Abby llegó a su casa con los nervios a flor de piel. Pensó que Jared aparecería de nuevo en algún taxi facilitado por la Interpol para trasladarla, pero no fue así. Eso la obligó a tomar uno común para alejarse del bar antes de que Nacho o Doug volvieran a abordarla. Ya no sabía qué hacer para quitarse a esos dos hombres de encima. Al llegar, le envió un mensaje a Jared, quería verlo, pero él parecía tener el móvil apagado. Eso la angustió. Al escuchar que tocaban con suavidad a su puerta se sobresaltó y corrió hacia ella sin atreverse a abrir. —¿Quién? —Soy yo. Aquella voz la encendió por dentro. Rápido abrió y se lanzó a sus brazos. Él tuvo que cargarla para poder entrar, la mujer enseguida se apoderó de su boca dispuesta a no soltarlo aunque estuviesen en el pasillo. Sin mira

