Kannet estaba asustada, ese hombre que tanto admiró le hacía sentir un poco de familiaridad porque leyó sobre él antes de conocerlo en persona, pero no quitaba que la estuviera mirando con ojos calculadores y fríos.
Se sintió desnuda, como si estuviera cortando trozo por trozo la pijama corta que usaba. Era una sensación de ser estudiada por un depredador.
Iris se suponía había sido llevada al médico y se iba a recuperar, así debía ser. No podría sobrevivir en un mundo como ese si ella se iba.
Las dos se habían conocido por medio de su hobbie favorito, leer fanfics.
Kannet tenía ya sus propios fanfics publicados, le gustaba mucho el tema de la fantasía, por eso, cuando vio un nuevo fanfic sobre su anime favorito, no dudó en leerlo, cuál sería su sorpresa de encontrarse en los comentarios con la autora, que era nueva y comenzaba en el mundo de la creación de fanfics con el que tanto le había gustado.
Las dos se hicieron amigas casi inmediatamente por la manera de Iris de narrar, tan sencilla pero hechizante, que con algunos consejos de Kannet, empezó a florecer con más fuerza.
Pronto se unieron y crearon un multiverso con varias apariciones de Snow y Lilian, sus OC's creadas con amor y con cualidades que ellas mismas poseían y otras que querían tener.
Iris empezó a abrirse y contarle sobre su vida personal, eran problemas con su padre por sus gustos y su manera de actuar o vestir. Kannet se identificó con ella y pronto encontraron más y más coincidencias en común.
Cada día se escribían y hablaban de todo, ya se había convertido en una amistad fuerte, las dos se necesitaban para poder expresarse y para crear nuevos mundos donde tenían poderes especiales que cambiaban destinos.
—Ella estará bien.
—Eso espero... Iris es alguien muy decidida, aunque parezca distraída, ella siempre da todo lo que tiene cuando ha decidido hacer algo.
—Le tienes mucho aprecio.
—Es mi amiga. De las pocas que puedo nombrar y es con la que más unida me siento.
Cornian asintió. No entendía lo que decía, él no tenía mucha gente en la cual confiar porque siempre había motivos de por medio.
La mujer junto a él parecía muy sentimental, quizá era porque no conocía como funcionaba el mundo. No había experimentado la crueldad de ser traicionado.
Cuando al fin salieron del túnel, vio a su gente recogiendo cadáveres y en movimiento.
—Se la ha llevado...
Susurró uno de sus guardias.
—¿Quién?
Respondió con aparente calma, pero esa mirada estaba tan afilada que rasgaba con un vistazo a todos los ahí presentes.
—L-la... Mujer... Se la llevó Salvatore...
Kannet sintió que toda la sangre se le congelaba. Su amiga estaba herida y ni siquiera la vio un médico, se la llevaron.
—¿Dónde..? ¿Dónde queda ese lugar?
Murmuró con voz débil. Sus manos temblaron violentamente y sentía que la garganta se le desgarraría si no gritaba.
—Está...
Un disparo y el hombre cayó muerto. Cornian no perdonaba los errores, era algo que todos sabían y que todos temían.
—Tendrás que dormir un poco. Disculpame por mis modales.
Kannet sintió un dolor fuerte detrás de la cabeza y todo el mundo se volvió n***o.
Cornian la sostuvo en sus brazos, era ligera y suave, tibia. Tenía que cuidarla y evitar que hiciera alguna estupidez. Lo importante era que ella le diera al nuevo sucesor de Loreto. Se aseguraría de que así fuera.
La mansión blanca, la casa Salvatore, la misma que tenía mucha gente preparada para matar a quien se atreviera a insultar a su jefe de familia, estaba llena de ruido y murmullos.
El sucesor había llevado consigo a la creatura extinta que tanto habían anhelado para salvar a la humanidad. Una mujer.
—Preparen una habitación y ropa limpia, consigan un sastre que se encargue de confeccionar ropa para ella.
Liam estaba entusiasmado por mostrarle a su padre la solución a los problemas de la familia.
—Enseguida.
Los sirvientes iban y venían, mientras la joven de pelo rosáceo despertaba en los brazos del anfitrión.
—Al fin despiertas. No es nada grave lo de tu herida, en unos días vas a estar bien, sin esa cicatriz en tu hombro.
Esos orbes grises estaban fijos en él, como si viera algo grandioso. Sus labios rosa pálido se abrieron en una sonrisa.
—Mi... Mi favorito...
Murmuró con dulzura y felicidad. Liam no entendía esa reacción, pero le gustó, era bueno que ella gustara de él, así podrían tener una relación pacífica.
—¿Yo soy tu favorito?
—Ajá...
Una pequeña y delicada mano blanca le acarició el rostro y tomó un mechón plateado.
—Es la primera vez que nos vemos, pero no sabía que tuviera una fan tan amorosa.
—Lo siento...
—No lo sientas, no he dicho que me desagrade tu atención. ¿Cuál es tu nombre?
—Iris, me llamo Iris.
—Es un nombre muy bonito, me gusta. Iris.
Ella estaba roja, parecía que iba a convertirse en un tomate. No había visto tales expresiones antes y eso le despertó aún más curiosidad.
—¿Dónde estamos?
—Estamos en la casa Salvatore. Para ser precisos, esta será tu casa.
—¿Mi casa?
—Vas a vivir conmigo.
—¿Puedo hacer eso?
—Por supuesto, yo lo permito.
—Eso es muy afortunado... ¿Y Kannet?
Quizá se refería a aquella otra mujer.
—Ella no vino.
—¡No! Tengo que ir a verla... Estará asustada...
—Eso es peligroso. Si vas a Loreto no podrás salir y... No quiero ser tan directo, pero si cruzas esa puerta, te romperé las piernas. ¿Entiendes?
Liam no iba a permitir que ella se marchara, no después de haber conseguido lo que necesitaba. Era mejor encadenarla como a aquel perro que tenía, así nunca se alejaría.
—Pero Kannet... Yo necesito decirle al menos que estoy bien... Por favor...
—Después lo sabrá, de eso no te preocupes. Así que sé buena y quedate conmigo. Si tu te portas bien, yo también lo haré. Puedo darte lo que quieras siempre y cuando no quieras huir.
Iris entendió que Liam era un obsesivo, justo como lo decía la autora, él no la dejaría salir jamás de su casa.
El problema era que necesitaba ver a Kannet y hablar con ella, no iba a ceder tan fácil al cautiverio.