Abby no podía creer lo que había escuchado. —¿Acompañarme? ¿A dónde? —A la boda de tu prima. Ella lo miró como si él fuese un ser de otro planeta. —¡¿Tú?! ¡¿Quieres ir a esa boda conmigo?! Jared respiró hondo. —No soy hombre de fiesta. Te advierto que no soy bueno en ellas, pero tú me aceptaste en tu casa sin conocerme, me salvaste la vida al curarme una herida que podría haber sido peligrosa si hubiese esperado más tiempo y no quieres cobrarme nada ni por la estadía ni por los gastos que has hecho. Lo menos que puedo hacer por ti es acompañarte a esa fiesta. La mujer se tapó la boca con ambas manos, aún incrédula. —Nada te obliga a ir conmigo a ese lugar. Este es mi problema, ya estaba resignada a soportarlo sola. —No me gusta deber favores. Me salvaste la vida, Abby, quiero reco

