Los cinco meses de espera habían pasado igual de rápido que un parpadeo. Cuando menos nos dimos cuenta ya estábamos solo a dos semanas de la boda, y ni Eric ni yo podíamos creerlo.
Es loco pensar que después de tantos años, después de tanto tiempo conociéndolo y amándolo estábamos dando ese paso tan grande. Casarse, definitivamente, no era una decisión que tomar porque sí de la noche a la mañana. Bueno, si bien en general, nos "casamos" - entre muchas comillas -, el día que ambos nos tatuamos los anillos alrededor de nuestro dedo, eso más bien fue como una rara promesa. La de estar juntos por lo que durara la nuestra vida. Incluso si las cosas acababan o no - lo cual a este punto es obviamente un no -, siempre sabríamos que existió un él y existió una yo que amó al otro con cada célula de su cuerpo. Siempre sabríamos que existió un nosotros.
Ahora, dentro de solamente catorce días, esa pequeña promesa por fin se haría realidad para ambos.
Incluso aunque quiero negarlo, o al menos intento hacerlo, no puedo ocultar lo emocionada que estoy por la boda. Todo estaba planeado y calculado a la perfección, ya no había ningún espacio que llenar. Sinceramente Lenn se lució en absolutamente todo. Eric le besaba los pies cada vez que la veía - casi literalmente hablando -, y ella no podía estar más ansiosa porque terminaría por comerse toda la heladera - según sus palabras -, y no quería lucir "tan embarazada" en su vestido de dama de honor. Aunque ya iba por los cinco meses y medio, la panza no se le notaba tanto como ella creía. De hecho, yo la veo igual de hermosa que siempre, o incluso más, porque de verdad está feliz.
En cuanto a lo demás, el mundo no podía esperar por ver la boda del famoso boxeador Eric Brennett, y tuve que pelear con uñas y dientes para que la boda no fuera transmitida en la TV, porque sí, Eric recibió varias llamadas para televisar nuestro casamiento, y según él era una idea fantástica, según yo una decisión que llevaría al catástrofe todo.
Asistir a mis clases en la Universidad no había sido nada fácil luego de que la noticia de la boda salió a la luz. Habían reporteros en el campus, intentando conseguir una nota, o unas simples fotos donde mostrara mi mejor sonrisa. Fue frustrante, pero no dejé que eso afectara en mi vida académica, y en todas mis clases me iba más que bien, lo cual era todo un logro debido al estrés de... bueno, de todo.
En fin... todo estaba marchando simplemente espectacular. Eric estaba más atento y amoroso que nunca. No habíamos tenido ni una discusión, ni un incidente en bares o discotecas donde él se emborrachaba y modelos se le tiraban encima desde el compromiso. Todo iba bien, y si tengo que ser sincera, todas mis dudas ya habían casi desaparecido por completo. Por fin sé que puedo decir que estoy feliz, sumamente feliz, y no puedo esperar a convertirme en la esposa de Eric Brennett.
Esta tarde es el ensayo de la ceremonia en New York Public Library, por lo que las ansias estaban comiendo mis nervios y empezaban a manifestarse con un apetito insaciable. Personalmente, ya me había memorizado mis votos, aunque la mayoría de ellos simplemente serían improvisados, lo que saliera de mi corazón en ese momento, pero por respeto a Lenn simplemente siento que es una mala idea eso de improvisar... en fin, eso lo veremos dentro de unas horas.
Suspirando saco un pequeño vestido azul bastante formal de mi armario y lo cuelgo en el espejo para dejar que se estire un poco. El sacerdote estaría presente, lo que simplemente lo hacía un poco más estresante desde mi punto de vista. Todos nuestros amigos más cercanos y familia están quedándose en un hotel esas dos últimas semanas, el cual estaba siendo pagado por Eric, obviamente, pues él fue el que insistió en hacerlo, incluso aunque mi padre y nuestros amigos dijeron que no era necesario.
Suspiro pesadamente y paso las manos por mi rostro repasando mis votos mentalmente. Me trabo aproximadamente veinte veces, por lo que no puedo evitar suspirar con frustración. Entonces, escucho como Eric entra a la habitación, comiéndose un sándwich y me mira de forma extraña. Va sin camiseta y con unos shorts deportivos que le cuelgan de la cadera.
- ¿Y esa cara de estrés? - me pregunta en tono medio divertido, tirándose en la cama y comiendo su sándwich tranquilamente.
- Estoy nerviosa - me mira confundido, sin saber el porqué. Bufo -. Hoy es el ensayo de la ceremonia - le informo, con tono obvio, y él abre los ojos en señal de comprender todo repentinamente.
- ¡Ah, eso!
"¿Ah, eso?"
¿De verdad está tan jodidamente tranquilo al respecto? ¿Soy solo yo quien está a punto de morir de estrés?
Enarco una ceja en su dirección y le da una gran mordida a su sándwich. Seguramente para evitar hablar, pero yo simplemente lo espero cruzada de brazos hasta que termine de tragar la porción, y continúe con su discurso, al parecer, relajado y sumamente tranquilo acerca del ensayo de la ceremonia.
- Oh, vamos, amor. No puedes estar nerviosa por eso - su tono es relajado y bromista -. Es simplemente eso: un ensayo. Todo irá bien.
- ¿Y qué pasa si no? ¿Uh? - revolea los ojos -. ¿Qué pasa si todo sale bien en el ensayo pero arruino todo el día de la boda? ¿Qué pasa si me caigo porque no sé caminar con mis tacones? ¿O si empiezo a llorar y se me corre el maquillaje y luzco como un payaso? ¿O qué pasa si olvido mis votos y me quedo congelada frente a todo el mundo? o si...
Y entonces, consciente de que podría atragantarme con mi propia lengua por hablar tan rápido, deja el resto de su sándwich a un costado sobre la mesita de noche y gatea sobre la cama hasta llegar al borde, donde yo estoy de pie.
- Val, Val, Val - repite, tomándome de los brazos y conectando sus ojos con los míos. Los suyos lucen en paz, tranquilos y relajados, los míos seguramente lucen como los de una ardilla después de beber diez tazas de café -. Ya deja de esperar lo peor, ¿okey?, te aseguro que todo irá más que bien. Saldrá perfecto.
- Pero si...
- Pero nada - vuelve a interrumpirme -. Tengo una idea - propone y entonces lo miro esperanzada, me dedica una sonsirsa -, ¿por qué no llevas los tacones hoy y practicas con ellos, eh? Seguro eso te dará mucha más confianza el día de la boda - lo miro atentamente, con el corazón en mi garganta mientras él habla en tono tranquilo y amoroso -. Tranquila, el maquillaje no se te correrá ni con un millón de lágrimas. - asegura.
- ¿Cómo estás tan seguro? - me cruzo de brazos y él me los descruza tomándome las manos. Besa la palma de ambas y me mira de forma obvia.
- Porque soy Eric Brennett, y lo sé todo - suelto un bufido y él se ríe -. Y porque contraté al mejor equipo de maquilladores de Nueva York y según lo que me dijeron todos sus trabajos son anti-lágrimas-de-novia.
Le sonrío sin poder mantener mi postura pseudo enfadada y él me empuja hacia si tomándome de la cintura. Me da un pequeño beso en los labios y me abraza, colocando su barbilla en mi pecho y mirándome a los ojos.
- Y no te tienes que preocupar por los votos - se encoje de hombros -. Sé que ya los has escrito pero ese día si quieres puedes improvisar, o leer desde el papel. No importa lo que hagas, solo importa que estés ahí y sé que todo será perfecto.
Suspiro, repentinamente muchísimo más tranquila y lo abrazo también. Su olor a menta y a su perfume de Dior me tranquilizan tanto que siento que las extremidades de mi cuerpo se relajan casi al instante.
Ambos nos acostamos en la cama y él se mantiene agarrado a mi cintura.
- ¿Cómo haces para estar tan tranquilo con todo esto? - le pregunto. Abre los ojos y me observa con el ceño medio fruncido -. ¿Si caes en la cuenta que solamente faltan dos semanas, no?
- Sí, me doy cuenta de cuánto es el tiempo que falta pero - suspira -... ¿Por qué debería de estar nervioso u ansioso? Estoy esperando este momento desde hace lo que siento como bastante, lo único que puedo estar es feliz. Extremadamente feliz - estira su mano y acaricia mi rostro, apartando mi cabello -. Además... eres tú la que caminará por ese pasillo, y soy yo el que estará esperándote. Solamente tú y yo, eso es lo que me mantiene cuerdo en todo momento.
Me mira de una forma a la que estoy acostumbrada, pero de la que jamás podría cansarme, de la que jamás podría tener suficiente. Me observa y sé cuánto me ama y todo lo que significo para él y su vida, y siento en mi corazón, en todo mi cuerpo, que exactamente de esa manera lo amo yo a él.
Suspiro rendida y niego con la cabeza.
- Oh, maldito desgraciado - él me mira con una sonrisa divertida, confundido -. Eres tan romántico, maldita sea. Tus votos serán muchísimo mejor que los míos, sin dudas - bufo y revoleo los ojos.
Suelta una carcajada y se me pone encima de un movimiento, tomándome de las manos y posicionándolas encima de mi cabeza. Siento que me separa las piernas con una de sus rodillas y se coloca en medio. No tardo en rodearlo con mis piernas. De un movimiento rápido me toma las muñecas con una sola de sus manos y con la que le queda libre acaricia mi mejilla y luego mi cuello.
- Supongo que es otra cosa para agregar a la lista de cosas en las que soy extremadamente bueno - ladea la cabeza -. ¿Qué puedo decir? Es una costumbre ganar para mí.
- Claro que lo es - mi tono suena igual de arrogante que el suyo -. Mira lo que has conseguido: que yo te despose a ti.
- Oh, púdrete, Val Drake. - suelta una risa profunda y me besa con ferozmente.
Él no tarde en desabrochar mi brasier y deshacerse de mis pantalones de pijama y mis bragas en un segundo, para luego quitarse el short y el bóxer por su cuenta. Me mantiene los brazos por encima de mi cabeza sosteniéndolos con una sola mano, mientras la otra me agarra de la nuca y estira mi cabello un poco mientras follamos a ritmo constante, sin dejar de besarnos. Nuestros cuerpos se amoldan como si hubieran estado tallados perfectamente el uno para el otro de una manera más personal.
Finalmente, luego de haber follado dos veces, nos damos una ducha juntos y volvemos a hacerlo allí también. Por suerte cuando salimos aún nos queda tiempo para llegar al ensayo, pero mi celular no tarda en empezar a sonar por las notificaciones de los mensajes de Lenn preguntándome si ya estaba lista, si ya estábamos en camino o qué demonios estábamos haciendo.
Ambos nos vestimos rápidamente, y mientras yo me seco el cabello con la secadora Eric se asegura de agarrar la caja con los tacones de la boda y mi pequeño cuaderno en donde escribí los votos. Lo miro con una sonrisa y él me la devuelve.
Mientras nos dirigimos hacia New York Public Library, Eric da un pequeño salto en su asiento y me mira con los ojos súper emocionados, como si hubiera recordado algo de repente. Lo miro curiosa.
- ¡Olvidé decírtelo! - su sonrisa se extiende, parece emocionado.
- ¿Qué sucede?
- Conseguí alojamiento en ese hotel de Jamaica que vimos hace unos meses - mi barbilla llega al piso del coche -. ¡Si, lo sé! Parecía imposible porque tenían cupo lleno, pero ellos mismos me llamaron para informarme que una de las suites presidenciales fue cancelada. Al parecer el los que iban a ocuparla en su luna de miel al final ni se casaron porque la tipa lo engañaba con su dama de honor - suelta carcajadas y lo miro confundida, encoje sus hombros -. La recepcionista me contó todo el chiste.
- ¡Eso es estupendo! - grito emocionada -. Por haber conseguido lugar, no por la pareja, pero... Wow... - suspiro-, al final tenías razón: todo está saliendo perfecto.
- ¿Lo ves? - me dedica una sonrisa -. Así que a preparar el equipaje porque nos vamos a Jamaica de luna de miel, nena.
Doy un pequeño grito de emoción y no puedo estar más feliz. Lo miro un segundo y me pregunto cómo hace para siempre salirse con la suya, para siempre conseguir todo lo que quiere. Solamente es una de las personas más hermosas que conozco, así que supongo que la vida lo estaba recompensando finalmente.
Eric aparca el coche en un garaje privado a unas calles de distancia de la biblioteca. Se coloca sus lentes de sol antes de salir a la calle y yo babeo al ver lo sexy que se ve con su camisa azul arremangada hasta el codo, unos pantalones oscuros y sus vans blancas. Mientras que yo, bueno, parezco algo así como una secretaria con mi vestido hasta la mitad de mi muslo y zapatos de vestir negros y algo bajos.
Al visualizar las escaleras del enorme edificio, siento mariposas en el estómago al imaginarme a mí misma subiendo esos escalones con mi vestido, y también me entra el pánico al darme cuenta la cantidad de escalones y lo difícil que me sería subir con mis tacones nuevos y un vestido tan blanco y delicado.
Entramos en la biblioteca y suspiro maravillada incluso aunque ya la he visitado antes. Pero estoy segura de que jamás dejaría de impresionarme por lo hermosa que se ve por dentro. Eric me toma la mano y nos dirige hacia donde nos lo indicó Lenn, una sala de estudio gigante con hilaras de mesas y sillas, y estantes que pegados en cada pared que llegan hasta el techo, con una alfombra roja que decora todo el pasillo. Al final de este, diviso finalmente a todos mis amigos, mi padre y el sacerdote esperándonos.
- ¡Al fin, señores! ¡Llevamos media hora esperando por ustedes? - Lenn es la primera en ponerse de pie y caminar hacia nosotros.
Me sorprendo al ver su barriga, que sin duda se notaba mucho más que desde la última vez que la vi. Me da un fuerte abrazo y luego me acerco a saludar a los demás, y obviamente al sacerdote.
- Exageran, tan solo pasaron unos minutos - me dice papá, dándome un fuerte abrazo -. ¿Cómo estás, cariño?
- Ansiosa.
- Ya lo veo. - dice dándole una mirada a mi pie que no deja de repiquetear en el piso -. He estado conversando con el señor Raymond acerca de la ceremonia... Son cosas sencillas, cariño, no te estreses.
Asiento mirando a mi padre y confío en él, quien al fin y al cabo ya había pasado por todo eso con mi mamá. Eric se acerca a mí y me rodea la cintura con el brazo, es seguido del señor Raymond, el sacerdote, quien nos mira con una dulce sonrisa.
- ¿Están todos listos? - pregunta en voz alta el padre Raymond, quien camina hasta colocarse al frente. Todos asentimos y él nos dedica una cálida sonrisa -. La ceremonia de un casamiento es lo más sagrado que existe en ese día tan especial, es lo que finalmente los convertirá en marido y mujer - no puedo evitar sonreír ante su mini-discurso -. Por eso, todo tiene un orden de ser al momento de llevarse a cabo. Y por suerte son unos detalles muy simples.
Sonríe amablemente y siento que mi corazón late con mucha fuerza, mientras que Eric simplemente contiene una sonrisa y luce hermosamente tranquilo y relajado.
- Ese día, el primero en pasar por el pasillo, es el novio - mira a Eric -. Entrarás con tu madre, preferentemente - noto que se tensa al escuchar que la nombra -, o con quien tú desees, no hay problema. Y te colocarás a mi derecha - dice Raymond al notar un poco de tensión en el ambiente.
Lo cierto es que Eric sí le envió la invitación a la boda a su madre junto con la de los otros invitados, pero no recibimos respuestas de su parte, lo cual lo tuvo triste y decepcionado por unos días. Desearía poder llamarla y pedirle personalmente que asista, pero lo cierto es que ninguno de nosotros tiene su número de teléfono, y ni siquiera sabemos si sigue viviendo en la dirección donde enviamos la invitación. No hemos escuchado de ella en casi dos años.
- Luego, pasará la primera dama de honor con el primer padrino, ¿quiénes son?
- Oh, nosotros - Lenn toma del brazo a Zach bruscamente y se coloca frente al padre, quien ríe ante la sonrisa emocionada de mi amiga -. ¿Yo soy la que llevará los anillos, verdad?
- Sí, esa eres tú - responde con una sonrisa divertida -. Y luego de ella pasarán las demás con sus respectivas parejas, en el orden que ustedes deseen, acomodándose en forma de llegada, una detrás de la otra, a mi izquierda. Lo mismo para los padrinos - eleva un dedo y apunta a todos los hombres de la habitación. Matt se ríe y me mira por encima de su hombro, sonriente -, pero ustedes se posicionarán a mi derecha. Y por último - me observa con una sonrisa de oreja a oreja y camina hacía mí, tomándome de las manos -, todos se pondrán de pie, y las puertas se abrirán, donde tú pasarás sosteniendo el brazo de tu padre, del lado izquierdo - indica elevando nuevamente un dedo. Me río -, caminarás hasta el el altar y entonces tu padre le dará tu mano al futuro esposo - noto como la barbilla de mi padre tiembla un poco y luego asiente -. Y luego de todo eso... La diversión comienza - todos ríen -. ¿Listos para la práctica oficial?
Todas mis amigas gritan emocionadas y corren hacia la entrada. Lenn estira el brazo de Zach, con quien ha estado llevándose mejor este último tiempo y para la suerte de todos incluso a pesar de no haber regresado. Less toma la mano de Matt y le da un rápido beso, lo cual lo hace reír, y frunzo el ceño cuando Julie duda en tomar del brazo a Gregg, quien también parece algo incómodo. ¿Pasa algo de lo que no me he enterado?
- Aquí están tus zapatos - me dice Eric, extendiéndome la caja -. Yo iré a acomodarme en mi posición. Suerte con esa máquina de tortura a la que llamas tacones. - suelta una pequeña carcajada, da media vuelta y se va.
Bufo y me siento en la silla más cercana. Papá hace una mueca al ver los altos que son los tacones y le echo una mirada enfurecida que lo hace reír aún más. Suspiro antes de quitarme mis zapatos y colocarme los oficiales que ocuparé el día de la boda. Al ponerme de pie, definitivamente soy unos doce centímetros más alta, pero ni siquiera eso me hacía ser igual de alta que mi padre o que Eric, ni si quiera un poco, lo cual es sumamente frustrante.
- Cariño, no te caerás - me dice papá mientras caminamos hacia los demás.
- ¿Ah, sí? - digo con sarcasmo y casi siento como mis pies se me doblan. Papá se ríe.
- Te estaré sosteniendo a todo momento - me dedica una sonrisa cálida -. Pero recuerda: punta, talón; punta, talón; punta, talón - lo miro divertida -. Tu madre me enseñó eso a mí. Sabía que habría algún momento donde podríamos utilizar el tip. - me guiña un ojo y suelto una carcajada.
Al llegar al final del pasillo, nos colocamos al final, detrás de Less y Matt y entonces Eric me mira sobre sus hombros. Me dedica una media sonrisa y eleva una ceja en forma de preguntarme en silencio si ya estoy lista, a lo que simplemente asiento lentamente.
Respiro lentamente mientras estrujo la manga de la camisa de mi padre y muevo nerviosa en mi lugar. Mi corazón medio se derrite cuando inclino mi cabeza un poco hacia el costado y veo cómo Eric cruza el pasillo con un caminar relajado, hasta que llega frente al padre y se coloca a su derecha, entonces nuestros ojos se encuentran por un segundo y me apresuro a apartar la mirada, por alguna extraña razón que no sé explicar.
Observo cómo Lenn y Zach pasan juntos, ella agarrando su brazo y él con su mano libre en el bolsillo de su pantalón. Lenn, a diferencia de Eric, camina lentamente y casi como toda una modelo, sonriendo a los costados, a la gente imaginaria que la rodea. Cuando ellos dos llegan a la mitad del pasillo, entonces Gregg y Julie se les unen. Frunzo el ceño cuando los noto un poco tensos, y me recuerdo que debo indagar en ese asunto.
Ya cuando es el turno de Matt y Less, siento casi como se me aflojan las rodillas y la forma en que una manada de elefantes empieza a brincarme en el estómago. Papá me dedica una mirada orgullosa y feliz, y cuando ambos vemos que Less ya se ha acomodado del lado izquierdo, detrás de Julie, empezamos a caminar por el pasillo también.
Pensé que los zapatos harían todo el asunto más difícil, pero juro que en cuanto levanté un poco la cabeza y dejé de mirar a mis muy descoordinados pies, y mis ojos se encontraron con los de Eric... no sé, sentí como si de repente ya nada importaba. La forma en que sus facciones se relajaron, y luego sus ojos me observaron con un destello y admiración profunda me dificultaron respirar y me hicieron sonreír de oreja a oreja. Incluso a pesar de que ese era solamente el ensayo y no la boda de verdad, yo sentía como si de verdad lo era, como si ese momento fuera el más hermoso e importante que me tocó vivir hasta el momento.
Cuando llegamos frente a ellos, mi papá me da un beso en la mejilla y le extiende mi mano derecha a Eric, quien me la toma con delicadeza y me da un beso en el dorso de ella. Me pongo de pie frente a él y ambos nos giramos hacia el señor Raymond, quien nos observa con una gran sonrisa.
- Ese día, empezaré con la monición - anuncia -. Es la que se dirige hacia los invitados y a ustedes. Dice algo así como: queridos novios, y hermanos todos: Estamos aquí junto al altar, para presenciar la unión en sagrado matrimonio de Valerie Drake y Eric Brennett... - asentimos y él prosigue -. Luego, procederemos con lo que se llama "escrutinio". Donde yo les preguntaré: ¿Están ambos aquí reunidos para contraer matrimonio sin ser coaccionados, libre y voluntariamente? - se detiene y cuando nos mira, luego de unos segundos, enarca una ceja. Entonces nos damos cuenta que debemos responder.
- Sí, venimos libremente. - respondemos los dos al mismo tiempo. Puedo escuchar como todos ríen por lo bajo ante nuestro tono algo confundido.
El señor Raymond sonríe y prosigue.
- ¿Prometen amarse y respetarse el uno al otro en sagrado matrimonio?
- Si, prometemos.
Nos miramos de reojo al mismo tiempo y Eric me guiña un ojo, divertido y con una gran sonrisa.
- ¿Prometen ser fieles a su voto de amor... estar junto al otro en la adversidad, en lo bueno y lo malo, la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza?
- Sí, prometemos.
- ¿Prometen amarse infinitamente hasta que su carne se convierta nada más que en polvo y sus almas descansen en paz?
- Sí. - digo yo.
- Por supuesto que si. - responde Eric al mismo tiempo.
El sacerdote se ríe y asiente.
- Entonces, luego de estás preguntas, se pasa la parte del "consentimiento". Dónde yo les pido que unan sus manos, se miren el uno al otro y pues... reciten sus votos. Pueden decirlo ahora, si quieren. A veces algunas parejas se guardan para ese día pero la mayoría ya los practica antes porque de igual forma con los nervios terminan por improvisar por completo.
Todos nos reímos un poco ante sus palabras y estoy segura de que está completamente en lo cierto. ¿Quién podría recitar sus votos perfectamente sin trabarse o improvisar al menos?
- Oh, no. La parte que le da pesadillas a Val Drake. - bromea Eric mientras ambos nos giramos y nos enfrentamos. Nos tomamos las manos y yo suspiro pesadamente -. Iré yo primero, sí eso quieres.
Asiento lentamente. No solo mis manos, que están entre las de él, tiemblan como un chihuahua, sino que mis rodillas también, y siento como una pequeña gota de sudor resbala por mi nuca.
Eric suspira y me sonríe mirándome fijamente a los ojos antes de empezar.
- Val... - ladea la cabeza un poco -, enana, nena, amor... - me río ante su expresión algo bromista -. Cuando te conocí, me enseñaste que en la vida no hay que dar nada por sentado, que hay que luchar por quien y por lo que amas. Me enseñaste que el amor es tanto bondadoso como egoísta, que sentirte enamorado sucede de la noche a la mañana, que la felicidad están los pequeños momentos y que la tristeza sin dudas no dura para siempre - se detiene un segundo, mira al piso y cuando vuelve a levantar la cabeza y a mirarme, trago saliva -. Me encontraste cuando yo ni siquiera sabía que estaba perdido, y me salvaste cuando ni siquiera sabía que necesitaba tu ayuda. Desde el momento en que me di cuenta que estaba perdidamente enamorado de ti supe que querría pasar el resto de mi vida a tu lado... oh, joder. Lo siento - suspira y se pasa una mano por los ojos para evitar llorar, los demás se ríen y él mira con una mueca de disculpas al sacerdote, quién niega con la cabeza quitandole importancia. Sus ojos vuelven a fijarse en los míos y se ven hermosos, marrones claros y llenos de una promesa que no sé describir -. Te amo. Todo el tiempo. Cada segundo de cada día. Te amo y sé que no habrá nada mejor en mi vida que vivirla para siempre a tu lado.
Todos quedan en un gran silencio, mirándolos casi tan enamorados como yo. Una pequeña lágrima casi invisible se resbala por su mejilla y yo, a diferencia, soy un jodido mar de lágrimas. Mi corazón late con fuerza dentro de mi pecho y no puedo evitar bajar la cabeza un segundo para intentar recomponerme y poder formular aunque sea una sola palabra. Tomo una gran bocanada de aire y me enderezo.
- ¿Y cómo se supone que supere eso? - intento bromear, y por suerte todos ríen conmigo. Él se encoje de hombros.
- Te dije que lo mío sería insuperable.
Suspiro y acomodo mis hombros de forma recta y aclaro mi garganta, apretando el agarre en su mano y sonriendo un poco.
- Eric Brennett - digo, tanteando mis palabras e intentando recordar cómo iban mis votos de verdad -. Cuando nos conocimos, eras un dolor en el culo - y entonces suelta una carcajada, y yo no puedo evitar reírme unos segundos también -. Eras exactamente lo opuesto a lo que alguna vez pensé que me gustaba de alguien. Arrogante, algo prepotente, cabeza dura... - suspiro, recordando -. Pero todo cambió el día en que me di cuenta que no eras lo que pensaba que quería, pero sí eras todo lo que necesitaba. Lo sigues siendo, todo lo que necesito. Todos los días. Me haces sentir viva en una forma que jamás podré explicar, y me amas de una forma tan profunda y hermosa de la forma en la que jamás pensé que nadie podría amarme. Y yo te amo a ti - me sonríe con los labios apretados, conteniéndose -. Te amo honesta, verdadera, pura e infinitamente, Eric Brennett. Te amo de formas que poca gente ama nada hoy en día. Te admiro, porque eres más de lo que crees de ti mismo y porque tienes el corazón más grande del universo, porque eres leal y honesto y simplemente eres... tú. Y te juro, te prometo, que cada célula de mi cuerpo te amó, y te amará para siempre.
Suspiro al final de mi discurso y siento que me relajo de pies a cabeza. Él me sonríe embobado y con los ojos cristalizados por las lágrimas que se acumularon en ellos. Pero siento su felicidad emanar de sus poros y casi mezclarse con la mía.
Incluso a pesar de que mis votos no iban así, supongo que improvisar al final no se me da tan mal, pues él y todos los presentes se ven profundamente conmovidos por mis palabras, incluso a pesar que no son mejores que las suyas para nada.
- Que hermosas palabras, ambos. De verdad los felicito - Raymond lleva una mano a su pecho ys suelta un suspiro -. Luego de los votos, proseguirá la primera fórmula, donde ambos se tomarán de la mano derecha y recitarán esto - él nos extiende un papel a cada uno y yo se lo doy a Eric, quien guarda ambos en su bolsillo -. Aseguren de estudiarselo bien para ese día, eh... Bien, y así, finalmente, llega la parte de los anillos - Lenn grita emocionada y camina hacia nosotros extendiendo una bandejita imaginaria con las manos y mirándonos para que pretendamos tomar los anillos de ella. Eric y yo lo hacemos y ella se vuelve a acomodar en su lugar -. Y yo preguntaré: "Eric Brennett, ¿aceptas a Valerie Drake, como esposa y prometes serle fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y, así, amarla y respetarlo todos los días por el resto de tu vida?" y ahí tu respondes - Eric abre la boca para hacerlo pero él lo interrumpe -. ¡No, no! Déjalo para ese día.
- Oh, okey. - se ríe.
- Te haré la misma pregunta a ti y tu darás tu respectiva respuesta - se dirige hacia mí -. Y luego, bendeciré los anillos y Eric procederá a colocarlo en tu dedo mientras dices unas palabras.
- ¿Palabras? ¿Cómo que palabras?
- Lo que desees, normalmente es algo como: "te doy esta alianza como símbolo de mi amor y fidelidad hacia ti", o algo como eso - Eric asiente -. Y luego, lo mismo para ti, Val. ¡Y por fin diré que se pueden besar y todo completo, son marido y mujer!
Por alguna razón expulso todo el aire dentro de mis pulmones, sintiendo una gran ligereza sobre mis hombros repentinamente y Eric se acerca a mí, rodeándome con sus brazos y abrazándome con fuerza. Los demás, por alguna extraña razón también se abrazan y yo no puedo hacer nada más que reír con una felicidad un poco inexplicable.
Eric me da un beso rápido y me murmura un "te amo" que me conmueve hasta la médula y me dan ganas de llorar toda mi vida, pero por supuesto que no lo hago.
Luego de practicar como es el orden para salir del altar, todos nos despedimos del padre Raymond y nos desea una buena semana, prometiendo que nos veremos pronto, y definitivamente así sería.
Para relajarnos y seguir conversando un poco acerca de la boda, todos vamos a almorzar juntos a un restaurante que está bastante cerca de la biblioteca. El aire es distendido y divertido incluso a pesar de que la tensión entre Gregg y Julie se puede cortar con unas tijeras. Pero decido lidiar con aquello luego, pues me veo demasiado distraída por mi futuro esposo como para, literalmente, pensar en nada más.
Todo lo que puedo pensar es que cada vez falta menos para el ensayo de la la cena, que básicamente se basaría en todos los invitados, o la mayoría de ellos, se emborracharan juntos y la dama de honor dijera algunas palabras vergonzosas al igual que el padrino. Y no puedo esperar nada más que humillación por parte de Lenn y Zach, así que... mejor me iba preparando para eso. Sería todo un poema.