— Es un placer, señorita Dantelion —sonreí con respeto y me levanté para estar a la misma altura—. ¿Cuántos años tiene?. — Tengo dieciocho años, su alteza. — Entiendo… ¿Cómo supo que yo era la princesa? —pregunté directamente. — Soy la prometida de su majestad el emperador, su alteza —”¿Desde cuándo tiene una prometida?” refunfuñe a mis adentros. Alexa me sonrió como si saliera victoriosa de algo—. Además de su llamativo color de cabello, característico de la realeza. Había comprendido. Tener mi color de cabello en Atrios era como tener un letrero diciendo ‘Soy una princesa’. “¿El hecho de que yo esté aquí, no será una molestia para Allen?” no podía evitar pensar en todas las historias de la realeza que leía, y acababan mal con los sucesores al trono. Él ya era el emperador, pero d

