9. Tienes todo el control.
Defne.
En serio, no entiendo cómo me dejé convencer de hacer esto.
Cuando la camarera se va con nuestra orden de bebidas, me encuentro con los ojos de Levi al otro lado de la mesa. Lentamente, observo cómo las esquinas de sus labios se elevan hasta esbozar una sonrisa escalofriante. Parece el gato que se comió al canario, pero en una versión mucho más morbosa.
Ruedo los ojos.
—Empieza…
—Eres tan entrometido —le digo.
—Defne, tenemos que fortalecer nuestros lazos —interviene Kacey, sentada a mi lado—. ¿Y qué mejor forma de hacerlo que contando nuestras penas?
—Empiezo yo —dice Levi—. El año pasado, una chica me dio una patada en las bolas en mi fiesta de cumpleaños, frente a toda mi familia y amigos.
Kacey suelta una carcajada y se gira hacia mí, con una expresión graciosa en el rostro.
—Yo estuve allí, fue lo más hilarante.
—La comprendo —susurro—. A la chica, me refiero. Tienes una gran habilidad para despertar deseos de golpear cualquier parte de tu cuerpo, Levi.
—Qué violenta.
—¿Y por qué te golpeó?
—La había follado y no recordaba su nombre.
Vaya, no me sorprende.
—¿Y cómo fue que apareció en tu fiesta de cumpleaños?
—Mi madre la invitó —responde él, y por primera vez veo vergüenza en su semblante.
—No entiendo.
—Aquí —Kass salta al asiento junto a Levi y le pasa un brazo por los hombros—. Nuestro hombre aún vive con sus padres.
Si estuviera bebiendo algo, lo habría escupido.
—¿Qué?
—En mi defensa —Levi alza un dedo, reclamando nuestra atención mientras no dejamos de reírnos—, mi piso está encima del de mis padres, con entrada propia, así que tampoco es tan literal.
—¿Por qué sigues viviendo con tus padres? —inquiero—. ¿Cuántos años tienes?
Me enseña tres dedos, así que asumo que son treinta.
—Vivo con mis padres porque me ahorro la comida —dice sonriente—. Mi madre tiene la mejor sazón del mundo y no pienso renunciar a ella, gracias.
—Eres un bebé —le dice Kass con burla, pellizcándole las mejillas.
—Volviendo al tema, mi madre vio a la chica salir de mi piso el día anterior, pensó que era mi novia y no una follada casual, así que la invitó a la fiesta sorpresa que toda mi familia estaba preparando. El resto lo puedes asumir.
De hecho, me río, incapaz de creer que este hombre grandote que se pavonea como un pavo real siga viviendo con su madre y tenga problemas de faldas dignos de un adolescente.
—Tu turno, Kass.
—Oh, no —susurra—. Yo paso.
—Tu turno, Kass —repetimos Levi y yo al mismo tiempo.
La camarera regresa con nuestras bebidas, dándole a Kacey un poco más de tiempo para huir de su confesión. Le doy un sorbo a mi margarita de piña mientras observo con deleite cómo Kass se sonroja, claramente renuente a hablar. Todo esto se siente dulce como la venganza, considerando que prácticamente me arrastraron hasta aquí. Así que lo tomo como un pequeño pago por haber querido obligarme a hablar de mi vida amorosa.
—Tuve que renunciar a la empresa donde trabajaba antes porque…
—¿Por qué…?
—¡Porque encontré a mi jefe follando con mi madre! —explota, llamando la atención de las mesas cercanas.
Levi estalla en carcajadas, Kacey se desliza en su asiento intentando esconderse más y yo la miro, completamente anonadada.
—¿Qué?
—Él ahora es mi padrastro. No me pareció adecuado seguir trabajando para él, así que renuncié… y aquí me tienes.
Algo pesado cae en mi estómago, agriándome la bebida.
Me pregunto qué pensaría Kacey sobre mi relación con Matt. Aunque, bueno, no estamos explícitamente en una relación, creo que las intenciones son bastante claras. Aun así, por primera vez, me avergüenza lo que los demás puedan pensar de mí si todo empieza a salirse de control.
Levi parece leerme la mente y le da un codazo a Kacey, señalándome con sutileza. Ella lo entiende al instante, porque su rostro decae y se apresura a decir:
—Oh no, Defne. Matheo y tú…
Cierro los ojos, comprendiendo que ella ya lo sabe.
—¿Es tan obvio?
Es Levi quien responde:
—Cuando estás cerca, él no puede quitarte los ojos de encima. Y en el último mes ha ido al departamento de diseño más veces de las que fue en los últimos dos años. Es obvio, Defne. Ya hay rumores sobre ustedes dos follando.
—Cristo, Levi, tacto —le espeta Kacey con voz dura.
—No, está bien —los calmo—. Es solo que… no sé qué me pasa con él. Creo que… me gusta.
—Lo sabemos, cariño.
—Y cuando lo tengo cerca, solo parece importarme él. Olvido por completo todas las razones por las que no debería… —no soy capaz de terminar; el nudo en mi estómago se hace más fuerte.
—Sabes que tú eres quien tiene todas las de perder si surge una relación entre ustedes, ¿verdad?
—Levi…
—Lo siento, Defne, pero es la sociedad en la que vivimos. Mientras él seguirá siendo el jefe, tú serás tachada de oportunista. Y si las cosas salen mal… —Levi niega con una expresión fatalista, dejando claro lo que quiere decir.
—Mi carrera está en juego —acepto.
Pero lo jodido es que las cosas saldrán mal. Lo sé. Porque estoy aquí por una razón y, cuando él lo sepa, me va a odiar. Me va a odiar como seguramente no ha odiado a nadie. Así que el salto que estoy dando por él me lleva directo al vacío. Y aun así lo doy, con los ojos abiertos, sabiendo exactamente qué me espera cuando todo acabe.
Simplemente no encuentro las fuerzas para alejarme. No puedo.
Y tampoco creo que él me deje dar un paso atrás a estas alturas.
Como si mis pensamientos lo hubieran invocado, mi teléfono vibra con un mensaje suyo.
Matt: ¿Qué haces?
Levanto la mirada hacia los chicos, quienes con sólo mirarme parecen saber con quién estoy hablando.
Apresuro mis dedos y le respondo.
Yo: Salí con Kacey y Levi.
Su respuesta es inmediata.
Matt: Lugar.
Le doy el nombre del bar y a los pocos segundos me llega un: Voy para allá.
Brinco en mi silla y de inmediato giro hacia la entrada, pensando que ya va a aparecer allí. Cuando le di el nombre del sitio, pensé que me preguntaba solo por curiosidad, no porque fuera a aparecer por aquí.
—Él viene, ¿no es cierto? —adivina Levi.
Asiento, sintiendo escalofríos recorrerme el cuerpo por la anticipación.
—Nunca había visto a Matheo Slade tan consumido por nadie, Defne —dice Kass—. Siempre lo pensé como alguien casi ajeno a las emociones, como un robot. Y entonces llegaste tú y lo veo sintiéndolo todo. Es fascinante de ver.
—Eres una romántica, Kass, pero no ves los problemas en los que Defne se está metiendo —Levi me mira—. Cuando las cosas salgan mal, porque van a salir mal, es el destino de todas las relaciones, la más perjudicada vas a ser tú. ¿Él? Él seguirá en el trono de su imperio, ganando millones de dólares al día. ¿Tú? Tú terminarás con la reputación por el piso, una carrera probablemente arruinada y el corazón roto.
—No seas pesimista, Levi.
—Soy realista, Kacey, y deberías estar de mi lado. Deberíamos protegerla, no motivarla a que se meta en la boca del lobo.
Trago saliva y revuelvo mi bebida, pensando en sus palabras.
Podría decirle a Matt la verdad. Podría acercarme a él, pedirle que hablemos a solas y explicarle la posición imposible en la que mi padre me ha puesto. Podría contarle cómo me ha mantenido amenazada durante años para que cumpla sus deseos, cómo usa en mi contra la única carta que tiene a su favor: mi madre. Ella es la única persona por la que daría mi vida a ciegas, y él lo sabe.
Podría hacer todo eso, pero lo que no sé es cómo Matt reaccionaría ante mis palabras.
¿Me creería?
¿Estaría despejando los baches de nuestro camino para empezar sin engaños?
¿O estaría cavando mi propia tumba si, al final, decide odiarme?
Porque él es recto, perfeccionista, correcto en todo lo que hace. No acepta las áreas grises; solo blanco o n***o. Así que no sé si puedo permitirme confiar en él. Y aunque se ha mostrado flexible conmigo, no puedo poner en juego la vida de mi madre esperando una reacción de su parte que no sé si vaya a tener.
—Ahí llegó —dice Kass, señalando hacia la puerta.
Por encima de mi hombro, observo a Matheo entrar junto a Sebastian y, para mi sorpresa, Scarlett viene con ellos. A la distancia, lo veo buscando alrededor hasta que sus ojos me encuentran, pero aparto la mirada y vuelvo a mi bebida.
La piel de gallina se me eriza en la nuca y sé que sigue mirándome, pero intento ignorarlo.
Si ya hay rumores en la empresa, lo último que necesito es que Sebastian —quien, además de ser el socio de Matt, es su mejor amigo— y Scarlett nos vean interactuando juntos en un bar.
—Está mirando hacia aquí —dice Kass, saludando con la mano, al igual que Levi, mientras yo sigo sin poder mirarlo.
—Quiere venir, pero Scarlett está señalando una mesa al otro lado de la sala —añade Levi.
—Y… te sigue mirando —continúa Kacey.
Después de unos largos segundos, Levi dice:
—Se fue a sentar con Scarlett, cariño.
A pesar del arañazo de celos que me atraviesa por dentro, suspiro con alivio. Tengo demasiadas emociones a flor de piel y no me siento preparada para enfrentarlo ahora.
La culpa se instala pesada en mi pecho, porque, de alguna forma, lo estoy engañando. Aunque he sido cuidadosa de no darle a mi padre información que represente un riesgo para Matt, estoy dentro de su empresa con segundas intenciones. Y hoy, ese peso —sumado a todas las manipulaciones de mi padre— me está afectando más que nunca.
—Cuéntanos lo de tu ex —dice Levi de repente.
Es curioso cómo ese episodio de mi vida ahora suena a nada, comparado con lo que estoy sintiendo.
Y acepto la distracción, porque necesito apartar la mente de todo el daño que estoy causando.
—Xander, mi ex, era homosexual. Yo le servía de tapadera para que sus padres no lo supieran —susurro. Mi voz suena plana, casi sin emoción, y sé que Kass y Levi tampoco están realmente interesados en mi confesión; solo intentan distraerme.
—¿Cómo lo supiste?
—El chico con el que me engañaba me lo dijo. Me mostró conversaciones suyas, fotos… —le doy un sorbo a mi bebida, pensando en el pasado—. Viéndolo ahora, creo que era demasiado obvio. Pero yo estaba muy ciega para notarlo.
—¿Lo querías?
—Sí —acepto—. Me importaba y lo quería. No estaba enamorada, pero podía verme yendo hacia ese camino.
—¿Por qué dices que, mirando hacia atrás, era obvio? —pregunta Levi.
—¿Tengo que hablarte de nuestra vida s****l para que entiendas a qué me refiero?
—¿Tenían sexo?
—Él quería esperar hasta el matrimonio, lo que al principio me pareció tierno, pero… —niego lentamente con la cabeza.
—Eso no suele pasar.
—Debí sospechar desde ese momento.
—Lo siento, Defne —dice Kacey, tomando mi mano.
—Era muy tonta. Estaba consumida por… muchas cosas que estaban ocurriendo en mi vida en ese momento.
—La atracción s****l y la vida íntima son importantes en una relación, y si no había eso entre ustedes, ¿por qué seguiste con él?
—No era como si fuéramos santos —admito en voz baja—. Hacíamos… cosas. Pero nunca hubo…
—¿Penetración?
Asiento, recordando cuántas veces, cuando estábamos juntos, ni siquiera me miraba. Ahora comprendo el esfuerzo que eso debía suponerle y que, probablemente, necesitaba imaginar que yo era otra persona para poder terminar.
Sin poder evitarlo, miro por encima de mi hombro. Matt tiene el brazo apoyado sobre la mesa mientras Scarlett y Sebastian están girados hacia él, hablándole. Asiente vagamente a lo que dicen, pero, a pesar de la oscuridad del lugar, sé que sus ojos están puestos en mí. Puedo sentir su mirada quemándome la piel en todo momento.
—¿Qué? —pregunto cuando, de fondo, escucho a Levi decir mi nombre.
—¿Eres virgen, mi querida Defne?
—¡Levi! —lo regaña Kacey.
—No responderé eso, bicho raro —le digo, negando con la cabeza.
En contra de mi buen juicio, me pongo de pie y me dirijo al baño, plenamente consciente de que Matt lo tomará como una invitación.
Y así es.
Después de acomodar mi cabello frente al espejo, salgo y me lo encuentro apoyado contra la pared, esperándome.