Se dirigió hacia el Fuoco, en la mesa de trabajo no estaba la mujer que desde un día antes lo había hecho perder los estribos, fue hasta la excavación con el fin de encontrarla, y allí estaba en medio de los trabajadores dándole ordenes, que tuvieran cuidado con un fresco que recién habían encontrado. –No permitan que el fango toque la pintura, con cuidado. –Hablaba con carácter, fuerte y decidida. Pero su voz tenía más poder, y se lo iba a demostrar, caminó y quedándose a las espaldas de ella habló con suma calma.
-Todos fuera. –Los trabajadores dejaron el fresco, Wendell sonreía al ver que Gardenia solo se quedaba allí, plantada, cruzando los brazos enojada.
- ¿No se preguntó que podría necesitar la ayuda de los excavadores, Señoría? –Respondió sarcástica casi lanzándole un pañuelo que había sacado de su bolsillo. –Evidentemente no, le importa poco lo que necesiten los demás.
-No, simplemente quiero hablar con usted... No sé qué tiene para que tenga estos azotes de ira, pero quiero saber que le sucede y quiero ofrecerle mi ayuda.
-No la necesito. –Lo ignoró poniéndose a terminar de retirar el fresco del suelo, pasaba la brocha enojada y murmurando maldiciones en contra de Wendell.
- ¿Es por dinero? Le daré cinco mil y además un día libre. –Volvió a sonreír al ver que captaba la atención de la mujer.
Esa cantidad dejó a Gardenia anonadada, nunca había escuchado tanto en un día. – ¿Dis-disculpe? ¿Dijo cinco mil?
Tartamudeó, la mujer que veía como maquina acababa de mostrar una emoción humana frente a él. –Sí, cinco mil, y usted elige el día, le ofrezco esto porque usted quiere casarse ¿No es así? Considere los cinco mil como dote, ya que no tiene padre, ni conexiones, y el día libre puede ir al pueblo, conocer gente, es más, si quiere ir a fiestas y bailes se lo permitiré.
-¿A cambio de qué? –Preguntó ella antes de ceder a la tentadora oferta. –Lo conozco, sé que sus planes tienen maña. –Lo miraba de manera descarada, desafiante. Su enojo lo golpeaba con fuerza, lo conocía bien, era hora de lanzar su gancho.
-A cambio de que mínimo se quede hasta que el museo abra, por favor Gardenia, es la mejor, no conseguiría a alguien como usted en mil años.
Tenía truco, lo sabía. –Le ofrezco otra oferta, me da los cinco mil, el jueves como día libre y me quedaré tres meses, no uno. –Sonrió suficiente la mujer, aunque al instante reprimió su sonrisa, aquello era casi como coquetearle.
-Tres meses no es nada. –Respondió desesperado Wendell. –por favor Gardenia, ¿Qué tengo que hacer?
-Es más que un mes, usted decide, señoría. –Le dio la espalda y fue caminando hasta dentro de la casa de Fuego, Wendell reflexionó. Ella no tenía por qué aceptar al momento, pero si tenía más tiempo podía convencerla de quedarse para siempre. Gardenia se sentó en su mesa y a los segundos escuchó unos pasos correr hasta donde estaba.
-Acepto, tres meses señorita Tramell, pero mínimo dos noches a la semana debe cenar conmigo. –Su tentación estaría lista, ella iba a caer y ceder a su poder, él era un duque, nadie le decía que no.
- ¿Por qué yo cenaría con alguien a quien odio? –Ella lo miró, él sonrió y se acercó tomando su mano y plantándole un beso en el dorso.
-Para que me conozca, no soy malo como usted cree... ¿Aceptas Gardenia?
Lo pensó un poco, era obvio que quería pasar tiempo con ella para tentarla a quedarse, tenía que preparar una contraoferta. –Dos meses entonces y aceptaré cenar con usted.
-Dos meses y medio. –Sonrió para intentar hacer que ella accediera. De alguna forma, aquel jueguito de "tira y afloja" le comenzaba a gustar.
-Bien, dos meses y medio, ni un día más. Es abril, así que me vendré yendo a la mitad de Julio.
Había hecho que aceptara algo de tiempo, eso era suficiente, en esos meses él iba a desplegar todo su encanto para hacer que ella se fascinara, si lograba hacer que se quedara entonces sería una victoria más contada para él. Entró a su casa a prepararse para ir a ver a su amante en la ciudad, quería pasar tiempo con Rosaura antes de comprometerse con Anastasia.
Fue oculto hasta la casa de Rosaura, se deshizo de sus "problemas" en el cuerpo de la mujer, aunque en aquella vez, no le dio satisfacción por mucho tiempo, ni muchas horas para dejar de pensar el Gardenia.
¿Qué más debía ofrecerle a ella para que se quedara en Vernazza?
Ya entrada la noche volvió, él buscó en el Fuoco, pero no estaba. –Hana. –Se acercó a la doncella que era dama de compañía de Gardenia. – ¿Dónde está la señorita Tramell?
-Oh, señoría, la señorita Tramell dijo que la dejara leer en la biblioteca, allá es donde está, venía a buscarle un té, por si ella gustaba.
-Gracias Hana, tráenos vino tinto, saquen el mejor de la bodega.
-Si señoría. –La sirvienta se alejó apresurada, sabía que a su jefe no le gustaba que lo hicieran esperar.
El muchacho corrió hasta la biblioteca, y en el sillón al lado de la lámpara se encontraba una mujer diferente a la que trabajaba en la Casa de Fuego, llevaba el cabello suelto, no tenía puesto el delantal, descalza, con los pies acurrucados dentro del sillón, el vestido de algodón dejaba ver sus curvas y Wendell apreció a poca luz la figura de ella. –Gardenia.
Alzó la mirada de su libro y lo cerró. – ¿Qué se le ofrece? ¿Vino a tentarme?
-No Gardenia, yo no la quiero tentar, quiero hablar ¿Qué es lo que lee? –Se sentó al frente de ella, concentrado en ver lo poco que dejaba ver.
Alzó el libro y lo mostró. –Cleopatra.
-Pero ese libro no resalta su valor histórico. Si quiere saber eso le puedo ofrecer libros de mi colección. Tengo una muy amplia en... -Ella negó interrumpiéndolo y volviendo a su lectura.
-No quiero saber sobre su historia, quiero saber sobre cómo ella era.
-Y ¿Qué ha encontrado? –Preguntó con curiosidad, tal vez si lograba sacarle algo, conocería que quería ella, se lo ofrecería y ella se quedaría.
-Que era una mujer misteriosa, pero poderosa, segura, iba por lo que quería, pero aun así era una dama.
- ¿Quieres ser misteriosa, poderosa, segura y aun así ser dama? –La estaba estudiando, podía sentir como la observaba, acomodó sus lentes y cerró el libro dejándolo en la mesita. Él por su parte pensaba en cómo hacerla sentir de esa manera para que ella no se fuera.
-Creo, no estoy segura. No... no desde que vi lo que el mundo piensa de mí. –Lo vio y sintió como su corazón se quebraba de nuevo. –Dice que quizá ella le debía todo su poder en el amor a la diosa Hathor.
-¿Y qué es lo que piensa el mundo? ¿Por qué deberle tu éxito en el amor a una deidad? –Seguro como él antes de verla realmente, que no era una mujer con carácter.
-No debería hablar de cómo me ve la gente o como me ha visto desde siempre. ¿No cree usted que ella tenía algo diferente que la hiciera ser codiciada por los hombres?
-No, todas las mujeres son poderosas, no le deben nada a deidades. Quizá por el hecho de que nacen poderosas es que se vuelven diosas. –La miró con los ojos entrecerrados. –Debería saberlo, es una mujer... ¿Acaso jamás ha hecho algo que haya descolocado de manera s****l a un hombre?
-No lo sé. –Abrió el libro de nuevo. – ¿Qué hay de Julio César? Él cayó por Cleopatra VII.
La observó un largo rato sin decirse palabra alguna. Hana entró con las copas de vino que el duque había pedido, en igual silencio las dejó en la mesa, Wendell tomó una copa y le dio un pequeño sorbo. –Julio César, un idiota.
- ¿Por qué? –Ahora sí que ella no lo entendía, quería saber ahora su opinión, alzó la mirada, estiró la mano hasta la copa y acercándola a sus labios bebió un poco.
-Cayó por una mujer que ni siquiera era de su imperio, al ser un general podía tener a cualquiera, y cayó con la reina. Fue un tonto, un idiota, solo la vio y juró que la amaba, traicionó su honor para salvarla a ella de la ruina, pero ella hacía exactamente eso con cualquiera.
-Se amaban. –Lo miró desafiante. –Yo creo que, si se enamoraron y aunque los problemas los alcanzaron, se enfrentaron juntos a ellos por amor.
-El amor te hace perder la cabeza Gardenia, Julio César fue asesinado por el amor a una mujer.
-¿Qué me dice de Marco Antonio? ¿Él también perdió la cabeza por Cleopatra? –La sola pregunta lo hizo reír de manera sarcástica. – ¿Ahora soy tu chiste? –Lo miró enojada bebiendo de golpe todo el contenido de la copa.
-En definitiva, él se lanzó por ella a una guerra, contra Octavio, aun a sabiendas de que aquel tenía un ejército mejor entrenado que el de él... Informes le llegaron de la muerte de la mujer, quiero que me diga que fue lo que él hizo al enterarse de la falsa noticia.
Suspiró, dejó la copa en la mesa y tomando una postura erguida lo miró a los ojos. –Él se dejó caer sobre su propia espada, se suicidó.
-Por idiota. ¿Lo ve? No sé ni siquiera porque lo pregunta.
- ¿No puede ser porque pensó en que una vida sin la mujer que amaba seria desdichada?
-No, yo no creo en el amor, él fue un estúpido, he visto a muchos sufrir de alguna forma por amor, hágase un favor Gardenia, no se enamore, no es conveniente; más vale la conveniencia, todo el mundo se mueve por la conveniencia. –Dio un último trago a su copa y suspiró pesadamente, como si le hubieran dolido esas palabras, ella solo lo miró, analizando ese último gesto que tuvo.
-¿Te ha herido el amor? ¿Es eso? –Lo miró preocupada, sintiendo que quizás eso era lo que le pasaba a él. El amor lo había destrozado por eso se empeñaba en ir tras una mujer que no lo amara, para no ser lastimado.
-No exactamente a mí. –Suspiró. –Pensándolo bien, sí. Aunque he visto más corazones rotos por el amor que matrimonios dichosos por él.
Escucharlo le había removido algo, se levantó del sillón y tomó su libro. –Es tarde ya. –Sus barreras estaban quebrantándose, quería abrazarlo y enseñarle que el amor puede ser más que dolor, quería demostrarle que era mejor creer que no creer. Pero su orgullo la hizo alejarse.
-Entiendo... Entonces la veré mañana en el Fuoco. –Él se levantó de igual forma de su sillón acercándose a la puerta.
- ¡NO! Mañana es jueves. –Se lo quedó mirando con un toque de dulzura que rápidamente reprimió. Él sonrió al ver otra emoción humana salir de ella.
-Bien, supongo que tendré que esperar hasta el viernes para que podamos trabajar, que pase hermosa noche Gardenia. –Y tras una sonrisa salió de la biblioteca. Tenía que pensar, ¿Quería ella ser como Cleopatra? ¿Cómo la veía el mundo? ¿Tenían todos, la definición errónea que él tenía de ella?, seguramente, ella apenas se estaba mostrando al mundo y era una criatura difícil de domar ¿Por qué lo odiaba? No tenía sentido. –De ser necesario, haré que me adores, Gardenia.