A la primera hora de la mañana siguiente, el presidente indica que ha mejorado la situación, por lo que todos podemos salir. Muchos se dirigen a sus apartamentos, otros, como yo, nos dispersamos buscando señal y encontrando que había.
Marco a mi mamá y después de dos toques, contesta.
—¡Caoi, Hija! — su voz se quiebra y mi pecho se aprieta.
—¡Mamá! ¡Mamá, te extraño mucho!
—¿Estás bien? ¿Cómo está Coda? ¿Él está bien?
—Sí, estamos bien, estamos bien. ¡Coda, ven aquí, es mamá!
—Tu papá me dijo que se fueron con unos soldados que al final no lo eran, pero después dijo que no eran malos, no entendí nada, no hemos podido vernos.
—Después te explicaré, pero estamos bien.
—¡Mamá, mamá! — se emociona Coda y le paso el teléfono —. Sí, te extraño mucho...
Él sigue hablando con mamá mientras Rubí está sentada con Gemma a varios metros de mí. Quisiera que se quedaran con nosotros, pero al menos tienen a su abuela, espero sea capaz de cuidarlas.
—Ya colgó, la necesitan — Coda me entrega el teléfono —. Dijo que llames a papá a ver si puede hacer algo por buscarnos.
—Sí, a eso iba.
Busco el número, pero no me da tiempo de marcar porque otra llamada entra. Es un número desconocido.
—¿Sí?
—¿Caoimhe? ¿Eres tú?
Reconozco su voz autoritaria en cualquier lugar, bajo cualquier circunstancia:
—¡Tío Jacob!
—Es tan bueno oírte, chiquilla. ¿Están bien? Han empezado a localizarte en este instante.
—Estamos bien — respondo aliviada —. Estamos a salvo.
—Tu padre me ha llamado y solo pudo darme parte de la información. No te imaginas mi preocupación cuando supe que me habían utilizado para acercarse a ti.
—Ah, eso... no te preocupes demasiado, luego te explicaré todo con detalles, no es lo que tú crees, ni lo que creíamos.
—Bueno, pronto podrás hacerlo, está vez sí, enviaré a alguien a buscarlos. Tengo entendido que tienes dos niñas más contigo, ¿es correcto?
—Sí, perdieron a sus padres durante el tiroteo de los helicópteros.
Me quedo en silencio razonando lo que acabo de decir, me impactan mis palabras, no lo había dicho en voz alta de esa manera y se sentía muy cruel.
—Unos rescatistas me deben un favor, irán por ti en un helicóptero, ¿hay heridos allí? ¿Alguien que necesite ser trasladado?
Pienso por un instante recordando a todos pero...
—No, no hay nadie así de herido.
—Gracias a Dios — exclama aliviado —. Irán por ti en un par de horas, mantente alerta y sé que ya ha pasado un poco, pero por favor, no confíes en nadie.
—Sí, tío, tranquilo.
—Te veo más tarde, lo estás haciendo muy bien.
Y sin agregar nada más, cuelga. Él siempre debía tener la última palabra, sonrío ante eso porque algo familia se siente agradable.
Él era muy unido a nosotros, yo pasaba las vaciones con él y la tía la mayoría del tiempo. Gracias a él podía reconocer a un soldado cuando lo veía, y gracias a él había aprendido muchas cosas, él me trataba como una hija porque nunca pudo tener una propia, y mi primo se la pasaba viajando por el mundo.
—Vamos a buscar nuestras cosas y a prepararnos — les indico a los niños —. Van a venir por nosotros.
.
El tiempo corre en el helicóptero, quizás porque nos entretenemos mirando el cielo. Así que cuando aterrizamos en la base militar se siente como haber pasado de página.
Me bajo con cuidado y agradezco a los que nos han traído.
Inmediatamente miro hacia adelante y enfoco a mi tío corriendo hacia nosotros.
—¡Caoimhe! — se detiene colocándose derecho.
—¡Señor! — le saludo cual subordinado.
—¡Tío Jacob! — exclama Coda corriendo hacia él, quien lo toma de una vez.
Rubí se mantiene a mi lado mientras que Gemma se esconde detrás de mis piernas.
—Es tan bueno verlos — dice y avanza hacia mí —. Lo hiciste muy bien, Caoi, lo lograste, estoy orgulloso de ti.
Coloca su mano en mi cabeza y luego me abraza. Respiro profundo para no llorar.
—No hice mucho, tío, la verdad creo que nos ayudaron demasiado.
—Hiciste mucho — me aleja colocando una mano en mi hombro y mostrándose serio —. Cada decisión que tomaste los trajeron hasta aquí, incluso si crees que fuiste ayudada, tomaste la elección correcta al confiar en quien te extendió su mano. Además, cuidaste bien de estos tres niños. Lo hiciste bien, estoy orgulloso.
—Gracias, señor — bromeo un poco.
—¿Y quienes son estas pequeñas? ¿Como se llaman?
Rubí me mira buscando aprobación y asiento.
—Mi nombre es Rubí Brown, tengo ocho años y ella es mi hermana Gemma Brown y tiene cuatro años.
Mi tío hace un gesto de satisfacción.
—Muy bien hecho, Rubí. Mi nombre es Jacob Hayes, pero no es necesario que diga mi edad. Nosotros nos encargaremos de buscar a su familia, ¿está bien?
—Muchas gracias — responde cabizbaja.
—Todo estará bien — digo colocando una mano en su hombro.
—Bien, síganme, ahora los enviaré a casa con su tía, ¿está bien?
—Sí — tomo el bolso del suelo, había salido con dos bolsos de casa, pero regresado con solo uno.
Cargo a Gemma con cuidado, ya está mejor pero sigo sin querer que haga mucho esfuerzo.
Empezamos a caminar y puedo visualizar un jeep a un par de metros.
No me sorprendía que todo fuese rápido y estuviese listo, después de todo, mi tío es un general y debía estar ocupado con tantas cosas en movimiento. La base estaba casi vacía, suponía que era porque la mayoría de los militares debían estar en la calle.
—Tío, ¿crees que puedas averiguar algo de mis amigas, Amber y Monique?
—Sí, pásame sus números de teléfono.
—Y... esto... acerca de los que me han ayudado — empiezo a decir mientras camino a su lado —, realmente quisiera saber si puedes averiguar sobre ellos.
—Créeme que lo haré, ellos te han engañado.
—No, no, no — repongo rápidamente —. Es decir, sí, pero lo hicieron porque era su única opción para poder ayudarme como era. Si no fuera por ellos, no habríamos salido del apartamento y... bueno, ya lo imaginas.
—Es un punto a su favor, pero eso no explica por qué lo hicieron.
—Yo puedo explicártelo. Puedo responder tus preguntas y darte información, pero creo que no es el lugar indicado.
—Trataré de ir mañana temprano a casa, podemos hablar allí.
—Bien, pero, ¿crees que podrías intentar averiguar algo sobre ellos mientras sigues aquí?
Cuando hago la pregunta, el jeep está a nuestro lado.
—Sí, claro, haré lo posible. ¿Qué tienes sobre ellos?
—Bueno, no tengo mucho, no sé mucho, pero uno de ellos tiene el cabello n***o, piel tostada y un lunar en la mejillas izquierda — él no hace ninguna mueca pues escucha atentamente, él me enseñó que cualquier detalle, por más absurdo o vago que sonara podía marcar la diferencia—. El otro es un pelirrojo muy alto —noto que mi voz cambia cuando lo nombró y me siento ansiosa —, tiene treinta y tres años, la mujer que lo crió o lo ayudó, se llamaba igual que yo. Pero los nombres que me dieron, sé que no son los reales.
—Aún así, debes decírmelos.
—Caín y Abel — respondo con una mueca.
—¿Se les agotó la creatividad?
—Probablemente — río un poco —. Si de verdad pudieras decirme algo sobre ellos... yo estaría muy agradecida y me tranquilizaría.
—¿Te preocupas por ellos?
—Nos ayudaron mucho, Abel es bueno — responde esta vez Coda.
—Buscaré lo que pueda, pero Caoi — me mira serio —, en estos casos sabes bien qué es lo mejor.
Respiro profundo, bajo la cabeza y luego asiento para mirarle.
—No esperar que regresen, porque un soldado ya ha entregado su vida antes de irse.