CAPÍTULO 7. ¿ES ELLA LA QUE ME ENVÍA LAS CARTAS ANÓNIMAS?

2106 Words
- ¿Y si lo fuera, Patrick? ¿Te importaría? - Artemisa, nunca me preocupé por ella. Si querías casarte con la mocosa, por mí está bien. La dejaste porque quisiste. - Yo no la dejé. Ella me dejó a mí. - ¡Artemis, estuvisteis juntos dos veces! ¡La mocosa tenía 15 años! Y tío, tenías la capacidad de llorar por ella. Por suerte te diste cuenta y lo superaste. ¿Estoy en lo cierto? Superaste lo de Clara, ¿verdad? - Sí. Es sólo que no quiero que la pongas en ridículo, Patrick. No tienes derecho a jugar con ella sólo porque le gustas. - Si quisiera jugar con Clara, ya lo habría hecho. Métete en la cabeza que no quiero nada con ella. Sé que ya te ha gustado la chica y eres mi mejor amigo. Soy leal a mis amigos por encima de todo. - ¿Significa esto que no te quedarás con ella por mi culpa? - ¡No!" Fruncí el ceño, después de todo, no era sólo por esa razón. - ¡Está completamente enamorada de ti, Patrick! Y han pasado más de tres años. No creo que esté loca. Creo que Clara sabe muy bien lo que quiere, de hecho. Me preguntaba si le gustaba de verdad a Clara o si había creado en su cabeza un Patrick que no existía. Para mí, era imposible que estuviera enamorada de mí si ni siquiera me conocía bien. Nunca habíamos intercambiado una sola palabra en nuestras vidas. - ¿Qué es lo que realmente te impide seguir con ella? - Es una chica... Ni siquiera estoy seguro de que tenga 18 años. - Estoy seguro de ello. Cumplió 18 ayer domingo. - Soy diez años mayor que ella. - Ya has estado con chicas mucho más jóvenes que tú. - Nunca nos hemos encontrado en un lugar favorable. ¿Crees que la llamaría aquí mientras camina por la calle y me quedaría con ella? ¡No hay ambiente! ¡Nunca ha habido ambiente! Ni siquiera vamos a los mismos sitios. Dudo que alguna vez me cruce con Clara por la noche, por muy pequeña que sea nuestra ciudad. - OK... Me has convencido. - Y ahí está la mayor razón de todas. - ¿De qué se trata? - A mi mejor amigo le gusta. - ¡No me gusta! me reí. No entendía por qué Artemisa intentaba engañarme. Sabía que le gustaba la chica. Quizá le daba un poco de vergüenza confesármelo porque ella me enviaba cartas de amor "anónimas". Pero ya tenía un plan para estar completamente seguro de que era Clara quien me enviaba las cartas "anónimas". Solo tenía que ser paciente y esperar. Mientras hablábamos de ella, pasó a nuestro lado con su amiga morena. Igual que Artemis y yo siempre estábamos juntas, ella siempre estaba con su amiga. Iban al mismo colegio y vivían cerca. Yo sabía dónde estaba la casa de Clara porque tenía una amiga que vivía en la misma calle que ella. Eran guapas, pero para chicos de su edad. Me involucré con mujeres reales, calientes, con grandes pechos y culos alegres. Salía con ellas, tenía sexo y lo repetía de vez en cuando. Fuera donde fuera, siempre podía elegir con quién me quedaba. Nunca me han dejado en mi vida. Y no creo que lo haga nunca, ya que pronto tendré treinta y tantos años y una larga lista de mujeres atractivas que han pasado por mi cama. La mocosa era virgen. Estaba escrito en su cara y probado en su cuerpo. He quitado la virginidad a otras chicas, pero no eran como ella. Y no me quedaba con Clara para besarla. Yo era el tipo que besaba y follaba después. No me quedaba con ninguna mujer sin llevarla a la cama. Ya había superado esa etapa. Ya no era un adolescente que se conformaba con besar. Era un hombre. Clara no podía satisfacerme en la cama. Era demasiado joven. E inexperta. Artemisa y yo las miramos pasar. Ella levantó la cara y saludó a mi amigo, poniéndose completamente colorada. ¿Se avergonzaba de saludar a Artemisa, a la que besaba, y no se avergonzaba de las cartas que me enviaba? ¿Y si, en el peor de los casos, no era ella quien me enviaba las cartas? - Menos mal que no quieres jugar con ella ni hacerle daño -dijo Artemisa, siguiéndole la mirada hasta que desapareció tras subir al furgón escolar-, porque tendríamos nuestra primera pelea. - No te preocupes, nunca pelearemos por la mocosa, Artemisa. - No la llames mocosa. - Parecía ofendido. - ¡Un proyecto de mujer! - dije con ironía. Artemisa negó con la cabeza, riendo: - Te sorprendería, amigo. - Me dio una palmada en el hombro y se marchó, volviendo a su casa. Dudo que Clara Brat me sorprenda de alguna forma o manera. Volví a entrar en casa y me dirigí a mi habitación. Abrí el armario y saqué la caja llena de cartas que había estado recibiendo durante casi un año. Había otras dos cajas iguales, también llenas, que sellé porque no me cabía nada más dentro. Las cartas no eran regulares. A veces llegaban más de una o dos veces al mes. Otras veces no llegaban en absoluto. Incluso recibí dos en la misma semana. Tampoco tenían un patrón de escritura. Aunque la mayoría eran en hojas A4 de sulfito, con letras recortadas de revistas, individualmente, todas en color, muchas con los mismos tipos de letra de la revista Capricho, la preferida de las adolescentes, había otras mecanografiadas a máquina. Y una vez tenía una escrita a mano, de su puño y letra, con un tipo de letra muy extraño, seguramente para disimular su caligrafía. Sólo Clara haría eso por mí. Sólo Clara tendría el valor de escribirlo y enviarlo a mi casa y pasar todos los días y fingir que nunca hizo nada. Sólo Clara era capaz de recortar tantas cartas de ese tamaño y armar poemas de amor que yo ni siquiera sabía si eran copiados o creados por ella. Sostuve una de las tarjetas en la mano. Era recortada, colorida, una de las que más me gustaban. "Si alguna vez has experimentado el amor, sabes cuánto cuesta sufrir por él". No, no había experimentado el amor. Y no sabía lo que era sufrir por ello. Y no tenía intención de hacer ninguna de las dos cosas: amar o sufrir. Mi vida era demasiado buena para desperdiciarla en una mujer o en sentimientos ridículos. - ¡Tu tía está aquí! - dijo mi madre, llamando a la puerta sin entrar. Respiré hondo y me recogí el pelo en una coleta baja. A la tía Dorinha no le gustaba mi pelo largo y siempre se empeñaba en dejarlo claro. Si hubiera sido cualquier otra persona la que hubiera pensado que me pasaba algo, no me habría importado. Pero era la única hermana de mi madre, viuda de un rico magnate del petróleo de otro país y sin hijos. En otras palabras, yo era su única heredera de sangre. Y como la tía no se relacionaba con otras personas, se quedaba en su casa y venía dos o tres veces al año a visitarnos, yo seguía siendo el único heredero. En cuanto llegué al salón, se levantó del sofá para abrazarme. Estaba muy delgada y tenía problemas para caminar a causa de la osteoporosis. Nunca llegué a preguntárselo, pero creo que tenía más de 80 años. - ¡Ah, mi sobrino! - Me apretó las mejillas- Cada día estás más guapa. Y yo que creía que no era posible estar más guapa que la última vez que estuve aquí. Es que este pelo lo estropea todo. ¿Dónde has visto a un hombre con el pelo largo? - ¡Es la moda, Dorinha! Se ve bien así. Son cuatro años cuidando estas hermosas hebras doradas. - Tiene menos puntas abiertas que la tuya, hermana. - se rió, burlándose de mi madre. Me senté a su lado, que se quejó: - ¿Por qué no viniste a visitarme con tu madre la última vez que estuvo en mi casa? - Trabajo, tía. - ¿Y desde cuándo funciona una tienda de surf que abre a mediodía? - Te mofaste de mi negocio. - Tía, los surfistas y los skaters no suelen levantarse muy temprano. No tengo por qué abrir a las ocho de la mañana si no voy a tener clientes. Gastaría en electricidad, personal y la tienda estaría vacía. - ¿Realmente necesitas personal? La tienda es muy pequeña. ¿No puedes arreglártelas solo? Ahorrarías dinero si no necesitaras ayuda. Suspiré: - No tendría vida si no tuviera a alguien trabajando para mí. - Pero la tienda sólo abre a mediodía. - No dejaba de molestarme. Lo aguanté todo tranquilamente, porque sabía que cuando la vieja "pateara la lata" yo sería rico, tan rico que ni siquiera sería capaz de administrar el dinero por mí mismo. - ¿Ya has encontrado novia? Miré a mi madre y luego a la anciana. ¿Dijo "prometida"? - ¡Patrick no quiere nada serio todavía, Dorinha! Está disfrutando de la vida. - respondió mi madre con calma y paciencia. - ¡Pero si ya tiene 28 años! A esa edad, yo habría celebrado mi boda hace mucho tiempo. - Ese era nuestro tiempo, Dorinha. Las cosas han cambiado. Los jóvenes se casan cada vez más tarde. - ¿Y si el mundo se acabara a la vuelta del año 2000, chico? - me preguntó - ¿Sabes lo que es morir solo? - No moriría sola. Tengo a mi madre. - Las madres no son eternas. - ¡Ni compañeros tampoco, o ustedes dos no estarían solos hoy! - No pude evitarlo. Guardó silencio durante un rato. Miré a mi madre, que me fulminó con la mirada. Siempre me advertía que no dijera nada que pudiera molestar a su hermana rica, para que a la mujer no se le ocurriera dejarme la herencia. - ¿Qué planes tienes para el futuro, Patrick? - La tía Dorinha me miró seriamente. - Tengo la intención de volver a la escuela de leyes. Y graduarme. Pero estoy pensando en surfear para ganarme la vida. - En este caso, ¿tu "tiendecita"? - Una vez más te has burlado de mi negocio. - No, en este caso, mi talento. Hago surf, tía, no sólo vendo artículos relacionados con el deporte. - ¿Y ha ganado algún campeonato? - Algunos buenos puestos estatales. Pero todavía nada nacional. Tengo poco tiempo para dedicarle. Por no hablar de que vivimos lejos del mar. Y tengo que ocuparme de mis negocios. - Eres demasiado mayor para destacar en el deporte. Respiré hondo, intentando contenerme. Mi madre fue la que contestó: - ¡Es bueno! Ya ha recibido algunas ofertas... E incluso ofertas de patrocinadores. - ¿Y por qué no aceptó? - Me miró interrogante. - Porque no puedo dejar la tienda. Me sostiene. - ¿Y por qué la ley? - Porque estudiar siempre es necesario. Porque disfrutar del deporte no significa que no tenga que estudiar y mejorar mis conocimientos. - Los que estudian Derecho se hacen abogados, no surfistas. - Voy a ser abogado surfista. Mi primera opción siempre será el surf. - Quise decir lo que dije. - ¡Nadie surfea para vivir, Patrick! Necesitas encontrar una mujer, casarte y tener hijos o acabarás como yo... Solo y sin herederos. Mamá y yo nos miramos. ¿Qué quería decir? ¿Que no me daría la herencia? - Mi caso es diferente al tuyo, tía... Al fin y al cabo, no tengo ninguna herencia que dejar a mis hijos, aparte de una vieja tienda de surf y una tabla de surf que es mi vida. Si muriera hoy, casado y con hijos, mi querida familia sólo heredaría deudas y sueños. Por suerte para nosotros, se fue temprano a la mañana siguiente. Su chófer vino a recogerla en un coche de lujo. En cuanto se fue, dijo mi madre, viendo alejarse el coche n***o: - Dios da tanto a quienes no lo necesitan y no saben cómo utilizarlo. Me reí: - Sentí un poco de envidia. - Abracé a mi madre. Me miró: - Le advertí que sólo debía contestar lo que quisiera oír. - No me importa, mamá. La vieja no tiene a quién darle el puto dinero. No tengo por qué aguantarla. ¡Una vez que se haya ido, el dinero es todo mío y eso es todo! ¿Has olvidado que ella no tiene herederos, excepto yo?
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