Mateo Tenía la esperanza de que George recapacitara y dejara a Allegra en paz, pero creo que eso no va a suceder. Creo que es momento de hacerle una visita, así que me levanté muy temprano y me metí a la ducha. Cuando salgo, Allegra está sentada en la cama; la verdad es que se ve preciosa, recién levantada, con su cabello alborotado y sus labios un poco hinchados. Yo me acerco a ella y dejo un casto beso. Me había quedado a cuidarla; la verdad es que me llevé el susto de mi vida, pero creo que todo lo que le está pasando es lo que la tiene tan preocupada. Yo empiezo a cambiarme y ella hace un puchero tierno. —¿Ya te vas? Yo suspiro y asiento. —Sí, amor, pero comemos juntos, ¿te parece? Ella asiente y, de pronto, se abre la puerta del cuarto. Yo sonrío porque viene mi princesa corriend

