01[Consuelo]
FARAH SALLOW
A veces la vida te tiene preparada cosas de las cuales uno considera que no sería capaz de superar, aún me costaba entender por qué no podía ser feliz. Había huido de mi “adorado” hogar hace cinco años con tal de huir de aquella maldición que me perseguía pero al parecer eso no sería posible.
Suspiré al mirar aquella terrible escena frente a mis ojos, ya ni siquiera me sorprendía pero igual dolía cada vez más, no era la primera vez que presenciaba algo así pero si era la primera vez que veía que aquella persona era muy consciente de mi presencia y al parecer no le importaba que estuviera ahí.
—¿Qué haces ahí preciosa?, ¿Gustas unirte?, podemos hacer espacio para ti. Pequeña rubia- hice una mueca de asco, aquel hombre me miraba de forma lasciva e intenté con todas mis fuerzas no soltar un llanto, ya bastante humillada me encontraba como para que me vean más patética.
—Solo vine a dejar esto. Y… Edmundo, no era necesario hacer esto. Con un simple mensaje de texto hubiera entendido que ya no quieres estar conmigo- sin más que decir, me quité el anillo y me di la vuelta. Pero claro nada sale como uno se imagina y por mi torpeza terminé cayendo al suelo. Gemí del dolor, de por si mi piel ya era extremadamente sensible como para añadir estos rasguños.
—Opps creo que tus piernas dicen lo contrario cariño. Déjame ayudarte- espantada porque me estaba tocando, le propiné un golpe en la mejilla. Aquel tipo se encontraba totalmente desnudo, noté como una vena de su frente empezó a saltar para luego mirarme furioso, sin perder el tiempo salí de ahí, no sin antes darle una mirada a esa parejita que se encontraba totalmente desnuda, y aquella que alguna vez había considerado mi mejor amiga… se encontraba encima de él y creo que nunca podré olvidar aquella sonrisa de triunfo con la que me miraba.
Asqueada y con lágrimas a punto de caer por mis ojos salí corriendo de aquel edificio, aquel lugar que había considero mi segundo hogar y que ahora se había convertido en el mismísimo averno. Como pude tomé un taxi, no recuerdo que dirección le dije pero debía verme muy mal como para que el conductor no preguntara nada y me mirara con pena en todo el trayecto. Ya un poco lejos del lugar dejé salir todo el dolor acumulado en todo este tiempo. Mi novio, mi perfecto novio, Edmundo Relish, uno de los solteros más codiciados de Los Ángeles me había estado engañando todo este tiempo con la que se supone es mi mejor amiga y lo peor era que… estaba segura que esto llevaba ocurriendo más de un año. Como una estúpida había creído en sus falsas promesas, me maldecía una y mil veces por no haberme dado cuenta antes de su comportamiento pero luego me aborrecía aún más al darme cuenta que las señales siempre estuvieron ahí y era yo la que no había querido creer. Todos aquellos momentos mágicos que habíamos vivido juntos se hicieron pedazos en una sola noche, no solo le había bastado con humillarme delante de todos los trabajadores de aquel lugar sino que se había atrevido a hacerme presenciar algo aberrante. En plena orgía se atrevió a hacerme pasar, él sabía muy bien que pensaba sobre esas cosas y a él simplemente no le había importado, como siempre.
Me sentía patética, admito que no tengo la mejor autoestima, tantos años lleno de abusos y burlas de parte de ciertas personas me habían vuelto tan vulnerable que no podía evitar sentirme tan pequeña e insignificante alrededor de ellos.
—Pare- repetí despacio. Sentí como el aire me empezó a faltar y entendí de inmediato que estaba por tener un ataque de pánico, como pude intenté secar mis lágrimas y empezar a respirar despacio pero simplemente no funcionaba.
—Pare, por favor- repetí un poco más fuerte, pronto sentí que si no bajaba de aquel auto, moriría aquí mismo.
—PARE EL MALDITO AUTO, j***r- grité a la vez que abría la puerta. Varios autos pitaron atrás nuestro y otros gritaron cosas absurdas.
— ¡Está loca!, maldita loca- de un frenazo detuvo el auto, agarrándome el cuello, le tiré un par de billetes y me bajé en medio de todos esos autos.
Con cuidado me apoyé de un muro y me arrodillé, varios autos pasaban detrás de mí. Enojados gritaban cosas peores, intenté ignorar todo eso y empecé a hacer mis respiraciones que había practicado estos años. No era la primera vez que me sucedía pero nunca me había sucedido de un nivel tan intenso, abrí mis ojos y frente a mí se presentó una vista maravillosa, un brilloso mar oscuro en el cual reflejaba una hermosa luna me hizo acordar a cierta historia que me había contado mi madre de pequeña. Como un hombre le había prometido a una mujer cumplirle todos sus deseos y como aquella mujer le había pedido que le bajara la luna para ella, el hombre se pasó una semana pensando como cumplirle aquel deseo para que ella aceptara casarse con él. Después de que se había cumplido el plazo para cumplirle aquel regalo, el hombre finalmente había encontrado una manera para cumplirle ese deseo. La llevó hasta un lago inmenso con una hermosa noche estrellada, mientras ella aún estaba con los ojos vendados, él le dijo antes de desatarle el nudo de que siempre la amaría hasta la eternidad y finalmente él le descubrió los ojos y ella quedó admirada con lo que sus ojos veían, no solo tenía la luna a sus pies sino que también estaba rodeada de un hermoso paisaje verde con un montón de luciérnagas que adornaban el lugar y lo hacían ver aún más maravilloso. Mi madre solía decirme que no aceptara a ningún hombre que no pudiera bajarme la luna, y lamentaba tanto decepcionarla.
—Lo siento tanto mamá, siento tanto que tengas una hija tan estúpida e insignificante- susurré
Ya no podía más, todos estos años que creí que podía ser feliz se habían ido por el drenaje para nunca volver. Hace años no hablaba con ningún m*****o de mi familia, para mi padre no era más que una niña ingenua y estúpida. No solo no había estudiado lo que él había querido, sino que había rechazado todo lo que se me había ofrecido y eso lo había enfurecido aún más. Mi familia me consideraba una piedra en su zapato, y mis hermanas… para ellas simplemente yo no existía y la que era mi madrastra.., la única persona que había sido buena conmigo, yo… la había decepcionado.
Miré con curiosidad el mar frente a mí, sentí como todos mis problemas empezaron a irse cuando aquella idea cruzó por mi mente. La razón decía que debía hacerlo mientras que mi corazón me decía que no, pero ya lo tenía decidido.
Miré mi hermoso vestido blanco con tristeza, me había pasado horas escogiéndolo y ahora todo iba a terminar de esta manera. Mi mirada se iluminó al ver un pedazo de vidrio roto y sin pensarlo dos veces lo agarré y me corté ambas muñecas, no sabía si era por el dolor que sentía por aquella ruptura o por mi miserable vida pero simplemente sentí satisfacción al hacer eso. Ignoré por completo los gritos de las personas que pasaban detrás de mí y simplemente me dejé caer y pronto sentí la verdadera liberación.
Escuché gritos confusos a mí alrededor, mis ojos se cerraban y se abrían a la vez. Mi garganta la sentía reseca, intenté hablar pero simplemente nada salía de mi boca, sentía que iba y venía varias veces hasta que poco a poco mi visión se hacía ligeramente mejor pero aún lo sentía confuso, no tenía idea si estaba viva o muerta, había olvidado cuando fue la última vez que había intentado atentar contra mi vida, hacía tanto tiempo que no lo había hecho que tal vez había perdido el toque para esto. Una silueta frente mío se movía por todos lados, no sabía si estaba en el cielo o en el infierno pero solo rogaba no volver a despertar, aquella silueta no paraba de correr conmigo al lado, sus hermosos labios se movían pero no podía escuchar nada, podía sentir su mano apretando la mía, noté como varias personas de blanco le impedían que aquel sujeto se me acerque aún más y lo último que noté antes de que las puertas se cerraran fue aquellos hermosos ojos azules que me miraban con preocupación, nadie nunca me había mirado como él me estaba mirando en este momento y... por un momento desee volver a verlo pero sabía que no podía ser posible, ya había decidido que así fuera, ya no quería más dolor, ya no quería ver más sufrimiento, simplemente ya no quería sentir más miserable y patética, sentía que finalmente mi deseo de tantos años esta noche se iba a cumplir. Solo quería morir en paz de una vez.