Recolectar las naranjas y los limones no era tan fácil como Rodrigo pensaba, en realidad el trabajo del campo era mucho más difícil y pesado de lo que él suponía. Apenas conseguía llenar un costal de naranjas cuando los peones habían llenado dos y hasta tres. Pasaba del medio día cuando el sol ya en lo más alto quemaba con un calor abrasador. —Ahí le hablan patrón — dijo Juancho. Rodrigo levantó la mirada y pudo ver a Martina caminado hacia él. Su forma tan graciosa de caminar debido a la falta de costumbre de usar calzado la hacía verse todavía más infantil. —Aquí le traje esta agüita pal’ calor don Rodrigo — le dijo y le dio la botella de llena de limonada fría y refrescante. —Dile a Dorotea que haga una jarra para invitarles a los muchachos — le ordenó y ella corrió a obedecer la

