CAPITULO 4. DIJO QUE NO SE ACOSTARÍA CONMIGO

4989 Words
POV PEDRO ¿Quién querría cumplir 18 años para irse de casa? ¡Típico de alguien como ella! Patricia, mimada y sin nada que hacer. Si quería que se lo pidiera, estaba jodida. Ni siquiera éramos amigos para que yo la escuchara quejarse de su padre celoso, de su madre que hacía lo que ella quería... Sabía muy bien cómo era ese tipo de chica. No era muy diferente de Anastasia. Y aparentemente no era sólo físicamente. También estaba vacía por dentro. Y seguía encontrando problemas para llenar su monótona y perfecta vida. ¿La juzgué en menos de dos horas? Sí, Clara era fácil de leer. - Voy... Voy a dar una vuelta... Quizá a tomar unas copas azules -rió y guiñó un ojo, probando de nuevo el merengue-. Y a encontrar a alguien agradable con quien enrollarme. Ni siquiera me di cuenta de que tenía merengue por toda la barbilla. Toqué el glaseado superficialmente y me llevé un poco a la boca, apenas probé el dulzor. No se lo dije, pero mi abuela también utilizaba Q-suco para colorear el merengue de sus tartas. ¡Qué te parece! Salí a Baccarath un sábado por la noche con tres amigos. Pronto nos convertimos en ocho personas en el palco. Y ahora estaba solo. Y sólo podía pensar en el puto merengue de colores con zumo en polvo que había mencionado la loca. ¿Qué probabilidades habría de conocer a alguien por la noche, teóricamente un lugar para beber y ligar, que estuviera hablando de zumo en polvo para colorear el merengue? Abrí los brazos, apoyándome, ocupando casi todo el sofá de ese lado. Incluso sentado, podía verla bailar. No sé si había encontrado a otros conocidos o había hecho un grupo de amigos en ese momento. Pero no paraba de saltar y cantar de la forma más burda y equivocada que he visto en mi vida. Y ni siquiera tuve que estar allí para saber que le estaba diciendo a todo el mundo que le "encantaba" esa canción. Porque aparentemente le encantaba cualquier canción que tocara. Era corriente. ¿Mencioné que era fácil de leer? Nada intrigante. Sólo una chica de dieciocho años que hablaba demasiado. Tanto que hablaba por mí y por sí misma. "¡Sólo una chica normal!", me oí decir pensativo, sin dejar de mirarla. Era demasiado delgada. Sus pechos eran demasiado pequeños. Sus tacones eran demasiado altos. Demasiado cortos. Hablaba... Demasiado. Todo era "demasiado". ¿O era "demasiado poco"? ¿La locura era viral? Si es así, me contagié de ella. Joder, ahí estaba Pablo caminando hacia ella, como si estuviera completamente hechizado. ¡Ni siquiera era tan atractiva! La agarró por detrás y se aferró a ella, recorriendo su cuerpo con las manos, deteniéndose en su cintura. Y a ella pareció gustarle. Sí, la chica a la que no le gustaban los hombres con barba y tenía "prejuicios" al respecto estaba dejando que "Pablito" le rozara el hombro y el cuello. Un momento... ¿Dije "Pablito"? "¡Ana Clara! ¡Pero puedes llamarme "Clara"! De ninguna manera iba a llamarla así, ya que no volveríamos a vernos después de aquella noche. Si fuera el tipo de mujer que me llamaba la atención, me habría fijado antes en ella en Baccarath. La chica que siempre había soñado con cumplir 18 años puso a prueba a Pablito durante tres canciones, rechazándolo furtivamente. Crucé las piernas y empecé a reírme de mí misma mientras disfrutaba de los avances del paraguayo. Cogí la botella de Chandon y me bebí lo que quedaba. La vista no estaba tan mal. Y me pregunté si el paraguayo podría soportar estar tan cerca de ella sin que se le endureciera la polla. - Hola. Volví mi atención hacia la chica que me llamó, acercándose a la cabina. Me entregó una servilleta de papel: - Mi amiga te envió su número. Pero si quieres, puedo presentártelos en persona ahora. - Ella se ofreció. - ¿Quién es la chica? - pregunté por curiosidad. Señaló a la morena alta de hermoso cuerpo y vestido sin tirantes, muy parecido al de Clara, que también brillaba al moverse bajo las luces de colores del Baccarath. - I... Prefiero llamarte luego. - Intenté ser amable. Esbozó una media sonrisa y se marchó. Miré el número y lo dejé sobre la mesa. ¿Por qué iba a llamar a una desconocida? Si no quería que me la presentaran en persona, tendría que hablar con ella por teléfono si estaba loco. Sí, yo era de los que rechazaba a las mujeres. ¿Me gustaban? Claro que sí... ¡Mucho! Pero mis objetivos en ese momento no me permitían centrarme en una relación. Y si no quería involucrarme seriamente con nadie, quedarme por quedarme no tenía sentido. Al contrario, seguía corriendo el riesgo de encontrar una "costra que rascar", una loca que me siguiera picando, como hizo Anastasia durante un tiempo, hasta que decidí quedarme con ella. Y ese fue mi error. Ojalá no me hubiera involucrado y me hubiera mantenido fuerte hasta el final. Sólo así no estaría allí, solo, pensando en ella y preguntándome por qué no vino, aunque yo la invité. Eran las cuatro de la madrugada cuando Marcos y Aníbal decidieron marcharse y se llevaron con ellos a las dos niñas, asegurándose de dejarlas en casa. Pronto llegaron Pablo y Clara y también su amiga morena, que iba acompañada de un hombre que solía estar allí la noche de Baccarath. - ¡Clara, me voy! ¿Nos vamos? - le gritó el otro. - Ni siquiera me he comido la tarta, Flora. Había estado concentrada en la tarta desde que llegó. ¡Muerta de hambre! - Ya le he pedido a mi padre que llame a un taxi. Me duele la cabeza y los pies. - ¡Pero si es mi cumpleaños! - Hizo un mohín, intentando convencer a la otra de que se quedara. ¡Pero era muy manipuladora y descarada! - Ya he llamado a papá a cobro revertido. ¡No voy a llamar otra vez! Probablemente ya ha enviado un taxi. - ¡Muy bien! - Puso los ojos en blanco y puso cara triste. - Te llevaré a casa. - Pablo se ofreció. ¿Cómo la llevaría a casa? Pablo apenas sabía en qué ciudad estaba. Hablaba "portunhol", se alojaba en un hotel y estaba "mal de dinero". Tanto que Marcos le pagó para que pasara la noche con nosotros. - ¿Tienes coche? - Preguntó ella. - Sí. ¿Debería interferir y decirle la verdad, que no tenía coche y que estaba mintiendo? - ¿Viniste de Uruguay en auto, Pablito? - Preguntó, curiosa... O desconfiada. - Sí. Sacudí la cabeza, riéndome. Pablo era un cínico. Y ni siquiera le importaba que dijera que venía de Uruguay. De hecho, creo que nunca le importó. A mí sí. Se despidieron y el otro se fue. Creía que Clara iba a salir enseguida con Pablo, pero no. Se sentó y volvió a coger la tarta. - ¿Quieres un trozo? - Me lo ofreció. Lo negué con la cabeza. - ¿Un trozo de tarta, Pablito? - Preguntó como si fuera sordo y no español. Pablo también lo negó, al igual que yo, viéndola comer el pastel con las manos. Y sí, la loca se comió todo el pastel. Por supuesto, era pequeña y sólo ocupaba unos tres trozos de una tarta normal. Cuando terminó, suspiró y se limpió la boca con la servilleta que contenía el número que me había dado la chica, sin darse cuenta de que había escrito algo. - Al final, era una tarta normal y corriente con merengue por encima -se quejó-. Por el precio que pagamos, esta caja debería tener al menos relleno, ¿no crees? - Me miró. Me eché a reír. - Me gusta el coco, los cacahuetes y la leche condensada, de la que se cuece en olla a presión. Odiaba el coco. Y comí cacahuetes una vez en mi vida y otra en mi muerte. ¿Leche condensada en una olla a presión? ¿Era eso posible? - ¿No te gusta hablar? - me preguntó - ¿Estás guardando la voz? - Me gusta. - Entonces, ¿por qué no hablas? - Porque hablas por los dos. - Todos dicen que hablo demasiado. - No puedo imaginar por qué... - Me reí. - ¿Ahora me llevarás, Pablito? ¡Mí casa! - Mí casa" hablaba despacio. - ¿De verdad quieres que me la lleve ahora? ¿Sólo querías comerte la miniatura de hojaldre?". - Pablo me miró incrédulo. - Dile que no soporto un hojaldre después de la tarta. Vale que el hojaldre era pequeño y no tenía relleno, pero el glaseado era demasiado dulce. Así que ahora no puedo comer fritos. Ni siquiera en miniatura. - Agitó las manos, con cara de satisfacción. Joder, me he reído. Y no poco. Hacía tiempo que no me reía tanto que me dolía el estómago. Pero eso fue lo que pasó. Ella y Pablo me miraron serios, sin entender nada. Al cabo de unos cinco minutos conseguí parar. Pablo agitaba las manos, sin entender una mierda, ni lo que ella decía ni mi comportamiento. - ¿Por qué le mentiste diciéndole que tenías coche? No podrás llevarla a casa. ¿Piensas dejarla en el aparcamiento?". - Le hablé seriamente. - ¿Estacado? - Me miró, aterrorizada, intentando traducir. - Ella sabe lo que quiero. Y ella también lo quiere. La llevaré al hotel, la disfrutaré, y ella estará muy feliz porque habrá desayuno. ¡Y pastel! - ¿Otra vez pasteles? - Ahora frunció el ceño- No quiero pasteles en miniatura. - Parecía irritada. - Dice que la va a llevar al hotel donde se aloja, se la tira y pueden desayunar juntos, comiendo bollería. Y para que conste... No tiene coche. Ha mentido. ¿Aceptas? Me miró fijamente durante lo que pareció una eternidad. Parecía estar pensando. Sin duda aceptaría la oferta de Pablito y comería varias pastas con el paraguayo... Recogió su bolso, abofeteó al paraguayo y se marchó sin mirar atrás. - ¿Qué le has dicho? - Pablo me miró, llevándose la mano a la mejilla, perplejo. - La verdad. - Confesé, saliendo tras ella. Corrí por el carril, que ya estaba vacío. La encontré pagando la cuenta. Dejé mi cuenta con el billete junto al dinero, sin esperar siquiera el cambio, y corrí tras ella. - Oye, ¡no es culpa mía haber traducido lo que dijo! - dije mientras caminaba detrás de ella por la acera, intentando alcanzarla. - ¿Cree que me acostaría con él por un pastelito? - Estaba furiosa, caminando rápido, como si fuera a perder el último tren -¡Mierda uruguaya! - Paraguayo. - Me corrijo. - ¡Que así sea! - ¿Cómo te vas? ¿Quieres llamar a tu amigo? Iré contigo al teléfono público. - Tendría que llamar a cobro revertido. No tengo tarjeta. Y no se ve bien... Despertar a sus padres y pedirles ayuda. Ya son muy amables conmigo. - Entonces llama a tu casa. - No tengo teléfono en casa. Solo usamos el del vecino para emergencias. - ¿Y esto no es una emergencia? Se paró de la nada y la golpeé, casi haciéndola caer. Tuve que sujetarla para que no se cayera. - Emergencia significa muerte. Mi familia utilizó el teléfono de un vecino para darnos tres noticias: mi abuelo tuvo un derrame cerebral y fue al hospital. Dos días después murió y llamaron al mismo número. - Siguió andando. - ¿Y el tercero? - Mi abuela murió. - Vale, no deberías pedirle al vecino que se lo cuente a tus padres. ¿Qué vas a hacer entonces? - Esperando el primer autobús del día. Y estoy en una emergencia, porque le dije a mi padre que iba a dormir en Flora, así que no puedo llegar a casa temprano, ¿sabes? Así que tendré que ir primero a casa de mi tía y quedarme allí hasta las 11 más o menos. - ¡Vaya! Qué desastre. - ¡Sí! Pero está bien. ¡Puedes irte, estoy bien, Pedro! - ¿Quizá llames a tu novio que no es tu novio? - le sugerí. - Tampoco tiene teléfono. ¿Y he mencionado que no tengo tarjeta? ¡Ni siquiera fichas! - Yo... Te acompañaré a la parada de autobús entonces. Y esperaré contigo, ¿vale? Sonrió: - Gracias. Prometo estar muy tranquilo. - ¡Dudo que lo consiga! - Risas. A esa hora de la noche había mucha actividad en la calle principal del centro de la ciudad. Las discotecas estaban abiertas, al igual que los bares y merenderos. Por lo general, la gente salía de fiesta y luego iba a comer algo. - ¿Tienes hambre? - pregunté. - ¿Pastel? - se rió - No, no voy a comer pasteles y acostarme contigo. De hecho, seguro que hasta eres virgen. - ¿Parezco virgen? - Sí. - ¡Guau! Eso es bueno. Pero no lo soy. No es que importe. - Lo estoy. Por eso no acepté acostarme con el paraguayo. Y tampoco voy a acostarme contigo, por si te lo estás pensando. Y si intentas algo en la parada del autobús, gritaré para que todos me oigan. Y tengo una navaja en mi bolso. Y sé cómo usarla. No, no estaba loca. Estaba más que loca. - No quiero acostarme contigo. Sólo intento ser amable. Pero si tú no quieres, ¡me parece bien! - Abrí los brazos y me detuve en medio de la calle, temiendo por mi vida junto a aquella mujer que llevaba una navaja y pensaba que todo el mundo quería acostarse con ella. - Yo tampoco me acostaría contigo - fue tajante - No eres mi tipo. - E... ¿Cuál es tu tipo? O mejor dicho, ¿cuál es mi tipo, tanto que no te interese? - Me gustan los hombres mayores, fuertes, musculosos, con pelo en las piernas y que sean divertidos y les guste la música. Si sabe surfear... Ha subido en mi estimación. - ¿Me estás llamando débil? - Me quedé de piedra. - Eres demasiado joven... ¡Ni siquiera tienes dieciocho años! Podrían incluso procesarme por abuso de menores. Eres débil, no tienes músculos y eres puro hueso. Dudo que tengas pelo en las piernas. ¡No eres divertido! No te gusta la música. Creo que ni siquiera sabes lo que es una tabla de surf. - ¿De qué coño estás hablando? Tenemos menos de un mes de diferencia de edad. E... Tengo pelo en las piernas. ¿Pelo en las piernas? - me reí irónicamente-. Es una cosa pintoresca que los playboys utilizan para atraer la atención de chicas poco inteligentes que no tienen nada en la cabeza. Doblamos la esquina y nos encontramos cara a cara con una pareja, prácticamente pegándonos. - ¿Anastasia? - hablé, con voz apenas audible, al verla abrazada al chico, que era un poco más alto que ella. - ¿Jason? - dijo Clara, cogiéndome la mano y enlazando nuestros dedos. - ¿Clara? - El hombre la miró a ella y luego a nuestras manos, con cara de terror. - Hola... Pedro. - Anastasia estaba completamente sonrojada. CAPÍTULO 5. ¿NO PUEDE MENTIR? Era imposible que no estuviera disgustado. Le pedí a un amigo que era vecino de Jason que le hablara de mi cumpleaños hacía más de un mes. Planeé esa fiesta para que pudiéramos reunirnos esa noche. Y sí, se me pasó por la cabeza perder mi puta virginidad con él, de una forma totalmente planeada. Y no apareció para mi cumpleaños. No estaba seguro de ir, pero tampoco lo negó. Así que le esperé prácticamente hasta el final de la noche. Y ahora lo encontré en la calle abrazado a otra chica, que por cierto conocía a Pedro. ¡Jason era un bastardo! Pero, por supuesto, no iba a defraudarle. Cogí la mano de Pedro y fingí que estaba con otro, igual que él. Como: "Tú no fuiste y oops, terminé con otra persona". Los cuatro nos miramos sin decir nada. Estaba muy tenso. - I... I... - La chica que estaba con él empezó a tartamudear mientras miraba a Peter - Yo... Yo quería ir a Baccarath. Miré a Pedro y me di cuenta de que estaba tenso, mirándola. ¿Se conocían? Me pareció haberla oído decir su nombre antes. Pero estaba tan nerviosa que no presté mucha atención. - Todo va bien. - Se encogió de hombros con una sonrisa. - ¿No estás enfadado? - No, ¡imagínate! - ¿Por qué iba a quedarse? - Puse mi mano junto a la suya, mostrando que "estábamos juntos", por si ella y Jason no se habían dado cuenta. - Soy Anastasia - soltó la mano de Jason para presentarse. No solté la mano que estaba junto a la de Pedro. Con mi mano derecha apreté la suya y le di un beso en la mejilla: - ¡Encantada de conocerte, Anastasia! Soy Clara. ¡Pedro, este es Jason, mi amigo! - Los presenté. - ¡Qué tal, amigo! - Jason sonrió por obligación, dándole una palmadita en el hombro a Peter, mirándolo de arriba abajo, ya que era mucho más bajo que mi falso novio. Pedro, por su parte, no dijo nada, sólo saludó al otro con una inclinación de cabeza. - Bueno... ¡Ya nos íbamos! - dije, soltando la mano de Pedro y abrazándolo con ambas manos, rodeando con mis brazos su estómago, que era lo más lejos que podía llegar - ¿Verdad, Pedro? - Sí", tardó en contestar, mirándome confuso. - Me pregunto si... ¿Podemos charlar un poco antes? - me preguntó Jason. No me esperaba su actitud. ¿No estaba claro que yo también estaba acompañada? ¿Cómo que quería apartarme de mi "novio" para hablar? ¡El muy cabrón ni siquiera se preocupaba por mí! Ignoró mi cumpleaños para estar con otra persona. Mientras pensaba, Peter me apartó un poco y me dijo: - Está bien, cariño. Puedes hablar con él... No hay problema. Sólo sé... rápido. - El "rápido" sonó tan extraño que casi me río. ¿Ese chico ni siquiera podía mentir? Anastasia cogió a Pedro del brazo y lo llevó al otro lado de la acera, empezando a hablarle seriamente, gesticulando todo el tiempo, aparentando explicarse. - Creo que han tenido o están teniendo una aventura. - me dijo Jason, que también los observaba. - El hecho es que... ¡Ahora está conmigo! - fingí tranquilizarla. - ¿Cuánto tiempo llevas con él? - ¡Un poco de tiempo! - Hoy me has invitado a tu cumpleaños. - Un rato... Como tres o cuatro horas. - Me oí justificándolo. - Vine para ir a Baccarath... - Sí, ¡pero se encontró con la chica del bar a medio camino y decidió quedarse con ella! - Me reí, cruzándome de brazos. - No tenemos ningún compromiso. - Ya lo sé. Por eso nunca te he cobrado nada. - Así que no puedes enfadarte si me he enrollado con otra chica. Después de todo, tú hiciste lo mismo. En otras palabras, no me perdí tu fiesta, ¿verdad? Suspiré, observándole atentamente. Jason no era alto, unos centímetros más que yo. Pero tenía un cuerpo bonito y musculoso, piernas y muslos torneados y mucho vello. Tenía unos ojos penetrantes de color miel. Me parecía guapo, aunque yo era la única. Mis amigas decían que, como mucho, era sexy. Me gustaba su pelo, siempre rizado con gomina. Tenía 23 años y nos conocíamos desde que yo tenía 16, presentado por un compañero de clase que era su vecino. Desde que nos vimos por primera vez, estuvimos juntos. Y desde entonces, en cada fiesta a la que íbamos, siempre que nos encontrábamos, sucedía. Nunca nos vimos fuera de ese ambiente de "vida nocturna". Jason tenía experiencia y era muy presumido cuando se trataba de mujeres. Besaba de puta madre y prácticamente me folló sin quitarme la ropa. Fue el primer hombre que hizo que me quitara completamente las bragas. Y también en tocarme de una manera más íntima... Y en hacer que me corriera sin tener que penetrarme. Nunca le había tocado la polla por dentro de los pantalones, pero podía sentirla por fuera e incluso me había sentado sobre ella, los dos con la ropa puesta. Prácticamente todo lo que aprendí y sabía sobre el placer fue gracias a Jason. Y lo más sorprendente era que, a pesar de todo lo que ocurría entre nosotros y de que él era mucho mayor, un hombre de hecho, mientras que yo no era más que una adolescente inexperta, nunca hizo ningún avance sin mi permiso. Una vez me bajó la cremallera del pantalón y me metió la mano en el coño. Cuando intentó bajarse la cremallera de los pantalones, lo retuve y no se lo permití. Sin decir nada, siguió besándome y me subió la cremallera. Y así fue siempre. Cuando cumplí 17 años, Flora me organizó una fiesta en su casa y, por supuesto, invitó a Jason. Sobre todo porque tenía un montón de amigos guapos y divertidos, lo que significaba que mis amigas siempre querían que estuvieran allí. Esa noche dormimos juntos en el suelo de la cocina de la casa de Flora. Y no, no tuvimos sexo. No me preguntó si era virgen... Me dijo: "¡Eres virgen, lo sé! Y aunque me gusta mucho estar contigo, no quiero que pierdas la virginidad con alguien como yo". Después de aquel discurso, decidí que él sería mi primer hombre. Por eso planeé la fiesta en Baccarath, le envié la invitación y al final de la noche le dije que era mayor de edad y que le había elegido para que me quitara la virginidad. Pensé que no tenía mejor elección, después de todo, nos conocíamos desde hacía dos años. Me follaba vestida cada vez que nos juntábamos. Ir a un hotel, quitármelo todo de una vez y acabar con aquel martirio sería lo mejor. Estaba bueno y lo hacía todo a la perfección. No había forma de que fuera malo. De todos modos, Jason no fue y perdió la oportunidad de su vida. Ahora sí que se iba a follar a la rubia que estaba hablando con Peter. - Está bien, Jason. ¡Nos besamos y ya está! - Fingí estar tranquilo - Es que es mi cumpleaños, así que pensé que vendrías. - ¡Lo siento, Clarinha! - Me apretó la mejilla, juntando los labios. No estaba seguro de si realmente lo sentía. Pero de todos modos, por alguna razón no llegó a Baccarath y estaba con otra persona. Y desde luego no quiso explicarme cómo sucedió, porque no creía que estuviéramos comprometidos el uno con el otro. Y realmente no lo estábamos. Pero me dolió verlo por primera vez con otra persona. - ¿Qué te parece si organizamos algo la semana que viene? - sugirió. ¿Estar juntos? ¿Qué crees que soy? Oh, lo sé, ¡estoy completamente agitada y necesito que me des un poco de ti para no sufrir! Siempre fue un engreído y yo lo sabía. Sonreí y le toqué el pecho: - ¡Vamos a ver! ¡A lo mejor para entonces ya estoy saliendo con alguien! - Miré al otro lado de la calle a Pedro, que miraba a Anastasia, riendo en voz baja mientras hablaba. Observé atentamente y ambos parecían estar disfrutando. Fuera lo que fuera lo que ella le explicó, sin duda funcionó y él lo aceptó o creyó. La miré más de cerca. La conocía. Había visto a esa chica antes... Sólo que no recordaba dónde. Crucé la calle sin mirar y cogí la mano de Pedro. Ser cornudo dos veces no serviría de nada. Jason me había engañado con Anastasia. Si Pedro también se quedaba con Anastasia, yo sería engañado dos veces, por la misma mujer. ¡Justo lo que necesitaba! ¡Mi novio falso también involucrándose con la esposa de mi novio casi real! ¡Eso sería mala suerte! Peter miró nuestras manos unidas y frunció el ceño. - ¿Vamos, "cariño"? - Utilicé el mismo apodo cariñoso que él, pero en masculino. ¡Maldición, eso sonó muy forzado! No debería haber usado "cariño". Sonó a Paola Bracho ocupando su lugar como esposa de Carlos Daniel. Sí, típica telenovela mexicana, que negaría que me gusta hasta la muerte, pero me enganchó. - ¡Vamos! Respiré aliviada cuando Peter no me rechazó, accediendo a continuar con la mentira hasta el final de la noche. - Nos vemos, Ana. - Besó a la chica. - Adiós. - Le sonreí, le cogí de la mano y bajé por la acera. Caminamos de la mano y pregunté: - Mirad atrás y decidme si habéis vuelto a estar juntos o si habéis tomado caminos separados. - No voy a hacer eso. Mírate. - ¡No puedo! Pensará que me preocupa si vuelve con ella o no. - ¡Y realmente lo eres! No se equivocaría. - ¡Mira, Pedro! ¡Por favor, Pedro! - No, "cariño", definitivamente no voy a mirar. - ¡Por favor! - ¡No! ¿Y realmente no miró hacia atrás? En cuanto volvimos a doblar la esquina, nos soltamos las manos. - ¿Quién es ella? - pregunté. - Mi ex. - ¡Maldita sea, qué coincidencia! Tu ex con mi... Casi futuro. - ¿Quién es? - Mi novio que no es mi novio. - Hmm... ¡Lo tengo! - se rió - Eres complicado, "cariño". - Luego, no me parece bien que la llames Ana, porque yo soy Ana Clara y podría haber confusión, ¿sabes? Me miró mientras caminaba, sin decir nada, sólo arqueando una ceja en una media sonrisa. - No sé si entiendes... ¿Dos Anas? No lo creo. Además, es tu ex. No está bien que la llames por su apodo, puesto que ya no tenéis nada que ver. - Recuerdo que dijiste que te llamabas Ana Clara, pero que te llamara Clara. - Sí, pero Ana Clara es mi nombre. Ella se llama Anastasia. En otras palabras, Ana no es su nombre y... - ¡Maldita sea, lo entiendo! - Sacudió la cabeza - Hablas demasiado... Y demasiado rápido. Y me haces... ¡Tonto! Me reí, sin saber si hablaba en serio. Había oído a innumerables personas quejarse de que hablaba mucho, pero que no mareaba a nadie. - Lo siento, amigo. Intentaré... Habla más despacio. Peter se rió: - Pensé que dirías que intentarías no hablar tanto. - No puedo hacerlo. - confesé torpemente. - Mira, no quiero ser un "spoiler", pero desde luego hoy vamos a "romper". Así que no tiene sentido que discutamos sobre mi Ana y tú, ¿sabes? - ¿Tu Ana? ¡Soy tu Ana, Pedro! - Le di un fuerte golpe con la mano en el hombro, haciéndole caer a un lado, gimiendo de dolor. Nos echamos a reír. Llegamos a la parada y me senté mirando el reloj: - Falta una hora para el primer autobús. - Dije. Se sentó a mi lado: - ¿Por qué no vino a tu cumpleaños de todos modos? Respiré hondo: - Es un poco complicado. - ¿Más que tú? Entonces debe ser inexplicable. - Jason y yo nos conocimos hace dos años. Estuvo conmigo en mi 17 cumpleaños, y cada vez que nos vemos, nos quedamos. - Y si esto lleva así dos años, ¿por qué no habéis salido nunca? - Porque... - Nunca me había hecho esa pregunta. - ¿Por primera vez te he dejado sin respuesta? - Sí... I... Creo que nunca quiso salir conmigo. Porque... Si me lo hubiera pedido, le habría dicho que sí. I... me gusta. De hecho, me gustaba. - Quizá deberías haber dicho que te gustaba. - Creo que lo sabía. Pero necesito contarte un secreto. - ¡Vaya! ¡Habla!", se rió. - ¿Te estás riendo de mí? - ¿Cómo puedes contarme un secreto si ni siquiera me conoces? - Claro que te conozco. Eres Pedro... Mi novio. - Me burlé. - Cuéntame tu secreto. - Tengo un alma gemela. Me miró fijamente: - O... ¿Jason? - No. Su nombre es Patrick. - ¿Almas gemelas? ¿Crees en esta basura? - Sí... Lo creo ciegamente. Almas gemelas, amor, pasión, lujuria... Cualquier cosa. Leo mucho a Paulo Coelho. Y en el libro Brida, el mago menciona que todos encontramos nuestra alma gemela cada vez que caminamos por la tierra. Y es nuestro deber encontrarla. Pero no todos saben reconocerla. - ¿Lo sabes? - Sí, nuestra alma gemela tiene un punto iluminado sobre el hombro izquierdo. Se echó a reír. Le miré fijamente con seriedad. Hasta que paró, intentando contenerse. - En la mitología griega hay una leyenda que dice que nos partieron por la mitad para que supiéramos lo que es echar de menos a alguien. Por eso vivimos incesantemente buscando a nuestra otra mitad. - ¡No estoy buscando a mi otra mitad! - Fue tajante. - Todo el mundo busca. Nadie es feliz solo. - ¿Por qué pierdes el tiempo buscando "almas gemelas"? Podrías estar haciendo algo más interesante y una lectura más significativa que realmente te llevará a alguna parte en la vida. - ¿Debo perder el tiempo sabiendo inglés o español? - me reí sarcásticamente- ¿Adónde me va a llevar eso? ¿Parada en sitios juzgando a gente que no domina el idioma o la pronunciación, cuando no es asunto mío? No, prefiero aprender sobre los encuentros predestinados de la vida, mi alma gemela, la persona que se quedará conmigo y lo compartirá todo. Esto me hace emplear mi tiempo pensando en mí y no en los demás.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD