No logro avanzar ni dos pasos después de pisar la entrada.
La escena me produce escalofríos, un presión en el pecho y nauseas.
Un cuerpo junto al sofá, otro a la izquierda, el olor a sangre es tan fuerte que mi nariz no puede tolerarlo. No es para nada como en las películas.
No puedo entrar.
Me giro de golpe y avanzo dos pasos cuando choco con alguien.
Retrocedo un poco para encontrarme con...
—Abel.
Él me mira con ojos bien abiertos, con preocupación en ellos.
—Lo siento, después pensé que no era bueno que volvieras a ver eso — indica suavemente.
—Quizá no debieron matarlos para empezar — respondo bruscamente, él desvía la mirada y por algún motivo me siento mal por ello —. Lo siento, yo... no soy tan fuerte como pensé, no puedo...
—Está bien — coloca una mano en mi brazo derecho —. Me preocuparía si fueses capaz de estar allí dentro.
Su voz, la forma en la que me mira... hay mucho cuidado, preocupación. Siento su calidez y lo agradezco.
—Yo iré por las cosas, espera en el auto, los niños deben estarse poniendo ansiosos — indica dando un pequeño apretón a mi brazo y noto que me había quedado estática un par de segundos.
—Gracias — susurro.
Él asiente y pasa por mi lado entrando a la casa. Suspiro sin estar segura por qué y camino hacia el auto.
Caín está recostado de la puerta del conductor y me mira pícaro.
—¿Muy débil para una escena de horror?
—Quizás el débil eres tú por apretar el gatillo sin dudar — respondo amargamente.
—¿Sabes el valor que necesitas para poder hacerlo? —ríe primero.
—No sé si es valor, pero lamento que puedas hacerlo.
Examino su rostro, de alguna forma me parece que le afectan mis palabras aunque intente ocultarlo tras su fachada dura y burlona. Sin decirle algo mas, abro la puerta del auto.
—Caoi — Exclaman todos.
Gemma alza sus brazos hacia mí.
—¿Cómo están, pequeñitos?
Entro y me siento, tomo a Gemma en mis brazos mientras que Coda también me abraza por un lado.
—Tenemos sueño — indica Coda —. ¿A donde vamos?
—Bueno, la verdad no estoy segura — acaricio su cabeza —, pero nuestros amigos nos llevarán a un buen lugar.
—¿Está muy lejos? — quiere saber Rubí.
—No lo sé, pero ya estoy aquí, no los dejaré solos, pueden dormir y yo los despertaré al llegar. ¿Les parece?
Rubí solo asiente, sube las piernas al asiento y se abraza a sí misma, sé que está triste y tiene miedo, quiero consolarla.
—Quédate, quédate — pide Gemma abrazándome.
—Tranquila lo haré — respondo suavemente —. ¿Cómo está tu piernita? ¿Te duele?
—Si, pero está bien — su tono tan suave y sus palabras me hacen sentir mal.
—Bueno, no te muevas mucho, ¿está bien? Luego volveré a revisarla.
Miro por la ventana, Abel pasa con los dos bolsos hacia la maleta. Caín le dice algo pero no puedo escuchar.
—¿No podemos ir con papá?
Los ojos expectantes de Coda me hacen querer darle el mundo entero y protegerlo de todo.
—Lo siento, Coda, es muy difícil — acaricio su cabeza —. Pero te prometo que estaremos bien.
La puerta se abre a mi lado, es Abel.
—¿Están todos bien?
—Si, todo en orden.
—¿Como sigue su pierna?
—Estoy bien, pero duele — responde ella misma con timidez.
—Resiste un poco, luego te daré algo para el dolor, ¿está bien?
—Sí.
Él le sonríe levemente y luego se fija en mí.
—Esto... Yo iré en el otro auto, no podemos dejarlo aquí — su voz es cuidadosa.
—¿Por qué no vienes tú?
Tan rápido como sale de mis labios, quiero retractarme, había sido más bien una pregunta incosciente, pero es que por alguna razón me hace sentir ansiosa.
— Yo los guiaré, Caín manejará para que puedas quedarte con ellos así — explica —. No te preocupes, no me alejaré.
—¿Seguro?
—Seguro — afirma con suavidad, eso hace a mi corazón dar un brinco.
—Está bien — me impresiono a mí misma a causa de la debilidad de mi voz, como un susurro.
Pero es que sus ojos verdes hacían un contraste perfecto con el rojo de su cabello, aún en esa oscuridad.
—Vamos entonces — agrega y entonces se aleja.
Cierra la puerta y... ¿qué me acaba de pasar?
—Otra de tus habilidades es ponerme a trabajar a tu favor — se queja Caín entrando al auto —. Ahora soy tu chofer,
—Y tu habilidad destacable es irritarme con solo respirar.
—Esa es más destacable — se ríe mientras enciende el auto.
Miro a Abel moverse a través de la ventana, su postura es correcta y sus pasos son firmes.
Luego de un par de segundos, él también enciende el auto, hace parpadear las luces dos veces y se pone en movimiento.
—Aquí vamos — suspira Caín.
Miro hacia Rubí, aún sigue hecha una bolita, así que estiro un poco mi mano y acaricio su cabello. Sus ojos me encuentran y le sonrío.
—Todo estará bien — susurró en su direccción, ella solo asiente y vuelve a ocultar su rostro.
Noto que Gemma ya se está quedando dormida y Coda se encuentra igual. Así que acaricio la espalda de Coda para que se quede dormido más rápido.
El auto se mantiene en silencio y todo es negrura a nuestro alrededor, apenas se ilumina la carretera por las luces del auto.
No tenía idea de lo que ellos habían tenido que vivir, ni cuál era su protocolo para actuar en las situaciones, no me agradó lo que hicieron momentos atrás, pero quizás era la forma en la que podían salvarnos... o no. Siempre había otra solución.
Apesar de que la actitud de Abel me había ayudado a serenarme, una parte de mi seguía abrumada.
Y es entonces cuando analizo lo que ha pasado, como me ha tratado Abel y mi reacción inconsciente hacia él me preocupa... ¿Lo estaba tomando como alivio? Me digo a mí misma que debo controlar mis pensamientos y emociones, en situaciones así, estamos vulnerables y nos podemos aferrar a cualquier cosa que nos proporcione un poco de fuerza. Debía mantener mi mente clara.
Las luces del auto de Abel se apagan, y Caín reacciona un poco tarde en imitarlo. Y sé que ha sido tarde porque puedo ver a dos hombres al lado del camino justo antes de que apague las luces.
—¿Son...?
—Ah, Abel se puso sensible — reprocha Caín por lo bajo, pero puedo oírlo.
Entiendo entonces que Abel no mató a los dos que estaban fuera de la casa esperándolo, solo los hirió.
El alivio que siento al descubrir que Abel no había sido tan despiadado solo termina produciéndome más preocupación respecto al nuevo problema: ver a Abel como un ancla.