Después de hablar con mi padre, las horas pasan mientras atiendo a los niños, los baño, juego con ellos y vuelvo a darles comida.
En cierto forma, me alegraba que estuviesen conmigo, me mantenían distraída de lo que estaba sucediendo y no me sentía sola. Sin embargo, me reprocho porque suena muy egoísta de mi parte.
Estamos en el cuarto escuchando una historia de Rubí cuando escucho la puerta principal abrirse.
—Ya vengo — informó a los niños y salgo de la habitación —. ¿Abel? ¿Estés tú?
—No, no lo soy — responde Caín enfrentándome.
—Oh, hola.
Pero su expresión enojada me hace sentir escalofríos, nunca lo había visto así.
—Estas muy apegada a él, ¿no es así? — su voz burlona comienza a ser amenazante — ¿Confías mucho en él?
—Sí, confío, se lo ha ganado.
—Estupida niña — muestra una sonrisa maliciosa —. ¿En qué momento creíste que éramos buenos? ¿Cuando mencionamos a tu tío?
—¿Qué estás insinuando? —retrocedo un par de pasos cuando noto que avanza hacia mí.
—No insinuo nada, voy a decirte la verdad, porque estoy harto de este maldito juego de Abel a ser un hombre de familia.
—¿De qué estás hablando? Él no...
—¿Él no lo está haciendo? — golpea la pared haciéndome saltar de la sorpresa — Es lo que ha estado haciendo, y estamos en medio de algo mucho más importante que tú y tus niños y él no puede concentrarse porque solo está pendiente de ti.
—¿Caoi? — Coda aparece en el pasillo.
—Está bien, Coda,vuelve al cuarto, ¿ok? Solo estamos hablando.
Coda mira hacia Caín y sé que es inteligente.
—Pero no...
—Por favor, solo ve — insisto con una sonrisa, pero luego le hago una seña con mis ojos.
Él junta sus cejas pero asiente y se va.
—Sea lo que sea, Caín, debes calmarte.
—No voy a calmarme — sus ojos parecen fuera de lugar —. He intentado ser paciente, quise apoyarlo porque es lo que siempre he hecho, siempre he estado de su lado, pero me harté de que esto no se acabe. Primero dijo que solo te advertiría, luego quiso comprobar que estuvieras bien, y luego no se detuvo. Siguió viniendo y viniendo.
—¿Y eso qué tiene? ¿No se supone que mi tío...?
Él deja salir una carcajada fuerte.
—¡No conocemos a tu tío, idiota! ¡Jamás hemos tenido contacto con él! Lo dijimos solo para que confiaras y salieras de allí.
Siento como si hubiesen echado un balde de agua fría a mi espalda.
—¿Qué estás diciendo?
—Te estoy diciendo toda la verdad — abre sus brazos —. No somos de tu país, mucho menos estamos de su lado, no somos soldados, somos parte de una organización de mercenarios que se alquila al mejor postor, y esta vez, nos ha comprado alguien que quiere acabar con este país, y ese es nuestro trabajo.
Sus palabras hacen eco en mi cabeza, parece demasiado imposible para ser cierto, no lo creo y parece que lo nota porque ladea su cabeza y hace un puchero.
—¿No lo crees? Solo piensa — se señala la cabeza —. ¿Por qué crees que teníamos un mapa con todas las horas y lugares de ataque?
—Pero, ustedes nos han cuidado...
—Bueno, eso ha sido por Abel, entiendo que quiera ser mejor, pero contigo ha querido llevarse el papel estelar.
Sin decir nada, simplemente tomo el teléfono satelital y marco el número de mi padre.
—¿A quién llamas?
—Tienes que estar bromeando, no puede ser cierto. Solo quieres espantarme.
—Sí quiero que te vayas, pero no estoy bromeando, la verdad es cruel.
—¿Aló? ¿Caoi?
—Papá yo...
—¡Estaba por llamarte! — se escucha alterado — ¡Tú tío no tenía idea del ataque! ¡Él no sabía nada! ¡Mucho menos mandó a nadie por ti!
Siento frío en todo el cuerpo, mis fuerzas desaparecen y tambaleo.
—¿Qué?
—¡No sé quiénes son esos tipos! ¡No sé con quién estás! ¡Caoi, escúchame bien! ¡Tienes que irte de allí! ¡Ahora!
Miro a Caín, me siento espantada, sus palabras eran ciertas. Ellos... eran terroristas.
—¿Caoi? ¿Hija estas allí?
—Sí — digo sin aliento.
—Solo vete, sal de la ciudad, vete lo más lejos que puedas. ¡Tienes que moverte, ahora!
Sus últimas palabras me estremecen y es como si pusiera mi cuerpo en acción.
—Te llamo después.
—Tú puedes hija, creo en ti.
Cuelgo la llamada y me dirijo a Caín.
—Jugaron conmigo.
—Sí — asiente orgulloso de sí —. Ese es mi punto, Abel te utilizó para sentirse mejor consigo mismo, te lo dije, él es peor que yo.
—Vete — se escucha flojo, pero me siento tan paralizada que no sé cómo reaccionar.
—Claro que si, pero no tienes mucho tiempo — dice retrocediendo —. Si Abel te encuentra — niega con una mueca —, no te dejará ir.
Abre la puerta y se gira para mirarme.
—Fue bueno conocerte, pero ahora, mejor solo desaparece — ve la hora en su reloj y entonces agrega —. Te recomiendo que te muevas, si no quieres ser prisionera.
Cierra la puerta de un golpe, y yo caigo al sofá.
¿Qué está pasando?