Capitulo 4: El vecino de enfrente

1179 Words
Capitulo 4: El vecino de enfrente Como tenía la mañana libre para hacer lo que yo quisiera mientras aun los niños estaban en la escuela, aproveché de salir a correr por la cuadra colocándome mis pantalones deportivos largos, guantes, gorro para el frio y mis audífonos con música a todo volumen, necesitaba mantenerme en forma porque cuando empezara a trabajar, mi trabajo sería mi cuerpo; debía de verme bien. Ya iba por la 4ta vuelta casi con la lengua afuera, ya iba a meterme a la casa, cuando de repente vi al vecino de la casa de enfrente, estaba afuera sacando unos sobres en el buzón. —Hey. —me dijo. —Buenos días. —murmuré por educación quitándome los audífonos intentando regularizar mi respiración, iba a seguir de largo pero él continuó diciendo: —No te habia visto por acá ¿estás con el coronel McDonald? Me detuve mirándolo otra vez, era un hombre guapo, bronceado, rubio y ojos verdes que resaltaban como reflectores. —Sí. —dije y expliqué al ver que eso sonó como si fuéramos pareja:— Bueno, no estar de uhm, ya sabes... yo solo trabajo como su niñera. —¿En serio? —alzó una ceja— ¿y cuanto tiempo tienes con ellos? ¿no te han desquiciado los niños? ¿Acaso era la fama que tenía esa familia? —No —me reí— no hasta el momento, apenas llegué ayer. —Entiendo —sonrió—, entonces hoy es cuando empieza la guerra, entiendo que después de la muerte de la señora Pricila el señor Taylor no volvió a ser el mismo. Era raro escuchar el nombre de “Taylor” en vez de McDonald, me imaginaba que estaban familiarizados. —¿Por qué lo dice? —indagué. —Ya sabes, él salía, a veces venía a mi casa y comíamos, era un poco más amistoso, ya no habla con nadie de la zona y todas las niñeras que salen de esa casa dicen que es el diablo reencarnado. Bueno, el señor McDonald no era amistoso en lo absoluto, me imaginaba que la muerte de su esposa lo afectó mucho. —¿Tan mala fama tienen en esa casa? —dije alzando ambas cejas—, ¿de qué murió la señora? —La señora Pricila tiene casi 5 años de muerta, fue cáncer. Oh, ¿5 años? Eso era bastante. —Cada mujer que ha entrado a esa casa —continuó diciendo— los niños la agotan y las atosigan tanto que no lo soportan, además de que también he escuchado que el coronel McDonald no es nada amable, es un militar y sabes que los militares tienen mal carácter, en especial los de alto rango como él. Ya lo había notado. —Entiendo —murmuré—, de igual manera esto es temporal, necesito trabajo mientras busco audiciones. Él me miró con interés. —¿Eres cantante? —preguntó. —No, aspirante a actriz. —dije, para eso había venido a la capital, por oportunidades. —¿En serio? —dijo— Conozco un representante puedes enviarme tu síntesis curricular y te recomiendo con él. —¿Qué? —dije perpleja— Eso sería maravilloso. —Lo sé, es una buena oportunidad —dijo y extendió su mano—. Soy Darwin por cierto. Estreché su mano. —Soy Luz. —sonreí. —Lindo nombre —sacó su telefono del bolsillo—, dame tu número para mandarte mi correo y hacerte la vuelta con el representante. Sentía que era la primera luz que se encendía en mi oscuridad. —Vale —le di mi numero y luego anoté el suyo—, tengo que volver. —Vale —sonrió—, nos vemos luego, Luz. Alguien caballeroso y amable para variar. Sonreí, eso era lo más increíble que me había pasado hasta ahora, conocer a alguien que conociera a un productor. Llegué a la casa, me bañé con agua caliente y entonces envié mi síntesis curricular al correo que el vecino Darwin me indicó, ahora solo esperaba lo mejor, era esto necesitaba solo 1 puerta que se abriera y me permitiera entrar. Cuando los niños llegaron de la escuela en el transporte fui a recibirlos y creo que pude entender por qué TODAS las niñeras dejaban el trabajo. Llegaron gritando, saltando y jugando. Habían venido recargados de energía de la escuela. Cuando mis hermanos se ponían así salía con ellos al parque para que drenaran energía, así que salí con ellos al patio lleno de nieve y comencé a jugar con ellos en el parque que tenían atrás, todo lo que ellos querían jugar me involucraba porque era mejor estar con ellos antes de que me relajara y vinieran por mí para llamar mi atención. Los niños siempre querían atención absoluta así que me cansaría con ellos, me aseguré de que se bañaran comieran y nuevamente parecían tener energías, los ayudé a hacer la tarea sobornándolos con darle bocadillos, para mi sorpresa me obedecieron diciendo que quería volver a jugar conmigo así que al terminar volvimos al parque a jugar otra vez hasta que ya estaba cayéndose del sueño, los bañé, cambié y acosté quedándome ahí hasta que por fin se durmieron. Que agotador eran los niños. Pero creo que lo soporté porque quería realmente hacer las cosas bien, al menos durar hasta mi paga o mientras el vecino de enfrente me contactaba con el agente. Me di una ducha larga y bajé a cenar algo a la cocina. Ahi estaba Ana limpiando el mesón, llegué abriendo la nevera sin decirle nada, solo tomé un poco de agua antes de ir a servirme cena en un plato. —Tengo que admitir que estoy sorprendida —comentó Ana rompiendo el silencio. La miré. —¿Por qué? —pregunté con curiosidad, ella se encogió de hombros, su rostro era de verdadera sorpresa. —Te comportaste como una de ellos pero sin dejar de lado la responsabilidad —dijo—, realmente pensé que solo eras otra mujer inservible. Otra mujer inservible... Ana siempre sabía que decir para quedar como una amargada. —Uhm gracias, creo —dije entrecerrando los ojos sin entender si era un cumplido o no. Con la señorita Ana nunca se sabía porque su cara de culo era muy seria y siempre parecía desprender desprecio a los demás. La señora Ana dejó las cosas ordenadas y sin decir nada más se fue, apreveché el tiempo y tomé un lápiz junto con un papel para empezar a escribir el informe diario de los niños esperando que el señor McDonald no tuviera excusas para gritarme o hacerme sentir inútil, expuse que los niños llegaron del colegio, jugaron, hicieron su tarea, comieron y luego fueron a dormir. Puntual; un informe preciso. Ya tenía todo listo, pero ahora quería esperar al coronel para asegurarme de darle mi informe. Tomé un libro de la biblioteca y me senté en la sala a leer mientras tanto. De repente escuché la puerta y me tensé al escuchar que había llegado el coronel.
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