V - Gardenia

2416 Words
Por primera vez en meses se levantó tarde a gusto, desayunó en el gran comedor junto a las sirvientas que hablaron animosamente con ella, le hicieron un bonito peinado de trenzas, decorado con peinetas de perlas, salió para pasear por las calles de Vernazza, entró en una tienda y compró jabones y perfumes, sonrió al ver que eran de gardenia, como su nombre, siguió caminando y comprando cosas con su dinero, hasta que se detuvo en un aparador, un hermoso vestido la llamaba, quería tenerlo, necesitaba tenerlo, entró a la tienda sin pensarlo dos veces. -Bienvenida señorita. ¿Busca algo especial? –Casi se arrepintió al instante de estar allí, su ropa era "aburrida", "sosa", bastante fuera de lugar en comparación con las damas que se encontraban allí, no podía echarse atrás. - ¿No eres la jovencita que trabaja en la excavación del duque? –Una mujer mayor se le acercó. –Me llamo Genoveva Benjuí. Ya te he visto, y mi esposo habla maravillas de ti. Gardenia Tramell ¿No es así? -Oh, Lady Benjuí, sí, soy Gardenia, su esposo es parte del club de anticuarios, trabajo para el duque. -¿Trabajas para el duque? –Una muchacha bien vestida se le acercó. Sus ojos eran azul cielo y su tez blanca pálida. – ¿Es tan guapo como lo imagino? –Rió al ver lo emocionada que estaba la jovencita, que suponía ella que no sobrepasaría los veintidós años, agitando cintas. –Es un placer conocerte Gardenia. -Jane, compórtate. –La mujer rápido reprendió a su hija como si de una nena pequeña se tratase. –No es propio de una dama hablar así. -Lo siento madre. –Jane sonrió haciendo ver que no se arrepentía de lo que había dicho, Gardenia miró de nuevo hacía el vestido color coral que la llamaba, habían más, y más sencillos, pero aquel precioso vestido de baile con todos sus bordados y flores tenía su atención completa. – ¿Cuál es tu apellido Gardenia? -Tramell, Gardenia Tramell. Así me llamo. -Tu apellido me suena ¿De dónde eres? –Genoveva la miró curiosa, como si otro pensamiento se hubiera activado en su cabeza. Aquella niña le parecía tan familiar, aunque la había visto solo en ocasiones muy contadas. -Mi padre era Sir Henry Tramell, restaurador, yo nací en Londres. –Le había caído, ¡El norte de Europa! ¡Claro! Era idéntica a la hija de Hubert, un barón inglés muy amigo de la corona en Inglaterra. -La familia Tramell, Henry, lo conocí en una conferencia de anticuarios al que mi esposo fue, en... Estuvieron en Francia, en el museo de Louvre. –Respondió reviviendo su memoria. –Eres idéntica a tu madre. - ¿Cuándo fue eso? –Gardenia pestañeó y acomodó sus lentes pensando en porqué el mundo sabía tanto de ella y ella tan poco de sí misma. -Hace como unos veintiséis años. Para entonces él estaba soltero, se casó después de eso con Lady Alhelí Victoria Altramuz Rosseau. Hija del Barón Hubert Altramuz. Eso quiere decir que... ¡Es tu abuelo! ¿No es así? –Gardenia palideció un poco, quería evitar esa pregunta. Pensó un poco que responder, sacudió la cabeza y se limitó a no decir más allá de lo necesario. -Mi mamá. Su nombre era Alhelí. –Calló, aquello debía bastar. Seguro su cara demostró que no quería hablar más de ello pues la mujer al frente de ella no dijo más. -Entonces eres hija de Henry. Quiero presentarte a mi hija Jane Benjuí. –Jane se inclinó en una reverencia corta y le sonrió. -Un gusto señorita Gardenia. -Es un placer Jane. –Jugaba con el borde de su trenza algo nerviosa de que le hicieran más preguntas sobre su abuelo o sobre su familia, para su suerte, Jane desvió el tema a algo más frívolo. - ¿Compraras algún vestido? Di que sí, mamá dice que yo ya tengo demasiados. –Gardenia, atraída por el vestido de baile volteó a verlo de nuevo. -Yo quiero ese vestido. –Junto a la chica se acercaron, era como ser una polilla atraída por la luz. Tocó la tela, el tul suave deslizándose entre sus dedos, supo entonces que estaba perdida, no podía salir de aquellas paredes sin haberlo pagado. -Te quedará precioso, dile a Madame Camelia que lo ajuste para ti. ¡Madame! –La chica de ojos azules fue inmediatamente a buscar a la costurera quien se acercó a Gardenia. -Si no es molestia, quiero ese vestido rosa. –No podía dejar de observarlo, se había enamorado de la belleza del mismo, la costurera reía, sonrojada, Gardenia apartó la mirada de la tela. –Es la primera vez que compro un vestido. –Dijo confesándose. Madame Camelia rió. –Querida, no es molestia, una mujer siempre necesita un vestido que lucir. –Fue hasta el aparador y trajo el vestido. Guió a Gardenia hasta el probador dejándola quitarse sus ropas viejas, con ayuda de Jane le colocaron el vestido, la falda amplia cayó a sus tobillos y Madame Camelia prosiguió a colocar alfileres donde lo iba a ajustar. -Te queda precioso. –Suspiró Jane. –Pareces princesa. –Gardenia encontró su reflejo en el espejo, lo parecía, y si fuera una mujer reconocida lo sería. Pero no lo era, así que era casi una princesa. -Gracias. –Se veía hermosa, la suavidad de la seda sobre su piel le fascinaba, a fin de cuentas, ella era una mujer, no podía negarse al poder de un maravilloso vestido. -Los ajustes ya están, si quiere se lo quita y lo termino en un santiamén. -No. –Casi lloraba al verse. –Quisiera llevarlo puesto unos minutos más. Por favor. –Suspiró, estaba soñando despierta, le gustaba. Madame Camelia comprendió que aquella muchacha se sentía hermosa con el vestido de seda, y saliendo del probador, la dejó a solas con su reflejo para que pudiera acostumbrarse a verse así de preciosa, porque ese efecto no lo lograba un vestido. Al rato, luego de quitarse y sentir que ya habían sonado las doce y ella volvía a ser calabaza, pagó el vestido, y pidió casi rogando que lo tuvieran listo en el menor tiempo posible. -¡Hiciste bien en comprarlo! Te veías hermosa. –Jane salió detrás de Gardenia con varias cintas de colores. –Quizás con unas joyas te verías como una autentica reina. -Jane, no acoses a la pobre Gardenia. –Genoveva subía a su carruaje mientras Jane aún seguía hablando con su nueva conocida. –Y sube ya, debemos llegar a la casa. -Si madre, Gardenia, el sábado en casa, las mujeres celebraremos una fiesta de té, si gustas ir, nos encantaría escuchar tus historias, seguro tienes mucho que contar sobre tu estancia en la casa ducal de Vernazza. - ¿De verdad? –Miró a la mujer mayor esperando su aprobación, sostenía con fuerza su canasta de compras sintiendo el corazón acelerarse, era su primera invitación a un evento de mujeres. -Por supuesto Gardenia, puedes venir, si no tienes mucho trabajo en casa del duque. –Contestó Lady Benjuí. –Si vienes serás más que bienvenida en mi casa. -No, puedo pedir la tarde. Gracias por la invitación. –Tras una reverencia volvió a la casa ducal, comenzó a explorar sus parajes, nunca había visto los jardines, ni el arroyo detrás de las caballerizas, volvió dentro de la casa, tomó las sobras de las comidas y pidió alguna botella de vino que no estuviera completa y poniéndolas en una canasta volvió al arroyo. Extendió una manta y se quitó las botas dejando sus pies descalzos, tomando sus carboncillos comenzó a dibujar las vistas del arroyo mientras mantenía su canasta de comida a un lado. Al terminar algunos trazos su mente voló a su reflejo en el espejo, sin querer había comenzado a dibujarlo una vez más. Desde las caballerizas el duque la vio, sonrió al verla tan absorta de la realidad haciendo unos trazos, con su caballo se acercó. – ¿Ha dejado un fabuloso día conmigo solo para dibujar unas vistas? Ella alzó la mirada y le sonrió. –Sí, eso me temo señor. ¿Qué pasaba? ¿Ella le acababa de sonreír? Parecía mucho más radiante, feliz ¿Cómo podía cambiar tan rápido de ánimo? –Usted ha enloquecido es la única cosa que se me ocurre que pasó, su comportamiento cambió y además encontró su voz. –Se sentó sobre la manta y se quitó la chaqueta quedando en su camisa blanca. -Pero si me quedaba con usted hubiera tenido que trabajar. –Se movió ligeramente y sus pies quedaron al descubierto. –Y no sabía que había perdido mi voz. Wendell miró hacía Gardenia... Sus pies, su piel estaba quedando al descubierto y eso lo descontroló. ¿Cómo serían el resto de sus piernas? ¿Eran torneadas? Solo se quedó mirándola, sin decir palabra. ¿Qué estaba pensando? "Concéntrate" se dijo a sí mismo, "estás aquí por una misión". -Señoría, ahora es usted quien perdió su voz. –rió, inconsciente se acomodó con las piernas a un lado, la falda no cubría del todo su preciosa piel aceitunada. -Claro ¿Tienes algo de comer? –Evitó seguirla viendo y clavó su mirada en el arroyo. –Espero que disfrutes tu día libre. -Sí, sencillo, pero es un manjar. –Sacó varios sándwiches de la canasta pasándole uno a Wendell. –Y ha sido bastante satisfactorio descansar y ser una mujer por fin. –Rió de nuevo antes de darle una mordida a su sándwich. -No sería un gran picnic sin algo de vino. –Alcohol, era lo que necesitaba, así tal vez ya no se sentiría estúpido y sobrio. -En Israel tienen picnics, pero no beben vino ni sidra. –Sacó la media botella de vino que había pedido y sirvió dos copas. –Pero para su suerte, señor duque, si tengo vino, barato, el menos costoso de su despensa. -Estaba pensando ¿Pasó aquí todo el día? –Tomó la copa que la muchacha le ofrecía dándole a sus dedos un rápido contacto. La llevó a su boca bebiéndola deprisa para luego comer de su sándwich. -No, fui de compras. –Se acercó a él sonriente, susurró como si hiciera una confesión. –Y compré un vestido, precioso. –Sonrió. -¿Y se puede saber porque no lo llevas puesto ahora? –Miró su vestido beige con el que solía trabajar, viejo y aburrido. –Y por favor, no me diga que es gris o marrón, o haré que la boutique donde lo compró vaya a la quiebra. Se lo juro. –Gardenia rió negando con la cabeza, tomó un poco de vino para dejar la copa encima de la manta. - ¡NO! No lo llevo puesto porque es un vestido de gala, y no es marrón, ni gris, es de seda con tul, tiene bordados de flores y es rosado, aun necesito zapatillas a juego. –Rió un poco más alegre. –Pero de eso me encargo el próximo jueves. -Me pregunto si viviré para ver tal maravilla. Dudo que vaya a algún baile para verlo. –Wendell evitó verla de nuevo, sus ojos curiosos ahora lo estudiaban a él, ella se acomodó los lentes tras limpiarlos. - ¿No le gustan los bailes? –Temida pregunta que nunca quería contestar, lo curioso es que a ella si quería explicarle el porqué. –Descuide, muchos odiamos cosas que a la mayoría le fascinan. -Al contrario, me encantan los bailes, lo que no me gustan son sus consecuencias. –Se sirvió un poco más de vino y lo tomó, tras dejar la copa despeinó su cabello y respiró tranquilo el aire limpio. ¿Desde cuándo no disfrutaba de un tranquilo picnic? -No entiendo. –Volvió en sí, supo que se refería a su respuesta. –Si te gusta bailar ¿Qué consecuencias tiene? -No es difícil de entender, pero no quiero hablar de ello. -Entiendo, entonces es un fanático del baile, pero se pierde todos. Aburrido. –Susurró casi riendo, él la vio, su sonrisa oculta tras su mano mientras miraba el arroyo. - ¿No tiene usted algo que fascina hacer, pero no lo hace? –Rió para hacerle ver que no estaba molesto. –No soy aburrido Gardenia, evito el bochorno social. -Ir de compras, creo, amo los vestidos coloridos y elegantes, pero nunca había ido a comprar uno, hasta hoy, mi padre ni mi madre podían permitirme esos lujos, vivíamos viajando de excavación en excavación. -Sin embargo, sé que su madre era una Altramuz, una de las familias más importantes de Inglaterra, ¿Cómo es que no le permitían ese lujo? –La miró palidecer, su labio temblaba. Gardenia agachó la mirada. –Wendell no quiero hablar de ello. Es una historia muy larga y muy complicada, Altramuz fue un apellido que se perdió para mí, soy Tramell, y eso es todo. Guarde el secreto ¿Si? Como si fuera mi amigo. Lo había llamado por su nombre y se había mostrado vulnerable. –No importa Gardenia. –Él la tomó por la barbilla acercándose peligrosamente, su piel color galleta clara era hermosamente suave, quizás como la seda de ese vestido que había comprado, Gardenia temblaba, su toque era firme, tenía bonitas manos con dedos largos, su respiración se aceleró, pestañeó varias veces intuyendo lo que se aproximaba al verlo tan cerca, reaccionó apartándose un poco. -Señoría, los amigos no se aprovechan de situaciones así. –Lo miró a los ojos y él reaccionó ante ellos, tenía miedo, era como un animalito que huye despavorido de un cazador, se alejó y dejó de tocarla. -Lo siento ¿Somos amigos? –Bromeó para romper la barrera que se había creado, ¿En que estaba pensando? Iba a besar a Gardenia. ¿Por qué demonios iba a besarla? –Creí que me odiaba, ¿Se le olvidó? –Gardenia rió guardando las cosas en la canasta del picnic. -Parece que sí, y si parece que somos amigos señoría. –Se levantó tras ponerse sus zapatos. –Me debo ir, quisiera hacer un par de cosas más para disfrutar de mi día libre. –Qué pase buen día. –Se fue dejándole solo, casi parecía caminar más rápido para alejarse más y más. ¿Por qué era difícil con ella? ¿Y por qué de repente sentía un poco de locura al verla? ¿Ella estaba huyendo de él?
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