8. Ya estoy muy viejo para estos juegos.

2184 Words
8. Ya estoy muy viejo para estos juegos. Defne. Dejo la bandeja con mi almuerzo sobre la mesa y tomo asiento, mirando divertida cómo Levi y Kass discuten. Están tan inmersos en lo que hablan que ni siquiera han notado mi presencia. — ¡Defne! — Finalmente ella me ve, pero antes de que pueda responder a su saludo, añade con un tono intenso —: Dile a Levi lo equivocado que está. — ¿Acerca de qué? — ¿Conoces a Kris? — Pregunta Levi, mirándome. — ¿El chico nuevo de contabilidad? — Respondo de inmediato. Ambos se miran, sorprendidos de que sepa quién es. Omito decirles que conozco su presencia porque su llegada fue un alivio para mí: dejé de ser la nueva y, por ende, dejé de causar curiosidad. Ahora él es el centro de atención. Así que… gracias, Kris. — Kacey quiere emparejarlo con su prima. — Está bien — tomo lentamente de mi bebida, mirando de uno a otro sin entender el problema en esto. — Él es gay, Defne — dice Levi con tono aburrido, mirándome con una expresión que me arranca una sonrisa. Él luce como si toda la situación fuera obvia y le exasperara que sólo él tenga la inteligencia y sabiduría para notarlo. — No lo es — refuta Kass. — Te digo que lo es — nuestro compañero insiste. — Lo he visto mirando culos — dice Kacey, sorprendiéndome porque es el vocabulario más vulgar que le he escuchado hablar. Aunque Levi suele sacar lo peor de ella... así que en realidad no es tan extraño. — Gran sorpresa, todo el mundo mira culos — él rueda los ojos dramáticamente —. ¿Tendría él que mirar sólo p***s para que aceptes que es gay? — Nadie mira p***s — agrego. — Te extrañaría lo que he visto a la gente mirar, mi querida y dulce Def — me dice él con algo de lástima, y sé que me está llamando ingenua en su interior —. Te estoy evitando que vayas a hacer el ridículo, Kacey. Hazme caso, el chico es gay. Emparéjalo con un primo si quieres, pero no con tu prima Lily. — ¿Por qué simplemente no le preguntan sobre su sexualidad y ya está? — Les sugiero, encontrando la solución más factible. Kacey me mira alarmada. — No, ¿cómo crees? No lo conocemos tan bien. ¿Y si es alguien susceptible y, al preguntarle, toco un nervio insinuando que sea gay o hetero? — Y no vas por ahí preguntando por la sexualidad de los demás, Defne. — ¿Por qué no? La vida sería muy fácil si fuéramos directos y sinceros, sin miedo a la verdad. Nos ahorraríamos un montón de sufrimiento. — Eso me suena a experiencia personal, Defne. ¿Qué te ha pasado? — Levi me mira con esos ojos entrometidos suyos. Muerdo mi sandwiche para ganar tiempo. — Dinos — Kass se une. — Tendría que tener unos cuantos tragos encima para contarles — empiezo —. Y no estoy lo suficientem... — ¡Perfecto! — Me interrumpe Levi —. Tragos después del trabajo y tenemos tu confesión. Buen provecho, mis mujeres. Y se marcha, negándome la posibilidad de rechazar su oferta. Miro a Kacey, pero ella sólo se encoje de hombros, como diciendo no hay otra opción. Dios, a veces los odio. |...| Escondida detrás de una enorme impresora, observo desde una distancia prudente a Kris. El chico es guapo y extrovertido. Tiene una sonrisa nacarada que le regala a cada persona que se le acerca. Es amable tanto con chicos como con chicas, sin excepción. Es bastante masculino, pero eso no me dice nada sobre su inclinación s****l. No necesariamente alguien tiene que ser femenino para ser homosexual; hay chicos muy masculinos que lo son, y eso está perfectamente bien, porque una cosa no va de la mano con la otra. Entonces, ¿cómo ayudo a Kacey sin hacer lo que realmente quiero, que es ir directamente a preguntarle? Cuando una idea ya está formándose en mi cabeza, el teléfono vibra en mi mano. Contesto cuando leo su nombre en el identificador. — ¿Señorita Sinclair, no debería estar en su puesto de trabajo en este momento? — Dice una voz masculina en mi oreja, lo que me hace sonrojar. No porque me haya sorprendido infraganti ni porque crea que está enojado —no lo está—, sino por su tono, por ese acento que provoca cosas en mi vientre. Y si a eso le sumamos su voz baja, ronca y lenta, como si esperara a propósito que me ruborizara, el efecto es inevitable. Matheo Slade puede ser un seductor cuando se lo propone, y justo ahora se lo está proponiendo. — Estoy en el baño — medio miento, ya que sí estaba en el baño, sólo me he desviado un poco de mi camino en el último segundo. — Defne, llevo diez minutos esperándote y no has venido a tu cubículo. A menos que tengas una emergencia femenina y... — No, no es eso — diablos, ¿por qué soy tan mala cuando intento pensar en excusas creíbles? ¿Por qué no puedo pensar en algo que no sea vergonzoso? —. Está bien, no me ha pasado nada. Sólo... estoy siendo un poco acosadora en el área de contabilidad. Estoy escondida detrás de una impresora. — ¿Qué? — Ya ves, estoy vigilando al chico nuevo de contabilidad. ¿Sabes, ese moreno de sonrisa bonita? Resulta que quiero saber si... — No me está gustando el rumbo al que está yendo esta conversación. — Necesito saber si le gustan o no las mujeres. — Defne — casi gruñe —. Estás logrando que me plantee muy seriamente despedir a todos los hombres del lugar y quedarme sólo con mujeres. Primero Levi, y ahora... Abro mucho los ojos al comprender lo que él cree y, cuando eso se instala en mi cerebro, me río, cubriendo la risa con la mano para evitar que se escuche. — Quita esa mano de tu boca, Buttercup. Quiero escucharte reír, así sea a mi costa. — No estoy interesada en él, es para una prima de Kacey. — Gracias a Dios — le escucho decir —. Espérame, voy para allá. Guardo mi teléfono en el bolsillo de mi vestido y vuelvo a mirar a mi presa. No puedo evitar sentir que saber su orientación s****l se volvió algo personal. No quiero que Lily se ilusione con él si no tiene ninguna esperanza. — ¿Y qué estamos haciendo aquí? — Llega un susurro a mi oreja; su mano se desliza por mi espalda baja hasta agarrarme de la cintura. Me giro para mirarlo, con una sonrisa en los labios. Es la primera vez que hablamos en persona desde que me quedé a dormir en su apartamento, hace ya tres días. Aquella noche, después de que me comprara un ungüento para la herida, charlamos un rato más y luego nos fuimos a dormir, cada uno en habitaciones separadas. Era evidente que mi cuerpo maltratado no aceptaría nada más. Además, siento que ambos llegamos a un acuerdo silencioso: nos estábamos moviendo demasiado rápido. Desde entonces nos hemos escrito mensajes y lanzado pequeñas miradas desde lejos. También hemos estado inmiscuidos en nuestros trabajos. Así que sí, no lo había visto tan de cerca… hasta ahora, que lo tengo justo frente a mí, robándose toda mi atención. Entonces empiezo a hablar. — Quiero saber si Kris es gay o no. Si no lo es, Kacey quiere presentarle a su prima Lily. Ella lo vio salir de la empresa ayer cuando vino a entregarle unos papeles que Kass había dejado en casa. Lily quedó inmediatamente flechada. Levi dice que él es gay, cosa de la que no estamos seguras. Yo sugerí preguntarle directamente, pero ellos temen herir susceptibilidades y... — Y nunca te había escuchado decir tantas palabras desde que te conocí — me interrumpe, levantando sus manos para silenciarme con amabilidad —. Ya entendí lo que quieres, pero... ¿por qué es esto tan importante para ti? Porque estuve meses en una relación con un imbécil que me usó de tapadera para ocultar su homosexualidad, como si fuera algo de lo que avergonzarse, y no quiero que nadie más pase por eso. Así que sí, me estoy tomando esto como algo personal. Por supuesto, no le digo nada de eso. En cambio, suelto un —: Quiero que le muestres tu pene. Matt me mira en silencio, con el rostro completamente en blanco, sin expresar nada, absolutamente nada que me indique qué le provocaron mis palabras. Por el rabillo del ojo veo a Kris ponerse de pie y agradezco al destino estar de mi lado cuando lo veo caminar directo hacia el baño. Tomo a Matt del codo y, en silencio, lo empujo también en esa dirección mientras le susurro: — Ve, muéstrale tu pene. — Defne... — Por favor — digo, mirando alrededor mientras lo muevo y lo apoyo contra una pequeña brecha en el camino que nos oculta un poco de los demás —. Ve y haz lo que hacen los hombres en los baños. — ¿Y qué sería eso? — ¡Usar el acto de orinar para presumir sus mercancías! — Susurro y grito, pegándome a él mientras lo miro suplicante —. Ve, párate al lado del orinal que él esté usando y saca tu espada. Por favor, Matt... — Defne... — él mira mis labios fijamente. — Si te mira, según Levi, entonces él es gay. Matt pasa las manos por su rostro, arriba y abajo, resoplando una risa entre incrédula y divertida, como si no me pudiera creer. En efecto, él lo dice. — No te puedo creer. — ¡Por favor! — Y tomándolo por las solapas de su chaqueta, lo empujo hacia el baño. Antes de que se cierre la puerta, creo escucharlo decir —: Lo que hago por ti. Vuelvo a la pequeña brecha para ocultarme y, después de lo que se siente como una eternidad, Matt regresa, caminando con paciencia hacia mí. — ¿Y? — Pregunto. Él guarda las manos en los bolsillos de su pantalón y, mirando hacia un lado, susurra —: A veces, de verdad, yo te quiero matar. — ¡Matt! — Cuando hice el acto de orinar, como tú lo llamas... él miró mi pene — asiente con labios muy juntos, mirándome mal —. Pero teniendo en cuenta que, segundos antes, te tuve presionada contra mí, mirándome con esos endemoniados ojos tuyos y susurrándome un “por favor, Matt” que llevó mi mente directo a imaginarte rogando por mi polla, es normal que él haya mirado, Defne. — ¿Qué? Toma mi mano y la presiona en su entrepierna, dura e hinchada contra el material de su pantalón. — Yo estaba duro... así que sí, mi empleado miró mi pene. Por instinto, lo aprieto, arrancándole un gruñido. Rápidamente, me acorrala, dejando las manos contra la pared detrás de mí y bajando su rostro para mirarme. — Ahora hay un empleado por ahí, seguramente diciéndole a mi personal, que su jefe estaba empalmado en el baño sin aparente razón alguna — besa la comisura de mi boca —. ¿Ves lo que me haces? — Lo siento — río, mirándolo con ojos alegres por lo divertido de la situación. Mi mano sigue sosteniéndolo, así que lo acaricio otra vez. Él deja caer la frente en mi hombro y gruñe palabras inentendibles contra mi piel. Cuando su mano cae en mi cintura y se aferra a mí con fuerza, como si estuviera poniendo todo de su parte para controlarse, me detengo, consciente de que estamos yendo demasiado lejos. Estamos en el trabajo, por Dios. Despacio, saco su camiseta del pantalón y la dejo caer, ocultando la erección que ya era imposible de disimular. Él me mira en silencio todo el tiempo, observando mis manos y mi rostro, atento a cada movimiento y a cada reacción mía hacia él. Finalmente, conforme con su apariencia, asiento y me inclino hacia arriba. Tomo su mandíbula entre mis manos, deslizo los pulgares por su barba en una caricia y lo miro directamente a los ojos, ayudándolo a calmarse. Poco a poco, cuanto más lo acaricio, sus ojos se aclaran y el deseo va cambiando, derritiéndose hasta convertirse en una ternura dulce y suave. — ¿Ya? — Pregunto en un susurro, mis pulgares moviéndose por la comisura de su boca. — Creo que ya estoy muy viejo para estos juegos. — Estás perfecto. Suavemente, lo siento mover su mano por mi culo hasta que me da un rápido apretón. — Vamos. Volvamos al trabajo, amor. Con mis manos aún en su mandíbula, me inclino más hacia arriba y beso la punta de su nariz, luego me giro y me marcho. Es cuando llego a mi cubículo que descubro: no he dejado de sonreír en todo el camino. Y no dejo de hacerlo en lo que queda de día.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD