5 | PASADO

8767 Words
Desde mi habitación podía escuchar los gritos provenientes de la sala. Sonreí mirándome al espejo al escuchar una de las carcajadas más graciosas, la cual estaba segura pertenecía a Matthew, mi hermano gemelo. Todos los que faltaban, Lenn, Less, Julie, Zach y Matt habían llegado ese mismo medio día, cuando Gregg, Eric y yo estábamos almorzando. No voy a negar que el reencuentro con mis amigas fue de lo más emotivo, y ninguna pudo evitar derramar una que otra lágrima. En cuanto a Eric, lo veía feliz y pleno; la sonrisa no se borraba de sus labios y sus ojos brillaban contentos al estar junto con todos mis amigos. No podía creer que había pasado un año desde la última vez que los vi a todos. No me perdonaba a mí misma haber dejado pasar tanto tiempo, y además sin haberme dado cuenta. Pero lo cierto era que el tiempo pasaba tan rápido, y había tantas cosas por hacer, tantos compromisos, tantos exámenes y tantas peleas a las que asistir que... simplemente, se me pasó. Los extrañaba, a todos, muchísimo, a mi padre también, pero el tiempo no estaba de mi lado y el día no tenía las suficientes horas. Estaba terminando de arreglarme el cabello cuando noté por el espejo que la puerta de la habitación se abría. Vi a Eric sonreír por el reflejo y lo admiré de arriba abajo, aquel traje de etiqueta le quedaba perfecto y su ojo ya no estaba tan morado como hace unos días, su ceja estaba cicatrizando perfectamente, esperaba que no le quedara ninguna cicatriz. Se acercó a mí y me abrazó por la espalda, inclinándose y apoyando su barbilla en mi hombro. Nos miramos por el reflejo del espejo. - ¿Estás lista? – asentí -. La reserva que hice en el restaurant es a las ocho. – me recordó y sus labios me dieron un pequeño beso en el cuello. - Lo sé. - ¿Sucede algo? – se enderezó y me giré sobre el pequeño asiento acolchonado, lo miré y frunció el ceño -. Porque estás tardando más de lo normal en prepararte y jamás haces eso. – bromeó y rio un poco por lo bajo. - No sucede nada – ladeé la cabeza y encogí mis hombros -. Supongo que estoy algo nerviosa. - Lo puedo notar – me tomó las manos y me puse de pie -, ¿Es por la boda? - No, no es por eso – mentí, a medias -. Quizás es porque... bueno, me pone de los nervios pensar en decírselos a todos. - ¿Tienes miedo de que no lo aprueben? – conocía esa mirada que me lanzó, estaba poniéndome a prueba de algo. A prueba quizás de si de verdad quería hacerlo o no. - Sabes que eso no interesa, pero... - Pero te importa de igual forma – me interrumpió y apartó sus manos de las mías, lo miré cansada -. Está bien. - Eric, sabes que no es así – no me miraba a los ojos -. Tengo el anillo, ¿Verdad? Ya casi pusimos la fecha. Sí quiero hacerlo. - Sientes vergüenza, ¿No es verdad? – me miró entonces, sus ojos lucían heridos. Lo observé confundida, ¿Qué carajo estaba diciendo? -. Lo entiendo. - No es eso... Eric. – lo llamé, pero ya había salido de la habitación sin mirar ni un segundo más atrás. Bufé de frustración y puse los ojos en blanco, al mismo tiempo que cerraba mis manos con fuerza y apretaba mis puños e intentaba no gritar con todas mis fuerzas para sacar la furia que llevaba dentro. Eric Brennett se había convertido en una de las personas más paranoicas e inseguras que hubieran pisado alguna vez el planeta tierra. Yo por mi parte siempre intentaba ayudarlo con ello, al parecer, todo lo que hacía, le daba ese miedo de que no pudiera gustarme a mí y por eso lo dejaría de un día para el otro sin dudar. Y aunque se lo dijese, no entraba en su cabeza que no lo haría, o al menos no por motivos estúpidos. Me miré por última vez en el espejo y alisé el vestido color bordó, que se ajustaba a mi figura, con las palmas de mis manos. Suspiré y envié mi cabello hacia atrás, plantando una sonrisa en mi rostro. Salí de mi habitación y me dirigí a la sala, en donde todos estaban sentados en los sofás y los sillones, riéndose a carcajadas. Vi a Eric, que estaba parado junto a su hermano Zach, riéndose relajadamente y con las manos dentro de los bolsillos de su pantalón. Julie fue la primera en verme entrar y se puso de pie de un salto. - Al fin, Drake, pensé que te habías quedado dormida o algo – bromeó y se acercó a mí, dándome un pequeño abrazo -. Te ves, espectacular, por cierto. - No puedo creer que después de todos estos años al fin hayas desarrollado el buen gusto para vestirte. – bromeó Lenn y me reí falsamente. - Bueno, al menos yo no me quemé mis últimas neuronas tiñéndome el cabello. – Matt y Gregg soltaron una gran carcajada ante el chiste que hice por el nuevo color de cabello de mi amiga, que le quedaba espectacular, aunque aún no me acostumbraba a verla rubia. - De igual forma me queda hermoso. – encogió sus hombros con una pequeña sonrisa divertida en sus labios. - Bueno, ¿Nos vamos? – dijo Matt, poniéndose de pie. Mi hermano cada vez se veía mejor, más maduro, más lindo, y no era solo porque era mi mellizo -. Porque estoy muriéndome de hambre. - No comió nada en todo el día porque dijo "mi cuñado millonario pagará la cena de esta noche, tengo que aprovechar" – comentó Less, poniéndose de pie y riéndose. Eric soltó una carcajada. - Él no pagará nada – se quejó Gregg -. Cada uno pagará lo que escoja comer. - No es un problema. – dijo Eric, tranquilamente. Yo lo miraba, pero él no parecía querer dirigir su mirada hacia mí. - Mi hermanito no me pagará una cena – Zach lo abrazó por los hombros y vi la expresión de Lenn, la cual me hizo reír -. No importa cuantos millones tienes en tu cuenta bancaria. - Más que en la tuya, de seguro. – bromeó Eric y Zach soltó una carcajada. - Bueno, andando. O llegamos tarde y tengo hambre – Julie empezó a caminar hacia la puerta -. ¡No se olviden de sus abrigos! Eso era otra cosa que detestaba acerca de Nueva York: el clima, sobre todo en la época de fiestas, porque eso quería decir tormentas de nieves y calles cerradas, y lo peor era que ni siquiera en las vacaciones podía estar en paz, pues tenía exámenes importantes que se acercaban y reprobar o sacar una nota baja no estaba en mis planes. Tomé mi abrigo y la bufanda de color n***o y salí del apartamento asegurando la puerta. Para la suerte de todos, el ascensor era grande y entramos a la perfección. En el garaje, todas las mujeres nos subimos a mi auto, y todos los hombres fueron en el auto de Eric. Habíamos decidido ir de aquella forma ya que todos estábamos de acuerdo en que necesitábamos tiempo con nuestros amigos. Ya en la calle de camino hacia el restaurante, todas riéndonos de nada en particular muy importante, por primera vez después de mucho tiempo me sentí como en casa. Había dejado esa sensación hacia lo que ahora se veía como muchísimo tiempo, y me había dado cuenta de cuánto la extrañaba recién entonces. Lenn, en el asiento del acompañante retocándose el labial, Julie y Less en el asiento del acompañante riéndose de fotos viejas que habíamos encontrado. Todo se sentía exactamente como siempre fue. Extrañaba mi vieja vida, pero más que nada extrañaba la gente que formaban parte de esa vida. Definitivamente no quería que volviera a pasar un año, o quizás más, para que todos volviéramos a vernos, pero por alguna razón sentía que era eso exactamente lo que pasaría. - Val – me llamó Lenn y la miré, me observaba con el ceño algo fruncido -, ¿Estás bien? - Eso estaba por preguntar- dijo Julie -, desde que saliste se la habitación traes una cara... - ¿Pasó algo con Eric? – preguntó Less enarcando una ceja. Estuve a punto de decírselos, de decirles acerca del matrimonio, de todo lo que había pasado últimamente, que me sentía fatal porque estaba empezando a sentir que esa no era exactamente la vida que quería para mi... estuve a punto de decírselos, de dejarles saber todo, incluso quizás acerca de esos secretos que jamás se los confesé por miedo. Pero simplemente suspiré y solté una risa entre divertida y tensa. - No pasa nada, todo está bien – las miré por un segundo y luego clavé mi vista en la carretera -. Pero hablemos de ustedes, o mejor dicho de ti. – tiré una mirada condescendiente a Lenn y ella elevó las cejas. - ¿De mi? – soltó un bufido -, ¿qué se supone que sucede conmigo? - Todo el ida y vuelta con Zach – dijo en tono obvio Julie -, quiero decir, ya no tenemos 17 años, ¿A qué viene todo lo suyo? - ¿Hay algo que no nos estés diciendo? – Lenn enarcó una ceja y habló con el mismo tono de voz que su mamá empleaba con nosotras cuando nos descubrían en alguna mentira. Lenn suspiró pesadamente y pasó una mano por su cabello de forma algo nerviosa, noté que su cuello sudaba un poco y que la forma en la que apretaba sus manos era una clara señal de que nosotras habíamos pegado en el clavo y que definitivamente había algo que no nos estaba diciendo. - Es lo mismo de siempre... - dijo, con el tono de voz algo desanimado y la cabeza gacha. Noté que seguía estrujándose los dedos algo nerviosa -. No coincidimos en algunas cosas... bueno, difícilmente coincidimos en algo pero... maldita sea – bufó, tirando su cabeza hacia atrás -. Es que el sexo es tan jodidamente bueno – y entonces todas contuvimos la risa, y ella sonrió de oreja a oreja, divertida -. De verdad, ¡No se rían! ¡Ya quisieran tener a alguien que folle como lo hace el maldito Zach Brennett! - Déjame decirte que Matt no anda para nada mal. – soltó Less y Julie carcajeó fuertemente. - Eh, ¿Disculpa? Me gustaría que te guardes los comentarios de la vida s****l que llevas con mi hermano, muchas gracias – me reí a pesar de la situación y decidí aportar mi granito de arena para mantener el ambiente divertido -. Pero déjenme decirles que Eric jamás me decepciona. O al menos no en cuanto a lo que sexo se refiere. - ¡Dios! – exclamó Julie, todas en el auto reíamos como desquiciadas, y se sintió como si me quitaran un gran peso de encima de los hombros finalmente -. Si gustan puedo pasarme horas hablando de Gregg y su gran verg... - ¡Okey, suficiente, suficiente! – la interrumpió Lenn, y todas continuamos riendo. Se sentía casi como volver a la secundaria y hablar por horas y horas de los mismos idiotas con los que estábamos en ese momento. De verdad creo que hay algunas cosas que jamás cambian, y aunque era algo raro e inusual que todas hubiéramos conseguidos nuestros novios en la secundaria, y por coincidencia todos ellos eran amigos, y después de más de cinco años siguiéramos juntos... sí, bueno, creía que ya era algo casi imposible de revertir. - Pero bueno, yendo al punto – dijo Lenn, en cuanto todas pudimos empezar a respirar correctamente, la noté cabizbaja de nuevo, y nos pusimos serias -. La verdad es que no siento que puedo dejarlo por completo... menos ahora. – ese último comentario pareció ser más para ella que para las demás, y aunque lo dijo casi en un susurro, todas logramos oírlo. Fruncí el ceño y la miré seriamente cuando frenamos en el semáforo. Por suerte aún faltaban algunas cuantas manzanas para llegar al restaurant y el tráfico estaba algo lento por la nieve y demás, así que si era algo serio lo que estaba sucediendo, esperaba que pudiera decírnoslo, debido a que no sería fácil encontrar un tiempo en el que estuviéramos todas juntas y además de ello, solas. - ¿Por qué dices eso? – pregunté yo -, ¿Por qué no puedes dejarlo y "menos ahora"?, ¿Eso que significa, Lenn? Todas nos quedamos en silencio mientras ella mantenía la mirada al frente, evitando cruzar su mirada con la nuestra. Continuaba apretándose los dedos con bastante fuerza y su labio inferior parecía temblar. Entendía que estaba buscando las palabras correctas para decirnos lo que de verdad sucedía, pero la intriga y la curiosidad estaban matándome por dentro. De verdad esperaba que nada demasiado malo hubiera pasado con Zach. Lo conocía lo suficiente como para saber que jamás la lastimaría física o psicológicamente, pero era hermano de Eric, así que por alguna razón le daba la duda de que no hubiera roto el corazón de mi amiga como por ejemplo... no sé, como engañándola con otra, o algo por el estilo. Lo veía poco probable, ya que yo fui testigo de la forma en que se enamoró perdidamente de mi amiga, incluso a pesar de que él ya era mucho mayor que nosotras, pero de igual forma, bueno: era un Brennett, así que no dudaría en ponerlo en duda. - Hace unas semanas empecé a sentirme bastante enferma – empezó a explicar Lenn finalmente -, estaba bastante alterada y nerviosa, y entonces empezamos a pelear sin razón aparente, todos los días – suspiró pesadamente y pasó una mano por su frente -. Hasta que me fui de casa y desde entonces no nos veíamos, ni hablábamos y yo me concentraba en la universidad. - Dios, no des tantas vueltas y suéltalo de una vez. – se quejó Julie, quien la miraba nerviosa. Lenn se mordió el labio inferior. - Un día me sentía tan mal que tuve que faltar a algunas clases y entonces mi compañera de estudio me recomendó que fuera a ver un doctor – tragué saliva -. Me hizo algunos estudios y resultó ser que... - su voz se trabó y apretaba sus rodillas con sus dedos fuertemente, seguía sin poder mirarnos a la cara. - ¿Qué sucede, Lenn? Ya suéltalo. - Resulta ser que... bueno – levantó la cabeza -. Que estoy embarazada. El aire dejó de correr en mis pulmones y ninguna de las cuatro dijo una palabra más. Disimuladamente, abrí las ventanas del auto apretando un simple botón y me recosté por mi asiento lentamente, concentrándome en conducir y en llegar seguras a destino. Miré por el retrovisor a las caras de Less y Julie y ambas estaban como yo: recostadas por el asiento y con sus rostros cerca de las ventanas, en donde pudiera darles el aire. Miré de reojo a Lenn e intenté encontrar las palabras exactas para decirle en aquel momento. Lo cierto es que pensé en felicitarla, pero por su cara no supe si sería una buena idea, pensé en decirle que tenía varias opciones si es que resultaba que no quería conservar al bebé. Pensé también en tirar un chiste al azar con respecto a la situación pero me pareció muy fuera de lugar. Así que simplemente esperé a que alguien más me diera el pie para hablar. - ¿No dirán nada o qué mierda? – soltó Lenn entonces, estábamos a poca distancia del restaurant -. Si se quedan en silencio simplemente me ponen más tensa. - Wow... - soltó Less, y eso fue todo por unos segundos. Aclaró su garganta -. Vaya, es... bueno... - volvió a aclarar su garganta, al parecer no sabía qué decir, y la comprendía por ello. Julie continuaba en shock, y entonces supe que debía intervenir. - ¿Y de cuánto estás? - Cuatro semanas. – respondió, mordiendo su labio inferior. - No es tanto – ladeé la cabeza -, ¿y se lo has dicho? – me miró como si fuera la persona más boba sobre el planeta tierra, y así me sentí -. Supongo que eso es un no. - Lamento no decir nada, es que no sé cómo reaccionar – Julie se inclinó hacia adelante, y pasó una mano por su frente -. ¿Deberíamos felicitarte? - No lo sé, supongo que sí. Es algo bueno, ¿No? – encogió sus hombros e inconscientemente llevó ambas manos a su vientre. Fijé mi vista allí un segundo y mi mente se desconectó por un instante. Sentí que mi garganta se cerró y que mi espalda sudaba frío. Habíamos llegado al restaurant y yo seguía en silencio a Eric para entrar en la cochera del lugar. Todo aquello me traía recuerdos que normalmente siempre evitaba revivir. Recuerdos que eran dolorosos y que había trabajado con mi terapeuta por mucho tiempo para saber cómo manejarlos. Perder al que fue mi primer bebé al principio había resultado casi un alivio para mí, porque era muy chica para ser madre y ni siquiera sabía cómo cuidar de mí misma como para cuidar de alguien más, pero después... después vino la parte fea, en la que recordaba que sí había estado feliz cuando me enteré del embarazo, y que había imaginado casi toda una vida con él, o ella. Entendía que mi subconsciente trabaja de una forma en la que el dolor se convirtiera en una excusa para jamás decírselo a nadie, como por ejemplo a mis amigas o a mi hermano o a mi papá, pero no fue sino mucho tiempo después que comprendí que estaba mal guardarme aquel tipo de cosas. - No es algo malo en absoluto, Lenn – dijo Less, sonando como una persona que reconforta a personas como ella en aquella situación -. Creo que deberías decirle. - Pero primero, ¿Sabes que harás con él? – Lenn miró confundida a Julie -. Me refiero a que tienes otras opciones si has considerado no conservarlo. - Claro – dije yo -, recuerda que sigues estudiando y que más adelante vendrá la parte de conseguir trabajo y demás... - Lenn bajó la cabeza -. Sea lo que sea que decidas, estaremos aquí. – le aseguré, mientras aparcaba mi auto en una de las esquinas vacías en el estacionamiento del restaurante. Cuando apagué el motor, ninguna bajó del auto y eso todas lo tomamos como una indirecta de que definitivamente la conversación no había terminado. Me quité el cinturón de seguridad y miré a mi amiga, quien parecía pensar rápidamente sobre qué hacer en aquel momento. - Ya tuve tiempo para pensar – sentenció ella -. Y voy a tenerlo, o tenerla – tragó saliva -. Estaba planeando en decírselo a Zach esta noche. - ¡¿Esta noche?! – nos alarmamos todas y ella asintió frenéticamente, luciendo bastante decidida -. Te refieres a decírselo frente a todos, ¿En la cena? - ¿Y por qué no? – encogió sus hombros y sonrió por un segundo -, ya saben que me gusta hacerlo todo a lo grande. Y además quiero tirar la bomba y que se caiga encima de todos al mismo tiempo, sería cansador decirles uno por uno. - Nosotras siempre nos podemos encargar de decírselo a los chicos, si quieres – ofrecí yo -. A Eric no le molestará enterarse de otra forma. - Prefiero hacerlo de esta forma – se enderezó en su asiento -. Además, ciertamente las cosas no están bien entre Zach y yo, y no tengo ganas de pedirle que nos reunamos para entonces decírselo. Sé que terminará en otra pelea y uf... ya de solo pensarlo me dan ganas de pegarme la cabeza contra una pared. - ¿Pero de verdad crees que sea apropiado que él se entere junto con los demás? ¿No deberías darle un poco de prioridad? – Julie agudizó la voz un poco al final de su última oración, y noté que aquello ya estaba exasperando a Lenn, quien revoleó los ojos. - Si se entera junto a todos los demás no tendrá tiempo de pensar en una reacción, o en palabras exactas, o no me dará otro discurso para que arreglemos las cosas – bufó -. Si lo hago de esta forma me estaré librando de algo que quiero evitar. - Bueno, convengamos que la charla con él sucederá tarde o temprano. – le recordé. - Que sea tarde entonces. – sentenció ella y abrió la puerta del auto -. ¿Vamos? – nos preguntó, seguido, cerró de un portazo. Julie, Lenn y yo nos miramos bastante confundidas y conmocionadas por todo lo que estaba sucediendo. Y entre las tres dijimos: - Está en negación. Y luego bajamos del auto. Lenn caminaba frente a nosotras luciendo un hermoso vestido color blanco que enmarcaba su figura a la perfección. No entendía cómo podía estar usando tacones de ese tamaño estando... bueno, en su condición. Había oído que a las embarazadas se les suelen inflamar los pies, o los tobillos, o algo por el estilo, así que me sorprendía que ella estuviera tan natural al respecto. Casi ni se le notaba, a decir verdad, aunque creo que era demasiado pronto para que eso sucediera, y además ella era una persona delgada y alta, así que no tendría una de esas súper panzas de mujer embarazada que solía ver en la televisión o por la calle. Vaya... una de mis amigas estaba por ser madre. Es decir, aquello de verdad estaba sucediendo, todo junto. Eran demasiadas cosas con las que lidiar, demasiadas cosas que procesar en una noche. Me sentí mal por no decirles acerca de la noticia del casamiento, pero eso no parecía interesar tanto como lo que estaba sucediendo con Lenn. Y a pesar de que mi consciencia me torturaba constantemente diciéndome que era una mentirosa, y una mala amiga, por mantener cosas muy importantes en mi vida fuera del conocimiento de mis mejores amigas, yo luchaba con todas mis fuerzas por apartar mi cabeza de ese lugar. No quería recordarlo, en absoluto. Porque para todas, el embarazo de Lenn era el primero de nosotras, en nuestro grupo. Pero la única que sabía exactamente que aquello era mentira, era yo, y había mantenido esa gran mentira por muchos años, tantos que hasta casi sentía que empezaba a ahogarme. Desde lejos pudimos divisar a los chicos esperándonos en la puerta del restaurant. Reían y conversaban entre ellos, completamente normal, y tuve ese presentimiento de que no pasaríamos así toda la velada. - ¡Al fin! – exclamó Gregg cuando llegamos a su lado y tomó a Julie de la cintura -, ¿Dónde estaban que tardaron tanto? - Nos distrajimos hablando en el auto. – respondí yo y Eric se puso de pie a mi lado, sin mirarme. - Deberíamos entrar, se me está congelando el culo aquí afuera. – dijo Zach, abrazándose a sí mismo. - Cuanta clase. – comentó de forma sarcástica Lenn, revoleando los ojos. Nos miramos entre todas, sintiéndonos cómplices, y a decir verdad en parte lo éramos. Less aclaró su garganta y Eric se abrochó los botones del saco antes de caminar hacia la puerta y entrar, pasando a mi lado sin siquiera mirarme un segundo. Esa vez, la que revoleó los ojos fui yo. Zach se acercó a mí, los últimos que entramos fuimos nosotros. - ¿Todo bien con mi hermanito? – me preguntó en voz baja, inclinándose hacia mí. - ¿Por qué? ¿Te comentó algo? - No, exactamente por eso – lo miré confundida -. Se pasó el viaje desde el edificio hasta aquí bastante callado, ¿qué le hiciste ahora? - ¡Ja! – Me reí de forma sarcástica, aunque sabía que la pregunta iba de broma -, ¿por qué se supone que yo hice algo? - Simple: porque si hubiera sido su culpa estaría arrastrándose detrás de ti pidiendo perdón. – me contestó, dedicándome una sonrisa angelical. Miré a sus ojos azules y revoleé los mios, causando su risa. La verdad era que me sentía algo mal por Zach, porque si Lenn hacía lo que nos dijo a todas que iba a hacer esa noche, el pobre se sentiría como uno más del montón, no tendría el completo privilegio que tendría que tener por ser el padre del bebé de Lenn. Porque entendía las razones de por qué mi amiga haría lo que haría: quería demostrarle quien llevaba el poder en ese momento. Un camarero se acercó a nosotros, luego de que Eric confirmara la reservación de una mesa, y nos guio hacia un apartado cerca de la ventana. El lugar era espacioso y había varios metros de distancia entre nosotros y la mesa contigua. Una música relajante sonaba y pegaba con el aroma y el ambiente del lugar. Los techos estaban cubiertos de candeleros de cristales gigantes y pintorescos, el piso brillaba tanto que hasta podías ver tu reflejo en él, y la decoración era ostentosas. Ya había estado en ese restaurant una o dos veces con Eric, y la comida era exquisita, y así también bastante costosa. Ocupamos los lugares en una mesa redonda, espaciosa. Eric se sentó a mi lado, sorprendentemente, y a mi derecha se acomodó Less, a su lado Matt, al lado de él Lenn, a su lado Julie y Gregg y luego Zach. - No tengan miedo y ordenen lo que quieran, todo corre por mi cuenta. – dijo Eric, ni bien el mozo nos entregó las cartas. Gregg bufó. - Ya tuvimos esa conversación, Brennett. - Bueno, pues yo sí acepto que pagues mi cena. – soltó Matt, riéndose. - ¿Por qué no me sorprende de ti? – soltó Julie mientras miraba la carta. - ¿A qué te refieres? - A que eres la persona más tacaña que haya pisado este planeta – comentó mi amiga riéndose, Matt lucía falsamente ofendido. - No soy tacaño, simplemente no me gusta gastar de más. – se defendió. - ¿Si recuerdan esa vez que todos mandamos a Matthew a comprar las bebidas para una fiesta pequeña que estábamos por tener en mi casa, y apareció con cajas y cajas del alcohol más barato que se cruzó? – soltó Gregg, riéndose. Solté una carcajada, recordándolo perfectamente. - ¡No era tan malo! – se defendió. - Hermano, era como beber alcohol etílico. – comentó Eric, riéndose por lo bajo. - ¿Y recuerdan lo que dijo? – Lenn reía -, "Es mejor la cantidad que la calidad" Entonces todos en la mesa estallamos en risas. Habían demasiados recuerdos a los que concurrir si es que queríamos pasar toda la noche de aquella forma, con una buena vibra y riéndonos sin parar. Cuando conoces a alguien de hace demasiado tiempo, las cosas que pasan cuando estas junto a ellos quizás se vuelven tan normales, tan simples de alcanzar, a veces damos por hecho ciertas cosas, ciertos momentos, y no parecemos apreciarlos correctamente como deberíamos. Nunca sabemos cuándo será la última vez que veremos a alguien, la última vez que seremos capaces de abrazarlos o de hacerlos reír, y la razón por la cual no lo aprovechamos completamente cuando lo tenemos es exactamente por eso: porque ya es nuestro, ya está ahí, y no se nos pasa por un segundo la idea de poder perderlo. Pero sucede. Perdemos. Perdemos momentos, perdemos a las personas que amamos, perdemos amistades, perdemos deseos, perdemos recuerdos. Porque a decir verdad la vida es algo egoísta, y a veces parece desquitarse con la gente que menos se lo merece, pero debemos aceptarlo de igual forma. Jamás pensé que llegaría un día en el que ver a mis amigas cinco veces al año fuera algo grande, cuando antes solía verlas todos los días, todo el tiempo. Y cada vez que me sentía sola y quería estar con ellas pero no podía, recurría a esos recuerdos de los momentos que vivimos juntas, y recién entonces empecé a apreciarlos correctamente, recién entonces empecé a apreciarlos más. - Aunque deben admitir que todos terminamos muy ebrios esa noche. – comentó mi hermano, con una sonrisa engreída. - Lo único que si recuerdo es que fue la peor resaca de mi vida. – dije yo, Eric se rio a mi lado. - ¿Tú dices? – su tono de voz fue sarcástico, casi amargado, y todos en la mesa lo miramos, fruncí el ceño -. Me refiero a que te he visto en peor estado. - Estoy segura de que esa fue la noche en la que más ebria estuve en toda mi vida. – sentencié, riéndome -. También recuerdo que todos tuvimos que quedarnos en tu casa – miré a Gregg -, porque no nos podíamos poner ni en pie. - Sí, y que acaparaste mi cama por completo – revoleó los ojos y nos reímos. Eric soltó un pequeño bufido. - Supongo que no habrá sido la primera vez. – soltó, y noté que se arrepintió por un segundo, solo un segundo. Lo miré enojada, tirándole cuchillos con mis ojos, y él me devolvió la misma mirada retadora. El ambiente en la mesa ya no era más distendido y divertido como hace unos segundos, todos estaban tensos, y mirándonos, seguramente esperando a que alguno de los dos volviera a lanzar otro comentario para empezar una batalla campal. Pero no le daría el gusto, definitivamente no le daría el gusto de arruinar la cena con nuestros amigos que no veíamos hace más de un año. Y no lo hacíamos por su culpa, por su carrera, por sus horarios, por su tiempo, porque, oh, claro, dependíamos de él para todo. Respiré profundamente y llené de aire mis pulmones, intentando entrar en toda la paz posible para no arrancarle los ojos con mis uñas. - Bueno, ¿Quieren sacar a relucir quienes se metieron con quien en este grupo? Porque sería una historia fascinante y divertidísima de escuchar. – bromeó Zach, luego de un pequeño silencio incomodo, para romper la tensión. - De hecho no hubieron tantos problemas – dijo Less, bebiendo de su agua -. O bueno, al menos no de mi parte y la de Matt, debido a que fuimos los únicos que tuvimos una relación sana desde el principio. - ¡Pero que suertuda! – se rio Julie, sarcásticamente -. Si tenemos que ser sinceros, sabemos que aunque sea una vez, todos quisimos acostarnos con la pareja de otro en su debido tiempo. – elevó las manos a sus costados. Gregg escondió la cara entre sus manos, riéndose, yo revoleé los ojos con una sonrisa divertida y Lenn bebía de su copa de agua mientras yo notaba que Zach se divertía con la situación. Eric, por su parte, estaba algo tenso y callado. - Puedes quitarme a mí de la lista – saltó Lenn -, a mí jamás se me cruzó la idea de acostarme con ninguno de estos orangutanes. - Claro, solo me tenías a mí en tu cabeza. – comentó Zach, regocijándose. Lenn lo miró seria pero se rio un poco por lo bajo. - Son todos tan dramáticos – dijo Eric entonces -. En su debido tiempo se tomaban al sexo muy personal. - ¡Y lo es! – Julie soltó una carcajada y todos se unieron a ella. Yo observaba a Eric, intentando descifrar qué diría después. - Eso dices ahora, pero en su momento llegaste a romperme la nariz simplemente porque me acerqué a Val. – lo pinchó Gregg, enarcando una ceja y mirándolo retador. Eric frunció un poco el ceño y me miró cuando me reí por el comentario. - Bueno, tú no llegaste a hacerlo con ella – dijo, en tono engreído -. Yo con Julie, en cambio... - ¡Okey, okey! – interrumpí el rumbo de la conversación en el momento exacto que noté como las miradas de Eric y Gregg cambiaban drásticamente -. No es momento de sacar a relucir ese tipo de cosas, ¿no les parece? - ¿Qué te pasa rubia? El tema de conversación estaba divertido. – se quejó Zach. Lo ignoré por completo y en un intento de tranquilizar el malhumor de Eric, le tomé la mano por debajo de la mesa. Para mi suerte, no pareció querer apartarla, lo que me tranquilizó internamente. Noté que Julie le decía algo en el oído a Gregg, y la forma en la que esté asentía y relajaba los hombros. Los demás, nos observaban como si fuera un torneo de tenis. - ¿Les parece ordenar ya? – antes de que nadie dijera nada, ya había llamado al mozo, quien nos observaba bastante entretenido desde una esquina -. Muero de hambre. Yo me limité en pedir lo mismo que siempre pedía cada vez que iba aquel lugar: pasta. La verdad era que jamás había probado una pasta tan deliciosa como la de aquel restaurant, y noté la pequeña sonrisa de Eric cuando me escuchó ordenar. - Algunas cosas nunca cambian – me comentó, y lo noté de mejor humor. Aproveché que los demás continuaban intentando escoger lo que iban a comer y me incliné hacia Eric. Nuestras miradas se encontraron por unos segundos, y al verlo tan triste, casi desganado, no pude evitar intentar querer reconfortarlo. - ¿Podríamos pasar la noche en paz? – le pedí, me miró con los ojos entrecerrados y el ceño fruncido, como si no comprendiera lo que le pedía, bufé -. Estás intentando provocar a Gregg, en una pelea sin sentido y por cosas que sucedieron hace mil años – revoleó los ojos -. No te cuesta nada ahorrarte esos comentarios, Eric. - Como quieras – apartó su mano de la mía y tomó su copa de agua, le dio un trago -. ¿Sigue en pie anunciar el compromiso? - Eric... - suspiré pesadamente, cerrando los ojos por un segundo. Se enderezó y miró al frente. - Está bien. - Eric, no puedes enojarte por esto – me ignoró por completo y sentí que mi sangre ardía de la rabia. Estaba comportándose como un niño, como un niño malcriado y caprichoso, y no estaba siendo para nada considerado conmigo -. Te estás comportando como un niño de cinco años, lo sabes, ¿No? – y de nuevo me ignoró, bufé y me acomodé en mi silla -. Como quieras. Miré hacia el frente y decidí aplicar exactamente el mismo comportamiento que me estaba dedicando Eric, era más que obvio que esa noche ninguno de los dos estaría dispuesto a anunciar el compromiso, y sinceramente me sentí más tranquila gracias a ello. Comprendía que para Eric fuera algo importante, y para mí también lo era, de verdad, pero sinceramente no quería decírselo a nadie aún. Gregg ya lo sabía, pero estaba tranquila de que él no diría nada. Es que simplemente no comprendía la necesidad de anunciarlo ya, apenas habían pasado dos días desde que me lo propuso y ¿ya quería publicarlo en todos lados? Creo que ambos necesitamos nuestro tiempo, los dos solos, pensando exactamente en qué sucedería después. Quizás aquella pelea si corría por mi culpa, entendía que mi deseo de no decirlo por ahora despertaba cierta inseguridad dentro de Eric. Las mismas inseguridades de siempre, donde no se sentía que valía la pena para mí, donde creía que estar con él simplemente se había vuelto parte de la rutina y que por esa razón no lo dejaba aún. El matrimonio, para él, era simplemente una póliza de seguro más en donde se garantizaba a él mismo que yo lo seguía amando de la misma forma, y que mis palabras acerca de que no lo dejaría eran verdad. Pero yo no podía hacer nada más. Ya había dado todo de mí, ya le había demostrado innumerables veces cuánto lo amaba, y que lo ayudaría y apoyaría en todo lo que pudiera si él me lo permitía. Quizás todo había empezado esa noche en la que le dije que no lo dejaría si no me daba motivos para hacerlo, pero eso era algo justo que decir, ¿no? No podía abandonarme a mí misma y a mis principios por él, incluso por más que lo quisiera y luchara por hacerlo, simplemente no podía. ¿Cuándo mi relación se había convertido en un campo de batalla en donde debía escoger si correr del fuego enemigo para salvar mi pellejo o quedarme allí para recibir todas las balas por él? - Val – me llamó Gregg, mi cerebro entonces se conectó a la conversación de la mesa. Me miraba con las cejas elevadas y una botella de vino en la mano -, ¿te sirvo un poco? - Sí, sí por favor. – le extendí mi copa y cuando lo miré de mala forma al verlo llenarla solo un poco, se rio y la llenó hasta la mitad. Sí quería sobrevivir esa noche, definitivamente debía pasarlas con unas cuantas copas de vino, o champagne, o lo que sea que tuviera alcohol. Luego de dos copas las conversaciones eran distendidas y relajadas, y estábamos conversando acerca de qué haríamos los próximos días en los que todos se quedarían en la ciudad, ya que después de la cena de navidad, la mañana siguiente, todos volverían a casa. Acordamos en que la cena la prepararíamos todos juntos, y que la llevaríamos a cabo en el apartamento de Eric. Pensamos que podríamos recorrer la ciudad de día, ir de compras y demás, y luego visitar algunas discos o bares conocidos de la zona. - ¿No estamos muy viejos ya para salir a "bailar"? – Matt hizo comillas con los dedos y llevó un trozo de filete a su boca. - Habla por ti, campeón – dijo entonces Zach -, yo me siento como de dieciocho. - Que lástima que no te veas como uno. – el comentario de Eric me tentó la risa, eso y además las copas que llevaba de más. Me sentía relajada y tranquila, y ni siquiera me recordaba en primer lugar lo enojada que estaba con Eric y como me encantaría cambiarme de lugar en la mesa. Él no me miraba, no me hablaba, yo entonces hacía lo mismo. Gregg se rio y levantó nuevamente la botella de vino blanco, le dediqué una pequeña sonrisa angelical y revoleó los ojos antes de volver a llenar mi copa. Escuché un pequeño carraspeo de garganta a mi lado, pero decidí ignorarlo por completo. Gregg revisó las copas de todos en la mesa y al llegar a la de Lenn y ver que estaba vacía, le preguntó: - Lenn – la llamó y entonces ella lo miró. Me puse algo tensa en ese instante -, ¿te sirvo? Una sonrisa lobuna se extendió por los labios de mi amiga y se enderezó en su asiento enviando su cabello rubio hacia atrás. Sonrió de oreja a oreja, viéndose bastante feliz y emocionada. Negó con la cabeza. - No, gracias. No puedo, en realidad. – dijo, en tono tranquilo. Todos los hombres en la mesa fruncieron en ceño y enarcaron una mesa sin comprender sus palabras. En cambio, todas las que sí sabíamos lo que estaba sucediendo nos miramos en silencio. Yo sentía mi cabeza dar vueltas, y sin pensarlo un segundo más tomé de un solo trago todo el vino en mi vaso. - ¿A qué te refieres con que no puedes? – preguntó Eric, en tono precavido. Lenn suspiró y miró a todos, uno por uno. Intenté decirle con mis ojos que no hiciera lo que sabía que iba a hacer, pero no pareció captar la indirecta, eso o simplemente no le interesó. - No puedo beber alcohol porque estoy embarazada. – soltó, simple, con una sonrisa de oreja a oreja. Y todos se quedaron en un completo silencio, un silencio casi sepulcral y algo tenso. Absolutamente todas las miradas de los hombres fueron dirigidas a Zach, quien se había quedado completamente paralizado mirando a Lenn. Sus labios estaban entreabiertos y sus ojos como platos, comprendí por su expresión que estaba intentando encontrar una forma correcta o adecuada para reaccionar a la noticia, pero simplemente no dijo nada y todos observamos como su rostro iba perdiendo el color. Aclaré mi garganta y tomé la botella de vino, sirviéndome lo último en mi copa y bebiéndolo hasta que ya no quedaba nada. - ¡Wow! – fue Gregg el primero en decir algo, sonreía, algo tenso, pero sonreía -, que gran sorpresa... ¡Felicitaciones! – miró entonces a Zach -, a los dos, supongo... - ¿Es de Zach, no? – soltó Matt de repente y todos los miramos con cuchillos en los ojos. Lenn bufó. - Pues claro, ¿De quién si no? – respondió ella, muy tranquila, bebiendo de su vaso con agua. - Es una gran noticia. Los felicito – dijo Eric palmeando la espalda de su hermano, quien continuaba conmocionado mirando el rostro de la futura mamá de su hijo o hija -, a los dos. Estoy feliz por ambos – entonces se rio, bastante alegre -. Zach, ¿Por qué demonios no me dijiste nada acerca de esto? - Porque yo también recién acabo de enterarme. – la voz de Zach salió de su garganta con un tono monótono y serio, no apartaba su mirada de Lenn en ningún momento. Todos intercambiamos miradas y yo fui la que llamó al mozo y pidió otra botella de vino para ser capaz de continuar con la velada. Mientras Lenn y Zach intercambiaban miradas, yo observaba al mozo en espera de la botella, y cuando por fin nos la dio, me encargué de llenar mi copa y la de los demás, excepto la de Lenn, claramente. Pareció como si todos hubiéramos bebido al mismo tiempo, pero la única que volvió a terminar su copa, bueno, fui yo. - ¿Y de cuánto estas? Sí es que puedo saber eso o me lo vas a prohibir.- una risa irónica salió de los labios de Zach, y este la miraba mientras bebía. - Cuatro semanas, aproximadamente. – respondió ella. - Un mes – sentenció él, y su mirada era furibunda -. ¿Y hace cuánto lo sabes? - Hace tres semanas. – pasó la lengua por sus labios y todos los mirábamos como si se tratara de un partido de tenis. Visiblemente, todos estábamos bastante tensos. - Lo sabes hace tres semanas ¿y nunca se te ocurrió decírmelo? – soltó otra risa irónica -. Pues gracias por la prioridad en los asuntos que me das, Lenn Smith, muchísimas gracias. - ¡No tienes derecho a reclamar nada, Zachary Brennett! – ella lo apuntó con su dedo. Y él soltó una carcajada. - Pues si de verdad es mi bebé, ¡Es más que claro que puedo reclamar lo que quiera! Y nuevamente, bebí toda mi copa de un solo trago. - ¡Bueno, bueno! No hace falta que se estén gritando de esa forma – saltó Gregg, decidido en romper la tensión del ambiente. - ¡Concuerdo! Es una gran noticia y deberíamos estar celebrándola, ¿no les parece? – dijo Julie, y se encargó de llenar nuevamente la copa de todos. A mí ya me estaba empezando a doler la cabeza -. ¿Por qué no hacemos un brindis por el futuro bebé? – nadie le hizo caso -. ¡Levanten las malditas copas! – y entonces, todos chocamos rápidamente nuestras copas y bebimos un poco más del vino. - ¿Entonces es varón? – preguntó Matt, enarcando una ceja. Me contuve en golpearme la frente con la palma de mi mano. - No, cariño. El sexo del bebé se podrá saber recién a los cuatro o cinco meses aproximadamente. – le explicó Less a mi hermano. - No puedo creer que seré tío – dijo Eric, sonriendo como un niño en navidad y esa misma imagen me rompió el corazón en miles de pedazos. No pude evitar pensar en cómo hubiera sido su reacción al enterarse de que podría haber llegado a ser papá en su debido tiempo. Sus ojitos brillaban en ese momento, por la simple idea de que su hermano mayor tendría un hijo y que ello por consecuencia lo haría tío. Le encantaban los niños, eso era algo que nadie podía negar, y estaba seguro que sería el mejor tío del universo, y me dolía algo dentro del pecho el simplemente pensar en el hecho de que podría haber llegado a ser papá. A veces me cuesta pensar que aquel aborto espontaneo fue una suerte para ambos, porque éramos muy inmaduros, muy jóvenes, porque ni siquiera sabíamos qué queríamos hacer de nuestras vidas. De vez en cuando me imaginaba una niña de cinco años comiendo helado de chocolate con él, o un niño pidiéndole que lo llevara al zoológico todos los fines de semana. A veces mi mente se empeñaba en hacerme sentir culpable, y otras veces me animaba a mí misma diciéndome que aquello había sido para mejor, porque no estaba lista. Seguía sin estarlo, en realidad. - Por mi cuenta quiero que sea niño, y así le ponen mi nombre. – bromeó Eric, y por fin todos rieron un poco. - Absolutamente no – sentenció Lenn -. No he pensado en nombres pero el tuyo definitivamente no será. - ¿Y si es niña la llamarás como yo? – bromeó Julie, haciendo un puchero. Lenn se lo pensó un minuto. > - Le podría poner Julieta, no Julie. – contestó la rubia. Bebí todo mi vino una vez más, y volví a llenar mi copa. - ¿Julieta? ¿Estás loca? – comentó Zach por primera vez y todos lo miramos -. Si es niña se llamará Shopie. - ¡Pero ese nombre es muy usado! – se quejó, y todos rieron a carcajadas. Gregg suspiró, sonrió y dijo: - Vaya, el primer bebé del grupo... - sonrió contento -, que suerte que no es de mi parte.- y Julie suspiró aliviada, todos rieron. - El segundo, en realidad. Se me escapó. Juro que se me escapó. No había sido mi intención decir aquello pero el alcohol en mi sangre estaba hablando por mí. Las risas de pronto se detuvieron y las miradas se posaron en mi rostro. Miré hacia un costado y vi la mirada algo alarmada de Eric, noté también que intentó colocar su mano en mi muslo pero lo aparté lo más disimulada que pude. Las miradas de mis amigas, y de mi hermano y los demás chicos por alguna razón me hicieron reír. Bebí un poco más de vino. - ¿A qué te refieres? – preguntó entonces Lenn, algo seria. Me reí nerviosa y encogí mis hombros. - Bueno, a que prácticamente tú embarazo es el segundo del grupo. – comenté, de lo más tranquila, mi voz sonaba rara y no podía fijar mi vista en un lugar fijo. - Val, estás borracha, creo que... - empezó a decir Eric, e intentó quitarme la copa de vino, pero me aparté de él bruscamente. Suspiró con pesadez. Julie soltó una risa nerviosa, bastante confundida. - Si el de Lenn no es el primero, entonces... - El mío – le interrumpí -. Yo fui la primera de todas en quedar embarazada – y solté una risa divertida, mientras todos me observaban en estado de shock. Terminé mi vino de un último trago. - ¿De qué demonios estás hablando? – Matt me miraba profundamente confundido, y algo... algo triste. - Bueno, cuando Eric y yo teníamos diecisiete, o dieciocho, recuerdo bien ahora – empecé -... no nos cuidamos y pues... el milagro de la vida ocurrió. – al parecer, a la única que aquello le parecía gracioso era a mí. - Val... - Less me miraba con ojos tristes -, ¿Qué sucedió? Y estuve a punto de abrir la boca y contarles qué era lo que verdaderamente había sucedido. Pero entonces miré a Eric por un segundo y vi su rostro, su ceño fruncido y sus labios apretados. No terminaba de comprender si estaba enojado o simplemente los recuerdos lo invadían y la culpa empezaba a carcomerlo por dentro como me sucedía a mí de vez en cuando. Aclaré mi garganta, y aunque sentía que mi cuerpo pesaba un millón de toneladas me puse de pie como pude y tomé mi abrigo que estaba colgado en el respaldo de mi silla. Eric quiso seguirme, pero se lo impedí. - Iré al baño – expliqué -. Enseguida vuelvo. Y abandoné la mesa y ese lugar como si mi vida dependiera de ello. Sentía que me ahogaba, y no solo que todas las paredes se me venían encima. Algo en mi pecho empezó a cerrarse y la sensación me estaba desesperando. En vez de dirigirme hacia el baño, salí por la puerta principal y respiré el helado aire de la noche. Miré por encima de mis hombros y apenas pude divisar la mesa en donde todos se habían quedado esperándome con las bocas abiertas, completamente conmocionados por la repentina y para nada delicada noticia que les había lanzado de repente. Necesitaba salir de ahí, escaparme de todos ellos. Ciertamente no sabía cómo volver a encararlos y hablarles después de lo que acababa de hacer. Y, sinceramente, no encontraba las ganas, ni las energías, para lidiar con Eric. De solo imaginar la conversación y la pelea que tendríamos luego de esta noche, me daban ganas de desaparecer por un buen tiempo. Quizás fue mi cerebro ebrio actuando, pero no dudé ni un segundo en bajar las escaleras principales del restaurante y parar un taxi. Me subí en el asiento trasero y al cerrar la puerta fue un alivio sentir que todo el ruido exterior se cesaba por un segundo. El chofer me preguntó a donde me dirigía, y en todo lo que pude pensar fue en un bar que estaba bastante lejos del apartamento, y bastante lejos del restaurant en donde estaban todos también. Me sentí mal cuando caí en la cuenta de lo preocupados que estarían todos porque no aparecía, y cuando quise enviarle un mensaje a Eric, caí en la cuenta de que había dejado mi bolso, con mi celular dentro, colgando de la silla. Suspiré pesadamente y agradecí haber guardado mi cartera en el bolsillo del saco. Así que cuando el taxi frenó frente al bar de Joey, le pagué con algunos billetes que tenía dentro y me bajé. Aquel lugar no era para nada elegante y exclusivo. Había ido allí unas cuantas veces con unos compañeros de la universidad luego de aprobar algunos exámenes importantes, pero solo eso. una larga fila de motoqueros me miraron raro en cuando me vieron bajar del taxi, y es que mi vestido ajustado y formal no pegaba para nada con la onda del lugar. Entré al bar sin dudarlo, porque sentía que mis dedos se me caerían en cualquier momento si me quedaba allí afuera. Las canciones de rock que sonaban por los parlantes me relajaron, y tambaleándome un poco caminé hacia la barra y me senté en uno de los asientos de madera altos que estaban libres. Por suerte, allí dentro nadie parecía prestarme la mínima atención, cada quien estaba metido en sus problemas y aquello me generó tranquilidad: estar en un sitio donde nadie me reconocía, donde a nadie le importaba si era novia o no de Eric "Bestia" Brennett, donde nadie sabía acerca de mi pasado. Decidí tomar esa noche como una pequeña grita para escapar de todo aquello que en mi vida empezaba a dejar de tener sentido. - Dime, linda, ¿Qué te sirvo? – levanté la cabeza y me encontré con un chico moreno que me sonreía amigablemente. - Whisky – respondí, suspirando -, y hazlo doble. - A sus órdenes. – me respondió, sonriendo alegremente. Apoyé mis codos en la barra sucia de madera y dejé caer mi cabeza sobre las palmas de mis manos mientras masajeaba mi cuero cabelludo en busca de quitarme aquel dolor de cabeza insoportable que me estaba atacando. Por alguna razón, mi gran deseo aquella noche era beber hasta que no fuera capaz ni de recordar mí nombre. Aunque quizás era una mala idea, porque no tenía forma de avisarle a los demás donde estaba, ni una forma de volver al departamento sana y salva, y tampoco tenía mucho dinero para beber todo lo que quisiera, así que me conformaría con un whisky, y unas cuantas cervezas, y tomaría otro taxi devuelta al departamento, aunque estuviera lista o no para lidiar con todo lo que se me vendría encima. - Aquí tienes. – me dijo el cantinero, colocando el vaso frente a mí. Le sonreí amigablemente y llevé la bebida a mis labios, dando un pequeño trago. - Gracias. Entonces, me exalté cuando sentí un repentino golpe en la barra a mi lado. Abrí mis ojos como platos y dirigí mi mirada hacia aquel que me había asustado de aquella manera. Y mis ojos no podían creer lo que estaban viendo. Me sonrió de oreja a oreja. - ¿Quién diría que después de todos estos años me encontraría con la linda Val Drake en este bar de mala muerte? – me dijo, con tono pícaro y ocupando el lugar libre a mi lado. Yo lo miraba conmocionada, sin poder creer que verdaderamente era él quien estaba frente a mí. Había pasado de verdad mucho tiempo, pero seguía exactamente igual de cuando lo conocí, quizás con un poco más de barba y tatuajes. - No me jodas – dije, resoplando y sonriendo, sin apartar mis ojos de él -. El maldito Adam Solt. - En carne y hueso, preciosa. – dijo, de buen humor. Me reí, pensando en lo irónico de la situación. - No puedo creerlo. Han pasado como cinco años – lo recorrí con la mirada -. Sigues exactamente igual. - Igual que tú, rubia – me dio un pequeño abrazo -. Igual de hermosa que cuando te conocí. - Supongo que algunas cosas nunca cambian. – dije, en un tono falsamente engreído. Soltó una pequeña risa. - Puedo decir lo mismo – su mirada viajó de mi trago hacia mí dos veces y entrecerró los ojos -. ¿Me dejas pagarte un trago? Lo pensé un instante, un instante que creo fue bastante largo. Y entonces, dedicándole una pequeña sonrisa, respondí: - Sería genial.  
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