. Él quiere salir, quiere correr, quiere conocer. Pero no puedo dejar que se vaya.
―Más impaciente de lo que me gustaría. ―es lo único que respondo.
―Te entiendo…
―Solo una milésima parte. Que tengas sangre de sacerdotisa te hizo saber quién era tu compañero destinado; pero luego de saltarle encima solo tuviste que esperar tres años. Mi paciencia se está acabando…
2 días después…
El llegar al instituto es algo que no quiero recordar. No me gustaría recordar. Pero las imágenes se quedaran grabadas en mi mente. Gracias a la diosa de la luna no fui el espectáculo más importante. Los niños que jugarán el partido fueron recibidos con una muy calurosa bienvenida; los humanos con carteles, los lobos con algunos torsos desnudos. Algunos de los niños desaparecieron en los baños. Todavía los están buscando.
Pero cuando finalmente llegó la hora de llegar al pueblo, mi corazón latía a mil. Tanto que no podía quedarme quieto.
Clara, siendo tan cariñosa, me miraba como si quisiera matarme, solo porque muevo la pierna impacientemente.
Tenemos una recepción majestuosa en cuanto llegamos. Había un camino en el suelo de hojas de palmera, llegamos a 2 columnas adornadas con flores silvestres bien coloridas. Adentro se encontraban todos los miembros de la manada, al principio los niños y ancianos y al final los adolescentes con sus padres. Recorrí la mirada por todas las jóvenes solteras que se encontraban ahí, quienes me miraban como lobas hambrientas, la ironía. Me di cuenta que no se encontraba Kristy, asustado salude a todos.
―Gracias por la cálida bienvenida. Es un placer visitarlos ―ya me puedo imaginar la cachetada imaginaria que Joe me quiere dar.
Cuando me dirigí al alpha le pregunte si se encontraban todos y dijo que no, que su hijo con amigos y compañera se encontraban en el gimnasio entrenando.
Como debía salude a todos y cada uno de los habitantes mientras que las lobas me acechaban con la mirada, deben imaginar que vine cubierto en chocolate. Sé que estaba sin remera, como todos los hombres aquí, y mis músculos eran notables; pero no para que me den tanto miedo sus miradas.
Termine de saludar a todos y le dije al alpha que actualmente no me acuerdo el nombre, es muy complicado, que me iba a saludar a su hijo y amigos.
Finalmente Salí caminando/corriendo de aquí y llegue al gimnasio.
Allí se encontraban un joven rubio con quien creo que era su compañera sentada arriba de este, se estaban aspirando la boca y bacterias sin miedo. Mis ojos recorrieron el lugar y encuentro a dos personas dadas vuelta de mí que estaban viendo televisión, en ese momento sentí un olor a vainilla y lluvia, mis olores favoritos. Era riquísimo y desprendía de la chica de peli-marrón.