Aún cuando no lo veas, cuando no lo esperes, siempre va a haber alguien para ayudarte, alguien que va a extender su mano hacia ti si estás dispuesto a recibir ayuda.
Estaba agradecida con Dios por enviarme ayuda cuando más lo necesitaba. ¿Lo merecía? No estaba segura, pero creo qué hay cosas en la vida que no se tratan de merecer, sino de misericordia.
Primero, Abel se había fijado en nosotros, segundo, estas personas nos atendieron como si fuésemos sus conocidos.
Luego de varios minutos de tensión, los hombres que nos buscaban se habían ido. Si bien habían tomado nuestras cosas, no estaba segura.
Coda, Rubí y Gemma jugaban con algunos bloques de juguete junto a otro par de niños.
Yo hablaba con Juliette, quien me había presentado a otro par de personas y descubrí que había estado usando el departamento de una familia que había salido de la ciudad. Había intentado usar en lo más mínimo sus cosas, así que suponía que al salir de todo esto podía disculparme o reponerles.
Era increíble que todavía existieran este tipo de edificaciones subterráneas, y al expresar mi sorpresa, me habían explicado que estas habían estado allí desde hace siglos y que creyeron que sería una desperdicio destruirlas, así que las mantuvieron cuando construyeron estos pequeños edificios.
Tengo la carta en el bolsillo de mi chaqueta y quiero leerla, pero no es el momento adecuado. Reviso mi celular y menos que menos hay señal disponible.
—¡Es increíble! — exclama uno de los señores mayores al fondo d ella habitación.
—¡Se ha acabado! — dice otro colocándose de pie,
—¡Lo han logrado!
—¿Qué? ¿Qué sucede? — pregunta una de las señoras acercándose a ellos.
Los observo y noto un radio sobre la mesa en la que estaban sentados y siento cómo mi corazón empieza a latir con fuerza.
—¡Ha acabado! — salta uno de ellos — ¡Han neutralizado al enemigo! ¡Esto se ha terminado!
—¡Si!
Muchos gritan y saltan y yo solo estoy impactada.
—¡Han detenido a los terroristas!
—¡Caoi! — escucho a Coda y a Gemma correr hacia mí.
Los recibo agachándome y me abrazan.
—¿Vamos a poder volver a casa? — me pregunta Coda.
—Sí, claro que sí. Pero no creo que sea de inmediato.
—¿Por qué?
—¡El presidente! — grita uno de los señores — ¡Va a hablar el presidente! ¡Corran!
—Silencio — pide otro.
Me acerco rápidamente para escuchar, varios hacen lo mismo que yo. Energía corre a través de nosotros, había emoción e intriga al mismo tiempo.
—Les Habla el Presidente Stepan Plaviuk — su voz me produce un escalofrío —. Han sido días muy fuertes para nuestra querida nación, será el peor momento de la historia de Ucrania, no puedo decirles los contrarío. Este ataque terrorista ha generado un daño crítico, nuestros monumentos, lugares especiales, hogares, negocios y todas las cosas materiales, no son lo peor, Unidos, nos levantaremos como han hecho nuestros predecesores cuando les ha tocado, generaremos planes y nos esforzaremos para recuperarlo. Lo peor son las vidas que han tomado. Familiares, amigos, conocidos, todos hemos perdido a alguien. Y es por eso que nos encargaremos de hacer justicia por ellos, y demostrarles que no pueden venir aquí, atacarnos y salir ilesos de esto.
»Quisiera poder decirles que el enemigo fue alguien externo, pero la traición viene solo de aquellos en los que confiamos. Quien lideraba este ataque, era alguien en quien confiábamos y alguien a quien admirábamos, el zvicepresidente Víktor Poroshenko. Se había unido con una organización para alzar Ucrania como Potencia Mundial, de la peor manera posible. Una investigación exhaustiva será llevada a cabo y les compartiremos más detalles de lo sucedido. Por ahora, les pido que se mantengan en donde están por un poco más, queremos asegurarnos que sea completamente seguro para ustedes. Gracias a todos los héroes, hombres y mujeres que han trabajado con dedicación, médicos, bomberos, policías, militares, nunca podremos pagarles por su valentía y dedicación. Sigamos trabajando juntos, porque aunque esta batalla haya llegado a su fin, nuestra lucha aún no lo hace. Juntos, nos levantaremos de nuevo.
Las personas a mi alrededor empiezan a aplaudir, otros hablan, otros no hacen nada como yo. Solo procesando toda la información.
Caín y Abel tenían que haber tenido éxito.
Habían tenido éxito, lo habían logrado.
Ellos eran los únicos de este lado que conocían la información clave, y su misión era llevarla al lugar indicado.
Debía sentirme aliviada, completamente feliz, pero... ¿por qué no lo hacia?
Podían haber entregado la información, logrado el objetivo, pero eso había puesto un blanco en su espalda para los de la organización con la que estaban antes. Y aún si el Presidente les concedía algún tipo de perdón y protección, nada me aseguraba que ambos habían logrado el objetivo.
Era una misión s*****a a fin de cuentas, pues si no los mataban los ucranianos por no saber que se habían vuelto independientes, los podían matar los suyos.
Me sentía llena de angustia, mi pecho estaba presionado y tenía un nuevo nudo en mi garganta. ¿Era un presentimiento o era solo sobre pensar?
Ellos se habían ido para nunca más volver.
Abel se había despedido para no regresar, pero no me había dicho que no guardara esperanza.
¿Por que quería guardar esperanza? ¿Para qué?
Para conocerle mejor.
Ni siquiera tenía idea de qué había hecho exactamente en su pasado, pero yo solo asumí que había sido un monstruo. ¿Podría un monstruo haberse cansado de esa vida y esforzarse por salir de ella?
Él no había decidido cambiar por mí, ni porque me había visto, había decidido cambiar por él, por esta vez tomar las riendas de su vida, poder decidir qué quería hacer con ella, ser libre.
Eso era todo lo que importaba. Eso era más que suficiente.
Había sido una tonta, había sido una cobarde.
Los sentimientos van más allá de lo que podemos comprender, no podemos controlarlos, no sabemos por qué surgen, ellos no necesitan motivos, pero nosotros nos torturamos por querer entenderlo todo,
Me pregunté si solo por un sentimiento podía aceptar su pasado, y ahora sé la respuesta:
Lo aceptaría. No por su pasado, sino porque al fin había sentido algo especial y su presente, su decisión, valía el esfuerzo.
Pero ahora era muy tarde para decírselo.
Cuando se despidió, debí seguirlo y hacerle prometerme que regresaría y juntos averiguaríamos qué era esto que había entre nosotros. Que nos conoceríamos más.
Debí aceptarlo.
Pero el miedo es algo que puede nublar tu mente y tomar control de tus decisiones.
Había tenido miedo de aceptar que había encontrado alguien a quien amar.