Everest corrió mientras recibía la pequeña e intermitente ubicación de su móvil. Hacía un par de horas que no se movía de lugar y casi podía asegurar que lo había encontrado. Corrió por el vecindario hasta estar delante del lugar que buscaba.
Una pequeña casa de dos plantas, ahí estaba su móvil. Tocó el timbre varias veces pero nadie salió, la casa estaba vacía. Abrió el pequeño barandal que rodeaba la casa y entró, ¿iba a allanar una casa sólo por recuperar ese teléfono? Iba a allanar una casa sólo por recuperar ese teléfono.
Capítulo V: ¡Te encontré!
Vio una ventana abierta en el segundo piso, podía escalar con un poco de paciencia y usando toda su fuerza. Se arremangó la camisa y comenzó a escalar por la ventana del primer piso, entonces miró a la calle. Un viejo que caminaba por esa calle lo veía fijamente mientras avanzaba en una silla de ruedas eléctrica. Everest rio con nerviosismo y miró al viejo.
—Olvidé mis llaves — dijo Everest nervioso.
El anciano apartó la mirada de él y Everest por fin respiró. Entonces volvió a escalar. Con toda su fuerza logró sujetarse del marco de la ventana e impulsó su cuerpo hacia adelante. Al entrar, se encontró en una habitación regular. Miró alrededor y justo encima de la cama, encontró su móvil.
—¡Coño! — Exclamó aliviado.
Sujetó su móvil con emoción y besó la pantalla, luego se limpió la boca ligeramente asqueado, no tenía puta idea de por qué estaba ahí. Por curiosidad, miró alrededor y en una cómoda encontró una foto.
¡Pero si era el puto Elliot!
¿Qué mierda hacía él con su teléfono? ¿Lo había tomado a propósito? ¡Le daba igual, joder! Si lo único que agradecía era que volvía a tenerlo en sus manos. Estaba a punto de irse, cuando vio una caja tirada y descuidada con trofeos dentro.
Sacó uno y leyó la descripción. "Primer Lugar en Concurso de Arte y Fotografía". Tomó otro. "Primer Lugar en Dibujo". "Primer Lugar en Escritura Artística". "Primer Lugar en Concurso de Pintura". Todos eran primeros lugares del puto Elliot. ¿Por eso era tan puto insistente con el proyecto? Era un buen artista, pero curiosamente, su habitación estaba decorada en tonos exclusivamente grises y azulados, sin ninguna muestra de su supuesta creatividad.
Sacudió la cabeza tratando de pensar en otra cosa, entonces se acercó a la ventana y se sentó en el marco, alistándose para bajar. La puerta de la habitación se abrió y Elliot vio a Everest en la ventana, como un maldito ladrón. Everest lo miró asustado. Ambos soltaron un grito y Everest se desbalanceó, cayendo al lado contrario de la ventana hasta el suelo. Elliot se sobresaltó y corrió a ver desde la ventana. Everest parecía legítimamente muerto.
—¡Me cago en...! — Dijo corriendo abajo a toda velocidad.
Salió y vio sangre salir de la cabeza de Everest ¿estaba muerto? Sacó su móvil dispuesto a llamar a emergencias, pero entonces la mano de Everest lo detuvo.
—No te atrevas, cabrón — dijo Everest amenazante.
—¡Estás sangrando de la puta cabeza!
—¡Me abrí un poco, joder! ¡Sólo es eso!
—¡¿Un poco?!
—No llames a la puta ambulancia.
—¿Y si te mueres? —Preguntó Elliot mortificado.
—Prefiero eso — respondió Everest levantándose — haz cualquier cosa menos llamar a una ambulancia.
—Entonces llamaré a la policía — dijo Elliot.
—¡¿Qué mierda dices?!
—¡Entraste a mi casa ilegalmente, joder!
—¡Porque tu robaste mi móvil!
—¡No lo robé! — Mintió Elliot nervioso. — ¡Lo encontré!
—Ah, claro, ¿y en lugar de devolvérmelo te lo quedaste?
—¡No sabía de quién era!
—¡Joder, es que eres malísimo para mentir!
Everest desbloqueó el teléfono y sintió que la sangre se le iba del cuerpo al ver que la conversación de uno de sus clientes estaba abierta.
—¿Tú...? ¿Viste lo que estaba aquí...?
Elliot tuvo que pensar rápido, decidió usar esa debilidad en su contra.
—¡Coño que si lo leí! ¡Estás participando en prostitución! ¡Eso es mucho más ilegal que tomar un puto móvil que perdiste!
Everest miró con odio a Elliot, el más bajito se asustó ante la postura defensiva de Everest pero entonces, el rubio sintió que algo en sus piernas fallaba y que de pronto, tenía un cansancio incontrolable.
Cayó al suelo, mareado y Elliot corrió a auxiliarlo, el golpe quizás había sido un poco más fuerte de lo que esperaba. Cerró sus ojos sin poder mantenerse despierto. No tenía idea de qué sucedería cuando despertara, así que tenía que prepararse para lo peor.
Elliot entró en pánico, odiaba la sangre y no sabía qué hacer. Con sus manos temblorosas, marcó el número de emergencia que tenía su teléfono. Espero un par de bips, hasta que escuchó que respondían del otro lado.
—¿Elliot? ¿Pasa algo?
—Necesito ayuda — dijo Elliot nervioso —, creo que hay un muerto justo afuera de mi casa y no sé qué hacer.
—Mierda, voy enseguida — respondió su amigo.
Elliot se mordía nerviosamente las uñas y corrió dentro de casa, tomó una toalla del baño y salió de nuevo, ¿Everest estaba muerto? ¿Y si lo culpaban a él? Puso una toalla donde podía ver la fuente de la sangre y la tela azul se convirtió en morada rápidamente. Sus nervios salían a flote y entonces llegó su viejo amigo.
—¡Joder, Elliot! ¿Estás bien?
Elliot negó con la cabeza aún sin poder controlar sus nervios. Miró al castaño de cabello largo acercarse y alejarlo del tipo noqueado.
—No te preocupes — dijo el castaño con amabilidad —, aquí estoy y saldremos de esto juntos.
Elliot asintió.
—Gracias Adam — dijo con la garganta reseca —, no sé que mierda haría sin ti.