Todo el mundo empezó a mirar de reojo a Natalia
al escuchar las palabras de Jazmín; ninguna de
ellas era acogedora. Comprendió que Jazmín
intentaba ponerla en la línea de fuego al insinuar
que había conseguido el trabajo por la puerta de
atrás. De esta forma, dejaría el trabajo por su
cuenta cuando no pudiera soportar el ostracismo
de los demás compañeros.
Su enfado aumentó en cuanto vio la sonrisa de
Jazmín. Pero antes de que pudiera decir nada, la
asistente de Jazmín entró corriendo, farfullando
con pánico:
-¡Jazmín, ha pasado algo malo!
Jazmín acababa de poner a Natalia en un aprieto,
por lo que le disgustó ser interrumpida por
Penélope. Poniendo cara larga, preguntó
impaciente:
-¿A qué viene tanta prisa? ¿Qué pasa?
Con las manos en las rodillas, Penélope tardó un
momento en tomar aire antes de explicar:
-El almacén ... ¡La estantería del almacén se ha
derrumbado!
-¿Qué has dicho? ¿Que la estantería se ha
derrumbado? -Jazmín se agarró al cuello de su
ayudante.
-Sí.
as telas? -Jazmín empezó a entrar en , . pan,co.
Penélope tragó en seco antes de responder:
-Cientos de pernos de telas y tejidos están ahora
esparcidos por el suelo. Ahora no podemos
distinguir las telas porque las etiquetas están
todas desprendidas.
-¡Maldita sea! -Jazmín apartó a Penélope de un
empujón y empezó a correr hacia el almacén.
Ahora no tenía tiempo para preocuparse por
Natalia.
Todos los demás diseñadores la siguieron para
comprobarlo. Pronto, Natalia fue la única que
quedó en la oficina. Reflexionó un momento
mientras sostenía el documento del proyecto y
decidió seguirlos hasta el almacén.
Cuando llegó al almacén, Jazmín les gritaba
enfadada a los diseñadores.
-¡No se queden ahí sin hacer nada! Vuelvan a
colocar las telas en las estanterías como
corresponde. La parte contratante vendrá a
recogerlas pronto.
-Pero, señora Jazmín, todas estas son telas de
grado F y algunos de los tejidos más caros. No
estamos familiarizados con ellos. ¿Cómo
podemos identificarlas todas? -Uno de los
diseñadores expresó su preocupación.
Con una expresión sombría, Jazmín señaló a esa
persona mientras pronunciaba:
-Me da igual cómo lo hagan. Sólo tienen una
hora. Si no consiguen ponerlos en orden a tiempo,
todos recibirán un castigo.
Natalia no pudo evitar fruncir las cejas cuando
escuchó a Jazmín amenazar a los diseñadores.
Era comprensible que Jazmín quisiera poner todo
en orden, pero había puesto a los diseñadores en
una situación difícil, ya que sabían poco de las
telas. Era una tarea imposible ponerlos en orden
en una hora.
-¿No deberías estar trabajando en la oficina?
¿Por qué están todos reunidos aquí? Justo
entonces, una voz fría sonó desde el exterior del
almacén.
Natalia se dio la vuelta para encontrar a Hugo
caminando en su dirección, su rostro carente de . ,
expreción.
-Señor Hugo. -Se giró y le saludó.
Hugo le dedicó una leve inclinación de cabeza
mientras entraba en el almacén. En poco tiempo,
encontró a Jazmín en medio de la multitud
mientras todos los diseñadores le daban paso.
Jazmín se puso nerviosa al ver su expresión fría.
Fingiendo estar tranquila, forzó una sonrisa y preguntó:
-Hugo, ¿por qué estás aquí?
-¿Me estás preguntando por qué estoy aquí? -Él
la miró fríamente antes de echar un vistazo a las
telas del suelo. Su rostro se volvió sombrío-.
Jazmín Sainz, recuerdo haberte dicho hace dos
días que las estanterías estaban tambaleantes y
necesitaban mantenimiento. No sólo eso, sino
que también te pedí que enviaras las telas a la
parte contratante lo antes posible. ¿Por qué no
has hecho lo que te dije?
Jazmín agachó la cabeza ante su enfado.
-Estaba demasiado ocupada, así que ...
-¡Eso no es una excusa! -La increpó implacable.
Apretando los puños, Jazmín sintió que el
resentimiento hervía en su corazón. Al mismo
tiempo, se sintió avergonzada al ser regañada
delante de los diseñadores, especialmente
cuando Natalia estaba cerca.