Capítulo 3: Antonela

1994 Words
Narra Alicia No estaba muy segura de lo que estaba haciendo, sentía que hacía mal porque iba en contra de mi misión como artista; mi papel es el de sumergir a mi audiencia en historias y aventuras increíbles, no engañarlas o tomarlas del pelo. —Puedes hacer de cuenta que es una de las funciones —dice Fabio ayudándome a cerrar el cierre de mi vestido. —No será fácil, es que eso de improvisar no es mi fuerte; debo reconocerlo. —Si no quieres hacerlo, entonces no lo hagas. Nadie te está forzando. Fabio me mira por el reflejo del espejo y repite lo que dijo: —No lo hagas. —Necesito el dinero, lo que Luciano Toro pagará equivale a medio mes de mi trabajo en el restaurante chino. ¿lo puedes creer? Una noche equivale a medio mes de mi tiempo. —Sabes que nunca te he pedido nada para la casa, no te obligo a que hagas aportes. —Fabio, lo sé. Pero yo no quiero ser una carga para ti. —Deja de llamarte carga, no eres un costal de papas. Es verdad, él nunca me ha pedido nada; ha sido un buen amigo. —Agradezco todo lo que haces por mí, pero ya le di mi palabra al señor Luciano, siento que es muy tarde para cancelarlo. Si ese hombre se molesta conmigo, perdería a uno de mis perros y créeme, no quiero eso. —Bueno, entonces ve a esa fiesta y si necesitas algo, me llamas; iré de inmediato por ti. Me di la vuelta y le di un abrazo a Fabio, no sé qué sería de mí sin él. —Gracias. El vestido que escogió mi cliente es de color rojo, que no se note que quiere llamar la atención; tiene un escote profundo en el pecho y una abertura en una de mis piernas. —Luces muy sexy, como una diva de portada de revistas. —¿Es broma? Parezco una prostitu… —¡No lo digas! Pao, pao en esa boquita. Te ves muy elegante, es la primera vez que te veo tan recatada y al tiempo tan sexy, ya quisiera yo usar ese vestido y que me quedé así; definitivamente nací en el cuerpo equivocado. No pude evitar sonreír por su comentario, siempre tiene algo chistoso para decir. —Está bien, daré lo mejor de mí. Hice todo mi cabello hacia atrás y despejé el escote de mi pecho, hasta ahora veo que si doy dos saltos mis pezones saldrán volando. Mi cabello de color castaño claro, está tan liso que será imposible que se haga un nudo en él. Me di los últimos vistazos y traté de bajarle al color de mis labios que a mi parecer están un poco fuertes. —Creo que tu novio falso llegó, ¡mira eso! Luce muy guapo, tiene un traje de diseñador, mi ojo analítico nunca falla. —¿De verdad? Moví mis manos en el aire soltando los nervios. —Todo saldrá bien, volveré a casa con mi dinero y con buenos resultados. No estoy nerviosa, estoy tranquila, estoy perfectamente bien. Cuando suena el timbre del apartamento de Fabio, los dos comenzamos a saltar de nervios. —¡Está en la puerta! —dice él en un grito susurrado. Tomé aire, lo contuve unos segundos y los solté lentamente. Levanté mi rostro y moví mi cabello con ambas manos. Me detuve en mitad de la sala mientras Fabio abría la puerta. —Buenas noches. —Oh, buenas noches, señor Toro; ya lo estábamos esperando. Fabio termina de abrir la puerta y el hombre se enfoca en mí, levantó sus cejas sorprendido y me miró de pies a cabeza. —¡Wao! Señorita Collins, luce muy bien. —Gracias. Mi corazón por dentro golpeaba mi pecho, hasta sentía como una gota de sudor rodaba por mi frente, de los nervios sudaba como marrano. —Vamos, salgamos antes de que se nos haga tarde. Además, parece que hace un poco de calor allí adentro. —Sí, hace mucho calor. Sequé mi frente con disimulo y caminé a la salida, miré a Fabio y le hice un puchero. —Todo saldrá bien, ya verás. Él me da unas palmadas en mi hombro para darme aliento. —Estamos a una hora y media de la casa de mi tía Regina. Contraté un conductor porque quiero dar una buena impresión al llegar a casa. —Oh, me parece muy bien. —Oh, señorita Collins, ¿podría pedir algo más? —pregunta el hombre abriendo la puerta del auto para mí. —Dígame. —¿Sería mucho pedir si su nombre es Antonela? Es que me gusta ese nombre y… siempre he querido una novia que se llame así. —Sí, claro, Antonela está bien. Por el camino, el señor Luciano Toro me dio los detalles de la mujer que quería que fuera. Me pareció extraño, desde este momento lo veo como un hombre muy… diferente; para no decir que loco, le faltan un par de tuercas. Esta noche seré Antonela, una mujer de treinta años que nació en Argentina, soy abogada y ambientalista, amo los animales; tengo al mejor novio del mundo y estoy obsesionada con él. Ese fue el resumen que pude hacer de todo lo que me dijo. Luciano se mantuvo en su lado del auto, estaba alejado de mi como si se avergonzara o si estuviera apenado; ¿Por qué se comporta de esa manera? Por eso no tiene novia. Le falta un poco más de seguridad, ya veo por qué todos le decían el solterón de la familia. Le falta más actitud, es guapo, tiene buen gusto para vestir; tiene presencia. —Llegamos, esta es la casa de mi tía, de quien le hablé. Es mi momento, voy a salir a hacer mi presentación y terminará como todas, siendo un éxito. Luciano camina a mi lado, pero a casi unos dos metros de mí; por lo que antes de llegar a la entrada principal, lo tomé de la mano y lo hice caminar justo a mi lado. —Es mi pareja, ¿Por qué está por allá? Si quiere que le crean, ponga de su parte. Entramos a la enorme casa y saqué la mujer diva y empoderada que hay dentro de mí, levanté mi pecho y caminé con más estilo, Antonela es una mujer poderosa que debe captar las miradas de todos. Luciano estaba muy sonrojado, se notaba nervioso. —Luciano, pensé que no llegarías. ¿Dónde estabas? Tus primos llegaron hace más de dos horas. —Lo siento, tía Miranda, estaba buscando a mi novia. La mujer mira a su lado y parece que no lo cree. —¿Tú qué? Ella mira nuestras manos juntas y reacciona algo retardada. —¡Oh! Bienvenida, ¿Cómo te llamas? —Me llamo Antonela —dije con mi mejor acento argentino—. Muchas gracias, por la invitación, estoy re emocionada por venir a España para conocerlos. Los que estaban a nuestro alrededor nos miraban con esa cara de asombro que mi intimidaba. —Vengan por aquí, por favor tomen una copa de champaña. Las manos de Luciano temblaban, no sé por qué se pone de esa manera. —Oiga, ya veo por qué está solo. Tenga mejor porte, no se encorve y muéstrese seguro. Le di un ligero golpe en la espalda para que mejorara su postura. —Tenía que verlo para creerlo, el chisme voló tan rápido que vine de inmediato. El hombre que lucía contemporáneo con Luciano, me mira de pies a cabeza. —¿Te trajo obligada? ¿acaso estás secuestrada o algo así por el estilo? ¿necesitas ayuda? —¿Vos de que me hablas? —pregunté moviendo mi mano en el aire—. No entiendo, cariño ¿Qué dice este hombre? —¡Luciano! ¿Dónde encontraste a una mujer tan despampanante? Sus primos lo elogian como si hubiese traído un trofeo a casa. Mi cliente sonríe, parece que ha logrado su cometido. —La conocí en un crucero el verano pasado. Luciano entró en su personaje, me agarró de la cintura y me pegó a él. Eso no lo vi venir. —Ella me vio en el bufete y no dudó en acercarse para hablarme, desde ese momento estamos juntos. Dejé que se elogiara, parece que era lo que quería. —Es un hombre increíble, estoy tan enamorado de mi Luciano que estoy pensando en si debo venir a vivir a España. Los que escuchaban miraban con asombro. —Le he dicho que esperemos un tiempo, pero Anto insiste en venirse a vivir conmigo. Me hace quedar como una loca obsesionada, pero está bien. Es el papel que debo cumplir. Durante la cena estuve al pendiente de él, le di de comer de mi plato muchas veces; le limpié su boca con el pañuelo, acomodé su corbata y le demostré tantos actos de servicio como pude. Cada que me preguntaban algo, decía lo increíble que era, lo caballeroso, atento, detallista y lo buen amante que era. No se puede quejar, lo dejé en un altar; ya será su problema mantenerse allí. Al final de la fiesta familiar, era hora de volver a la realidad; dejé a Antonela, la abogada argentina en la salida de esa casa y volví a ser yo. —Alicia, no sabe cuan agradecido estoy. Luciano saca su cartera de su chaqueta y me entrega el dinero en efectivo. —No agradezca, solo hice mi trabajo —respondí contando los billetes. —Es la primera vez que me siento bien en un ambiente familiar, sabía que esto funcionaría; es que entre mis tíos y primos el ambiente es muy pesado. Asentía mientras guardaba mi pago. —De verdad, muchas gracias. El hombre recuesta su espalda al asiento del auto y apoya su mano en mi pierna desnuda, lo que me hizo clavar los ojos en lo que hacía. —Tenías razón, debía mostrarme más seguro. Como siempre me ven como un débil, se burla de mí. Por primera vez no soy el chiste de toda la noche. Luciano me observa y empieza a cortar distancia, fruncí mi ceño e hice un mal gesto. Cuando lo vi cerrar sus ojos puse mi mano en su cara y lo alejé. —No se confunda, dentro de mi trabajo no están este tipo de servicios. —Oh, lo siento, lo lamento. Con mi mirada fulminadora de insectos lo hice sentarse del otro extremo, así se quedó hasta que me llevó de vuelta al apartamento. —Señorita Alicia, sin duda es la mejor en lo que hace. Muchas gracias por su trabajo de hoy. —Con gusto, señor Luciano. Mañana pasaré por Rocky a primera hora. Fabio ya estaba asomado en la ventana esperando por mí, le dije que estuviera al pendiente, donde viera que Luciano quisiera aprovecharse, que le lanzara lo primero que vea desde el tercer piso. Lo que no fue necesario, todo estuvo muy calmado. El hombre se fue y yo me daba por bien servida. —¿Cómo te fue? —pregunta Fabio con la licuadora en sus manos. —Me fue bien, ya puedes dejar eso en la cocina. —Vaya, me preocupé con ese mensaje. —Todo está bien, solo intenté ser cuidadosa. Por ese resto de noche no tenía más que contar, estaba agotada, tanto que al tocar mi cama; morí hasta el día siguiente que una llamada me despertó. —¿Hola? —¿Hablo con Alicia Collins? —Sí, ¿Quién habla? —Soy Ricardo Beltrán, es que necesito de sus servicios. —Claro, claro… —dije limpiando mis lagañas—. ¿A qué hora necesita que pase por su mascota? —¿Mascota? Oh, no llamo para eso, es que necesito que actúe como mi prometida para esta noche. Luciano me contó sobre sus servicios y de verdad me urge. —¡¿Qué, Luciano qué…?!
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