Narra Alicia
—Pero que se sienta la emoción, siento que a nuestro Romeo le falta ser más romántico con su Julieta, ¡Vamos! Que se note en tu mirada que estás perdidamente enamorado de ella.
—Lo haré de nuevo.
—Bien, vamos desde el inicio. Les dije que, si alguien se equivocaba o se salía del personaje, lo repetiríamos. Hasta que no salga como es, nadie se va.
—¡Ay no!
Todos se quejan y vuelven a sus posiciones.
—No tengo afán, puedo quedarme aquí toda la noche; miren que mañana es la función.
Una de las madres de nuestras chicas se ríe, sabe que es en broma.
—Gustavo, cambia tu cara, por favor.
—No he hecho nada, ¿Cuál cara? —dice Gustavo Atencio.
—Tu no, Gustavo Mcgregor; nuestro Romeo.
El chico llegó disperso, no sé qué le sucede.
—Lo siento, es que… creo que me duele el estómago.
No le creí, a quien quiere mentirle.
—¿Seguro que te sientes bien? —dije tocando su hombro.
—Sí, estoy bien.
—No me mientas, también sé actuar y reconozco a miles de leguas cuando alguien me quiere ver la cara de tonta.
Presioné un poco sus hombros y este hizo un gesto de dolor.
—Hoy es el aniversario de fallecido de mis padres.
Oh, eso no lo esperaba. Solté mi agarre y le bajé a mis exigencias.
—Vaya, no lo sabía. ¿Estás seguro de querer seguir?
Él sonríe y asiente.
Gustavo es un chico medio misterioso, sé que viene al teatro por su cuenta; dice que nadie en su casa sabe qué recibe clases de teatro y que ya ha estado en algunas funciones, pero que a su vez no hay problema con eso. Bueno, es lo que él dice, según vive con su abuelo y su hermano mayor. Hace unos días mandamos un permiso para que su abuelo lo firmara porque es menor de edad, necesitábamos que alguien le diera la autorización para estar aquí, la trajo sin ningún contratiempo; por lo que aquí bajamos la guardia con él. La verdad me agrada, es bueno en lo que hace, además siento que es mejor que esté aquí en sus ratos libres antes de estar invirtiendo su tiempo en cosas que no le dejen nada bueno.
—Seguimos, la última y nos vamos.
Los chicos siguen con el ensayo, mañana tenemos una función y queremos darles a ellos el protagonismo.
Miré la hora y aún era temprano, tengo que trabajar después del ensayo.
—¿Cómo les fue?
—Estupendo, hasta me conmoví y todo, esos chicos son los mejores ¿a ti como te fue?
—Ya tengo todos los vestuarios listos, también el tuyo. Vilma Plata.
Esta noche seré la acompañante de un importante político, me llevará a un club bastante prestigioso, esa es otra ventaja de mi trabajo; he logrado conocer lugares que antes con mi sueldo no podría pagar.
—Ya me siento poderosa, eso de ser hoy una mujer importante, elegante y sofisticada; es algo que me gusta.
Vilma Plata es una Parisina que tiene treinta años, soy arquitecta y tengo varias tiendas de moda, por eso mi gran estilo hoy debe resaltar. Hasta ahora he trabajado en el rol de mujeres mayores, una más inmaduras que otras; depende de lo que pida el cliente. Hoy seré una bastante refinada, con todas las etiquetas y el glamur que el club requiere.
—Este abrigo solo será mientras llegas al club, una vez que entres podrás quitártelo y mostrarle a todos lo despampanante que eres, si ese hombre quiere ser la envidia y el centro de la fiesta; deberás sentirte como una perr* poderosa.
—Eso se escuchó raro, pero igual lo entiendo ¡Una perr* poderosa!
El punto de encuentro fue efectuado, este hombre; político, de buena familia, quiere destacar entre el resto de hombres de su familia. No sé aún a que se deba la rivalidad, pero como siempre digo; eso no me interesa.
—Vilma, que elegante luces.
—Oh, muchas gracias, señor Peñafiel.
Esperé a que el conductor de la limusina abriera la puerta para mí.
—Muchas gracias, es muy amable.
Levanté con delicadeza los extremos de mi vestido dorado y entré al auto. Acomodé mi abrigo y me senté con la espalda recta frente al hombre.
—Es un gusto verla, es muy cumplida.
—Siempre, señor Peñafiel.
El hombre llevaba ropa fina, de lejos se notaba lo costoso de su atuendo.
—Dígame, ¿hay algo especial que deba saber? La noche será larga y no me gustan las sorpresas, eso de improvisar algunas veces no sale bien.
—Lo que tenía que decirle, ya se lo comenté —responde entregándome una copa de champaña.
—Perfecto.
Llevaba la copa directo a mis labios para darle un pequeño sorbo, estaba muriendo de hambre; por lo menos esto me hará aguantar un poquito más.
—Oh, creo que algo muy sencillo, ya se me pasaba por alto.
Detuve mi mano en el aire y volví a bajar la copa.
—¿Qué es?
—Mi padre repartirá la herencia el próximo mes, siempre ha dicho que les daría a sus hijos las reparticiones que competen en vida; pero hay algo en lo que aún no se decide.
—¿Qué es? —pregunté por segunda vez.
—El Ferrari SF90 Stradale que incluye la mansión familia que está aquí en Madrid, eso es algo que dará como un extra a uno de mis cuatro hermanos, incluyéndome a mí. Alguien por allí me dijo que usted es buena en ese tipo de cosas y quiero que me ayude con ese vehículo. Mi padre nos dará mañana la noticia, esta noche es la única oportunidad que tengo para persuadirlo.
¿Cómo se supone que haga algo así?
—¡Oiga! —dije con cero clase—. ¿Cómo piensa que…?
—Duplicaré mi paga.
—Ya veré que hago.
Llegamos a la fiesta y esta, es la más grande en la que he estado. Pero ¿Quién organizó este evento? ¿Quién está de cumpleaños? ¿el papa?
El caballero es un hombre astuto, no es nada tímido y menos inseguro. Para que me contrata sí parece ser mejor que yo en estas cosas.
—Padre, quiero que conozcas a Vilma Plata.
—Señor Peñafiel, es un placer conocerlo —dije estrechando su mano.
—Eres más hermosa de lo que mi hijo me había contado.
Al lado del hombre se hace una mujer que podría tener mi edad, a lo que me imaginé que era una nieta.
—Ella es mi prometida, Susi Florentino.
Susi podría ser mi hija.
—Susi, que hermosa eres.
—Oh, que amable.
La mujer rodea al hombre con sus brazos y el contraste de la edad es más que notorio.
—Cariñito, mira lo que tiene mmi móvil, hace poco se me cayó y tiene una abertura en la pantalla, se ve terrible.
La mujer señala la pantalla del móvil y todos nos acercamos enfocando la abertura de la que hablaba; enchinamos los ojos tratando de ver donde señalaba, pero no se veía.
—No te preocupes, mañana compraremos uno nuevo.
Sonreí por dentro al saber por dónde debía llegarle.
—Oh, Susi ¿Dónde hiciste tus uñas? Mira tú vestido ¡qué buen gusto tienes! Yo tengo varias tiendas de moda, puedo identificar la clase y el buen gusto en las mujeres.
Susi con su vestido más corto que mis ganas de estar aquí, se emociona y me sonríe.
—Déjeme a solas con la chica —dije en un susurro cerca del oído del hombre.
—Parece que las mujeres tienen cosas de qué hablar, papá, vamos por un trago.
Tomé a Susi del brazo y la llevé a pasear un poco por el espacio, la fiesta era en una azotea; bastante lujosa para decir verdad, estaba impactada por las esculturas de hielo, nunca había visto una.
—Hace un poco de calor —dije sacando mi abrigo.
Más de una mirada se clavó en mí, entre esas la de mi cliente, hago justo lo que quiere. Me muestro como la mujer más hermosa y poderosa, que de paso intenta persuadir a la mujer de su padre.
—¡Dios! Quiero ese vestido.
—¿Te gusta? Lo vendo en mis tiendas de moda, puedo obsequiarte uno hecho a tus medidas.
—¡Eso me encantaría! Dime cuando puedo ir a la tienda y planeamos una tarde de chicas.
—Oh, mis tiendas están en Paris. Volveré en un tiempo.
La chica muestra desilusión por lo que escucha.
—Vaya, pensé que mañana podríamos hacer algún plan, no tengo muchas amigas y me la paso sola en casa todo el día.
—Pero eso no es problema, ya me conoces a mí, ahora podemos ser amigas. Aunque… quizás deba volver a Paris pronto.
La sonrisa de la mujer empieza a desaparecer y supe que era mi oportunidad.
—Ahora que lo pienso, sabes algo, siempre he querido tener una de mis tiendas aquí en Madrid. De hacerlo podríamos hacer muchas cosas juntas ¿lo imaginas? Ir al spa, a equitación, a las islas en yate con una copa de champaña.
Tomé una copa de vino de la charola de uno de los meseros que pasaba y sacudí mi cabello azabache en rizos en el aire.
—¿Por qué no lo haces? ¡Eso sería increíble!
—Porque no tengo donde quedarme aquí en Madrid, aún no he querido mudarme con mi amado novio porque el lugar en el que vive no es tan espacioso; necesito mucho más espacio para mis autos, para mi colección de carteras y de zapatos. Compraría una mansión en la cual radicarme, pero estoy abriendo algunas tiendas en… en Italia y necesito unos meses más para reponerme financieramente.
—Oh, pero eso no es problema, mi cariñito tiene una mansión que le dará a uno de sus hijos.
—¿De verdad? —pregunté haciéndome la desentendida.
—Sí, ahora que lo veo creo que su hijo menor lo necesitará más. Digo, sus hermanos ya tienen sus propias casas de lujo, él es el único que vive en un apartamento de soltero porque aún no está casado, pero me imagino que ustedes lo estarán pronto por lo que he escuchado.
—Eso sería una gran…
—¿Señorita Collins?
Mis pulmones se expandieron al escuchar la voz de alguien que conozco detrás de mí.