11

893 Words
Mis ojos se abren lentamente y respiro profundo. Observo a mi lado y la cama se encuentra vacía. Tardo un poco en centrarme y organizar mis ideas, pero en cuanto lo hago me levanto de golpe. —¿Coda? ¿Coda dónde estás? — me siento desesperada inmediatamente. Me coloco de pie y salgo de la habitación a toda velocidad. —¿Coda? —¡Aquí! — escucho su voz — ¡En la cocina! Me muevo de inmediato. Entro a la cocina y lo veo sentado frente a la mesa, junto a Rubí, Gemma y Abel recostado a la pared con una taza en la mano. —Me asustaste — digo corriendo hacia él y abrazándolo con fuerza. —Ya, Caoi — se queja alejándose un poco —. Tú eres quien asusta, estás muy despeinada. —¿En serio? — me alejo de él y veo que Abel asiente con la cabeza y una mueca —Perdón. Paso rápidamente las manos por mi cabeza y vuelvo a sujetar la cola que traía puesta. —¿Están bien? — pregunto a las niñas, que están comiendo tranquilamente. —Sí, todo bien — responde Rubí, mientras Gemma solo asiente. Gemma es muy callada, Coda a su edad no paraba de hablar. Me temía que fuese por todo lo vivido. —¿Quieres un poco? — pregunta Abel estirando otra taza hacia mí. —¿Café? — me acerco a él. —Así es. —Gracias, me hacia falta — digo una vez que tomo la taza y me quedo de pie a su lado observando a los niños —. Me dieron un gran susto. —Lo siento, supuse que estabas muy cansada. Anoche, cuando subí ya estabas dormida, y hace un rato toqué la puerta y Coda abrió, luego de que le dijera que era yo y lo convenciera — ríe levemente —. Me dijo que estabas dormida y no quería que te despertara porque te había visto dormir en días. —Es mi angelito — sonrío contenta y aliviada de tenerlo. —Supongo que todos encontramos a alguien así. Lo miro asombrada e integrada. —¿Has encontrado a alguien así? Él suspira mientras asiente. —Hace mucho tiempo, pero la perdí también — su tono melancólico me hace compadecerlo —. Pero sigue siendo como un ángel para mí. Luego me mira y puedo leer sus ojos verdes, hay nostalgia en ellos, pero noto como que al mismo tiempo se siente agradecido. Por alguna razón siento un poco de incomodidad por la idea, ¿celos tal vez? No tiene sentido. —Lo siento mucho. —No te preocupes por eso. Indica dejando la taza junto al fregadero. —Ya debo irme, me tardé mucho aquí, pero estén tranquilos, están seguros aquí, ¿de acuerdo? — afirma mientras me mira a los ojos. —¿Ya te vas, Abel?— pregunta Coda inmediatamente. —Sí, pero nos volveremos a ver — le sonríe levemente. —Te esperamos — le dice Rubí —. Adiós. Gemma solo mueve su mano en despedida. Abel solo asiente, me mira una vez más y luego, me da la espalda y sale de la habitación. No le digo nada más, no estaba segura de cómo comportarme. —Bueno, ¿qué quieren hacer ahora? —¿No está sonando el teléfono — pregunta Rubí. Hacemos silencio un segundo y puedo distinguir que es cierto. Salgo corriendo de la cocina para ir a la sala y ver los bolsos sobre el sofá, buscó el teléfono satelital y contesto lo más rápido que puedo. —¿Sí? —¡Hija! — exclama mi padre — ¿Estás bien? ¿Coda está bien? —Pa, sí, estamos bien, los dos estamos bien — respondo sintiendo que estoy a punto de desmoronarme —. ¡Coda, ven aquí, es papá! —¿Siguen en el mismo lugar? —No, tuvimos un pequeño problema y nos movimos, pero no estamos muy lejos del primer lugar. —¡Papá, papá! — grita Coda a mi lado y le pasó el teléfono —¡Hola, papá! ¡Te extraño mucho! ¿Y mamá? Mi sonrisa se borra cuando alzo la vista para encontrarme a Rubí mirándonos con tristeza. —Sí, papá, yo la estoy cuidando muy bien — dice Coda muy seguro de sí mismo — y a nuestras amigas también, tienes que ayudarlas a encontrar a su familia después, ¿si? Rubí sonríe y regresa a la cocina, seguramente para estar con Gemma. —Toma, quiere hablar contigo otra vez. Coda me extiende el teléfono así que lo tomo. —¿Qué sucede? —Nada más quería advertirte de nuevo, tienes que estar muy alerta, no confíes en nadie, ¿entendido? Estoy esperando que tu tío Jacob regrese mi llamada, él debe estar el doble de ocupado de lo que estamos aquí. —Tranquilo, estamos a salvo aquí, tú solo dime en lo que sea seguro movernos hasta dónde estás. —No lo sé, hija — responde con pesar —. Nada es seguro. Pareciera como si en principio tuviesen un patrón de ataque, pero ahora, se ha tornado diferente, es más impredecible y yo... yo creo que esto solo está empezando. —Papá, por favor, intenta averiguar sobre Amber y Monique, no sé nada de ellas. —Lo haré, hija, intentaré. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD