Ares casi puso los ojos en blanco, impaciente. —Maya es diferente. —dijo, sinceramente, cuando percibió la sugerencia de su amiga. —No creas que estoy intentando reemplazar algo. A pesar de la sonrisa aún inquebrantable, la mujer no respondió, sabiendo que algo como aquello no era parte de la naturaleza de Ares. Sin embargo, todavía tenía curiosidad, y la forma en que encajaban las piezas la llevó a una cierta conclusión. —Dime… —Acercó sus rostros, tratando de confirmar lo que ya parecía aceptar como verdad. —¿Acaso esa chica graciosa es tu regalo de cumpleaños? —Eres muy curiosa, Elizabeth. La mujer de cabello teñido se puso de pie, tomando eso como una confirmación y feliz de que su amigo no estuviera sufriendo porque la dejó quien todos creían que era su pareja perfecta. —Si te

