Adaptación y presentación

1264 Words
    Después de los primeros días que llegué, Allen estuvo ausente para mí. Le preguntaba a Emily si podía ir a verlo, pero usualmente me decía que se encontraba ocupado. Aunque, tampoco tenía mucho tiempo para pasar con él.     Después  de recuperarme y visitar la tumba de mis padres, Allen me asignó lecciones de aprendizaje. Lo tomé como una entrada a la universidad, ya que después de graduarme de la preparatoria no había estudiado más.     Los profesores eran nobles especialmente seleccionados para educarme como princesa. O al menos, eso me había dicho Emily. La duquesa Liana Juvenia era una mujer en sus cincuentas con un aspecto noble y autoritario. Llevaba siempre su cabello castaño y con algunas canas, recogido, y hermosos accesorios, con vestidos discretos y acordes a su edad. Tenía los ojos color miel. Su esposo era el general de la guardia imperial, el Duque Randolph Juvenia. Ella se encargaría de impartir las lecciones de baile, etiqueta, literatura y jerarquía nobiliaria. Mientras que el marqués Peter Reinor, era un hombre también en sus cincuentas, con barba y cabello corto peinado siempre hacia el lado derecho. Tenía los ojos grises con toques de verde. Era uno de los hombres más fieles al emperador, y uno de sus grandes consejeros. En su tiempo de juventud, era uno de los hombres más codiciados por las mujeres del imperio. Tenía un gran poder en el comercio del café tanto en el imperio como en el extranjero. Se encargaba de enseñar historia, geografía y cultura.     Después de tener las clases de geografía e historia con el marqués Reinor, aprendí cómo estaba dividido este mundo.     Atrios se basa en cuatro grandes imperios: Athen, Lerentia, Renhart y finalmente Lancast. Han vivido en paz por siglos. Athen es un reino de un clima frío y hostil, ubicado en altas montañas en el norte del continente, donde se ubicaban las mejores minas de oro y diamantes, lo cual permitía que el pueblo pudiera prosperar y sobrevivir importando todo lo que no se podía cultivar desde el exterior. Lerentia cuenta con un clima más equilibrado y cálido, con épocas de invierno a mitad de año, ubicándose en la costa este. Renhart y Lancast son reinos en los que hay mucha lluvia en el verano aunque siempre está nublado, a excepción de unos pocos días en los que sale el sol. Cuentan con un clima frío casi todo el año y en la mayor parte de la zona fronteriza entre ambos siempre es invierno cae nieve la mayoría de los días. Son países que están llenos de lagos y paisajes montañosos.     Leí sobre Lancast y sus reyes. Encontré información de mis padres, pero no hablaban sobre su retorno a este mundo. Se saltaban desde su reinado al momento de sus muertes. Era como si esa parte de la historia no existiera. Luego de un tiempo, decidí pausar la búsqueda. Me pareció extraño, pero no quería obsesionarme. Y el marqués tampoco me ayudaba; todos… parecían ocultar algo de la muerte de mis padres. ✧ ✧ ✧     Tenía tiempo libre, y Emily me había sugerido pasar el tiempo en el jardín para tomar sol. Era uno de esos días soleados que hacían falta en el año. Me senté en la manta con una cesta llena de postres traída por Emily, y ella se mantuvo de pie a mi lado. Un poco más lejos, se mantenía mi nuevo guardia personal, Gustav. Debido a que ahora podía salir de mi habitación, Allen se había puesto un poco más inseguro conmigo.     Según Emily, Gustav era uno de los tres mejores guardias de élite del imperio. Tenerlo sólo a él bastaba para mantenerme segura de cualquier amenaza inminente. A pesar de ser el hijo del conde Trayer, se había unido a las fuerzas del palacio por su alta lealtad a la familia real e increíbles habilidades con la espada. Tenía el cabello castaño, ojos verdes y voz grave. Tenía veintidós años, la misma edad que yo. Me sentía nostálgica con él, ya que se parecía mucho a Eric. A pesar de pasar todos los días siguiéndome, mantenía su distancia y me protegía en silencio. No lograba entablar conversaciones largas con él debido a que era un hombre de poca habla, pero sí me sentía cómoda con él por su parecido a mi mejor amigo que había dejado atrás y extrañaba muchísimo. Habíamos formado un vínculo cercano y de confianza, aunque no se notara por fuera. Con Emily y Gustav pasaba mis días. — ¿Por qué no te sientas, Emily? Te vas a cansar. —Gustav observaba todo, a unos metros de distancia. — Me conmueve su preocupación, su alteza. Pero de esa forma no podré servirle debidamente —mostró una leve reverencia. — No necesito nada por ahora, así que puedes sentarte. Así no tienes que agacharte para servirme el té. — … Entiendo, en ese caso me sentaré —sonrió dulcemente.     Le devolví la sonrisa, y dejé que me sirviera un té de rosas. Emily realmente era muy habilidosa para hacer el té y arreglarme para salir. Era de gran ayuda, ya que se me hacía más fácil acostumbrarme a la moda de los vestidos, y no me apretaba el corsé con fuerza, ya que sabía que jamás había usado uno. — Emily, ¿sabes que está haciendo ‘su majestad’? —me dirigía a Allen con su título cuando me encontraba fuera de mi habitación. — El emperador se encuentra en este momento ocupado con los ministros, su alteza. Cuando se encuentre libre estoy segura de que vendrá a buscarla. — Gracias —agradecí con una leve sonrisa. — Su alteza… —dudó en hablar. — Puedes hablar con confianza conmigo, Emily. Me gustaría que pensaras en mí como una amiga. Al menos, mientras estemos tú y yo solas. Después de todo, tenemos edades similares —recogí mis piernas y la miré sonriente. — S-su alteza… lo haré, si eso la hace feliz —Emily se sonrojó y me miró con felicidad—. Aunque, me extraña que piense que tenemos edades cercanas, pero yo tengo dieciocho y su alteza veintidós, y su majestad el emperador tiene diecisiete y lo trata muy diferente.     Me sonrojé al escuchar lo que decía Emily. Es cierto, estaba marcando mucho la diferencia de edad con Allen. Pero, ¿qué podía hacer? él me ponía nerviosa. — Lo sé… es sólo que, es diferente. — ¿Diferente en qué sentido, su alteza? — … Sólo es… diferente —sonreí un poco sonrojada y avergonzada, sin responder nada más.     Emily me observó, pensativa. — Su alteza, no será… —detuvo lo que iba a decir.     Una mujer que no conocía se acercó. Emily se levantó e hizo una reverencia.     Traía puesto un costoso vestido morado adornado con cintas y perlas. Hermoso cabello largo y liso, color rubio platino, y ojos aguamarina que resaltaban con las perlas que traía puestas. Venía acompañada de una criada y dos guardias personales. Tenía una mirada imponente. No debía levantarme, después de todo la duquesa me había enseñado que nadie en este imperio tenía más autoridad que Allen y yo. Se notaba que era una mujer poderosa. Me miró de reojo por un segundo, y a continuación hizo una reverencia y se presentó. — Saludos a su alteza real, mi nombre es Alexa Dantelion, hija mayor del duque Dantelion. Es un placer encontrarme con usted en un día tan agradable como este.     A pesar de saludar con respeto, se notaba. Esta chica no tenía intenciones de ser para nada agradable conmigo.
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