ETERNO| CAPITULO 4

1186 Words
UN MES DESPUÉS. PALERMO, ITALIA Luca de inmediato se apartó. —Yo puedo hacerlo. Lucian se dió cuenta de su enfadó así que decidió lanzarle una mirada matadora mientras le veía luchar con la pajarita mientras observaba su estampa en el espejo. Luca estaba luchando para colocarse el último detalle en tu perfecto traje de Valentino y la presión no le estaba sentando nada bien. —Va a romperla. —Dejalo, no quiere ayuda. Leonard centró su atención de nuevo en la revista para después escuchar a su hermano maldecir y lanzar la pajarita al suelo con una rabia que fue acompañada de un gruñido colérico. —Accidenti, questa è una fottuta stronzata! (¡Maldita sea, esta es una puta mierda! )—gritó haciendo que de inmediato una de las mucamas se apresurara a recogerla. La mujer vió a Lucian y después le mostró que estaba rota. No lo había hecho a propósito, solo había luchado demasiado con ella. —Debe haber una de repuesto, si no lo hay, en mi habitación debe haber una que le siente bien. El mayor de los italianos tomó el control de la situación y como era costumbre terminó solucionando las cosas con una calma sorprendente, aunque por dentro estuviera preocupado por la actitud que Luca había tomado después de la pedida de mano. Claramente las cosas no habían salido bien. Luca se había marchado a Roma con mentiras, diciendo que iba a verse con Giordano, pero la verdad era que estaba huyendo y había armado un pretexto para que no se le exigiera ir a ver su prometida. Dejó a Gabriella sola sin su presencia, pero por suerte la chica había encontrado compañía en las mujeres de la casa que le habían ocupado durante todo el mes mientras le ayudaban a planear su boda y a tomar decisiones que ella creía imposibles dado su desconocimiento de los temas de organización. Gabriella escogió su vestido con suma devoción mientras Luca había escogido lo primero del catálogo. “Soy un Salerno, todo se me ve bien” Leonard rodó los ojos al escucharlo y Lucian intentó contener el enfado sabiendo que su hermano podía llegar a ser la persona más odiosa del mundo. Luca era sumamente divertido, pero era un cabrón cuando deseaba serlo. “No quiero luna de miel.” “No quiero nada fuera de la farsa que insiste en llamar boda.” Maurizio había sido claro con lo que quería. Deseaba estar lo más lejos posible de esa mujer y maldecía la hora en la que sus ojos habían llamado su atención. De haber sabido que su insistencia le colocaría en un matrimonio indeseado, nunca le hubiera hablado siquiera. La mansión de Palermo se izaba en todo su esplendor en una gran colina, con todo el hermoso mar como paisaje principal y con sus enormes jardines dando un toque mucho más colorido. Leonard había construido un enorme palacio para su Regina (reina) quien había escogido cada detalle de la casa. Mataría a cualquiera si eso provocaba una sonrisa en su querida Fiorella. Debido a que Gabriella era siciliana y que sus padres residían en la ciudad de Palermo, se decidió que la boda se llevara a cabo allí, como dictaba la tradición toscana, así que la nueva residencia del capo de Palermo, Leonard Salerno, fue sede de dos bodas durante ese mismo año. La mansión se había llenado de flores blancas y de listones del mismo color que formaban arcos perfectos, acompañados de tonos platas, que matizaban el ambiente que pronto albergaría, al menos, trescientos invitados. Todos sus socios y clanes estaban invitados. La mucama regresó con una nueva pajarita que no tardó en colocar en las manos de Lucian. El hombre se acercó a su hermano y rápidamente, enviando a la mierda sus negativas terminó por ayudarlo a colocar la última pieza de su traje de novio. Sus ojos azules vieron con seriedad a Luca. —Tienes que quitar esa cara. —Es la única que tengo. Le palmeó el rostro con cierta fuerza. —¡Auch! Mierda. Leonard rió al ver la cara de indignación de su hermano. —No es la única que tienes. Vas a poner la cara de un hombre que pronto será alguien felizmente casado, te vas a comportar y le mostrarás al mundo lo mucho que te alegra ser un hombre comprometido con la familia y con tu casa. —Ni de puta mierda. —Este no es nuestro trato. Si esta boda se torna en algo incómodo para Gabriella, entonces pagarás las consecuencias. No seas un infeliz, piensa en esa chica y en lo que le provocará verte en el altar con esa cara. Es tu boda, no un velorio. —Para mi es lo mismo. —No lo compares—corrigió Leonard—. Tienes que dejar de pensar que tu vida se acaba porque vas a casarte. Ponte feliz, piensa en que ahora inicias una nueva etapa. Lucian no responde por ti, tú respondes a Lucian por tu familia. Tendrás tus propias responsabilidades ahora y debes de aprender a manejarlas. —¿Alguno de ustedes ha pensando en que es lo que quiero?—preguntó con sorna—. Nadie me ha preguntado que siento y tampoco me han dado la oportunidad de demostrar que los putos códigos no sirven de nada. Una mujer en mi cama no cambiará mis acciones. Es estupido pensarlo. —Tienes un mal gusto con las mujeres. —No es cierto… Leonard se aclaró la garganta pero respondió a ello. —Es cierto. Si hubieras escogido habrías traído a la mujer más hipócrita y jodidamente interesada de toda Italia. Posiblemente tendría mejor cuerpo que cerebro. Olvidalo, mamá moriría de imaginar a una mujer así entrar a su casa y sentarse en la sala. Ponte feliz, tienes una mujer inteligente y aguerrida, solo ten cuidado de no comenzar una guerra con ella. Lucian terminó de colocarle la pajarita y fue entonces cuando Luca se apartó de él y salió de la habitación no sin antes hacer que uno de los cuadros de la habitación cayera cuando cerró la puerta con demasiada fuerza. Caminó por los pasillos ansiando tomar un auto y salir de allí lo antes posible, pero antes de que sus planes pudieran cobrar realidad terminó chocando de golpe con una mujer que caminaba tan rápido como él, solo que ella vestía un lindo traje de blanco. Luca la sujetó antes de que cayera al suelo y cuando se percató de quién era quiso soltarla y dejarla caer. Gabriella palideció sabiendo que era de mala suerte que aquello pasara. No debía verla antes de la boda pero habían chocado. La mujer apartó el brazo de su agarre. —¿Vas a huir? ¿Quieres que te consiga un auto? La chica negó e intentó continuar con su camino, pero el agarre del hombre se lo impidió. —¿A dónde vas? —A tomar aire—mintió, pues lo que había pasado era diferente. Había olvido sus votos pero tenía una nota y no estaba dispuesta a pasar vergüenza por olvidarlos.
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