06

839 Words
No aguanto la risa. Es increíble cómo el ego de un hombre puede crecer y parecer tan pero tan ridículo. - ¿De qué te ríes? - ¡De lo estúpido que sonó eso! -mi risa incrementa al ver su cara de nuevo-. ¡No hagas esa cara que no… aguanto! - ¿Qué hac…? ¡Deja de reírte de una buena vez! -Es que no… -aprete mis labios para no hacer tanto ruido, pero eso causa que su expresión sea más seria e irritada. Aprovecha su agarre y logra hacernos entrar al piso cerrando la puerta detrás con su pie. - ¡Oye! ¡No te he invitado a pasar! -No hace falta. - ¡Es mi piso, no el tuyo! - ¿Tienes papeles que confirmen eso? - ¡Vivo aquí! Sal de una buena vez o… - ¿Llamarás a la policía? Por favor, no me hagas reír. -Es una buena alternativa -murmuro-. ¿Puedes irte? Estoy demasiado estresada como para aguantarte ahora mismo. -Puedo hacer que ese estrés desaparezca -no me suelta y se acerca más de lo que alguna vez lo han hecho-. ¿No quieres ponerme a prueba, pequeña gritona? - ¿Te has fumado algo hoy o acaso no te ha quedado claro que no quiero nada que venga de ti? -Lo querrás todo. Te lo aseguro. -Tienes razón, ahora mismo quiero algo… -dejo la frase en el aire logrando hacer que sus ojos se oscurezcan y su sonrisa se agrande aún más. -Ah, ¿sí? ¿Qué es lo que quieres de mi ahora mismo? -su voz cambia a una muy suave y comprometedora, aprovecho eso para, despacio, soltar una de mis manos y ponerla en su hombro para inclinarme y poder acercarme a su oreja. -Ahora mismo… -le hablo en voz baja y suave-, lo que quiero de ti es… ¡que te largues de mi piso o seré capaz de pegarte donde más te duela! El tono de agresividad que acabo de usar hizo que él me agarre del cuello y me ponga a la distancia de su cara. Su mirada no pude descifrarla ahora mismo, era seria, pero tenía algo de gusto. -Te voy a dejar algo muy claro y lo diré por primera y última vez -trato de soltar su mano, pero me suelta y me toma por completo para llevarme hasta el mueble y dejarme completamente extendida frente a él. - ¡Suéltame! ¡Eres un completo extraño y estás tratando de abusar de mí! Sube el agarre hasta arriba de mi cabeza dejándome pocas opciones para defenderme al quedarse justo encima de mis muslos. Una de sus manos baja a la curva de mi cintura haciendo que deje de moverme. -Escúchame bien -giro el rostro, pero me agarra y hace que lo mire solo a él-. Si piensas que con tu actitud de mierda vas a lograr que te deje en paz estás muy equivocada porque por esa simple razón, por tu actitud indiferente hacia mí, tus insultos y tu falta de interés hacen que me parezcas interesante. Si quieres evitarme por mi no hay problema alguno, pero al hacerlo créeme que no vas a lograr nada. ¿Te parezco un asqueroso adicto a las mujeres? ¿Un mujeriego? Eso es lo que soy. Pero nadie, desde que tengo memoria, absolutamente ninguna mujer se ha resistido. Y espero que contigo no haya excepción. -Estás demente si crees que eso pasará, Lían. - ¿Ahora soy Lían para ti? -mira mis ojos y yo los de él. Ahora mismo mi actitud es seria, mi respiración es algo pesada, pero mantengo una postura fuerte-. Voy a soltarte e irme de aquí, haremos como que nada de esto ha pasado y no volverás a gritar como una loca, ¿entendido? Suspiro sin dejar de mirarlo. Se levanta y me suelta las muñecas. Queda de pie frente a mi mientras yo me limito a sentarme y ver cómo desabrocha el botón de su manga y las sube hasta los codos. Mi mirada no cambia, pero no puedo ponerme de pie. -Eres un verdadero idiota. Niega divertido y saca su billetera. Por un momento pensé que iba a tirarme dinero y que lo iba a sacar a escobazos, pero lo que sacó fue otra cosa. -Ten mi número telefónico -deja una tarjeta negra encima de mis piernas-, por si llegas a necesitarme de esa manera. Agarro el pedazo de cartón y lo rompo por la mitad. -Fue de gran ayuda, gracias -confieso. Sonríe de lado y camina hasta la puerta. -Por cierto… La carrera de finanzas y contabilidad no está nada mal. Giro mi cuerpo y lo veo de espaldas. -Pero… ¿Tú cómo sabes en qué carrera estoy estudiando? Alza los hombros y niega. Gira la cabeza para mirarme. Espero su respuesta, pero lo único que veo de su parte es su ceño fruncido. -Adiós, Devora. - ¡Espera! ¡No me has respondido! La puerta se cierra a su espalda al marcharse dejando la pregunta en el aire.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD