Escucho como Eric quita la traba automática del auto e inmediatamente me subo en el asiento delantero de su camioneta. Lo observo por el parabrisas mientras él le entrega la llave de mi auto a los demás, rascándose la cabeza y explicándoles que tendrían que arreglárselas para regresar todos juntos en el mismo auto.
Llevo una mano a mi frente mientras observo como mi hermano se sube al asiento del conductor y Eric camina en dirección hacia la camioneta. Respiro profundamente e intento canalizar toda la ira que siento dentro en apretar con fuerza mis puños. Haber visto a Mikaela no había ayudado para nada a los acontecimientos de la noche.
La hubiera encarado, sinceramente, lo hubiera hecho. No sé exactamente qué le hubiera dicho pero deseaba al menos haberlo intentado. Ni siquiera tuve tiempo de pensar en nada porque Eric me tomó por el brazo rápidamente y nos dirigió hacia el resto del grupo para avisarles que ya nos íbamos.
Lo único que verdaderamente me pasaba por la cabeza, era el hecho de que estaba más que segura que, si Mikaela estaba aquí, seguramente Carrick también. Y no había nada que me asustara y jodiera más que eso.
Aunque una parte de mí quería creer simplemente que ella estaba en Nueva York por Adam, que se habían reconciliado o algo así. Sinceramente esperaba eso.
Eric abre la puerta, se sienta, se coloca el cinturón y arranca el motor en completo silencio. Al salir del aparcamiento privado del club, los flashes de las cámaras me dejan ciega por un segundo, frunzo el ceño y miro hacia bajo, tapando mi rostro con mi cabello suelto.
Ninguno dice nada, ni se emite un solo sonido en la mitad del trayecto. El tráfico estaba lento, y aunque los bocinazos no ayudaban con mi dolor de cabeza, de alguna forma sentía que me ayudaba relajarme estar allí, con las ventanas de la camioneta arriba, y un poco trabados en el tráfico.
Eric suelta un suspiro pesado y lleno de cansancio mientras estira una de sus manos y acaricia mi pierna con ella.
- ¿Cómo te sientes? - me pregunta, sinceramente preocupado. Lo miro y encojo mis hombros. Él chasquea la lengua y su mano pasa de estar en mi pierna a colocarse en mi mejilla y acariciarla.
- Sobrecargada - ladeo la cabeza -. La noche empezó increíblemente bien. No puedo creer que haya terminado de esta forma.
- No te preocupes. Te prometo que esto ha sido solo una mala coincidencia. No tendrás que volver a pasar por eso nunca más, nena. Te lo prometo.
Sus ojos fijos en los míos me hacían sentir extremadamente segura a su lado, pero sabía que esa promesa de mucho no valía. Eric no era capaz de controlar todo.
- No prometas cosas que no puedes cumplir - le pido y el frunce el ceño -. No sabes que puede llegar a pasar dentro de unos meses, o mañana, o cuando sea. Hay cosas que no puedes controlar.
- Pero si te puedo proteger - me aprieta la mano -. De todo. Siempre - siento unas inmensas ganas de llorar -. Como te lo prometí hace años.
Una sensación indescriptible me llena el pecho de lo que se sienten como cosquillas que causan un poco de dolor, un poco de presión. Intento tragar saliva, mirándolo a los ojos fijamente, pero mi garganta se cierra y mis ojos se llenan de lágrimas. Como un acto involuntario recuesto mi rostro cuando su mano se posiciona en mi mejilla, y cuando beso su palma caliente lo siento sonreír por lo bajo a pesar de que tengo los ojos cerrados.
Cierta desesperación inunda mis pensamientos. Como si estuviera a punto de tener un ataque de ansiedad.
- Te amo - se lo confieso por milésima vez con la voz cortada, me sonríe sin mostrar sus dientes -. Demasiado. - hasta yo escucho mi tono de preocupación.
- Lo dices como si fuera algo malo. - suelta una pequeña risita mirándome confundido.
- Lo es.
Y antes de que pueda pensarlo dos veces, simplemente esas palabras salen de mi boca sin previo aviso.
Eric me mira confundido, dolido y un tanto ofendido. Aparta su mano de la mía y se recuesta por la puerta, colocando su brazo en ella y apoyando su cabeza en su mano un segundo, mientras me mira sin saber que decir por unos segundos.
- ¿Por qué dirías eso?
- Porque... - intento encontrar las palabras adecuadas para no herirlo -. Te amo tanto que duele, Eric. Así de mucho, así de intenso es lo que siento por ti. Y me asusta.
- ¿Qué cosa?
- Sentir esta desesperación dentro de mí - llevo una mano a mi pecho -. Como si... como si sintiera que no puedo vivir sin ti.
- ¿Y ese no es a caso el sentido del amor? - me observa con una cara de póquer impresionante -. Sentir que estar lejos de la persona que amas es imposible, insoportablemente doloroso, ¿No es ese el punto?
- Claro que no.
- Pues yo me siento así con respecto a ti - sentencia, mirándome fijamente -. No puedo ni siquiera pensar en tener una vida donde tú no estés en ella.
- Pues eso está mal. - y me enderezo en el asiento, sabiendo que una pequeña discusión se asoma. Suelta un bufido.
- ¿Está mal pensar en que te amo tanto que quiero pasar toda mi vida contigo? - me pregunta en tono incrédulo.
- Está mal sentir que lo que le da sentido a tu vida soy yo.
- Y lo eres.
- No, Eric - suspiro, pasando una mano por mi frente -. No debería ser así.
- ¿Y cómo se supone que es entonces? - me mira ofendido, y agradezco que el tráfico no haya avanzado ni un milimetro -, porque esa es la forma en que te amo. No me disculparé por eso.
- Tu vida no debe basarse en mí, Eric. No en absoluto - suspiro -. El amor es saber que puedes vivir sin el otro, pero simplemente no querer hacerlo, nunca, y luchar para permanecer juntos. Porque si sientes que no puedes vivir sin mí, ¿qué pasaría si tengo un accidente?, ¿si muero antes que tú cuando seamos viejos? ¿o si nos separamos? - me mira fijamente por unos segundos -. ¿Eh? ¿Qué harías entonces?
No me responde, pero sé perfectamente las ideas que están pasando por su cabeza en ese momento. Sé perfectamente lo que está pensando, y eso solamente logra preocuparme más. Jamás me había sentido así con respecto a nada en mi vida, no como me siento cuando pienso en la posibilidad de que podría perderlo. Y eso es terrorífico, pensar que después de él, o sin él, no hay nada más, cuando en realidad siempre hay más.
Y solo pensar en la posibilidad de que no estaremos juntos para siempre me desgarra el alma de formas que no soy capaz de explicar en palabras. Sé que estar sin él me destruiría por completo, pero lo que no sé es si podría salir de eso alguna vez.
- Quiero que sepas vivir sin mí, que puedas hacerlo - me vuelve a mirar, con los ojos algo llorosos -. Lo que no quiero es que sientas que tu vida depende de mí. Eso me asusta como la puta madre.
- ¿Estás tratando de decirme algo con todo esto, o...?
Entonces me giro completamente hacia él, y con solo una mirada sé que en su cabeza todas las palabras que acabo de decirle significan solo una cosa: que me iré, que quiero dejarlo. Siente que estoy haciendo todo eso para prepararlo. Pero en realidad, creo que lo estoy haciendo para prepararme a mí.
- No me iré a ningún lado, ¿okey? - observo como traga saliva, preocupado. Me inclino hacia él y tomo su hermoso rostro entre mis manos -. Me quedaré a tu lado, siempre. No me rendiré contigo, al menos que me des una razón para hacerlo. Me quedaré contigo, te lo prometo.
- ¿Lo juras? - su voz preocupada y rota me rompe el corazón.
- Sí - asiento al mismo tiempo que lo digo -. Me quedaré contigo, y nos casaremos, y tendremos hijos y todas esas cosas que sueñas para nosotros. Te lo juro.
El corazón extrañamente me pesó en el pecho cuando terminé de decir todas esas palabras.
Eric suspiró aliviado y me tomó del rostro también, para luego unir nuestros labios.
Nos besamos unos minutos, hasta que el tráfico por fin cedió y empezamos a avanzar en la avenida.
Me acomodo en mi lugar y me coloco el cinturón. Observo de reojo que no puede dejar de sonreír de oreja a oreja, mientras mira hacia el frente fijamente.
- ¿Qué? - pregunto, en tono prevavido.
- Acabas de afirmarlo - lo miro confundida y me mira un segundo igual de sonriente -. Acabas de afirmar que vamos a casarnos.
Ah, ya veo...
No puedo evitar sonreír con él, mientras me llevo una mano a mi cabeza y rasco mi nuca.
- Supongo que sí - encojo mis hombros y su sonrisa me hace sentir feliz -. Si eso te hace feliz.
- Si eso te hace feliz - remarca y entonces me mira seriamente -. Si no quieres hacerlo...
- No es que no quiera - revoleo los ojos -. Simplemente creo que es un título innecesario entre nosotros. Casarnos es simplemente firmar unos papeles y caminar en un altar, pero además de eso, nada cambiará en nuestras vidas.
- No te mentiré: yo quiero hacerlo - lo miro falsamente sorprendida -. Solo digo que si tienes tantas dudas, pues...
- No son dudas, para nada - y en este instante siento que es verdad lo que digo -. Lo haremos, y punto final.
- No sabes qué feliz me hace escuchar decirte eso.
- Lo sé, lo sé.
- ¿Le has dicho a las chicas ya?
- No - contesto -. Primero quiero decírselo a mi padre y a Matt. Supongo que lo haré antes de la cena de Navidad, quizás ese día podamos decírselo a los demás.
- Yo ya le he comentado algo a Zach - lo miro con ojos como platos -. ¿Qué querías que hiciera? ¡Es mi hermano mayor! Creí que podía tener algún consejo útil.
- ¿Y lo tuvo?
- Ni uno solo - bufa -. Pero le dije que cerrara la boca, y si Lenn no ha saltado encima tuyo para pedirte una explicación al respecto, es porque no lo ha hecho.
- Mejor, porque me mataría si él se enterara primero.
- No lo dudo. Tus amigas están locas.
Sí, y gracias a Dios que lo están.
Luego de llegar a casa, nos duchamos juntos y nos fuimos a la cama una hora después. Nos quedamos despiertos hablando acerca de cómo empezaríamos a organizar la boda, él dice que deberíamos contratar a una organizadora de bodas profesional, en cambio yo le digo que sería dinero desperdiciado porque yo contaba con la ayuda de Lenn y Less, quienes al momento de organizar cualquier tipo de evento, son extremadamente perfeccionististas, al igual que yo.
Conversamos acerca de la fecha. Eric quiere que sea lo más pronto posible, así que, dijo que su plazo de espera sería de cinco a seis meses. No me negué porque si organizábamos una boda en poco tiempo, era más probable que terminara siendo algo pequeño, sin demasiada gente, y eso era exactamente lo que yo quería, a diferencia de él, que estaba planeando invitar incluso a todos los amigos de sus amigos.
Por mi, si la ceremonia se quedaba entre él y yo, y las personas más importantes para nosotros, era suficiente. Pero Eric tenía la necesidad de hacerlo todo a lo grande, y gastar miles de dólares en cada detalle. Obviamente yo no se lo iba a permitir.
A la mañana siguiente llamé a mi padre, ya que a tan solo días de Navidad, tendría que confirmar si vendría para celebrar con nosotros o no. Me puse muy contenta cuando me dijo que sí asistiría, y al segundo me puse demasiado nerviosa por el hecho de que debería decirle de una forma u otra acerca del casamiento.
Definitivamente esa semana pasaría volando. No podía esperar a decírselos a todos, pero debo admitir que cierta parte de mí, muy en el fondo, estaba asustada. Y no puedo decir si de la buena manera.
[ . . . ] 1 SEMANA DESPUÉS
Las fiestas especiales en sí tenían su aroma distintivo. Navidad olía siempre a las galletas que cocinaba mi madre cuando éramos pequeños, una receta que aprendí recién hace un año atrás, pues la cocina nunca se me dio bien. Año nuevo olía a pavo y a mucho champagne. Hallowen a caramelos y paletas. San Valentín a bombones y rosas. El cuatro de julio a carbón. Y así podría seguir enumerando todos los olores específicos que me recordaban a fechas específicas.
Esa Navidad era un poco más especial que las otras. Estaba a solo media hora de recibir a mi padre en el apartamento que comparto con Eric, para informarle acerca de nuestro compromiso. Para decírselo a él y a Matthew, quien por suerte había accedido a venir una hora antes él solo, sin Less, para poder hablar de algo "importante".
Todos vendrían a recibir Navidad con nosotros. La mesa en el comedor estaba puesta para nueve personas. La comida ya estaba lista, y entrar a la cocina era babear de solo sentir el aroma de la carne, las ensaladas, el postre, etcétera.
El vestido que llevo puesto es de color dorado, cuya falda llega hasta por encima de mis rodillas, con escote en V, bastante abierto. Pero como no tenía nada muy prominente que mostrar, no molestaba para nada.
Eric estaba fantástico, con un pantalón de vestir color azul marino y una camisa blanca y sus zapatillas blancas favoritas. Obviamente, Eric no era exactamente un hombre que usara zapatos formales. Los detestaba.
Me siento en el sofá y coloco mis manos sobre mis piernas, y recién entonces me doy cuenta que estoy temblando como loca. Respiro profundamente para intentar calmarme y entonces mis ojos se posan sobre el anillo en mi dedo. Mi jodido anillo de compromiso.
- ¿Estás bien? - dice Eric mientras se sienta a mi lado y pasa su brazo por mis hombros -. Estás temblando, nena. - dice, en medio de una risa y apretándome contra sí.
- ¿Y cómo quieres que no lo esté? - respiro profundo nuevamente -. Mi papá y mi hermano están a punto de llegar y les diremos que nos casaremos - lo miro -, que nos casaremos, Eric - repito, lentamente, haciéndolo reír de oreja a oreja -. ¿Si sabes que hay solo dos escenarios para esto, no?
- Conociendo a tu padre - ladea la cabeza -: o se emociona y empieza a llorar, o probablemente intente romperme el cuello.
- Exacto - paso una mano por mi frente, bastante sudorosa -. Si se puso como loco cuando se enteró que nos mudaríamos juntos, ay... no quiero ni imaginar qué dirá ahora.
- Tengo un chaleco antibalas en el armario, ¿debería ponérmelo?
Logra hacerme sonreír con su mal chiste, pero entonces el timbre retumba en mis oídos y mi corazón se detiene dentro de mi pecho. Unas enormes ganas de llorar me invaden y quiero salir corriendo y esconderme debajo de la cama, pero no lo hago, obviamente.
Eric me acompaña hacia la puerta y la abre, entonces, cuando veo a mi papá de nuevo, luego de tanto tiempo de solo haber visto su rostro por skype, no dudo ni un segundo en saltar encima suyo y rodearlo con mis brazos en un fuerte abrazo.
- ¡Te extrañé tanto, pa! - digo contra su pecho.
- Ay, Val... te extrañé muchísimo, mi niña.
Escuchar su voz decir mi nombre y oler su perfume de siempre me llena los ojos de lágrimas. Lo había extrañado más de lo que imaginé.
- Bueno, a mi ni siquiera me abrazó tanto. - bromea Matthew luego de unos segundos. Nos reímos y me separo de mi papá, tomándolo por el brazo.
Eric extiende la mano hacia él y le sonríe de oreja a oreja. Me siento aliviada cuando mi papá parece sumamente feliz y relajado y le devuelve el gesto, acercándose a él un segundo y abrazándolo un instante.
- Arthur, ¿Cómo estuvo el vuelo? - le pregunta Eric mientras todos caminamos hacia la sala de estar.
- Oh, un desastre muy divertido... Las señoras preocupadas por no llegar a tiempo a las cenas familiares. De hecho me senté junto a una y fue graciosísimo.
Mi padre se sienta en uno de los sillones frente al sofá, y Matt ocupa el lugar junto a él, mientras que Eric y yo nos sentamos en frente, y al hacerlo inmediatamente nos tomamos de la mano.
- ¿Ustedes como han estado? - pregunta papá -. Estás hermosísima, cariño. Y, Eric, vi tú última pelea por la televisión con todos mis amigos.
Eric sonríe de oreja a oreja al escucharlo decir eso.
- Sí, se la pasa presumiendo a su yerno con todo el mundo - dice Matt, revoleando los ojos y haciéndonos reír -. Hasta habla de ti como si fueras su hijo.
- Gracias por eso. - le dice Eric, mirándolo con admiración. Sé que ama a mi padre tanto como yo, siempre me dijo que él era el claro ejemplo de hombre que alguna vez quería llegar a ser, y dada la terrible relación entre Eric y su padre, entendía el porqué.
- Todo ha estado espectacular - digo yo -. En la Universidad me ha ido bien, pero eso ya te lo digo siempre - río algo nerviosa, sintiendo mariposas en mi estómago, en mi garganta, en todo mi cuerpo -. Pero, tengo algo que decirles.
- Tenemos - me corrige Eric, sonriéndome - algo que decirles.
Mi padre entrecierra los ojos y se recuesta por el respaldo del sillón, mientras que Matthew nos mira curioso.
- Ya dije yo que si nos citaron una hora antes era por algo.
- ¿No es nada malo, verdad? - pregunta papá pasando una mano por su boca. Inmediatamente niego con la cabeza.
- No, pa, nada de eso - trago saliva -. Con Eric...
- No me digas que seré abuelo. - interrumpe, abriendo sus ojos como platos y enderezándose en su lugar.
- ¿Seré tío? - agrega Matt en un pequeño grito, con los ojos bien abiertos de par en par.
Casi me atraganto con mi saliva.
- ¡No, por favor, no! Nada de eso. - me apresuro a contestarles.
Y entonces sus expresiones se relajan completamente. Papá suspira profundamente y afloja el nudo de su corbata, mientras que Matt me mira fijamente por unos segundos, con ojos curiosos, como inspeccionándome. Sabía que estaba intentando leerme el pensamiento o algo así, porque incluso después de tantos años de ser mellizos seguía creyendo en esa posibilidad de poder meterse dentro de la cabeza del otro facilmente.
- Al menos por ahora, ningún bebé formará parte de la familia - dice Eric, y entonces me mira con los ojos completamente brillosos, y sé que debo dejarle hablar -. Arthur, nos conocemos hace más de ocho años - dice, dirigiéndose a mi padre, quien lo observa fijamente, con cara de póquer, en silencio sepulcral -, la primera mitad de ese tiempo he sido uno de los mejores amigos de Matt - mi hermano sonríe, algo conmovido debo decir -, y la otra mitad la he pasado amando a su hija. Aunque las cosas no siempre han sido fáciles...
- Para nada fáciles. - mi papá agrega, interrumpiendo a Eric unos segundos, pero él se recompone fácilemente.
- Así es - dice enderezándose y apretando su agarre en mi mano -. Pero la amo con todo lo que soy, y no puedo imaginar una vida sin ella a mi lado. Ustedes se han convertido en la familia que siempre quise tener - aclara su garganta -. Y es por eso que... bueno, hace unas semanas le he pedido a Val que sea mi esposa.
Aunque seguramente ya se lo veían venir, sus expresiones como si de verdad no hubieran tenido idea fueron increíbles. Yo estaba a un segundo más de empezar a llorar como María Magdalena.
La sonrisa de oreja a oreja de Matt me derritió el corazón, cambiaba sus ojos de Eric hacia mi una y otra vez, completamente contento con la noticia. Papá sonrió un segundo, aunque sea, pero luego de eso, simplemente se quedó en silencio, mirándonos fijamente.
Mi corazón estaba ahora en mi garganta, y admiraba la forma en la que Eric no se inmutaba por nada. Él estaba relajado, feliz, sonriente de oreja a oreja, simplemente esperando a que mi padre dijera algo.
- Con que... Casarse. - fue lo primero que dijo, aclarando su garganta antes.
- Así es, pa... - contesto, sonriéndole, y entonces sus ojos se conectan con los míos.
- Y yo que no apostaba ni un mes a ustedes dos viviendo juntos - bromea, y entonces, toda la tensión que había en el aire desaparece instantáneamente. Todos nos reímos -. De verdad, chicos - se inclina hacia adelante, estirando sus brazos y ofreciéndonos sus manos, Eric y yo las tomamos -, estoy muy feliz por ambos. Su felicidad es todo lo que importa.
- Gracias, Arthur.
- Gracias, pa...
- Aunque si son muy jóvenes aún - dice Matthew mientras me pongo de pie para abrazar a mi papá, revoleo los ojos -. ¡Es la verdad! Veintitrés es muy joven para casarse.
- Bueno, yo me casé con tu madre cuando teníamos dieciocho.
- Si, pero eso fue en otro siglo.
- Solo abraza a tu cuñado, maldita sea.
Papá se aparta para que Matt abrace a Eric y ambos palmean sus hombros con mucha fuerza, riéndose. Miro a mi padre y entonces él toma mi rostro entre sus manos. Miro a sus ojos azules y siento que mi corazón da un vuelco. Se inclina y besa mi frente, acariciando la piel de mis hombros de forma fraternal. Entonces me abraza, y dada la diferencia de altura, loco colocar mi cabeza en su pecho y escuchar los relajados latidos de su corazón.
- Mi niña... - me besa la cabeza y yo sollozo un poco -. Tu madre estaría tan contenta y orgullosa de ti.
Y con esa simple frase mi corazón se acelera un poco más y no puedo contener mis lágrimas ni un segundo más.
- Me encantaría que estuviera aquí en este momento. - digo, con la voz rota.
- Ella está contigo siempre, cariño - y siento como respira profundamente -. Jamás ha dejado de estar a tu lado.
Llorar en el pecho de papá era una de las cosas más reconfortantes del universo.
Ahora ya era oficial, ya le había dicho a mi padre, y solo quedaban minutos para que mis amigos cruzaran la puerta del apartamento y decírselos también.
De reojo miré a Eric, y como la sonrisa de oreja a oreja, de niño travieso, de felicidad plena, no desaparecía de su rostro. Amaba a ese hombre con cada partecita de mi existencia, a pesar de los errores, de los problemas, a pesar de todo. Yo sabía que mi corazón era suyo en la inmensidad de la palabra y del sentimiento. E íbamos a casarnos, lo cual me resultaba incluso increíble de creer a pesar de estar ya en ese punto de la relación, incluso después de tantos años a su lado.
No mentiré, el miedo sigue allí, un poco opacado por toda la felicidad del momento, pero sigue ahí. El miedo a no sé qué específicamente. Quizás el miedo a que fracase, el miedo a sufrir, a romperle el corazón, a que me rompa el corazón, el miedo de amarlo demasiado, tanto que incluso duela. El miedo de que él me ame de esa manera también.
No quería ser negativa con respecto a nosotros, no en ese momento en particular. Pero Eric era un niño indefenso, que dedica todo su tiempo simplemente con terror a perderme, y haciendo actos que simplemente nos separaron de a poco en el último tiempo.
Porque aún esas situaciones no salían de mi cabeza, había algo dentro de mí que simplemente me impedía pasar página. Pero ahora estaba todo tan perfecto entre nosotros, él estaba siendo genial, como lo fue alguna vez hace ya un tiempo, y yo no podía evitar amarlo y querer protegerlo de todo.
Pero, al final, lo hecho, hecho está. Y yo estaba comprometida con el jodido amor de mi vida. Iba a pasar, íbamos a casarnos después de todo.
Me aterraba, sí. Pero me hacía inmensa e inexplicablemente feliz.