Jared estaba maravillado con la apariencia de Abby una vez que se puso el vestido que él le había regalado. Le quedaba tan perfecto que parecía que se lo hubiesen pintado en el cuerpo. Se veía tan sexi y llamativa que comenzaba a dudar si salir de aquella habitación o quedarse por el resto de sus vidas allí encerrados. Así la tenía solo para él. —¿Crees que me veo bien? —preguntó ella como por onceaba vez sin dejar de evaluarse en el espejo de cuerpo completo. Jared se detuvo muy cerca de la mujer y la miró con el ceño fruncido. Abby puso cara de corderito regañado. —Te repito una vez más, estás preciosa. —Tengo miedo de tener algo fuera de lugar. No quiero verme mal y hacerte quedar en ridículo. —Abby, solo vamos a estar en ese lugar una hora. —¡Dijiste dos! —aclaró alzando un dedo

