Allegra Había pasado un par de días desde que Mateo fue a ver a María Fernanda y tuvo la pelea con George. No voy a mentir, tengo miedo de que esa señora quiera hacer algo en contra de nosotros. Me siento segura al lado de Mateo, pero siento algo acá en mi pecho que no me deja en paz. Estoy tan metida en mis pensamientos que no me doy cuenta de que abren la puerta de mi oficina. Cuando levanto mi rostro, está una señora muy elegante con una sonrisa en su rostro, pero esa sonrisa no me gusta. Me pongo de pie y casi a la defensiva. —Disculpe, ¿quién la dejó pasar? Ella se acerca hasta quedar enfrente del escritorio y toma asiento. No deja de sonreír; realmente asusta. —Vaya, niña, eres muy linda. Ya decía yo que mi George tenía buenos gustos. Te ves una mujer de mundo, elegante, con cla

