Los días fueron pasando mientras Abby se sumía en una rutina insoportable. No solo el cansancio físico la agobiaba por la falta de sueño, sino también, el mental. Pensar tanto, extrañar tanto, anhelar tanto comenzaba a resultarle contraproducente. En todo ese tiempo no había tenido noticas de Jared. «Paciencia», le había pedido él, pero ella no poseía ni un gramo de esa capacidad. Tampoco se llegaba a un acuerdo con lo sucedido en la casa oscura, ya que el doctor del servicio de emergencias de la noche aseguraba no poseer suficientes datos para emitir una alerta. Los padres de los niños trabajaban más de doce horas diarias y a ellos los cuidaban mujeres recién llegadas al país, sin papeles, que cobraban una miseria por ese trabajo. Si las denunciaban serían deportadas enseguida y lo

