PALERMO, ITALIA Una mujer no podía ser solo felicidad el día de su boda, también estaba ardiendo de nervios por dentro. Sentía que su interior era un fuego ardiente que no paraba y que llenaba su rostro de un vapor que la hacía sentir sofocada. Se suponía que era el día más feliz de su vida. Había olvidado sus votos por los nervios, esos bloqueos mentales que eran imposibles de recuperar y para salir necesitaba leer el primer beso, ansiando que lo demás llegara conforme su mente se recuperara un poco. Esa era la razón principal por la cual había salido de la habitación cuando las mujeres la dejaron sola, pero también lo había hecho porque no podía ir a su boda sin ropa interior. ¡¿Cómo demonios Ludmila podía llamar ropa a esa diminuta ropa interior que no cubría absolutamente nada?!

