La fría noche agitó su cabello. El viento, caló su cuerpo. Sus delicados dedos seguían aferrados a ese abdomen masculino, algo poco familiar para las yemas de sus dedos, que buscaban mantener la mayor lejanía posible, pero que fracasaban, pues, era aferrarse a él, o dejarse caer y herirse a sí misma.
El pecho de la muchacha, se hallaba adherido a la espalda del hombre, que no se había preocupado en decir alguna palabra. Ella se lo agradecía, pues ni siquiera era capaz de mantener una conversación con los hombres de la iglesia, mucho menos lo haría con un stripper.
Él lamió sus labios, liberando una sonrisa al escuchar el grito ahogado de la muchacha cuando la moto fue acelerada. Jamás había conocido a alguien así, ella parecía ajena al propio mundo, como si jamás hubiese contado con la oportunidad de salir al mundo real.
Él continuó guiándose por la vía que ella indicó, mientras que Lorena no podía evitar lamentarse porque le había dado su dirección a un completo desconocido.
—¿Es la primera vez que te subes a una moto? —se atrevió él a preguntar; no solía ser alguien demasiado curioso; aquella era una de las consecuencias de rodearse de personas tan poco interesantes.
—P-por supuesto que no —mintió ella, pidiéndole entre plegarias perdón al cielo, puesto que sabía que la mentira, era un pecado—. Pero vas d-demasiado rápido. Es s-solo eso.
Él sabía que ella mentía. Siempre había sido especialmente bueno detectando las mentiras, pese a esto, decidió que no diría una sola palabra más, así que solo se dedicó a mantener su mirada frente al camino y a acelerar la motocicleta hasta que frenó en la dirección que ella le había indicado.
Una enorme casa se presentó ante él. Aquello le hizo sentir aún más carente de lo que era. Aunque la situación de Thiago, no era demasiado mala, siempre había tenido el presentimiento de que podría estar mejor. El hombre pasó saliva, liberando un suave suspiro, a pesar de que no era la situación para detenerse a pensar en eso, él no pudo evitar ser aprisionado por el pensamiento de que no podría permitirse gastar dinero en nada, pues todo lo ganado iría para los ahorros con los que sacaría a su madre de aquel país, lejos del monstruo de su padre.
El hombre regresó a sí mismo cuando sintió como la joven bajaba con dificultad de la motocicleta, viéndose en el riesgo de caerse un par de veces.
Los ojos del stripper y la futura monja se enlazaron por efímeros instantes.
—No tiene idea d-de lo mucho que le agradezco esto, señor. Dios lo bendiga. Espéreme aquí, le pagaré en un instante.
Tras pronunciar aquello, ella volvió su cuerpo, con intenciones de ir a su casa, pero él no se lo permitió.
El cuerpo de Lorena se sacudió en un escalofrío cuando aquellos gélidos dedos tocaron su piel.
—No necesito dinero. —La gruesa voz del hombre bailoteó en sus oídos; ella era incapaz de ignorar el pensamiento de que jamás había escuchado una voz así… tan seductora—. Pero si quiero que me pagues con algo más.
Ella entró en estado de alerta cuando le escuchó decir aquello, las palabras de su madre resonaron como un estruendo tormentoso:
"Los hombres solo querrán de ti tu cuerpo. Tuviste la desgracia de nacer con caderas anchas. Estás maldita allí. Todos los hombres son como aquel que sembró el fruto de tu hermano en mí: vienen, embarazan, abandonan, por eso la vida de tu hermano se ha visto manchada por la desdicha y no vive con nosotros, pero tú serás diferente, pues cada parte de ti es casta, libre del toque de cualquier hombre".
—No p-puedo darle nada más que dinero. Lo lamento.
—¿No?
—No…
Él pareció analizar algo, ella le dedicó una trémula mirada.
Fue allí cuando todo ocurrió.
Thiago aproximó sus labios a los de Lorena, robándole un rápido beso.
La muchacha se transformó en una masa flácida que solo supo temblar.
Apenas fue capaz de mantenerse de pie. Sus pertenencias se le resbalaron de las manos. Un ardor se le pronunció alrededor de los ojos.
Llevó los dedos a sus labios, luego le dedicó una mirada cargada de horror al stripper.
Aquel había sido su primer beso.
Un stripper le había dado su primer beso.
—Ya que estás temblando tanto sin razón, supuse que tenía que darte un motivo para que lo hicieras de verdad, monjita.
Y Thiago aceleró su moto, desvaneciéndose de allí.
Una sádica risa emergió de aquellos labios masculinos. La antesala de su desaparición.
Aquella risa resonó en la consternada Lorena, que viéndolo desvanecerse de allí, solo tras cinco minutos de completa perplejidad, se permitió regresar a sí, recogiendo sus pertenecías del asfalto.
El ardor en sus labios fue una sensación que no pudo ignorar.
Un beso. La habían besado.
Atiborró de aire sus pulmones, para luego expulsarlo. Repitió aquello hasta que sintió que el frío de la calle se convirtió en uno con ella, solo así podría menguar la perplejidad que aún seguía viva en ella.
Las sensaciones habían sido indescriptibles, placenteras.
Lorena quiso crucificarse a sí misma al percatarse de que le había gustado besarse con un stripper.
Situó su mano sobre el picaporte de la puerta de su casa, la cual se encontraba bañada en oscuridad. No había tenido el valor de ver la hora, pero algo le decía que eran alrededor de las una de la madrugada.
Sus padres jamás se habían quedado despiertos a tal hora, pues decían que aquello era puro pecado, así que contaba con la esperanza de que nadie se percatara de que ella había llegado a horas como aquellas.
Lorena abrió rápido la puerta, cerrándola con la misma velocidad.
La oscuridad le ofreció una dulce bienvenida.
Nadie se encontraba allí esperándola.
A la mañana siguiente, podría brindar una excusa que justificara su ausencia. No habría castigo. No habrían golpes o reproches.
O al menos, eso fue lo que pensó.
—Lorena Ivanna Petrov, ¿puedo saber en dónde estabas?
La furiosa voz de su padre despertó un desconcertante pavor en ella.