ETERNO| CAPITULO 1

2783 Words
FLORENCIA, ITALIA No podía creer que hubiera cedido. Luca tenía claro lo que deseaba. Se sentía con la capacidad de dirigir Roma sin problema alguno, con lo que no estaba de acuerdo eran las condiciones pero al final, al colocar todo en una balanza, supo que sus hermanos no le dejarían en paz y él tampoco estaba dispuesto a empezar una linda historia de amor como la de Lucian con Leisel o la de Leonard con Fiore. Era una mierda. No quería jugar a ese teatro pero si quería Roma tenía que jugarse su libertad, especialmente porque su “próxima esposa” no parecía ser un hueso fácil de roer que cedería fácilmente a sus condiciones. No quería pensar en una vida de casado, no quería pensar en tener que dar explicaciones a una mujer y sobre todo, no quería dejar ir su vida de libertad plena. Adoraba los bares. Adoraba la diversión. Adoraba a las mujeres. Le estaban quitando su libertad por una regla familiar que consideraba de lo más estúpida. Iba a dirigir a Roma con la cabeza, no con el m*****o. Su lealtad familiar iba mucho más allá que su lealtad marital y había aprendido demasiadas cosas con el paso de los años y con los errores, era joven, experto pero sobre todo indomable. —Quita esa cara Luca, parece que estas apunto de darle una respuesta al diablo—bromeó Ludmila mientras le miraba divertida. Tenía el ceño fruncido y sus ojos grises parecían destellar fuego. Tenía que darle una respuesta a Lucian y su hermano estaba demasiado ansioso por saber su posición. Roma o casarse. Era una paradoja intensa, pues quería Roma pero no casarse. Gabriella era obstinada, perfeccionista, tradicional y para nada libertina. Era una mujer bonita, pero había otras mujeres de su pasado que habían sido el doble de bellas que ella—quiso pensar eso porque era imposible negar que la siciliana le había provocado un amplio deseo a pesar de no ser la clase de mujer con la que se involucraba comúnmente—. ¡Deseo! Un deseo que se había apagado después de convivir con ella y darse cuenta que vivían discutiendo. Cualquier otra, menos ella. Ese era su trato. —¿Te burlas de mí? —Parece que alguien murió. —Tienes una cara de pocos amigos—comentó Franco siguiendo la conversación de su esposa que no podía contener la sonrisa de sus labios. Ludmila se levantó del sofá y se encaminó hacia él para después acuclillarse delante de Luca y sujetar sus manos. Las manos femeninas de la italiana fueron besadas por su hermano, cosa que la hizo sonreír. —Fuiste detrás de esa chica. —Fue un capricho. —Le diste la cara a sus padres. Luca bufó. —Circunstancias del destino—replicó para negar las palabras de su hermana quien parecía estar segura de que los sentimientos del italiano no eran tan ajenos como pregonaba.—Lo que pasó en Palermo parece haberme pasado factura a mi, más que a nadie. Salvo por el ruso. —Yuri perdió una esposa, tú ganaste una. —Vaya premio. El italiano se levantó. —Yo no quiero esto. Considero opresiva esta decisión que han tomado contra de mi voluntad. Si Lucian quiere liberarse del peso de Roma que me lo ceda y yo guiaré la capital con o sin esposa, porque tengo la capacidad para hacerlo. Cuando sea necesario un heredero, estoy dispuesto a darle la ciudad a alguno de mis sobrinos. No necesito mezclarme con los aspectos tradicionalistas de mi familia para ser un buen líder. Papá deberá perdonarme, pero es lo que siento. Luca observó el enorme cuadro de Gianni Salerno que se mantenía expendido, decorando la enorme sala de la residencia de su hermano mayor. Su padre era un capo tradicionalista y Lucian lo era por igual pues había sido criado para seguir los ideales de su padre. —¿Cómo puedo saber que tu responsabilidad e intelecto han madurado? Luca suspiró agobiado al escuchar que su hermano mayor entraba a la sala. Se dió la vuelta para ver a Lucian metido en esos costosos trajes de Armani, con las manos en sus bolsillos mientras sus ojos azules lo escudriñaban. —¿Cuando me case lo sabrás? —Es mundialmente sabido que un hombre casado y con familia puede ser más responsable que un hombre soltero. Tienes que tomar decisiones tomando en cuenta a tu familia y pensando en su bienestar. Tu siempre has pensado en ti mismo. Eres explosivo, sumamente descontrolado e impulsivo para variar. Un hombre con tus características necesita una mujer que lo mantenga a raya y que te ayude a tomar las mejores decisiones. Así que hermano, espero que tengas una respuesta para mí. ¿Te quedas con Roma o te mantienes sin ningún territorio? Leonard controla Palermo, Ludmila llevará Lombardía mezclando el territorio con los de Franco ¿Que llevarás tú? Luca se negaba a quedarse sin nada. —Voy a casarme. Lucian sonrió. —Has tomado la decisión más acertada—aseguró antes de que su hermano le cortara las palabras que había preparado para él con una oración que lo hizo enfadar. —Pero no con ella. La sonrisa del mayor de los italianos se borró. —¿No con ella? —Con cualquier otra menos Gabriella. No es una mujer para mí, somos completamente ajenos el uno del otro y cada vez que nos vemos es únicamente para discutir. No vamos a congeniar. —Que arda Roma entonces. —No estoy bromeando Lucian. —Yo tampoco—aseveró su hermano mirándolo con contundencia—. Te dije que no jugaras con esa chica, te dije que te mantuvieras alejado de ella y que no la involucraras en nuestro mundo y terminaste poniéndola en peligro por tus absurdos juegos de casanova. La has metido aquí, ahora no intentes sacarla ¿Te imaginas qué hubiera pasado si hubiera muerto en Palermo? ¡Casi fue asesinada en Mondello por tu culpa! Hazte cargo de tus jodidas decisiones y encargate de corregir tu error protegiendo a la chica, porque te aseguro que la Camorra sabe de la chica, después de lo que pasó. —¿Me estás manipulando? Lucian frunció el ceño. —No seas idiota, te estoy recordando tus acciones pasadas y la forma tan cobarde en como piensas escapar de ellas. —No estoy siendo cobarde. —¡Te casas con la chica y te aseguras de que tus caprichos pasados no la ensucien! Leonard mantendrá a su familia protegida en Sicilia con la garantía de que será una Salerno. Nuestro hermano ha hablado con Hugo Pacinelli, confiemos en que el hombre no se enterara del pasado tan…abundante, que tienes con las mujeres y que respetaras a su hija como el hombre de buena familia que eres. Luca se amargó y sin poder evitarlo rió para intentar contener su enfado, intentando mostrar a su hermano desinterés pero por dentro estaba iracundo. —Son juegos bajos Lucian. —¿Te quedarás sin Roma entonces? Luca cerró sus ojos conteniendo sus impulsos, levantó su mano y le pidió a su hermano que le diera un segundo. No quería casarse, no quería ese compromiso, no quería sentirse encerrado. Sentía que el matrimonio le colocaría una soga en el cuello y no podía estar más equivocado. No dormía con nadie en su cama ni tampoco había sentido lo que era despertar abrazado con alguien. Eran sensaciones nuevas, que se negaba a experimentar porque tenía miedo de que le agradaran. Esa era la cruda realidad. —Dos años—dijo entonces—, te mostraré que la lealtad no tiene nada que ver con el matrimonio y que soy capaz de guiar Roma sin una mujer a lado. Te mostraré que tengo lealtad y la madurez necesario para guiar un territorio sin seguir las estúpidas reglas de papá. —No quiero que me demuestres eso, quiero que me demuestres que puedes tener responsabilidad, respeto y sobre todo lealtad con tu esposa, si no puedes ofrecerme eso, entonces consideraré que no tienes lo que se necesita para ser capo. Si logras mantener esa lealtad por tres años con ella, entonces sabré que tienes ideales firmes y que puedes guiar tu territorio sin problemas. Si tomas estos caminos, dejaré al terrateniente allí, para asegurar que nada se salga de control. —¿Me pondrás niñera? Luca se estaba sintiendo como un niño pequeño al que le daban condiciones. —En Roma no solo debes preocuparte por la segunda sección de la Camorra que está en Umbría, si no por controlar el gobierno de la capital. Tu trabajo no es solo comandar un territorio, sino asegurarte de mantener a la policía nacional fuera de nuestros negocios. Deberás disculparme, Maurizio, si piensas que te estoy poniendo niñera, pero necesito que me muestres de lo que eres capaz, porque tus acciones se juegan los negocios de la familia entera. Si no logras estabilizarte en Roma, vas a robar estabilidad a Leonard, a Franco y a mí. Si nos desestabilizas nos hacemos débiles y no pienso morir sabiendo que mi familia cayó porque uno de sus miembros no tenía la suficiente madurez como para dirigir los negocios. Confía en mis métodos hermano y déjame darte mi confianza. Corrige tus errores, respeta, protege y mantén tu matrimonio a flote y si en un plazo de tres años consideras que no funciona, lo anularemos, pero no porque digas que no funciona, si no porque después de agotar todas tus herramientas para que lo hiciera, falló de forma incontenible. Es lo único que puedo ofrecerte ¿Vas a aceptarlo? Lucian colocó la mano sobre su hombro. —Dos años. Intentó negociar. Lucian no tenía sus mismas intenciones. —Tres o no tenemos trato. —Tres, entonces. Una sonrisa apareció en los labios del mayor de los italianos quien sujetó la mano de su hermano y terminó estrechando su palma con firmeza. Maurizio conectó sus ojos con la mirada azulada de su hermano mayor quien aprovechó el momento para decirle unas palabras que sellaron su trato: —Dimostrami che hai la maturità per condurre un matrimonio e ti darò l'autorità assoluta per regnare a Roma. Tradisci la fiducia di tua moglie e ti prenderò tutto, anche se sei mio fratello. Se violi il codice civile in questi tre anni, dimentica di essere un capo. (Muéstrame que tienes la madurez para llevar un matrimonio y yo te daré la autoridad absoluta de reinar en Roma. Traiciona la confianza de tu esposa y te quito todo, sin importar que seas mi hermano. Si violas el código marital en estos tres años, olvidate de ser un capo. ) Luca no estaba dispuesto a perder su libertad, así que estaba dispuesto a demostrarle que esa chica y él eran completamente incompatibles. No dejaría sus antiguas prácticas, no tendría un matrimonio normal, no sería feliz, o eso fue lo que pensó cuando selló el trato con su hermano mayor sin saber lo que eso acarrearía. (...) PALERMO, ITALIA. DOS SEMANAS DESPUÉS. Tres camionetas se detuvieron delante de la modesta casa de aquel barrio medio de Palermo, en Sicilia. Del primero, bajó Lucian y Leisel Salerno. Del segundo, Franco y Ludmila Contti y del tercero, Leonard y Fiorella Salerno. Las tres mujeres parecían emocionadas de que la agradable Gabriella formará parte de su círculo familiar, especialmente porque se había ganado el agradado de todas ellas, pues era una chica alegre y con un sentido del humor de lo más agradable, un poco diferente en carácter, pues parecía ser más delicada y tradicional que las demás, pero una excelente mujer al fin de cuentas. El último en bajar de la primera camioneta fue Luca, quien no dudó en azotar la puerta cuando descendió del auto al final, aunque fue el primero en llegar con su hermano mayor y su cuñada. ¡Iba a salir corriendo de allí! ¡Se subiría a un crucero, recorrería Europa y no le verían en meses! ¡Estaba decidido a tomar ese camino de emergencia! Pensando estaba en que auto estaba más a su alcance cuando sintió la mano de Leonard en su espalda. Su hermano le acomodó la corbata y le regaló una sonrisa, una sonrisa como pocas, pues realmente parecía estar feliz. —Haz las cosas bien Maurizio, te darás cuenta que hay cosas mejores que beber hasta desmayarse y dormir con tres mujeres a la vez. Yo creo que tienes algo con esa chica, pero tienes miedo de aceptarlo. Date cuenta de que puede ser lo que quieres, así que no te comportes como un imbécil. Es una buena chica y no lo merece. —¿Y si no lo merece porque le hacen esto? —Porque está involucrada con nosotros ahora y como ha sido tu responsabilidad, debes protegerla—dijo el italiano—. ¿Quieres que la Camorra la busqué? No la dejarán en paz, si llegan a encontrarla. No va a estar segura nunca, a menos que esté contigo. Yo cuidaré de su familia en aquí, en Palermo, porque serán nuestra familia política ahora. Lo único que le dará completa seguridad a ella y a su familia es tu matrimonio, además de otras cosas. Leonard hablaba de lo que Lucian buscaba. Había tres razones para esa boda. Buscar que Luca se hiciera responsable de sus actos pasados. Proteger a la chica de la cercana relación que formó con ellos durante los sucesos que se dieron en Palermo. Asegurar de que Luca cumpliera con el código que no podría quebrantarse, código que le daría Roma. —Quita esa cara—Lucian palmeó ligeramente la mejilla de su hermano haciéndolo fruncir el ceño.—Pensarás que vienes obligado a pedir la mano de la chica. —Idiota. Lucian rió. —Si te pone feliz, piensa en la noche de bodas. Terminaras lo que casi comienzas en el pasillo de la mansión. Que dios te perdone. —¿Por qué habría de perdonarme? —Es pecado actuar como el diablo y corromper almas. Eso lo relajó y lo hizo sonreír. —No es culpa del diablo que las almas se corrompan, son ellas las que se dejan vencer por la tentación y permiten que sus almas caigan en el vacío del deseo y la lujuria. —Yo ví que la persona que estaba ansioso por caer en el foso de la lujuria era otro—comentó Ludmila burlonamente—. Luca estaba enfadado porque por primera vez una mujer se le resistió, es claro que es posible que la odie por ello. Espero que le deje respirar cuando le aplique la del cardio y le toque soportar la rutina. Los hombres rieron y la italiana besó las mejillas de su hermano. Ludmila estaba feliz, especialmente porque el único que había tenido que hacer algo así era Luca, cuando era el que más se oponía a los tradicionalismos. Cosas del destino, terminar en los lugares que uno no deseó. La puerta de la casa se abrió cuando Luca presionó el timbre, no sin antes comprobar que el anillo yacía dentro del bolsillo de su pantalón. Había escogido un anillo lindo después de tardar al menos una hora observando cada pieza e imaginarlo en el dedo de Gabriella. Le había tomado más importancia de la necesaria pero no estaba dispuesta a aceptarlo. Los Pacinelli sabían de su visita ese día, pues habían hablado con Lucian semanas antes y Gabriella se había encargado de preparar el camino para la noticia que ya su padre había tenido tiempo de procesar. Luca se aclaró la garganta cuando vió a Hugo Pacinelli observarle con ese rostro serio y severo. —Buenos días, señor Pacinelli. El italiano le tendió la mano para después notar la presencia de Gabriella detrás de su padre. Usaba un lindo vestido y había recogido su cabello en un lindo peinado que resaltaba los aretes de esmeraldas que en algún momento de Palermo, él le había regalado. —Buenos días ¿Debo llamarte Maurizio Borghi? ¿Maurizio Oliveri? ¿O como? Luca sonrió un tanto nervioso porque el hombre aún recordaba su mentira. Decidió corregir su primer error y no sin antes aclararse la garganta de nuevo, le respondió: —Luca Maurizio Salerno, señor, ese es mi nombre. Hugo le miró por unos segundos. Era de buen ver. El hombre vió a su hija y después regresó su atención al italiano. Se acercó a Luca y aceptó su saludo, sellando sus manos en un apretón. Ya estaba allí y no podía salir corriendo. NOTA: No habrá nuevo capítulo hasta Abril. Subo estas palabras para comenzar el proceso de contrato, sin más que agregar nos leemos pronto.
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