Si las miradas mataran, la de Eric ya había enterrado a Adam diez metros bajo tierra. Lo notaba tenso de pies a cabeza, y supe que a pesar de estar mostrando una postura bastante relajada, internamente estaba mordiéndose la lengua con todas sus fuerzas para no hacer una escena.
Los ojos marrones de Eric viajaron desde mi brazo, que estaba enredado con el de Adam, hasta mis ojos, e inmediatamente entendí el mensaje que me estaba transmitiendo su mirada: "¿Qué demonios haces aún agarrada de su brazo?".
Si bien Eric Brennett era una persona un poco celosa, más que celoso, era inseguro, y lo comprendía tanto, lo conocía tan bien, que estaba al tanto de todas las inseguridades que había desactivado la repentina aparición de Adam Solt en mi vida nuevamente. ¿Qué clase de pensamientos estarían pasando por su cabeza en aquel momento?, porque sabía que estaba inventándose toda una historia completamente retorcida, por una simple razón: lastimarse aún más así mismo.
Solté un suspiro y me zafé del brazo de Adam, él me miró atento, con los ojos un poco entrecerrados y el ceño profundamente fruncido, mientras yo tomaba mis zapatos y mi cartera de sus manos. Lo miré entonces y le dediqué una sonrisa agradecida.
- Gracias. - le dije. Él continuaba con la misma expresión.
- ¿Segura que no quieres que te acompañe? - preguntó nuevamente.
Entonces, en menos de un segundo, sentí la presencia de Eric a mi lado. El ambiente entre ambos era tan tenso que hasta podía cortarse con unas tijeras. Observé a mi prometido mientras él miraba con el gesto torcido a Adam, quien lo miraba relajado y con una ceja enarcada. Eric soltó un bufido mezclado con una risa.
- ¿No escuchaste lo que dije? - soltó de mala forma Eric -, ya te puedes ir, Adam, no me hagas volver a repetírtelo.
- ¿Por qué no te relajas de una vez, Brennett? - Adam revoleó los ojos soltando un bufido.
- Voy a relajar tu cara de un maldito...
Supe de inmediato el siguiente movimiento de Eric, y por suerte lo detuve con rapidez. Coloqué una mano en su pecho con fuerza cuando intentó dar un paso hacia Adam con una expresión de odio que hace mucho tiempo no le veía en el rostro.
Eric miró mi mano un segundo y luego sus ojos se conectaron con los míos, nos miramos fijamente por unos segundos, lo noté inmediatamente: estaba herido, y mi corazón se retorció ante un pequeño flash donde noté que sus ojos se cristalizaban por un segundo. Pero hizo desaparecer esa expresión inmediatamente, y luego agitó su hombro y dio un paso hacia atrás, dejando caer mi mano al lado de mi cuerpo y cortando cualquier contacto conmigo.
Cerré los ojos con fuerza y me tragué las lágrimas.
- Adam, estoy bien, de verdad. Deberías irte. - sentencié, mirándolo, rogando que por favor entendiera la situación y saliera del edifico de una vez or todas.
- Val... - empezó a decir, pero Eric lo interrumpió con tono brusco.
- Ya la escuchaste - dijo, mirándolo fijamente -. Ahora saca tu maldito culo de aquí.
- Señor... Creo que deberías irse, por favor.- intervino entonces Joe, que hasta ese momento había permanecido a unos cuantos pasos de distancia de nosotros, pero bien atento de la situación.
Adam elevó los brazos a sus costados, en una pose inocente, y con una media sonrisa bobalicona caminó hacia la puerta de la entrada del edificio. Eric se quedó estático, de pie a mi lado, mirando fijamente la nuca de Adam, asegurándose que de verdad se fuera.
Estuve a punto de suspirar de alivio cuando lo vi abrir la puerta de un empujón, pero entonces, como cereza del postre, se dio media vuelta y me dedicó una sonrisa de oreja a oreja, complemente alegre, y dijo:
- La próxima tú pagas los tragos, Drake. No desaparezcas por tanto tiempo. - y dicho aquello, salió del edificio.
Noté que Eric llenaba sus pulmones de aire y cerraba con fuerza sus puños a los costados de su cuerpo. Murmuró un insulto que no fui capaz de oír con claridad, y seguido de aquello, dio media vuelta y caminó con rapidez, y rigidez, hacia el elevador.
Miré al techo un segundo, mordiendo mi labio inferior con fuerza y tragándome las ganas impresionantes de llorar que me atacaban en ese instante. Toda la borrachera que llevaba encima se me había bajado de un momento a otro, por la tensión de la escena anterior.
Suspiré pesadamente y me despedí del adorable Joe con una media sonrisa ladeada mientras caminaba hacia el elevador, en donde Eric me esperaba recostado por una de las paredes, con los brazos cruzados sobre su pecho y la cabeza gacha.
Me puse de pie a su lado y toqué el número del piso donde vivíamos. Cuando las puertas se cerraron, me vi reflejada en el espejo y casi muero del espanto por como estaba: mi labial había desaparecido por completo, mi máscara de pestañas estaba corrida debajo de mis ojos, mis ojeras eran escandalosas y mi cabello lucía peor que un nido de pájaros. Observé a Eric a través del espejo, él, a diferencia, se veía pulcro y perfecto. Aún llevaba puesto el traje que se había puesto para la cena, y su su cabello desordenado incluso lo hacía lucir atractivo.
El mundo quizás giraba en mi contra, pues el ascensor parecía ir cada vez más lento, y el espacio dentro del elevador se hacía cada vez más chico, el silencio y la tensión entre ambos empezaba a volverme loca, y el sentimiento de angustia, más las ganas de vomitar que aumentaban con cada segundo, me estaban desesperando.
- ¿No dirás nada? - fui yo quien rompió el silencio. Lo miré, él mantuvo sus ojos en el piso.
- ¿Qué mierda quieres que diga? - contestó entonces, con su voz dos tonos más graves. Tragué saliva y llevé ambas manos a mi estómago, que estaba revuelto.
Miré desesperada al número que marcaba en qué piso íbamos, y me desesperé al darme cuenta que no estábamos ni por la mitad.
- Lo que sea - medio rogué, medio lloré, mirándolo con mis ojos llorosos -. Eric...
Estiré mi mano para tocarle el hombro, y aquel movimiento logró alterarlo lo suficiente, pues se apartó de mí antes si quiera de que la punta de mis dedos lo tocaran. Se colocó en la otra punta del elevador, mirándome con dolor en los ojos, el ceño fruncido y la boca abierta, sin poder creer que la persona que estaba enfrente suyo era yo.
Algo se revolvió dentro de mi pecho, y tragué saliva al menos cinco veces por los nervios.
- ¿Por dónde quieres que empiece, Val? ¿Eh? - dijo, y la voz se le rompió a mitad de la oración -. ¿Por la parte donde le dijiste a todos nuestros amigos que perdiste un bebé cuándo teníamos dieciocho? - bajé la cabeza, avergonzada -, ¿O por la parte donde desapareciste toda la maldita noche y me dejaste tirado y desesperado sin saber nada de ti? - dio un paso en mi dirección, y entonces me atreví a mirarlo, las arrugas a los costados de sus ojos estaban extremadamente marcadas en ese momento, al igual que sus ojeras, y sus ojos rojos del cansancio. Me miró de arriba abajo -. ¿O prefieres empezar por la parte en la que pasaste toda la noche con Adam Solt?
Las puertas del elevador se abrieron de par en par y Eric se apresuró a salir de allí. Lo observé caminar a toda velocidad hacia la puerta de nuestro apartamento. Me sostuve contra la pared por un segundo, y dejé que un par de lágrimas cayeran por mis mejillas, hasta que fui lo suficientemente valiente como para recobrar fuerzas y caminar hacia nuestro apartamento.
Eric había dejado la puerta abierta. Al entrar, tiré mis zapatos y mi cartera a un costado y caminé hacia él, que estaba de pie frente al sofá, con una mano en su cadera y otra en su cabeza. Noté como sus hombros se movían de arriba abajo con irregularidad y cerré mis ojos, tanteando mis opciones de cómo reaccionar ante todo lo que estaba pasando. Tenía que encontrar una forma correcta de actuar y poder tranquilizarlo.
Suspiré. Como por décima vez en lo que iba del día.
- Puedo explicártelo, Eric, yo...
- ¿Te acostaste con él? - me interrumpió, encárandome de repente.
Lo miré sintiendo que mis pies pesaban un millón de toneladas, y que alguien me golpeaba el estómago con una piedra. No podía estar diciéndomelo en serio, ¿verdad? no podía creer que de verdad lo había engañado.
Le sostuve la mirada por unos segundos, esperando a que se diera cuenta de la estupidez que me estaba planteando y empezara a reírse. Pero no fue así. Y pude notarlo, él sinceramente creía que le había sido infiel. No confiaba en mí. No podía creer que no confiaba en mí.
Tragué saliva y di un paso hacia atrás, sintiéndome muy mareada de repente.
- Contéstame, Val - lo escuché decir. Clavé mis ojos en los suyos -. ¿Me engañaste con Solt?
- ¿Estás hablando malditamente en serio, Eric? - ya no me sentía mal, o culpable, me sentía como una maldita estúpida, me ardía la sangre. Él se mantenía serio -. ¿De verdad crees que podría acostarme con él?
- No sería la primera vez que lo haces. - noté la maldad en su tono de voz.
- ¡Maldita sea, Eric! ¿Qué mierda estás diciendo? - grité, enojada, alterada, y lo peor de todo: profundamente dolida.
- ¡Lo que escuchaste!
Está bien, sí me había comportado como la mierda al desaparecer de aquella forma, y dejarlo tan preocupado, y entendía que haber aparecido con Adam no le había caído para nada bien, pero todo tenía un límite, y mi corazón, y mis sentimientos, e incluso mi sentido común, no podían tolerar que después de todo, literalmente, de todo, lo que habíamos vivido juntos, él estuviera acusándome de haberme acostado con alguien más.
Lo miré con mis ojos llenos de lágrimas. Lágrimas de todo, de tristeza, de enojo, de decepción, y sentí un agujero en el pecho al darme cuenta de que no sabía dónde pararme o qué posición tomar en toda esa situación.
No podía elegir entre disculparme por el desastre que había ocasionado, o enojarme y mandarlo a la mierda por el planteo tan estúpido, y doloroso, que me estaba haciendo.
Llené de aire mis pulmones y me contuve las ganas de vomitar una vez más. Fue entonces cuando lo miré a los ojos fijamente, por lo que sentí como una eternidad. Al principio él se resistió, y me peleó con la mirada, queriéndome demostrar una faceta suya que yo, ya me conocía de memoria: estaba tapando la tristeza con enojo. Pero conmigo eso ya no servía.
Me contuve con toda mi alma para no acercarme y acariciarle la cara para consolarlo, diciéndole porqué hice lo que hice y cómo de verdad fueron las cosas. Me contuve con garras y dientes incluso cuando sus muros se derrumbaron y su rostro se convirtió en una sola expresión de tristeza y desesperación que actuaron en mí como un golpe en el estómago. El noventa por ciento de mí quería correr y abrazarlo con todas mis fuerzas, pero me aferré al otro diez por ciento y suspiré pesadamente, negando con la cabeza.
- No me puedes hacer esto, Eric. - dije finalmente, rompiendo el largo silencio, él soltó un bufido, luciendo de verdad sorprendido.
- ¿Yo no te puedo hacer esto? - se apuntó a sí mismo mirándome con los ojos bien abiertos, soltó una risa sarcástica -, Dime, Val, ¿Qué es lo que yo no puedo hacerte? - su tono lleno de sorna me hizo cerrar los ojos con fuerza por un segundo para volver en mí y actuar de forma coherente. Abrí la boca para contestarle, pero él se me adelantó -. Si no me equivoco, por primera vez en mucho tiempo la que cagó todo esta noche fuiste tú, no yo. ¡Yo tendría que estar diciéndote eso a ti! - dio un paso hacia adelante, alterado, sosteniéndome la mirada -. No me puedes hacer esto, Val. - soltó, y luego de un resoplido insulso dio media vuelta, dándome la espalda.
No puedo ni siquiera explicar la ira que corría por mis venas en ese momento. No puedo encontrar las palabras exactas para expresar cómo me sentí en ese instante en que se atrevió a darme la espalda.
- ¡No! ¡No, no, no! - sentí como me puse roja de la ira, Eric volvió a encararme, y me acerqué rápidamente a él -, ¡No te dejaré hacerme esto a mí! ¡A mí! - mi pecho subía y bajaba rápidamente -, ¡Porque yo soy la que arrastra tu maldito cuerpo consumido en alcohol o drogas cada vez que tienes ganas de autodestruirte algún fin de semana! - sin poder evitarlo, coloqué mi dedo índice en su pecho con fuerza, mirándolo a los ojos, y viendo como cada palabra que soltaba lo afectaba -, ¡Porque tuve muchas oportunidades para desconfiar de ti y aún así me quedé a tu lado y jamás me dejé llevar por nadie, ni siquiera por mi misma! - la cabeza me explotaba, pero no importaba eso en aquel instante -, Porque no puedes malditamente acusarme de que me acosté con alguien más solo porque, una vez, ¡Una vez!, me di el lujo de salir a distraerme y emborracharme - aparté mis manos de su cuerpo y apreté los puños con fuerza -. No te lo voy a permitir.
- ¿Es que no entiendes? - entrecerró los ojos y me miró como si no me conociera, se me retorció el corazón dentro de mi pecho -, ¿No entiendes que esto va más allá de si te emborrachaste por ahí con el maldito Adam Solt e hicieron... lo que sea que hayan hecho? - su tono de voz estaba lleno de asco -. ¡Le dijiste a todos que perdiste un bebé, y luego desapareciste! Y no solo eso, ¡Fuiste e hiciste exactamente todo lo contrario a lo que debías haber hecho! ¡Huiste, te escapaste de lamaldita situación!
- Eric, por Dios... - mi tono de voz fue casi como un susurro.
Llevé una mano a mi frente e inhalé profundamente una y otra vez, intentando encontrar un poco de calma en... en cualquier cosa. Miré mis pies sucios y descalzos por un segundo, y el sentimiento de que me rompía por dentro parecía ir aumentando con cada segundo que pasaba. Las ganas de vomitar no se iban, sino que aumentaban, y mi cabeza daba tantas vueltas que me sentía a punto de desvanecer en cualquier instante.
Llevé una mano a mi pecho y entonces mis ojos se llenaron de lágrimas, podía escuchar la respiración agitada de Eric a un metro de mí, de reojo vi como abría y cerraba sus puños en un acto que siempre tenía en situaciones donde quería mantener la calma y la concentración.
- Tú eres el que no lo entiende - lo miré y lo señalé un segundo, sus mirada se tornó confundida, y yo sentía mis mejillas mojadas -. Tú no entiendes la situación. Y el hecho de que no te hayas parado a pensar en ningún maldito momento como me siento yo con todo esto me rompe el corazón - se me quebró la voz, me miró triste -. Me estás rompiendo el corazón, Eric. De nuevo. - mi tono fue irónico y solté un bufido, casi rendida. Dio un paso hacia mí, yo me quedé estática.
- Val, el problema es que...
- El problema es que contigo jamás nada es suficiente - lo interrumpí, mirándolo a los ojos, lo noté paralizarse -. Entiendo que puedas enojarte porque no te llamé, ni te hice saber dónde estaba, o si estaba bien, pero... ¿Decirme que te engañé? - negué con la cabeza, con las lágrimas aún cayendo de mis ojos -. ¿Es esa la idea que tienes de mí después de todo este tiempo? Después de todo lo que vivimos juntos, de la vida que formamos, después de que te he demostrado una y otra vez lo mucho que te amo, ¿En serio piensas que podría hacerte eso?
Noté en su rostro que mis palabras lo habían hecho entrar en razón, lo vi arrepentido, dolido, por verme en aquel estado, por verme llorar, ya que usualmente muy pocas cosas me hacían llorar frente a él. Aquella era una de las primeras veces luego de mucho tiempo, en donde la que necesitaba contención era yo, y no él. Notar que estaba intentando desesperadamente encontrar una forma de consolarme en aquel momento, me hizo saber que hacía mucho tiempo Eric no me veía de aquella forma: un poco rota e indefensa.
Estiró la mano para colocarla sobre mi rostro, pero me aparté antes de que hiciéramos contacto. Noté la desesperación y la decepción mezclada con tristeza en su mirada cuando dejó caer su brazo al costado de su cuerpo.
- Nena... - casi lloró, casi imploró. Me reí un poco por lo bajo ante aquel apodo, al que lo sentí muy ajeno en ese momento.
- Lo siento por haber desaparecido así luego de lo que dije en la cena - lo miré, cansada, él frunció el ceño -. Lamento no haberte avisado que estaba bien.
- No tienes que disculparte - se acercó otro paso -. En realidad soy yo quien debería...
- Sí, pero no lo hiciste. Lo hice yo primero. Como de costumbre, contigo siempre termino cediendo- encogí mis hombros.
- No quiero seguir peleando, Val. - su tono era cansado.
- No estoy peleando, Eric. Estoy hablando con la maldita verdad. Lo que tú quieras creer ya no puedo controlarlo.
- Sé que la cagué con desconfiar de ti, pero tienes que entender que...
- ¿Entender? - lo interrumí, mirándolo sin poder creer lo que me estaba diciendo -. ¿Entender qué? Dímelo porque de verdad que estoy esperando por alguna aportación coherente. Porque de verd... - me detuve a mitad de la oración cuando mi estómago no soportó más.
Tapé mi boca con una mano y corrí hacia el baño de la habitación con la rapidez de un puma. Mis rodillas me dolieron cuando me tiré junto al escusado para expulsar todo el alcohol que quedaba en mí sistema.
No menos de un minuto después Eric entró en silencio al baño. Se acercó al lavamanos y mojó una toalla que estaba dentro de un cajón. Yo seguía tirada en el piso cerca del retrete, con mi garganta ardiendo como los mil demonios. Él se acuclilló a mi lado y lo dejé apartar mi cabello y sostenerlo, mientras que con la toalla húmeda me mojaba suavemente la frente y la nuca.
La verdad es que no tenía fuerzas para alejarme de él, o para hablar y decirle que me dejara sola, que era lo que en realidad necesitaba. Pero poco a poco empecé a ceder, y luego de unos cuantos minutos donde él me acariciaba la espalda, de arriba abajo, de forma reconfortante, le dediqué una pequeña sonrisa con mis labios apretados. Él simplemente me miró, de forma seria, pero no enojado, ni triste, y me ofreció el mismo gesto.
Respiré profundamente y me enderecé en mi lugar. Eric se apartó un poco cuando bajé la tapa del retrete y presioné el botón del escusado. Cada parte de mi cuerpo dolía, y no sentía que podía ponerme de pie, pero tampoco quería pedirle que me ayudara a hacerlo, así que simplemente me recosté contra la pared, y nos quedamos frente a frente, de nuevo. Pero esta vez, ambos en completo silencio.
- Lo siento mucho. - dijo luego de unos minutos, con la cabeza gacha.
- Está bien. - fue todo lo que pude responder.
- Fui un idiota, un inmaduro, un imbécil, un maldito hijo de puta por haber reaccionado así - me miró, las ojeras debajo de sus ojos lo hacían ver unos años más grande -. Debí haberte preguntado cómo estabas, debí haberte consolado y estado ahí para ti en vez de simplemente... tirarte mierda sin dejar explicarte.
- ¿Por qué dudaste de mí? - pregunté, nuevamente, porque aún no lograba entenderlo, no podía hacerlo entrar en mi cabeza.
Eric bufó y se sentó con las piernas estiradas en el piso del baño, recostando la mitad de su cuerpo contra la pared y apoyando su cabeza allí, mirando a un punto fijo en los azulejos.
- No fue duda, fue... - respiró profundo, como intentando encontrar las palabras exactas - miedo. Sentí miedo - lo miré confundida -. Volver a verte con Adam después de tantos años me hizo volver al pasado por un maldito instante y fue... fue esa desesperación que sentí aquella vez que me enteré que se acostaron lo que me asustó tanto. Porque en aquel entonces no dudé ni un segundo de que no podías haberlo hecho, y luego... luego resultó ser cierto. Entonces, cuando los vi juntos de nuevo...
- Te entiendo - lo interrumpí, y logré que me mirara, un poco esperanzado -. Aunque me gustaría romperte la nariz por haber si quiera pensado en eso, te entiendo.
- De verdad lo siento mucho. - su voz se quebró un poco. Sonreí sin energías.
- Lo sé - intenté ponerme de pie e inmediatamente, de un salto, él ya estaba parando, tomándome de los brazos para ayudar a estabilizarme -. Yo también la cagué esta noche.
- Dejaste a todos muy confundidos y preocupados - su mirada estaba fija en sus dedos, que me acariciaban la mejilla suavemente de arriba abajo -. Lo manejé lo mejor que pude. - me sonrió algo triste.
- Tendré que lidiar con ellos luego - cerré los ojos y recosté mi frente en su hombro, extremadamente cansada -. Me agobia el hecho de pensar en responder todos su cuestionario.
- En algún momento lo iban a saber.
- No sabré como decirles acerca de lo de Carrick y...
- No digas su nombre - lo sentí tensarse completamente, lo miré preocupada -. Ese hombre ya no tiene nada que ver con nosotros, ni con nuestras vidas. No puedes decirle a las chicas, ni a tu hermano, a nadie, sobre él.
Lucía realmente preocupado y nervioso al respecto. Entendí cuáles eran sus razones para reaccionar de aquella forma. Carrick había sido una etapa muy difícil de superar para Eric, y para mi también, así que estaba de acuerdo con él en aquel aspecto. No mencionarlo, no volver a traer ese fantasma a nuestras vidas, o a la de nuestros seres queridos, iba a ser lo mejor para ambos, y estaba segura de que también iba a ser lo mejor para todos.
Suspiré y pase la palma de mi mano suavemente por su rostro, en un intento por relajarlo aunque sea un poco.
- Algo se me ocurrirá para decirles - mi respuesta lo calmó visiblemente. Suspiró con tranquilidad y rodeó mi cintura con sus brazos, dejando caer su cabeza en mi hombro -. No tendremos que lidiar con ese hombre nunca más, ¿está bien? no te preocupes.
- Lo sé. Lo sé. - contestó en lo que fue casi como un susurro.
Estuvimos en aquella posición por unos segundos más y luego entramos a la habitación. Me dejé caer en la cama como una bolsa de papas y ni siquiera me preocupé por cambiarme el vestido. Eric tampoco se quitó el traje cuando se recostó a mi lado y me abrazó con fuerza.
Sentí la punta de su nariz recorrer mi hombro de forma distraída, y me iba dejando uno que otro beso, logrando que me relajara y que poco a poco me fuera quedando profundamente dormida.
- ¿Val? - creí escucharlo decir, pero todo ya estaba verdaderamente borroso. Emití un sonido con mi boca para hacerle saber que lo había escuchado. Apretó su brazo alrededor de mi cintura -. Lo siento - intenté abrir los ojos, pero el sueño me ganaba -. Te amo.
- Te amo. - le respondí, en balbuceos.
- ¿Me prometes que siempre estaremos juntos?
Puse todas mis fuerzas para abrir mi boca y responderle, pero me fue imposible.
Caí profundamente dormida antes de poder contestarle.