Pasaron dos meses desde que vi a Fabricio. El no sabe nada de mi, y al parecer tampoco se preocupa por saber en donde estoy. Deje la deuda así, no me importaba. Solo tenia algo en mente y era venganza. El televisor dibujaba imágenes que no seguía. Pero yo sonreía. No por lo que veía… sino por lo que ya sabía. Por lo que estaba a punto de hacer. Él entró. Con su caminar firme, sin ruido innecesario. —Todo está listo— dijo. Sus palabras no necesitaban adornos. Asentí. Con calma. Levanté apenas el borde del sombrero, dejando ver mis ojos oscuros. Ya era hora. Me puse de pie. El vestido n***o se deslizaba como sombra hecha seda, y mis botas resonaban con cada paso. Salí de la villa de papá sin mirar atrás. El sol brillaba distinto. Como si supiera que yo ya no era la misma mujer. Una seño

