Vale, se había dado cuenta de que me había burlado de su pronunciación en las canciones. Era más inteligente de lo que había imaginado. Pero perdía el tiempo preocupándose por cosas sin sentido como las "almas gemelas". ¿A quién le importaba eso?
Las relaciones eran aburridas, no funcionaban y nadie necesitaba a una persona para ser feliz. Al contrario, la mayoría de las veces podían hacer daño... O incluso llevar a la muerte.
Nos sentamos en silencio durante un rato, cada uno con sus propios pensamientos.
- Dime, ¿sabes que Patrick es tu alma gemela porque viste la luz sobre su hombro izquierdo?
- No, aún no le he visto el sentido. Pero lo haré... Cuando hablemos.
Me levanté y no pude evitar mirarla con incredulidad:
- Tú... ¿Nunca has hablado con él?
- No.
- ¿Y aún así dices que es tu alma gemela?
- Sí.
Hablaba con tanta autoridad que hasta yo podría dar un discurso sobre esa mierda. Pero yo estaba convencido de que Ana Clara estaba loca, inmadura y demente. Tal vez tenía un rastro de psicopatía.
- De todos modos, él es mayor... Y tal vez ni siquiera sabe que existo.
- ¿Cuánto más?
- Ahora tiene 28 años.
- Cómo... ¿Lo sabes? ¿O entendí mal que nunca hablaste con él?
- Nunca hablé con él. Pero me quedé con su mejor amigo.
- ¿Se ha quedado? - pregunté, aún sin tener el valor de sentarme sin tener esa conversación cara a cara.
Porque necesitaba mirarla a la cara para asegurarme de que Clara hablaba en serio y no me estaba gastando una broma, burlándose de mí.
- Sí, cuando tenía quince años. Lo besé... Salimos un par de veces. Luego supe todo sobre Patrick.
- Tú... ¡Tú no existes, chica!
- Sí, existo... - sonrió - Y estoy aquí, delante de ti. Puedes tocarme, ¡te dejaré! Soy real. Y disfrútalo, porque en el futuro voy a ser una celebridad. Entonces pensarás: bueno, yo conocí a Ana Clara Versiani y no lo disfruté. Ahora es muy difícil acercarse a ella, porque está llena de guardias de seguridad a su alrededor.
- ¿Y tú qué serás? ¿Actriz? ¿O cómica? Se te da bastante bien ser humorista.
- Voy a ser famosa en el mundo del surf. No sé si seré la primera mujer en ganar la Copa del Mundo... O algo así.
Me daba vueltas la cabeza. ¡Era demasiado para mí! Me estaba dando taquicardia. Apenas la conocía para sacudirle los hombros y decirle que despertara del mundo de color de rosa en el que vivía. "¡Chica, sal de tu burbuja!".
- ¿Estás... ¿Estás segura de que hoy has cumplido 18 años? - me oí preguntar, apenas me salía la voz.
- Háblame de ti y de Anastasia. Pero no la llames Ana, si no nos pelearemos.
Pero yo la llamaba Ana de vez en cuando, porque era un apodo cariñoso. Y no dejaba de llamarla Ana porque aquella mujer "rara", "loca", que me hacía fingir que estaba con ella, no quería.
- ¿Por qué iba a hablar de Ana... Stacia contigo?
- Porque todavía tenemos cuarenta minutos aquí antes de que llegue mi autobús. Y estoy cansado de hablar... Entre otras cosas porque rebates todo lo que digo y me miras como si no fuera una persona normal.
"¿Y tú eres?" Eso es todo lo que pasaba por mi cabeza.
- Estamos saliendo. Y eso es todo.
- ¿Por qué se separaron?
- Porque las relaciones son complicadas. Y no funcionan.
- Vaya, eres un pesimista.
- ¿Conoces alguna pareja perfecta? Si es así, dímelo. Oh, ya sé lo que vas a decir: tus padres.
Permaneció un rato en silencio, mirándome fijamente, y luego volvió la cara hacia otro lado, como si no estuviera pensando en nada.
- Ves, ¡no se conoce a una pareja perfecta! - me reí, victorioso.
- ¡Los padres de Flora son lo más parecido a perfectos! - Ya no parecía tan emocionada.
No sé exactamente qué le dije que la entristeció. Estaba claro que su alegría había desaparecido.
Nos sentamos en silencio y ella empezó a mirar el reloj, parecía querer que pasara el tiempo para poder irse.
- Anastasia corría mucho detrás de mí... E insistió en que saliéramos y hiciéramos algo juntos. Siempre he sido muy reservado. Y nunca quise involucrarme seriamente con una chica. Tal vez, en un futuro muy lejano, voy a cambiar de opinión. Por ahora, no quiero tener citas, casarme o tener hijos.
- Saldré con alguien, me comprometeré, me casaré y tendré dos hijos: Laís y Lucas. Prefiero que Lucas nazca primero, porque así cuidará de su hermana. No quiero tener un parto normal porque dicen que duele. Así que me harán una cesárea. Lucas se parecerá a Patrick. Incluso le dejaré crecer el pelo a juego con su padre -sonrió-. Laís se parecerá a mí. Y estaremos bronceados, ya que viviremos en Australia, en una mansión junto a la playa. Lucas nacerá sabiendo hacer surf. Y los dos serán amigos de los hijos de Kelly Slater.
¿Kelly Slater? ¿Quién es este?
Negué con la cabeza, inseguro de que realmente me hubiera dicho que iba a tener dos hijos.
- Sólo me queda decir que serán gemelos. - Fue lo único que conseguí decir.
- Eso sería tener mucha suerte -se rió, mirándome dulcemente-, y yo no soy una chica con suerte.
Clara empezó a balancear los pies, que no llegaban al suelo. Oímos un barullo y se acercaron unos chicos, que estaban delante de la parada del autobús. Seguramente yo también iba a subir al autobús. Conté y eran seis. Gritaban palabrotas y fumaban.
La miré, con el regazo al aire. El vestido era corto y sus piernas blancas eran completamente visibles. Los pezones de sus pechos asomaban bajo la tela del vestido. ¿Tenía frío? Le miré la piel, pero no tenía la piel de gallina.
- Cuando dos almas gemelas se conocen, no sienten la necesidad de conocer a nadie más. No se imaginan estar con otras personas. De hecho, para ellos no existe la vida sin su pareja. Es como si no recordaran la vida sin el otro. - Ella dijo, de sopetón - Quizá ya no te interese ninguna relación porque Anastasia es tu alma gemela.
Me eché a reír:
- ¡No lo creo! Después de todo, no vi el punto brillante sobre su hombro izquierdo.
- ¿Y si es una metáfora?
- ¿De verdad te lo crees?
Asintió con seriedad.
- Anastasia no es mi alma gemela -volví a reír-. Tuvimos una breve aventura, ella rompió sin motivo y ya está.
- Te gusta.
- No, no me gusta. Pero la echo de menos de vez en cuando.
- ¿Por qué dije que la gente se partía por la mitad? - se rió - Para que se les echara de menos. ¡Has encontrado a tu alma gemela, Pedro! ¡Es Anastasia! - Parecía feliz por mí.
Clara se levantó y me miró:
- ¡Mi autobús! - Señaló.
Vi que los chicos empezaban a acercarse y no dudé de que cogerían el mismo autobús. Me quité la camiseta y se la puse por la cabeza, y ella me miró con extrañeza en cuanto nuestros ojos volvieron a encontrarse.
- ¡Será mejor que te pongas esto! Estás prácticamente desnuda.
Pensé que se opondría, pero no lo hizo. Pasó un brazo por cada manga y parecía llevar un vestido, ya que la camiseta era más larga que la ropa que llevaba debajo.
- Desde luego, no podré devolvértelo porque nunca volveremos a vernos.
- No hay problema. No te exigiré que lo lleves en tu pequeño bolso cuando vuelvas a Baccarath. Ni siquiera te pediré el teléfono de tu vecino, porque no es una emergencia. Si algún día volvemos a vernos, me lo devolverás. Pero eso es poco probable.
- ¿Vives en Laranjeiras?
- Sí.
- Así que no es tan imposible. - se rió.
El autobús paró y los chicos subieron. Ella fue tras ellos:
- ¡Feliz cumpleaños, Pedro! - dije antes de subir.
- ¡Feliz cumpleaños, Clara! Y buena suerte con el punto brillante en el hombro izquierdo del hombre que crees que es tu alma gemela.
Se subió a bordo y se echó a reír:
- Laís y el padre de Lucas. - Saludó y la puerta se cerró.
Me sorprendí a mí mismo sin camiseta a primera hora de la mañana, todavía analizando mi cuerpo para asegurarme de que realmente era un pelele. Levanté los brazos y los endurecí. Quizá debería empezar un gimnasio para fortalecer el abdomen y el pecho.
Y tenía pelo en las piernas... ¡Mucho!
POV CLARA
No dejaba de pensar en Jason mientras iba en el autobús. Cuando me bajé en la parada de mi barrio, fui directamente a casa de mi tía. Aún estaba oscuro y no había nadie en la calle, lo que me asustó un poco.
Abrí la verja de hierro y llamé a la puerta. Seguramente le preocuparía que alguien llamara a esas horas. Me detuve en un ángulo en el que ella podía verme a través de la mirilla.
- ¿Clara? - Me miró preocupada, en pijama, con el pelo revuelto.
- Hola, tía Rute. - Saludé - Fui a Baccarath y Flora se fue temprano. Terminé quedándome más tiempo... Y tomé el autobús. Pero acordé con papá que dormiría en su casa...
- ¡Ah, entra, chica! - Tiró de mí hacia dentro - Te traeré uno de mis pijamas. ¿Quieres una ducha? Hueles a humo de cigarrillo. ¿Estás fumando?
Mientras hablaba, ella ya estaba cogiendo cosas para mí.
- No, no fumo. Pero el olor a humo impregna a la gente que no fuma... Ya sabes cómo es.
- Deberían prohibir los cigarrillos en estos espacios cerrados. Es absurdo. Quien no fuma acaba inhalando todo el humo y sigue oliendo mal.
La tía Rute me dio una toalla y un pijama y entré en el cuarto de baño para darme una ducha. Siempre me gustó ducharme en su casa porque mi tía tenía excelentes champús y cremas que traía del extranjero.
Nada más salir de la ducha, con el pijama puesto, vi que estaba sentada en el sofá del salón con un paquete de regalo.
- No puedo esperar hasta mañana. O mejor dicho, hasta pasado mañana, porque mañana ya es mañana. - Se echó a reír.
Intenté no ponerme demasiado ansiosa, casi dando saltitos de curiosidad. Me senté a su lado y esperé a que me entregara el paquete perfecto con el lazo rojo encima.
- ¡Feliz cumpleaños, mi sobrina favorita!
Me reí, sabiendo que yo era su única sobrina. Pero sí, nos llevábamos muy bien:
- ¡Gracias, tía! - la abracé, oliendo su perfume bueno y ligeramente dulce- ¡Pero no tenías por qué hacerlo!
- Siempre cuidas de tu primo cuando te necesito.
- ¡Lo hago porque es mi primo! No tienes que darme nada a cambio. - Miré el paquete, sintiendo pena de abrirlo porque era muy bonito.
La tía Rute me besó en la mejilla:
- ¡Vamos, mi amor! ¡Abre!
Abrí el lazo despacio para no estropearlo. Sí, me moría por saber qué era, pero al mismo tiempo quería reutilizar el papel y el lazo. Entonces lo desenvolví y me encontré con la caja, sabiendo ya lo que era.
Me temblaban los dedos cuando saqué la máquina de la caja:
- Tía... ¡Es una cámara!
- Lo compré en uno de mis viajes de negocios. Hace fotos sola. Viene con temporizador. Cuando quieres hacerte una foto con tus amigos y quieres aparecer, por ejemplo, puedes programarlo y correr a hacer la pose y hará la foto sola, flash incluido. Ah, y el flash es automático. No tienes que cambiarlo cada vez que lo necesites en función de la iluminación. Y viene con una película de 36 posiciones.
La máquina era plateada, pequeña, cabía en la palma de mi mano. Nunca había visto nada igual. Sin duda era de última generación.
- I... Ni siquiera sé qué decir. Ya me regalaste una máquina de escribir y me pagaste el curso de mecanografía cuando tenía quince años. ¿Ahora me regalas una máquina como ésta, tan moderna? Muchas gracias. - La abracé.
- Vamos a hacer la primera foto. Y va a ser nuestra. ¡Y vamos a utilizar el temporizador! - dijo, colocando la cámara en la mesita del salón y ajustándola para que la foto nos encuadrara a los dos.
Nos sentamos en el suelo, frente a la cámara, que un rato después hizo la foto sola, disparando el flash. Eso sí que costó.
- Cuando la reveles, hazme una copia, por favor. Quiero tener esta foto.
- ¡Lo tienes, tía! Gracias por el regalo.
- Ahora ven, te haré café.
- No tengo hambre.
- ¡Claro que tiene hambre! Dudo que haya comido algo por la noche. ¿Sirven bocadillos en estos bares?
- Lo harán. Pero te ensucia los dientes. Y ya sabes cómo es... Besarse en la boca después de comer no es agradable. Y llevar un cepillo de dientes en este pequeño bolso es imposible.
- Puede que no te comieras las patatas fritas aquella noche, cariño, pero las oliste. - La tía Ruth se reía mientras preparaba la mesa para mí. - Pero a pesar del olor a cigarrillo y a fritanga, estabas preciosa. Sólo que no entendía por qué llevabas una camiseta en la que cabíais dos... Sobre el vestido.
- Es una larga historia. Y tiene que ver con el hecho de que yo también pasé por tu casa.
- Hum, realmente he perdido el sueño. Cuéntamelo todo. - Trajo el café y la leche a la mesa- pero no hagas ruido, no quiero despertar a tu primo.
- No hay problema.
Charlamos un rato y luego me hizo una cama en el suelo del salón. Era de día y yo seguía leyendo el manual de mi cámara.
Mi tía Ruth era casi como una madre para mí. Aunque era hermana de mi padre, era más cercana a mi madre. Sólo fui a una escuela pública porque ella la pagó. Y no solo por mí. También pagó los estudios de mi hermano en un colegio público. Y fue ella quien le animó a empezar la universidad, ofreciéndose a pagarle el primer semestre hasta que Renan encontrara un trabajo y pudiera mantenerse.
POV PATRICK
Abrí el buzón y no había nada dentro. Me apoyé en la pared, observando la calle todo el camino. Era casi la hora de que pasara: las doce y media.
- ¿No vas a abrir la tienda hoy, Patrick? - preguntó Artemis, estrechándome la mano en nuestro saludo habitual.
- Le pregunté al dependiente. Vendré más tarde, para cerrar. Mi tía viene hoy del campo.
- ¿Tu tía sola? ¿Esa asquerosamente rica?
- Sí, ¡la única! - me reí, segura de que él sabía a qué tía me refería.
- ¿Sigue diciendo que serás su heredero?
- Sí. No tengo dudas de que seré el heredero. Le gusto a la vieja.
- Todos los que no te conocen bien te quieren. - Pero hasta que muera y te haga rico, vamos a asociarnos en la tienda de surf.
- ¿Qué quieres decir? ¿Conseguiste el dinero?
- Creo que podré conseguir un préstamo en el banco.
- ¡En serio, amigo! - le abracé, aunque estábamos separados por la pared- ¿Significa eso que pronto hablaremos en serio de negocios?
- Eso espero. Veo mucho potencial en la tienda de surf.
- Sabes que cuando me haga rico ya no estaré aquí, ¿verdad?
- Sí... - Ya conozco todos tus planes.
- Pero puede que tarde un tiempo. Mientras tanto, tener a mi mejor amigo como compañero será un gran honor. - Quise decir lo que dije.
Artemisa miró el buzón abierto y preguntó:
- ¿No ha enviado nada hoy?
- No.
- ¿Y te lo perdiste? - Se rió.
- ¡No! ¡Claro que no!
Artemis se cruzó de brazos y yo me apoyé en la barandilla del patio:
- Patrick, por mucho que digas que no, sé que te gustan las cartas que envía.
- ¡Hombre, no sé si me gusta! O me da miedo esta loca.
- No está loca. Y como ya te he asegurado, es muy inteligente. - Artemisa se puso seria.
A mi amiga no le gustaba que hablara mal de ella. Incluso parecía ofenderse a veces.
- Artemisa, no te gusta, ¿verdad? - pregunté con seriedad.
- No... - No parecía tan seguro.
- Es sólo una mocosa... Que apenas tiene cuerpo. Y envía cartas con letras recortadas de revistas... - Era obvio para mí - su mente es la de una niña de doce años.
- Patrick, Clara es una buena chica. Su mayor defecto es que está loca por ti... Hasta el punto de hacer lo que hace. Ahora tú, con 28 años, podrías llamarla y decirle a la cara: "No quiero nada contigo y nunca lo haré. Olvídate de mí y sigue adelante".
- ¿Y crees que su "seguir adelante" serías tú? - Me reí.