El día del ensayo ha llegado y yo, bueno, me estoy esforzando con todas mis fuerzas para poder mantener todas mis piezas juntas. Tanto las físicas como las emocionales y mentales. Puedo jurar que me estoy volviendo loca con cada segundo que pasa. Pero estoy convencida de que son los nervios, al fin y al cabo, luego de la cena de ensayo, era turno de mí despedida de soltera, y de la despedida de soltero de Eric. Y después de eso... el gran día.
La boda está a menos treinta horas de suceder. Caminaría por ese pasillo, le diría que sí y finalmente estaríamos casados de una vez por todas. Que era lo que él tanto quería. Porque si debo ser sincera, esta no era una de mis prioridades. En mí, al menos, no cambiaba nada el hecho de estar o no casada con Eric. Pero para él era sumamente importante, por alguna razón, y yo solo quería hacerlo feliz. Porque, después de todo, estaba segura de que quería pasar el resto de mi vida a su lado, y el matrimonio era simplemente una forma más formal de estar seguros de eso.
Lenn se ha lucido con todo, eso nadie puede negarlo. A un día de la boda, todo estaba listo, pagado, y en marcha. Se había tomado muy a pecho las palabras "no tendrás que preocuparte por nada", porque literalmente siento que no he movido un solo dedo por toda la organización. Y sé, de antemano, que será algo grande y lujoso y muy pretencioso. De la forma en la que le gusta a Lenn, y obviamente de la forma en la que le gusta a Eric.
Yo no me opuse a nada, ni me quejé de nada, cuando nos reuníamos y ellos decidían agregar más y más cosas, en cada mínimo detalle. Las veces que intentaba negarme o ponía mala cara por algo, ambos parecían tan profundamente tristes y decepcionados que decidí simplemente estar de acuerdo con ellos y listo. Era lo más fácil, y yo disfrutaba profundamente verlos felices.
Además, Lenn ya le ha dicho a todos que yo seré la madrina de su primer bebé. Lo cuál me impedía hacerla infeliz en lo más mínimo. Obvio que cuando Less y Julie se enteraron de que yo era la elegida, se sintieron ofendidas por unos minutos, hasta que Lenn dijo: "Bueno, ustedes no me están dejando organizar su boda, ¿o si?", y esa simple frase terminó cualquier tipo de discusión.
No me sorprendí para nada cuando, ayer, Lenn se apareció de la nada en el departamento y me regaló una caja misteriosa, aclarándome que era mi obligación ocupar - lo que sea que estaba dentro -, el día de la cena de ensayo. Le gustaba estar a cargo de todo, claramente quería asegurarse de mi atuendo para la cena.
Así que, el hermoso vestido color blanco, de hombros descubiertos, con mangas en formas de pequeños moños colgando de mi brazo y corte en V, era sumamente delicado, y combinaban con unos tacones, blancos también, bastantes viejos que tenía guardados en mi armario. Por lo que, una vez más, Lenn se había lucido.
Cuando estoy terminando de acomodarme mi cabello rubio en una cola de caballo, alta, suelta y cómoda, con algunos mechones en mi rostro, noto por el reflejo del espejo que Eric entra a la habitación, completamente listo para irnos al restaurante.
Él iba casual, pero elegante al mismo tiempo a su manera, con unos pantalones negros de vestir que se ajustaban a sus piernas lo suficiente para saber que se la pasa haciendo ejercicio, una camisa color blanca, arremangada hasta sus codos y sus zapatos de vestir negros, que sé que odia usar.
Podrían pasar años y yo seguiría sorprendiéndome con lo hermoso que es.
Se acerca a mí y me abraza por detrás, colocando sus manos en mi estómago. Suspiro y dejo caer mis manos sobre las suyas. Nos miramos un segundo por el reflejo del espejo y él cierra los ojos delicadamente, suspirando en el proceso y depositando un beso en mi cuello y luego en mi barbilla, apretando el abrazo.
- Eres tan hermosa. - dice al abrir los ojos y volver a mirarme a través del espejo.
- Tú no te quedas atrás - me río, y él intenta hacer lo mismo, pero la sonrisa no le llega a los ojos.
Inmediatamente me preocupo. Un pequeño nudo se forma en mi garganta mientras aflojo su agarre en mi cintura y me giro hacia él. Sus brazos vuelven a envolverme, y entonces me preocupo un poco más.
- ¿Qué sucede? - pregunto, y luego de unos segundos no me responde -. ¿No estarás cambiando de opinión, no? Porque ya es un poco tarde para eso. - bromeo, sabiendo que jamás él podría tener dudas, y por suerte lo hago reír.
Levanta la cabeza de mi hombro y sus ojos se encuentran con los míos. Coloca su mano en mi mejilla y con su dedo pulgar acaricia la piel de mi rostro.
- No, ni en un millón de años - me afirma, y por alguna razón eso me hace suspirar, tranquila -. Creo que estoy un poco... conmocionado. Como si mi corazón fuera a explotar de repente por la felicidad o algo así.
- Será mejor que no te de un infarto hasta después de la ceremonia - bromeo, de nuevo, y él riendo me da un pequeño beso -. Lo sé. Para mi también es todo muy raro. De la buena forma.
- Pensé que no estaría nervioso. Mírame ahora.
- No lo estés - mis manos toman su rostro -. Seremos nosotros mañana. Nadie más. Tú esperándome y yo caminando hacia ti. No hay nada por lo que estar nerviosos.
- Lo sé, lo sé - suspira y ladea la cabeza -. Me vengo repitiendo eso todas las noches cuando me pongo a pensar al respecto.
- Sí, me di cuenta. Das tantas vueltas en la cama que apenas me dejas dormir. - se ríe por un segundo y de repente, mira hacia abajo, traga saliva y su mandíbula se endurece.
Algo, nuevamente, me dice que hay otra cosa que le está dando vueltas por la cabeza y que todavía no ha encontrado la forma de decírmelo.
- Solo dímelo - lo animo y sus ojos me miran tranquilos, como si hubiera sabido que era solo cuestión de tiempo hasta que yo me diera cuenta de lo que estaba pasando.
- No me quedo dando vueltas todas las noches por los nervios, Val - explica, con la voz baja, con un poco de dolor, incluso -. Son mis sueños los que no me dejan dormir bien.
- ¿De nuevo las pesadillas? - le pregunto, verdaderamente preocupada, recordando lo mucho que le costaba dormir en paz cuando éramos adolescentes, todo por culpa de las pesadillas que se relacionaban con la muerte de su hermanita y el abandono de su mamá.
- No, no - niega con la cabeza -. Son buenos sueños. Son tan buenos y reales que me cuesta caer en la realidad cuando despierto. - suspira con exasperación, con cansancio quizás, y no me pasa desapercibido el reflejo de dolor que me muestran sus ojos marrones.
- Dime... - le pido, sintiendo que se me quiebra la voz por verlo así.
¿Por qué si son sueños tan buenos, tan lindos, está así? ¿por qué está triste, angustiado? Verlo así, simplemente me confirma que estamos conectados de formas que no podré entender jamás, porque puedo sentir su dolor como si estuviera dentro de mí, pero con la diferencia de que no sé qué lo hace sentir así de desesperanzado.
- Estamos acostados en la cama, en otra casa, creo, porque la habitación es más grande y el sol entra por las ventanas - se detiene un segundo para tragar saliva -, y... bueno, quizás esto no te guste tanto pero, cuando te abrazo, justo antes de despertarme, estás... bueno, estás embarazada.
Me quedo en shock en el momento en que esas palabras salen de su boca. Se me queda mirando unos segundos, esperando alguna reacción de mi parte, algo en mi rostro que le de un indicio de lo que pasa por mi cabeza, pero sé perfectamente que mis expresiones están tan duras como una piedra. Así que no me sorprende cuando la ansiedad aparece en su mirada y muerde sus labios, nervioso, esperando a que diga algo.
Pero simplemente no sé que decir. Y a pesar de que intento imaginármelo, imaginarme a mí... así, como él dice, me es completamente imposible. No puedo pensar si quiera en un futuro con él donde tengamos niños corriendo por la casa o algo así. Me resulta difícil poder pasar por todo el proceso. Me genera una ansiedad y un miedo en lo más profundo de mi estómago y pecho.
- Sé que es algo difícil para ti...
- No, no lo es - lo interrumpo, mintiendo inmediatamente, y tragándome todos los nudos que se me formaron en la garganta. No puedo verle esa expresión en el rostro, no puedo verlo triste y desolado, así que tendría que encontrar las fuerzas para hablar al respecto -. Dime, ¿por qué pensar en eso te pone tan triste? - acaricio su rostro y su suspiro de ojos tristes me rompe el corazón.
- Porque me di cuenta de que es algo que quiero. Y lo quiero demasiado, Val - su voz se rompe un poco en el proceso de terminar la oración -. Y sé que es un tema delicado para ti. Sé que hablar de eso te pone... mal. Pero simplemente no puedo sacarme esa imagen de la cabeza.
- ¿Entonces estás preocupado porque quieres tener hijos? - suelto un pequeño bufido mezclado con una risa, que no es tanto una risa. Él clava sus ojos en los míos y frunce el ceño.
- Quiero que tengamos hijos - aclara, y al parecer algo en mi rostro lo preocupa cuando termina de decir la oración -. No ahora, obviamente. Tenemos tiempo para eso, si es que tú quieres. Es solo que... me estuve preguntando mil veces por día si tener bebés está en tus planes.
Respiro profundamente e intento calmar la ola de emociones y pensamientos que me atacan en tan solo dos segundos. Formar una familia sí estaba en mis planes. En un futuro, me gustaría tener algunos niños. En un futuro bastante lejano, a decir verdad. Pero no estaba segura de si Eric quería específicamente mis hijos. En mis planes, existía la posibilidad de formar una familia. Adoptar siempre fue uno de mis sueños.
- Eric... - empiezo, pero me interrumpe.
- Lo sé. Es un tema delicado - ladea la cabeza -. Pero no tienes nada de lo que tener miedo, amor. Esta vez será completamente diferente. Ya somos adultos, ya tenemos un futuro asegurado y somos más maduros. Y nadie volverá a lastimarte, Val, te lo juro. Si quieres tener un bebé conmigo, esta vez no lo perderás, te lo prometo.
Mi corazón se achica un poco al escuchar esas últimas palabras. Y me pregunto si de verdad es el miedo lo que me impide poder imaginarme a mí... así. Embarazada. El miedo de volver a perderlo. El miedo inminente a que todo lo que puede llegar a salir mal, salga mal.
Pero todo eso se ve opacado en el segundo en que mis ojos se encuentran con los suyos. La pequeña esperanza, disfrazando la angustia y el dolor en sus ojos, me conmueve de pies a cabeza. Y le creo, por unos segundos, le creo completamente cuando promete que nada volverá a lastimarme jamás. Que nada volverá a lastimarnos jamás. Pero solamente por unos segundos.
- Tenemos tiempo para hablar de esto, ¿si? - acaricio su cabello y él asiente -. Pero te prometo que lo pensaré. Si eso te hace feliz.
- Pero yo quiero que te haga feliz a ti también.
- Lo hará - le aseguro, porque sé que mientras él esté bien, a mí no me hará falta nada -. Ahora tenemos mucho con lo que estresarnos solo con la boda. Dejemos nuestra convivencia matrimonial en dos personas por ahora, ¿si? Hablaremos de eso más adelante.
Para mi suerte, su respuesta es simplemente una risa divertida y una sonrisa de oreja a oreja. Me con más fuerzas, levantándome del piso unos segundos, y cuando nos besamos me siento una chica de diecisiete años de nuevo, solamente que esta vez, estábamos a un día de casarnos, y a casi nada de los veinticuatro.
El viaje hacia el restaurante que Lenn había reservado para la cena de ensayo fue corto y silencioso, solamente con la música de una lista de reproducción con mi nombre, que Eric se había encargo de hacer, llena de todas mis canciones favoritas sonando de fondo y llenando nuestro silencio en el camino.
Rubbie Cherry es un nuevo restaurante y bar en la zona, bastante exclusivo y muy costoso. Eric había ido una sola vez luego de una pelea para festejar, y se quedó enamorado de la comida y de la estructura del lugar. Yo aún no lo había conocido, pero él me prometió que lo amaría también. Lenn, que también había conocido el lugar para hacer las reservaciones, me prometió lo mismo, así que yo confiaba en ambos profundamente.
De igual forma, no me esperaba que el lugar fuera tan perfecto. Cuando llegamos, las luces del edificio con las paredes de adelante hechas completamente de ventanales gigantes, eran luminosas y esplendidas. De todos los colores: rosa, azul, morado, rojo. Era mágico de ver solo por fuera, con el pequeño camino de piedras, con muros a ambos costados del mismo material.
Tampoco me sorprendieron los fotografos y periodistas en la entrada, Eric me dijo que esperara algo como eso, y así lo hice. Así que decidí poner mi mejor sonrisa cuando bajamos del auto, entregándoselo al Valet Parking, y simplemente enfrenté los flashes al igual de bien que mi futuro esposo a mi lado lo hizo.
Al entrar al lugar, el olor a naranja, rosas, limón, y muchas cosas más invadieron mis fosas nasales. La gente ya estaba esperándonos, y me sentí un poco avergonzada por llegar últimos al lugar, pero a nadie pareció importarle.
La mayor parte del principio de la noche pasó rápidamente y de forma relajada. Saludé a muchas personas que jamás había visto en mi vida y me quedé al lado de Eric incluso cuando él empezaba a hablar de las peleas, el entrenamiento, o lo que sea que tuviera que ver con, bueno, al fin y al cabo, su trabajo.
Todos parecían estar muy felices por nosotros. O bueno, quizás también se debía a que la barra era libre y para ese entonces todos ya estaban bastante felices debido a los tragos. Incluso yo, después de dos copas de champagne. Todos estaban bebiendo algo, menos Eric y obviamente Lenn.
Lo que yo pensé que sería una cena de ensayo terminó siendo un ensayo para disgustar cada trago de la barra que nos ofrecían, y no estaba completamente en contra de eso. A la hora de cenar, todos y cada uno de los presentes ocupó su lugar en una mesa que parecía kilométrica. Eric y yo nos sentamos en el medio, con mi padre y nuestros hermanos a nuestro alrededor.
La cena fue espectacular, puedo jurar que no había comido de esa forma en muchísimo tiempo, y cada uno de los platillos fue maravilloso. Eric estaba feliz, contento, radiante, como siempre quise verlo. Y yo estaba igual, feliz de verlo tan feliz, y eso era suficiente.
Zach y Lenn dijeron unas palabras. Lo común que hacen la dama de honor y el padrino, y fue algo divertido y tierno de parte de ambos. Para mi suerte, Eric no dijo nada, pues eso me pondría en la posición de hablar también y no creía que pudiera hacerlo con la cantidad de ojos mirándome. Al fin y al cabo, el que estaba acostumbrado a la atención y a los reflectores era él, no yo.
Luego del postre, todo se convirtió en una fiesta, y ni siquiera eran las once de la noche aún. Las luces bajaron un poco, todos bailaban al ritmo de la música, casi involuntariamente debo decir, bebían unos cocteles o champagne. Por suerte todos estaban pasándola genial, y yo también.
Los únicos momentos en los que me separaba de él era para ir al baño, en donde mis amigas aprovechaban para seguirme y hablar conmigo respecto a mañana. No sé porqué estaban esperando a que me de un ataque de pánico o algo.
- ¿Estás segura que te sientes bien para mañana? - preguntó, por décima vez, Less -. No te duele el estómago, no estás ansiosa, no quieres llorar como loca, ¿nada?
- No, Less - respondí revoleando los ojos lavándome las manos. Julie y Lenn me miraban atentas -. Estoy perfecta. Feliz y tranquila. No me iré corriendo del altar, lo juro.
- Eso es bueno - dijo Julie, suspirando -. No puedo creer que ya haya pasado todo el tiempo de espera. No puedo creer que mañana se casen por fin.
- Sí, es algo loco - ladeé la cabeza y suspiré, dedicándole una pequeña mirada -. ¿Y tú cómo estás? Con todo el asunto de Gregg y mañana la boda... tener que pasar juntos. ¿Cómo te sientes.
Julie suspiró profundamente.
Para mi sorpresa, y la de todos en el grupo, Gregg y Julie decidieron darse un tiempo, lo cual a las dos semanas se convirtió en una ruptura definitiva. Cuando intentamos preguntarle a nuestra amiga cuál había sido la razón, ella simplemente respondió que las cosas habían cambiado mucho, y que ninguno disfrutaba estar tanto con el otro como antes. El tiempo era para ver como se sentían al estar separados, y, aunque Julie la pasó horrible y se dio cuenta de inmediato que no podría estar sin él, para Gregg fue otra cosa completamente distinta. Cuando volvieron a verse luego de esas dos semanas para hablar de qué pasaría con su relación, Gregg fue el primero en hablar y decir que sería mejor para ambos si ese "tiempo" se convertía en algo indefinido, por ahora. Julie se tragó las palabras y aceptó lo que él dijo, y simplemente cortaron, en buenos términos, pero se notaba que, al menos para ella, estar alrededor de él era sumamente difícil y doloroso.
Ya casi había pasado un mes de todo ese asunto, y Julie juraba estar bien, o por lo menos mejor que al principio. Yo no le creía tanto, pero específicamente ese día se veía bastante normal, más ella que días anteriores. Más viva, más contenta, quizás.
- Estoy bien - respondió en medio de un suspiro -. Solo serán dos minutos de contacto físico y luego podré evitarlo por completo, como hasta ahora. Así que podré soportar eso.
- Siempre podemos cambiar de pareja, si quieres - se ofreció Less, dedicándole una sonrisa triste.
- No, gracias. Sé que mueres por pasar con Matt. Estaré bien, de verdad.
- Te diría que te cambio de pareja pero él es el padrino y yo la dama de honor, así que es imposible - Lenn suspira y encoje sus hombros -. Además, bueno, Zach se ha estado comportando mejor estos últimos meses.
- Está empezando a ponerse en modo "papi" - Julie bromeó elevando una ceja, haciendo que Less y yo ríamos y que Lenn revolee los ojos -. Oh, vamos, todos sabemos que es cuestión de tiempo hasta que vuelvan a estar juntos.
- ¡Ustedes tendrían que estar aconsejándome que no vuelva con él, no que regresemos! ¿Qué clase de amigas son? - Lenn dijo, luciendo falsamente ofendida, con una sonrisa amenazando con aparecer en sus labios.
- Lo amas. Te ama. Tendrán un bebé. Es muy obvio que es lo que pasará. - comenté yo, revoleando los ojos y arreglando mi cabello en el espejo. Lenn hizo una mueca.
- Bueno... Tendré que ver qué sucede. Me plantearé mis opciones.
Todas intercambiamos una mirada, sabiendo que esa oración era simplemente una coartada, una cuestión de tiempo, hasta que de verdad volvieran a formalizar, y si no es para más, para que anunciaran su boda. Lenn, luego de tener que organizar toda la mía, no paraba de hablar de lo espléndida que haría la suya
- ¡Ah! Casi lo olvidaba: dile a Eric que esta noche no vuelven juntos a su departamento.
Inmediatamente fruncí el ceño y crucé mis brazos sobre mi pecho, en una forma de protesta. El rostro de mis amigas gritaba de emoción, lo que me hizo saber en un segundo que algo se traían entre manos.
- ¿Y por qué debería hacer eso?
- Porque cuando la cena termine aquí, iremos a tu fiesta de despedida de soltera.
Una gran sonrisa apareció finalmente en el rostro de todas y Lenn empezó a dar pequeños saltitos de emoción sobre sus tacones de aguja - que no sé cómo podía ocupar debido a su estado evidente -, como si hubiera soltado la mejor sorpresa de todas.
Más que sorpresa, no pude evitar quejarme.
- ¿Despedida de soltera? - hice una mueca y las tres me miraron con una ceja enarcada, no comprendiendo porqué no estaba saltando en un pie como ellas -. Chicas, en serio, las amo pero no quiero que...
- ¡Hey, ni lo sueñes! - me interrumpió Julie de repente, con el ceño fruncido -. Tendrás una despedida de soltera quieras o no - no le pasó por alto la mueca en mi rostro -. No es nada gigantesco ni extravagante, lo prometemos.
- ¿Entonces? - las miré fijamente por unos segundos. Se notaba que no querían darme muchos detalles pero, conociéndome, sabían que no les quedaba de otra. Lenn suspiró antes de empezar a, detalladamente, explicarme de qué se trataba la "despedida de soltera" que me habían organizado.
- Reservé una habitación en un hotel hermoso, que será el lugar donde mañana irán tu estilista, maquillador y peluquero para arreglarte para la boda. Solo seremos nosotras cuatro, como en los viejos tiempos, una pijamada de amigas - la sorpresa en mi rostro seguramente fue un poema, las tres rieron.
- ¿Qué esperabas? - Less enarca una ceja -, ¿una súper fiesta con strippers, drogas y alcohol?
- Conociéndolas... sí.
- ¿Crees que dejaré que te desveles una noche antes del gran día para que mañana Rodrigo - tu maquillista - esté tres horas intentando cubrir las bolsas debajo de tus ojos? ¡Ja! Sobre mi cadáver. - Dijo Lenn, y sinceramente no me esperaba otra respuesta de su parte.
Salimos del baño e inmediatamente levanté la cabeza para buscar a Eric entre la multitud. Fruncí el ceño cuando me di cuenta que no estaba en la barra, hablando con sus entrenadores y amigos del equipo que manejaban su carrera, donde lo había visto justo antes de disculparme e ir al tocador.
Mis amigas rápidamente volvieron a la pequeña celebración y se mezclaron entre la multitud, sabiendo que yo simplemente volvería con Eric. Pero pasaron los segundos y no lograba verlo por ningún lado. Por alguna razón, un sentimiento extraño me recorrió de pies a cabeza, algo así como escalofríos que me juraban que algo malo estaba pasando en ese instante.
Con el corazón palpitando rápidamente en mi pecho, empecé a caminar entre las personas, que parecieron multiplicarse de un momento a otro, pero él no estaba en ningún lugar. No tenía porqué preocuparme, porque ponerme nerviosa, porqué empezar a sudar frío como lo estaba haciendo pero por alguna razón así era, eso estaba sucediendo.
Respiré profundamente y empecé a mirar alrededor, buscando el guardarropas, donde había dejado mi pequeño abrigo y mi cartera, en donde estaba mi celular, pero en el transcurso en que mis ojos inspeccionaban la sala, entonces lo vi. Estaba de perfil a mi, en uno de los pasillos que dirigía a la cocina, o al patio, no lo sé.
Aliviada empecé a caminar en su dirección, y conforme me acercaba más hacia él, más podía notar la mirada fría y dura en sus ojos, lo tensos que estaban sus hombros y sus brazos, y con la fuerza que cerraba sus puños a los costados. Me tensé de pies a cabeza al darme cuenta de que, sí, estaba pasando algo malo en ese momento y mis intuiciones no habían sido incorrectas.
Tragué saliva, como pude, con mucho esfuerzo, y relantice mis pasos hacia él. Cuanto más me acercaba en silencio, más podía oír lo que estaba diciendo. No podía ver con quien estaba hablando, porque la persona estaba tapada por la pared gris del pasillo
-... No quiero que te vea aquí. - dijo, con un tono de voz que me puso los pelos de punta y me asustó un poco. Había pasado mucho tiempo desde que lo escuché hablar de esa forma, tan protector y posesivo.
Pero lo que me paralizó en mi lugar por unos segundos, fue escuchar la risa irónica y delicada en respuesta a las amenazas de Eric. Una risa femenina, una risa que mi inconsciente conocía perfectamente y estaba intentando olvidar por completo.
Me tragué el pequeño miedo, y siendo sincera la pequeña ira, dentro de mí y levanté la barbilla, poniendo mi mejor cara de póker mientras me dirigía hacia él. Al llegar a su lado, mis manos acariciaron sus hombros y lo pude sentir ponerse incluso más tenso bajo mi tacto, si es que eso era algo posible, y cuando sus ojos se conectaron con los míos supe que lo enojaba que esté allí, por alguna razón.
Y descubrí esa razón en cuanto dio un paso al costado, dándome lugar a su izquierda, y entonces me giré en el pequeño pasillo, encontrándome con los ojos marrones y la cabellera oscura de la perra más grande que había conocido en mi vida, si tengo que ser sincera.
Mikaela me miró de arriba abajo, y una pequeña sonrisa algo venenosa acarició sus labios cuando sus ojos se conectaron con los míos. Los años que pasaron sin vernos no le habían hecho mal, de hecho todo lo contrario. Sus labios estaban más gruesos de lo que recordaba, y su nariz era pequeña y perfecta, sus pómulos rosados por el rubor y sus pestañas casi tocaban sus cejas. El rostro perfecto de un demonio con pinta de ángel. El vestido rojo, corto de tirantes, que llevaba puesto le hacía honor a sus curvas y a su piel naturalmente bronceada.
Era hermosa, la muy maldita. Y pensar siquiera que Eric la había tenido, desnuda frente a él, miles de veces incluso antes de que yo apareciera en el panorama, simplemente me revolvió el estómago. Incluso después de todos esos años, incluso después de que yo había ganado y él amor de Eric Brennett era mío, incluso con nuestra boda siendo simplemente el día siguiente, no pude evitar sentirme completamente celosa e insegura frente a una mujer como Mikaela.
Intenté ocultar por completo lo enferma que me ponía verla en mi cena de casamiento. Pero, primero que nada, ¿qué demonios hacía ella allí?
- Bueno, Val, es genial verte de nuevo. - me dijo, con un tono entre feliz, venenoso, envidioso... me era difícil salir de mi estado de shock para comprender lo que estaba sucediendo de verdad.
Sentí el brazo de Eric apretar su agarre en mi cintura. Eso de alguna forma me reconfortó, solo un poco.
- Mikaela... - decir su nombre en voz alta me ardió en la lengua -, me encantaría poder decir lo mismo.- sonreí con los labios apretados, con el estómago revuelto. Sus dientes blancos y perfectos iluminaron todo su rostro cuando sonrió.
- Mikaela ya se estaba yendo, amor. No te preocupes.- me informó Eric, hablándome solo a mí, mirándome, actuando como si su exnovia no estuviera frente a nosotros en ese instante.
- Oh, por favor, Eric - dijo ella en tono indulgente en medio de una pequeña risa delicada -. Hace menos de veinte minutos que estoy aquí, no puedes simplemente echarme.
- De hecho, si puedo. Y lo estoy haciendo. - espetó él, en tono frío, con su mirada de piedra. Pero ni siquiera eso le borró la sonrisa. Sus ojos marrones se dirigieron a mí.
- ¿Después de todos estos años seguiremos con el cuentito de los malos y los buenos? Por favor, ya maduramos - con un movimiento relajado envió su cabello hacia atrás -. Y yo solo estoy aquí para felicitarlos.
- Listo, felicidades recibidas. Ahora puedes irte. - Eric estaba enojado, alterado, se le notaba en cada una de sus facciones, en cada uno de sus movimientos.
- No tienes porqué ser grosero - esa fue la primera vez que vi que el rostro de Mikaela se contrajera y frunciera el ceño, mirando a Eric -. En mi defensa ni siquiera sabía que era su fiesta de compromiso. No hasta que ya era muy tarde para rechazar la invitación.
- ¿Con quién viniste? - pregunté entonces, sabiendo que el seguridad de la puerta principal la dejó pasar, fue porque estaba de acompañante, y no de invitada principal.
Abrió la boca para responder, pero Eric se le adelantó.
- Hard la trajo.
Ah, claro. Joe Hard, el abogado y representante de Eric, el que le organizaba las peleas y le manejaba la carrera. Por alguna razón que él haya invitado a Mikaela, no me sorprendió. Pero me preguntaba de dónde se conocían.
- Espero no haber arruinado la celebración. - y de nuevo esa sonrisa de víbora.
- No tienes el poder de arruinar nada en nuestras vidas hace mucho tiempo, cariño. - le respondí, con la mirada filosa y rabia en el tono de voz.
- Eso es algo bueno - encogió sus hombros -. De igual forma, me gustaría que me dejaran quedarme hasta el final de la fiesta. No creo que a Joe le caiga muy bien que lo deje plantado, y si me pide explicaciones es una historia muy larga que contar así que...
- Me importa una mie...
- Claro, puedes quedarte.
Tanto Eric como Mikaela me miraron con ojos bien abiertos, sorprendidos ante mi respuesta y ante lo tranquilo que sonó mi tono de voz al decir esas palabras. Lo cierto era que saber que ella estaría en la misma habitación que yo me revolvía el estómago y me generaba ganas de arrancarme los pelos, pero si hay algo en lo que no creo son las casualidades.
Por alguna razón que ambos estaban tratando de ocultarme ella estaba allí. Y no solo allí, en la fiesta, sino en Nueva York en general. Cruzarla en el club aquel fin de semana no me había resultado demasiada casualidad. Ella no estaba alrededor simplemente porque sí, y Adam no era una excusa pues sé perfectamente que cortaron hace tiempo.
Había algo más, algo oculto, algo que no me pintaba bien para nada, que me decía que tenía que intentar sacar toda la verdad posible. Sabía muy bien que Eric jamás me diría la verdad completamente cruda si le preguntaba qué estaba sucediendo, pues a menos de un día de nuestra boda no querría estresarme, pero en cambio, ¿Mikaela? ¿Qué le interesaba a ella arruinarme el casamiento o no? Por supuesto que era mejor preguntárselo a ella que a él, y no desaprobecharía mi oportunidad.
- Val, estás segura de que... - empezó a decir Eric, pero lo interrumpí mirándolo de repente y sonriendo lo más relajadamente posible que me permitía mi rostro.
- Sí, no hay problema - le respondí, en medio de una sonrisa, dirigiendo mi mano a su rostro y acariciándole distraídamente la mejilla -. Puede quedarse, si Joe la invitó no me gustaría que pase una mala noche porque su pareja ha desaparecido de repente.
Aunque, honestamente, me importaba un comino cómo pasara Joe Hard la noche de mi fiesta de compromiso.
Una sonrisa alegre se extendió por el rostro de Mikaela.
- Muchas gracias, Val - dijo en un tono que consideré bastante sincero incluso para ser ella, y luego sus ojos se endurecieron al fijarse en Eric, con resentimiento, casi odio, a decir verdad -. Al menos uno de ustedes sí maduró con los años.
- Vete al infierno.
- ¿Eric? - pregunté de repente y sus ojos se fijaron en los míos -, ¿por qué no vas a pedirme un s*x on the beach a la barra? Yo te alcanzo en un minuto.
Frunció el ceño, mirándome con el ceño fruncido al comprender lo que estaba haciendo.
- ¿Estás segura? Porque...
- Ve, amor - lo animé, sonriéndole dulcemente -. Estaré allí en un segundo, lo prometo.
Vi la duda cruzar su mirada mil veces en un segundo mientras sus ojos se dirigían a Mikaela y luego a mí como si estuviera en un partido de tenis. Pero, luego de unos instantes, se dio cuenta que sería inútil discutir conmigo en ese momento. Así que simplemente suspiró, me dio un pequeño beso en la frente, y antes de dedicarle una mirada de advertencia a Mikaela, con los hombros muy tensos, se fue.
Me giré completamente hacia ella, cruzando los brazos sobre mi pecho y sintiéndome repentinamente desprotegida sin Eric. Pero no me importó, y me contuve lo suficiente sabiendo que esa era la única forma de enterarme de lo que estaba sucediendo de verdad.
La sonrisa en su rostro no se borró.
- Estás muy... linda, Val - se notó que luchó para que las palabras salieran de su boca -. De verdad me alegro por ambos, aunque no me creas.
- Tienes razón; no te creo. - respondí, simple, mirándola fijamente. Rio por lo bajo.
- Bueno, no te culpo por eso.
- Ya dejemos de lado los lindos gestos y bonitas palabras - solté, harta de seguir mirando a su rostro perfecto -. Quiero que me digas porque estás aquí. Y hablo de aquí en Nueva York, aquí en mi cena de ensayo. Y quiero la verdad.
Hasta yo me sorprendí de lo directo, frío y calculado que sonaba mi tono de voz, y esperaba de todo menos la expresión de sorpresa en el rostro de Mikaela, como si se hubiera estado esperando cualquier cosa de mí, menos eso que le dije.
Mantuve mi postura rígida, sintiendo la mirada de Eric en mí desde la barra, pero en ningún momento desvié mi mirada del rostro de ella.
- Eres más observadora de lo que pareces, a decir verdad. Te doy el crédito por eso - suspiró, sintiéndose algo así como rendida, cruzó sus brazos y recostó la mitad de su cuerpo por la pared del pasillo -. Pregúntame lo que quieres saber.
Tragué saliva un segundo.
- ¿Y por qué debería creerte cuando me respondas? - dudé de repente.
- Oh, por favor - bufó, revoleando los ojos -. Ya no tenemos diecisiete años, ya no estamos peleando por el mismo chico. Como te afecte lo que te tengo que decir no me interesa para nada, ¿por qué habría de mentirte?
Bueno, sí tenía un punto.
Suspiré, pasando una mano por mi frente y decidí que ser directa sería lo mejor.
- ¿Por qué estás en Nueva York?
- Trabajo - respondió, de manera simple -. Tengo unos negocios que hacer aquí.
- ¿Qué clase de negocios?
Pensé que me respondería que no me incumbía, que no tenía porqué contestarme esa pregunta, lo cual hubiera sido puramente lógico, pero para mi gran sorpresa, un pequeño escalofrío pareció recorrerle la espalda, y alterar su rostro apacible por un instante suficientemente largo como para que yo lo note.
Suspiró antes de hablar.
- No creo que deba decirte esto.
- Tu misma me dijiste que no te interesa como podría afectarme lo que dijeras.
Cierta mirada contradictoria se cruzó por sus ojos, pero al final decidió simplemente seguir sus mismas palabras.
- Mi padre... - se aclaró la garganta -, está empezando a representar a unos nuevos boxeadores que prometen un buen futuro en el ámbito. Vine con él.
Mi sangre se congeló al escuchar sus palabras. Mi cabeza dio vueltas y sentí que la sangre dejó de correr por todo mi cuerpo. Podía simplemente tener un ataque de ansiedad en ese mismo instante, pero encontré la forma de mantenerme cuerda para poder seguir haciéndole las preguntas.
Mi menté empezó a atar cabos rápidamente.
- Y conociste a Joe porque...
- Mi padre está haciendo unos negocios con él. Quiere comprarle unos boxeadores. Organizar juntos unas peleas. Entre otras cosas - su mirada se endureció -. Ya sabes qué cosas, en específico. Solo sé que hay mucho dinero de por medio - se estremeció un poco -. Conocí a Joe hace una semana, cuando fue al hotel donde nos estamos quedando para cerrar unos negocios.
- Ca... - pero no pude decir su nombre en voz alta -. Dijiste que tu padre está interesado en... comprarle a Hard unos boxeadores - ¿A caso eso era posible? mi voz se quebró un poco -... Él está... ¿Interesado en qué boxeadores en específico?
Solo una mantra pasaba por mi cerebro en el instante en que mi boca formuló esa oración en voz alta: >.
- Ya sabes la respuesta a esa pregunta, Val - respondió, y pude notar, que muy a su pesar. Sus ojos parecían cansados.
Y todo, literalmente, dejó de girar.
Podía solamente oír el sonido de mi respiración, la forma en que mi corazón latía, extrañamente, constante y calmado dentro de mi pecho. Muy calmado, muy lento, como si estuviera por detenerse de lleno en cualquier instante.
La peor, la peor de todas las pesadillas imaginables en mi cerebro estaban tomando forma y espacio en la realidad, congelándome las extremidades con una angustia y un miedo más grandes que yo misma, o más grandes que Eric, incluso. Después de todos esos años, después de esos cinco años en donde él me había convencido de que nada de aquel mundo jamás volvería a tocarnos, a interceder con nuestras nuevas vidas... allí estaba, el pasado más doloros de todos de pie frente a mí. O bueno, parte de él. Pero el dolor y la angustia estaban más cerca de lo que jamás me había dado cuenta. Y estaban buscándolo a él de nuevo.
Ese desgraciado lo quería a él de nuevo. No le bastaba con haberlo casi destruido cuando era un adolescente. No le bastaba con habernos casi destruido cuando éramos adolescentes. Estaba allí de nuevo, acechando a la vuelta de la esquina.
Y mi cerebro empezó a procesar las cosas de otra menera: ¿por qué lo había dejado ir tan fácil, en primer lugar, hace cinco años? Podía haberlo tenido de esclavo, trabajando y peleando para él, generando dinero, cuanto tiempo hubiera querido, pero no lo hizo, ¿por qué? ¿Por qué simplemente se cansó de Eric y lo dejó ir y formar una vida nueva si, internamente, sabía que en algún momento volvería por él?
¿Y que pasaba si, en realidad, jamás hubiera dejado de seguirnos el rastro? ¿qué pasaba si jamás estuvimos verdaderamente fuera de vista de... él? ¿qué clase de plan macabro era ese... volver después de tanto tiempo? Pero... ¿Eric lo sabía? ¿Eric sabía que lo estaba buscando?
Esa pregunta me trajo de nuevo a la realidad.
- ¿Eric sabe sobre esto? - mi garganta estaba seca.
- Sí - mi corazón se detuvo -. Un poco, aunque sea. Sé que Joe le ha comentado algo sobre mi padre pero no creo que le haya contado la historia completa.
Claro, claro que Hard no le dijo nada completamente concreto. Si lo hubiera hecho Eric estaría buscándose un agente nuevo al instante. Pero su problema era que confiaba demasiado en Joe. Al fin y al cabo, era él quién le dio el nombre de "La Bestia" Brennett.
Y la realidad me despertó con una cachetada... ¿Eric lo sabía? ¿Eric sabía que ese malnacido estaba en la ciudad y ni siquiera se tomó la molesta de decírmelo?
Se me heló la sangre. No me atreví a mirarlo por encima de mis hombros. No podría, me explotaría la cabeza si lo hacía.
- Escucha, Val - su tono, casi preocupado, casi amigable, me hizo levantar la mirada del piso y fijarla en ella nuevamente -. Ya no tengo diecisiete años como para hacer oídos sordos y ojos ciegos a todo lo que mi padre hace. Adam - se notó que le costó decir su nombre -, me contó todo lo que les hizo a ti y a Eric en el pasado - el estómago se me achicó con el recuerdo -. Me siento estúpida por haberte odiado tanto tiempo simplemente porque sí, y esta es mi forma de redimirme al respecto - se enderezó -. Que yo esté aquí, no es casualidad. Y no entendía porqué mi padre me insistió tanto para que venga hasta que me di cuenta que era su fiesta. Soy solo un arma, una advertencia... Tienen que ser cuidadosos con lo que se viene, ¿okey? Estoy segura de que a Eric no le costará tanto conseguir un nuevo agente y además... - pero su expresión y su voz cambiaron de un segundo al otro -. Me alegra que podamos dejar las peleas y diferencias atrás, al fin y al cabo: ya ganaste. Se casarán. Y de verdad, los felicito. - su voz era un poco más distendida, alegre, chillona debo decir, y no comprendí lo que hacía hasta que sentí unos brazos rodearme la cintura.
- ¿Terminaron con su pequeña charla? - el tono de Eric esa exasperado, y si las miradas mataran Mikaela estaría diez metros bajo tierra.
No me llevó más de dos segundos decidir qué hacer en ese instante.
Me recompuse, como pude, y respiré profundamente, mirándolo a los ojos, para relajarlo a él. Estaba ansioso, y ciertamente asustado de lo que sea que se estaba imaginando que Mikaela me estuvo diciendo todo el rato.
Para mi suerte, no pudo ver mi rostro a medida que la conversación avanzaba, sino se hubiera dado cuenta al instante de lo que estaba ocurriendo.
- Terminamos - sentencié, sonriendo, tensa, y ocultando esa parte al plantarle un pequeño beso en los labios -. En fin, disfruta de lo que queda de la fiesta, Mikaela.
- Lo haré - asintió -. Gracias. Espero que mañana sea mágico para ustedes.
Por primera vez, sentí la sinceridad en su voz. Le sonreí en agradecimiento y rodeé a Eric con unos de mis brazos, alejándonos de ella.
Noté en su rostro que estaba profundamente confundido.
- ¿Qué tanto se estaban diciendo? - curioseó, pero distinguí la preocupación en su tono de voz.
- Lo mismo de siempre - suspiré, forzando una sonrisa divertida -: peleando por tu amor, Eric Brennett, ¿qué más?
Bromeé, intentando distraer la situación. Soltó una pequeña risa, divertido, negando con la cabeza.
- ¿Por qué seguirían peleando por eso? - preguntó en tono irónico.
- Quizás no te supera. Entendible.
- Pues que intente cambiar algo es en vano - colocó sus manos en mi rostro -. Ya es muy tarde para eso: mi alma, mi corazón, todo lo que soy y todo lo que tengo, es inevitable e irreversiblemente, nada más que tuyo.
Nos besamos unos segundos, un beso que me dio vuelta el corazón. La sonrisa que me dedicó después logró derretir y tranquilizar un poco mi corazón, pero no sirvió para relajar mi mente en absoluto.
Carrick había vuelto, y él lo sabía y no me había dicho nada. Y no podía imaginarme como, si simplemente pensando en su nombre todo en mi cuerpo se paralizaba por el dolor, yo podría tolerar un momento más en mi vida donde su presencia consumiera todo, como lo había hecho en el pasado.
Porque, al parecer, no importaba cuánto tratemos, cuánto tiempo pasara, qué tanto cambiaran las cosas para nosotros, el pasado siempre nos acechaba. Siempre estaba esperando por nosotros. Para atacar de nuevo.