Capítulo 8

815 Words
No sabía que hacer, Xandro simplemente maldijo y tomo a su hermana y la metió a la habitación, cerró la puerta y ahora sí le metió seguro. —A ver, necesito que me expliquen eso de que están casados, esto es una locura ¿Como puede ser eso posible? —Yo te explicaré todo —dijo Xandro y le contó la versión que teníamos que dar hasta después de dos años, obviamente cortando la parte donde estábamos enamorados. —¿Qué pasará ahora? —pregunta y yo también miro a Xandro. —Bueno, tenemos que pasar un año casados para poder divorciarnos, así que tendremos que esperar. —¿Mamá ya lo sabe? —No y no quiero que se lo digas, llevaremos esto en secreto. —De acuerdo, les guardaré este secretito, que maravilla de información, bueno me voy, adiós cuñada. Ella salió de la habitación, cerrando la puerta a sus espaldas. Solté todo el aire que estaba conteniendo y solté una risa, me había sentido muy nerviosa, realmente creí que se lo tomaría mal o que me insultaría. Xandro solo suspiro y se sentó a mi lado. —Olvidé cerrar la puerta. —Ya lo noté —le digo y no puedo evitar reírme mientras niego. Después de ese incidente, Xandro se fue a su departamento, ya que tenía que irse al trabajo. Ese día la pasaría sola, ya que su hermana tenía una salida, por lo tanto, tendría mucho tiempo libre. Me metí en mi habitación, me recosté en la cama, no sabía que hacer, en la escuela me dieron libre una semana por lo que no podía ir aunque quisiera, todos los días mis compañeros me mandaban mi tarea y yo la enviaba al correo del profesor. Tomé un libro que traje, me puse a leerlo, la trama era igual que todos, no estaba por buen camino, si seguía leyendo terminaría dormida, entonces en el siguiente capítulo, llegó una escena subida de todo, era tan explícita, que no pude evitar imaginar y eso no fue lo peor, imaginé que era Xandro quien me hacía todo eso, en un momento me sumergí tanto que no escuché cuando entraron a mi habitación. —Támara. Brinque asustada cerrando el Libro y escondiéndolo a mis espaldas. Mi rostro estaba muy caliente y tal vez hasta rojo. En que estaba pensando, como pude pensar que Xandro podría hacerme eso. —¿Estás bien? —Dijo mientras entraba a mi habitación por completo. —Si, si claro. Él me miró con sospecha, pero no preguntó nada más. —Llegaste rápido —Le dije y él asintió. —Olvide mi Cartera, pero no estaba en mi departamento, por lo que venía a buscarla aquí. La buscamos en la cama, la sala, la cocina, incluso en el baño, pero nada, hasta que fui nuevamente a mi habitación y la busqué debajo de la cama y sorpresa, ahí estaba. —Gracias Tam. —De nada. —¿Quieres cenar algo en especial? —me pregunta mientras camina hacia la salida. —Cualquier cosa está bien, solo nada que traiga champiñones, soy alérgica. —Anotado, nos vemos en la noche. Dicho eso, salió del departamento, suspiré y me fui rápido para mi habitación, tome el libro y lo volví a guardar, nunca más lo volvería a leer. (Xandro) Mientras revisaba unos documentos, la imagen de Támara escondiendo ese libro con rapidez despertó mi curiosidad y ahora no puedo dejar de pensar en eso. Lo comienzo a buscar en internet, pero hay demasiados libros y yo no sé el nombre. Después de un rato, doy con el libro, lo descargo y comienzo a leerlo. Valla este libro es tan cliché y muy empalagoso ¿Realmente le gusta esto? —Mira nada más —Llego a una escena muy, pero muy subida de tono y comienzo a leer —Así que por esto estabas tan roja. En este punto de la lectura, mi mente me juega una mala pasada, comienzo a imaginar a Támara, me salgo de ahí y me voy a mi baño, lavo mi cara y niego, ella es una niña, no puedo verla así. Espero y no sea difícil este tiempo que estaremos juntos. El resto de la tarde fue una tortura, mi mente estaba en otro lado, la maldita escena imaginaria no salía de mi cabeza y en este punto ya estaba por caer en la locura. ¿Ella habrá terminado de leer ese libro? ¿Tendrá más libros como esté? Mi cabeza no estaba en paz y mi trabajo no avanzaba, tenia que dejar de pensar en eso, se que muchos años de celibato no me iban ayudar pero tenía que parar antes de que cometiera una locura. Támara solo era mi esposa de Nombre, no podía sobrepasar esos límites con ella, tengo que dejar de hacerme ideas en la cabeza, mi dulce esposa no era para mí.
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