Aquel día, Abby tuvo que hacer un gran esfuerzo para no distraerse en el trabajo, y no porque tuviese sueño, sino porque estaba preocupada por Jared. Cada vez que podía le escribía un mensaje de texto para preguntarle cómo se sentía, para recordarle que tomara agua y para pedirle que no matara a su vecina, la señora Morris, que con amabilidad había aceptado acercarle un poco de sopa a la hora de la comida. Como la mujer tenía una llave de su casa, iba a entrar para dejar la comida sobre la mesa. Esperaba que no lo hiciera mientras el SEAL sufría de pesadillas, o tendría un serio problema que enfrentar. —Es una anciana que camina con andadera, ¿cómo pudiste comprometerla a traerme comida? —se quejó Jared por móvil cuando ella lo llamó para saber cómo estaba. —Es más fuerte que tú. Debes

