Allegra Había pasado parte de la tarde con Mateo y la verdad es que estaba pensando en no ir a la empresa, pero recibí una llamada de mi secretaria informándome que la mujer que había dado órdenes de no entrar a la empresa estaba dando un escándalo fuera de ella. Así que me despido de Mateo y le llamo a Gus; le pido que me lleve a la empresa. Cuando llegamos, justo como lo dijo mi secretaria, la señora está gritando como loca. Yo suspiro y me bajo del coche. Gus me detiene y niega. —No es una buena idea. —¿Y qué pretendes, que la deje ahí gritándole a todo el mundo que ella es la abuela de mi hija? No puedo, Gustavo, es mejor resolver esto. Me apegaré al plan; si después cambia algo, pues solo le diré que me arrepentí, pero no lo creo. Salgo del coche bajo la atenta mirada de mi herma

