Se aclaró la garganta y olió su propio aliento. Se acomodó la corbata pero sus manos se detuvieron al mismo tiempo que pensaba. Era demasiado formal. Iba a comer con Elliot, no a pedirle su mano, joder. Se quitó la corbata y se abrió un par de botones superiores de la camisa. Estaba nervioso. Su madre sonaba como una mujer muy celosa. ¿Debía de huir? No, mierda, no. Sólo tenía que pasar un rato con ellos. Eran casi las cuatro y la madre se iba a las seis. ¿Entonces su padre era el problema? Mierda ¿en qué se había metido? En ese momento, por la ventana asomó Elliot, que parecía simplemente querer tomar aire. Sus miradas se encontraron y Elliot le sacó el dedo medio. Everest soltó una risita y entonces el menor lo invitó a subir por el camino de siempre. Capítulo XXIV: Necesitas saber.

