Narra Alicia
—¡Buenos días! Vengo por Rocky, ¿ya está listo?
Tengo a Pepe y Motita de la correa.
—¡Oh! Mira Rocky, ya llegó tu amiga para el paseo. ¿Cómo estás Alicia?
—Muy bien, ya extrañaba mucho a mis amigos peludos.
El dueño de Rocky le coloca su correa y me lo entrega, así que me despedí y seguí mi camino directo al parque como hago todos los días.
—El día está precioso ¿no creen? —le pregunto a los perros—. Parece que ustedes tienen mejor vida que yo, eso es increíble. Me pagana para que les dé un lindo paseo, ¡Ay! Ojalá alguien me paseara a mí también.
Después de aquella entrevista fallida, tuve que reinventarme, no podía volver a casa de mis padres de esa forma; moriría por la vergüenza, así que me quedé como lo planeé en el inicio. Digamos que los planes cambiaron un poco, no estoy en la academia por claras razones —según mis padres me dieron el cargo— pero hice lo posible por hacer dinero para ayudarle a Fabio con los gastos de la casa, fue amable en permitir que me quedara con él, aunque si le hacía falta un poco de compañía; su novio le terminó y pasó la depresión conmigo, cada noche lo vi llorar y lo acompañé con unas copas de vino.
—¿Cómo te fue?
—Bien, pero creo que ya tengo pulgas en la cabeza, me rasca como no tienes idea.
Entré al baño afanada porque en una hora debo estar en el restaurante chino de la esquina, allí lavo trastes y limpio la cocina hasta la tarde, luego hago un par de horas en la tienda de música de un amigo de Fabio en la que organizo y apoyo con las ventas. Luego de eso, debo ir al pequeño teatro clandestino que tiene Fabi en el centro de la ciudad. Digo clandestino porque llegar allí es todo un misterio, tenemos un grupo de jóvenes a los que preparamos cada noche para las funciones y de esa manera recaudamos fondos para mantener el teatro, para comprar elementos para los shows; vestuarios, maquillaje, etc. Y claro que sobrevivir nosotros.
—Espero que esta noche no tardes, en los estrenos va mucho más personal.
—Lo sé, prometo no faltar. La última vez fue que el trafico me retrasó, pero no puede quejarte, hice la mejor María que has tenido en la vida.
—Eres buena, Alicia. Lo digo como artista, no como tu amigo.
Salí de la habitación acomodando mi gorrito rojo que dice algo en chino, llevo meses usándolo sin saber aun lo que traduce.
Llegué a la tienda del señor Chen, lo saludé y pasé hasta mi lugar.
—¡Rayos! ¿Cuántas personas comieron aquí?
Había una montaña de platos que podría ser más alta que yo.
—No la mires tanto, solo empieza porque si no nunca terminarás.
Por momento así es que quiero volver a mi casa.
Unas horas más tarde, me fui a la tienda de música; gracias a Dios para mi suerte casi no hubo movimiento de clientes, lo que me permitió darle una repasada a mi guion; siempre me gusta hacer mi trabajo impecable, jamás creí crecer tanto en ese pequeño teatro.
—Emily, este es tu pago.
Mi jefe de la tienda me da el sobre con el pago de la semana, no es mucho dinero; pero si me alcanza para cubrir algunas cosas.
A la hora del cierre estaba lista para salir huyendo del trabajo, miré el reloj atenta a las manecillas; esperé con un poco de ansias hasta que llegó a la hora.
—¡Me voy! —grité corriendo a la salida.
Fui directo a la parada de bus, mientras llegaba sacaba de mochila el atuendo. Dejaría todo ordenado para cuando llegue al teatro vestirme con rapidez.
Un rato más tarde, me bajo del bus y camino hasta un callejón sin salida, en ese callejón hay una especie de puerta que lleva a la nada, pero que realmente guarda todo un mundo lleno de imaginación y creatividad.
—Oh, aquí estás.
Fabio me toma del brazo y me lleva a los camerinos.
—¿Qué sucede?
—Nuestro Príncipe de Arán se enfermó, me acaba de llamar su madre para contarme que la llave de su trasero se perdió, no ha parado de ir al baño.
—¡No puede ser! ¿Qué se supone que haremos?
—Nos queda una opción, pero no sé si él quiera…
Fabio mira al fondo y me señala a Gustavo Mcgregor, un jovencito que lleva con nosotros un mes.
—¿Estás seguro?
—Pues, él dice que se sabe el guion, quizás debas darme una mano con eso. Ve con él y trata de asegurarte que efectivamente esté listo.
Le di unas palmadas en el hombro a Fabio para que se calmara, no pasará a mayores.
—Hola Gustavo, ¿Cómo vas? ¿estás nervioso?
—No, estoy emocionado, quería hacerlo desde antes.
—Vaya, parece que te gusta mucho actuar.
—Sí, desde siempre me ha gustado.
El chico tenía una bonita luz en sus ojos, me hace recordar el momento en el que supe que este sería mi sueño.
—¿Seguro que puedes hacerlo?
—Más que seguro.
El chico de solo 17 años, se notaba tranquilo, todo lo que irradiaba era emoción.
—¿Qué dijo? —cuestiona Fabi comiéndose las uñas.
—Todo estará bien, él puede hacerlo.
Parece que hoy es el día de suerte para el chico, siendo uno de los integrantes más nuevos logró un papel importante.
El teatro se empieza a llenar y todos los actores están detrás de bambalinas a la espera del inicio del show. Algunos se asoman para ver cuando público ha llegado.
—¿Ahora si estás nervioso? —le pregunto a Gustavo.
El chico tenía su cabeza asomada por un lado del telón.
—Ahora si lo estoy.
—Tranquilo, es algo normal. Dime, ¿vino tu familia a verte?
—No, nadie sabe que estoy aquí.
Su respuesta se me hizo extraña.
—¿Cómo así?
—Nadie sabe qué hago esto, durante un mes he salido de casa a escondidas.
—¡Oye! —dije halando su oreja—. Eso está mal, no puedes mentirles a tus padres.
—No tengo padres.
El chico regresa al camerino y preferí no seguir haciéndole preguntas que puedan hacerlo sentir incómodo.
—¡Es hora!
Todos nos preparamos para nuestro show, empiezo a mentalizar que de ahora hasta el final Alicia no existe; seré María.
—Luces, cámara y acción —dije para mí en voz baja.
Salí al escenario y fui feliz como cada noche. Es tan mágico que cada segundo que paso sobre el escenario, se siente como si fuera irreal, como si fuera un sueño que al final tendré que tratar de recordar.
—¡Excelente! ¡Bravo!
Las personas se ponen de pie al final de la obra y nos aplauden, esa sin duda es la mejor recompensa.
—Chicos, hicieron un gran trabajo. Vuelvan a casa con cuidado, mañana nos vemos.
—Eso fue increíble, viste cuanta gente había allá afuera.
—Espero algún día poder tener un espacio más grande para que todos puedan entrar a vernos.
—Has hecho un trabajo hermoso, Fabi. Todos esos chicos son felices gracias a ti.
Del teatro no es mucho lo que le queda a Fabio, las ganancias se invierten en los chicos y en las instalaciones.
Salimos con algunas cosas en manos, cajas y demás herramientas que guardará en la casa, no sé en qué espacio; pero ya veremos cómo nos acomodamos.
—Algún día, cuando sea una estrella famosa, cambiaré tu viejo auto.
—Rosalía es única, si quieres me regalas otro auto y este lo conservo en el garaje que también debes regalarme.
—Espero que no falte mucho para eso, ya estoy cansada de lavar tantos platos. No quisiera ir a la tienda de tu amigo y los perros… No, ellos me agradan, los pasearía gratis sin fuera una millonaria.
—Seguiré buscando castings para ti, tan pronto sepa algo te postularé.
—Serás mi manager, así que métele más empeño.
Volvimos a casa y sacamos todas las cosas, el sector en el que vivimos está un poco retirado; es como los suburbios.
—¿No queda nada en el auto? —pregunta Fabio.
—No, esto es todo.
—Señorita Collins, déjeme ayudarle.
Fruncí mi frente al ver que el papá de Rocky, uno de los perros que paseo estaba en la puerta del viejo edificio.
—Señor Toro, ¿Qué hace aquí?
El hombre sostiene la caja y me ayuda con ella.
—Estuve buscándola por toda la ciudad —suelta sin más.
—¿Pasó algo con Rocky?
—Oh, no, todo está bien con él. Vengo porque vi el volante que me regaló hace unos días.
—¿Cuál volante?
—Este.
El hombre con algo de dificultad sostiene la caja con una mano y con la otra busca el papel en su bolsillo.
—¿El volante publicitario de la obra? ¿Fue? ¿Qué tal le pareció?
—No, no pude ir, tenía trabajo que hacer.
Ya se me iba haciendo extraña su visita.
—Entonces, dígame ¿qué necesita? Si Rocky está bien y no fue a la función, usted vino a mi casa por…
Fabio empezaba mirarlo con ojos rayados, aquí aprendimos a no confiar en nadie.
—Necesito de sus servicios.
Me rasqué la cabeza por las pulgas y también por las dudas, no comprendía nada.
—¿Será que usted me regala unos minutos a solas?
Fabio no quería alejarse, sin embargo, le dije que todo estaba bien; sé defenderme.
El hombre deja la caja en el piso y me muestra el volante publicitario una vez más.
—¿Usted es la actriz principal?
—Sí, soy yo.
El papá de Rocky sonríe y se sonroja un poco.
—Necesito que haga una actuación para mí.
—¿Tiene alguna obra de teatro?
—Algo así.
—Creo que no entiendo lo que quiere decirme, ¿podría ser más claro?
—Necesito que interprete el papel de mi novia en una fiesta familiar.
—¿Qué cara…?
—Le pagaré la suma que cobre.
—¿Qué dice que tengo que hacer?
—Quiero que finja ser mi novia, quiero que haga el papel de una importante abogada. Quiero que todos cierren sus bocas al verla, ya me cansé de ser el solterón de la familia, esta vez no me van a criticar. ¿puede hacerlo?
Siempre supe que el papá de Rocky era igual de loco que él, pero bueno, dinero es dinero.
—Claro que puedo.