No podía dormir por el tremendo calor que hacía en ese lugar, no había aire acondicionado y sentía la piel pegajosa por sudor. Se puso de pie y caminó hasta la ventana, la abrió de par en par esperando que entrara un poco de aire. Respiró profundamente para llenar sus pulmones de aire fresco y volvió a la cama, pero una fuerza extraña lo impulsó a salir de la habitación. Caminó por el pasillo y se detuvo un momento frente a la puerta, dudó en abrirla, pero esa fuerza era más grande que su voluntad. Se acercó a la cama y la miró profundamente dormida. Solo iluminada por la tenue luz de luna que entraba por la ventana. Quizá era por el intenso calor, pero ella había omitido cubrirse con la sábana y su cuerpo desnudo sobre la cama cual si fuera la “Afrodita de Praxíteles” recostada sobre

