Como no podía dirigir su odio a Hugo, en su lugar
disparó dagas a Natalia. Se quedó aturdida
cuando Jazmín la culpó de repente, aunque no
había hecho nada malo.
Hugo también se dio cuenta del sutil acto de
Jazmín, pero no le prestó atención.
Inmediatamente desplazó su mirada hacia los
diseñadores y preguntó:
-¿Pueden colocar las telas en su sitio en una
hora y media?
Uno de los diseñadores respondió:
-No creo que sea posible porque tenemos pocos
conocimientos sobre estas telas. Quizá tengamos
que consultar las fotos del catálogo del almacén
para identificarlas. Necesitamos al menos tres
horas. -Al fin y al cabo, no era fácil cruzar las
referencias de estos grandes montones de telas.
Aun así, Hugo no estaba satisfecho con la
respuesta que obtuvo.
-¿No pueden acelerar? -La parte contratante
llegaría dentro de una hora y media para recoger
las telas. Por lo tanto, no podía permitirse el lujo
de hacerle esperar tres horas.
Nadie se atrevió a responderle.
De repente, Natalia levantó la mano.
¡Puedo intentarlo! -Su voz fue alta y clara en el
silencioso almacén.
En ese momento, todos se volvieron para mirarla
con incredulidad. También se vio a Jazmín poner
los ojos en blanco ante ella.
En cambio, la cara de Hugo estaba tranquila como
antes.
-¿Quieres decir que puedes hacerlo en una hora y
media?
-Por supuesto, no puedo hacerlo sola. Necesito
dos ayudantes que me echen una mano ...
-¡Qué broma! -La interrumpió Jazmín.
Señalando con el dedo a Natalia, se burló:
-No eres más que una abandonada de la
universidad. Me pregunto si podrías distinguir los
diferentes elementos del diseño de moda. ¿Ahora
dices que puedes identificar todas estas telas?
Haciendo caso omiso de sus comentarios
sarcásticos, Natalia se dirigió hacia Hugo. De pie
frente a él, le preguntó:
-Señor Hugo, ¿crees en mí?
-Lo dejaré en tus manos entonces. -Su
respuesta fue sencilla.
Antes de que reaccionara, Jazmín volvió a
plantear su objeción.
-Hugo, ¿en realidad crees en ella? -Lo miró con
incredulidad.
Él la miró fríamente.
-Ella confía en que puede hacerlo, así que ¿por
qué no debería creerle?
Mordiéndose los labios, Jazmín seguía siendo
reacia a ceder.
-¡Pero si ha abandonado la universidad! Todos
los diseñadores de aquí son graduados de
prestigiosas universidades. Ni siquiera ellos
pueden reconocer todas las telas, y mucho menos
ella.
Hugo se volvió para mirar a Natalia.
-¿Es así? -Le resultaba difícil creer que una
desertora universitaria fuera capaz de convertirse
en alumna de Mercedes.
Con una leve sonrisa, Natalia explicó con calma:
-Es cierto. Por alguna razón, dejé la universidad
hace unos años. Pero obtuve mi título en mi
universidad en el extranjero. Ah, se me olvidó
mencionar que me gradué en la Academia de
Diseño Laurent.
Todos se quedaron boquiabiertos.
La Academia de Diseño Laurent estaba
considerada la mejor academia de diseño de
moda del mundo. Sólo reclutaba a trescientos
estudiantes cada año. Todos los que estaban
cualificados eran nada menos que los mejores de
los mejores. No podían creer que Natalia fuera
una de las graduadas.
Los diseñadores empezaron a verla con otros
ojos. En un instante, la burla en sus ojos fue
reemplazada por la admiración y tal vez incluso
una pizca de celos.
Ni siquiera el propio Hugo esperaba que fuera una
graduada de la Academia de Diseño Laurent. No
era de extrañar que pudiera convertirse en alumna
de Mercedes.
De repente, Jazmín gritó agitada.
-¡Eso es imposible! No puedes ser una graduada
de la Academia de Diseño Laurent. -Se resistía a
creer en ello. Sería una bofetada en su cara ya que
antes había afirmado que era una desertora.
-Nada es imposible. -Natalia sacó su teléfono.
Después de unos cuantos toques, mostró la
pantalla frente a Jazmín.
- Este es mi certificado de graduación. Señorita
Jazmín, si aún tiene dudas, siempre puede
verificar su validez con la autoridad escolar.
Jazmín miró la pantalla como si fuera a hacerle
un agujero. Mirándola con desprecio, gruñó:
-Estás diciendo esto delante de todos a
propósito para humillarme. Yo ...